Francisco Cabrillo

22 publicaciones 0 Comentarios
Catedrático de Economía Política. Presidente del Consejo Económico y Social de la Comunidad de Madrid

La financiación de la universidad española

La crisis económica ha acentuado el problema económico de las políticas públicas, entre las que se encuentra la financiación de la universidad española. Teniendo en cuenta la existencia de diversos modelos de financiación, el profesor Francisco Cabrillo apuesta por una financiación mixta que, introduzca también un sistema de préstamos a estudiantes y el bono universitario.
Nueva Revista

De periodistas y economistas

De la relación entre periodistas y economistas, la prensa necesita personas capaces de explicar cuestiones difíciles y la economía precisan conocer lo que sucede día a día para que su ciencia no se base en la especulación.

Nueva Revista

Cinco claves de la economía española

I. UNA ECONOMÍA EN TRANSFORMACIÓNDos décadas es un periodo largo para una economía como la española, que ha experimentado cambios muy importantes y sostenidos en el tiempo. La evolución de la economía en estos años ha estado sometida, como es lógico, a fluctuaciones cíclicas. Pero hay que destacar que nuestro país, se ha acercado en este periodo al nivel de vida de otras naciones europeas más prósperas y ha desarrollado una economía con éxitos indudables... pero también con puntos débiles importantes -como un gran déficit exterior, una baja productividad y un peso excesivo del sector de la construcción en el PIB- que hacen que nuestra crisis sea hoy peor que las que sufren otros países de la zona euro.Al mismo tiempo su política económica se ha visto condicionada por cambios, que pocas veces se presentan en un país con tanta rapidez. En estos años, en efecto, España ha entrado en la Unión Europea y en su Unión Monetaria, y ha desarrollado un modelo cuasi federal que -para bien o para mal- condiciona la economía de nuestro sector público.II. ECONOMÍA E INSTITUCIONESUno de los factores que explican el crecimiento de la economía española en las dos últimas décadas ha sido un funcionamiento aceptable de las instituciones, a pesar de algunas deficiencias, que se han venido agravando en lo súltimos años. La Constitución de 1978 ha desempeñado un papel positivo en este diseño institucional; tal vez no tanto por lo que dice como por lo que ha permitido llevar a cabo. Un economista que lea los artículos de la Constitución que se refieren más directamente a la actividad económica puede, en efecto, no experimentar especial entusiasmo por lo que allí encuentra. Por citar sólo un ejemplo, el artículo 38, en el que se establece el principio de libertad de empresa en una economía de mercado, para pasar a someterlo a continuación a las exigencias de la economía general y en su caso de la planificación, no es precisamente un ejemplo de claridad en la definición de un modelo económico. Con la Constitución en la mano, por tanto, se podrían haber adoptado medidas muy perjudiciales. Afortunadamente esto no ha sido así. Pero no cabe, desde luego, hacer demasiados elogios de la Constitución como garante de la economía de mercado. Y puede argumentarse además, que ha sido utilizada a menudo para justificar el fuerte crecimiento que el sector público ha tenido en nuestro país en estos años.Un rasgo relevante de la economía de nuestro páis en este periodo ha sido, en efecto, el crecimiento experimentado por el sector público y la presión fiscal. En la década de 1980 y primeros años de la de 1990 España pasó de ser un país con relativamente bajo gasto público, en el que se pagaban relativamente pocos impuestos y en el que la deuda pública tenía unas dimensiones muy pequeñas, a convertirse en una nación «europea» con una elevada presión fiscal, un aumento muy significativo de la deuda y un crecimiento del peso del sector público en...

La economía del desarrollo en el siglo XXI

El desafío actual consiste en extender el progreso a aquellos países y a aquellas personas que todavía hoy viven en condiciones lamentables.
Nueva Revista

El viejo debate entre keynesianos y partidarios de la economía del mercado libre

 Los datos que a lo largo de los últimos meses se han hecho públicos sobre la evolución de la economía española son muy preocupantes. Y cada vez resulta más claro que la crisis financiera internacional no es la única causa del aumento del paro y de la fuerte caída experimentada por la tasa de crecimiento. Todo indica que hay factores internos, previos a la crisis internacional, que no sólo agravan nuestra situación en relación con la de otras naciones, sino también —y esto es, seguramente, lo más importante— van a hacer más difícil la recuperación.Esta idea es importante a la hora de diseñar un programa de relanzamiento de la economía española. Muchos países se ven afectados actualmente por una crisis financiera profunda, y algunos —los Estados Unidos, entre ellos— se encuentran al borde de una recesión, si no han entrado ya en ella. Pero nadie duda de que, pasado el periodo de ajuste que toda fase bajista del ciclo conlleva, economías como la norteamericana saldrán adelante sin mayores problemas. ¿Por qué? ¿En qué se diferencia su situación de la economía española, además, naturalmente, de la gran distancia que en tamaño, riqueza y estructura productiva separa a nuestro país de los Estados Unidos?Hay dos puntos importantes sobre los que me gustaría llamar la atención porque serán necesariamente condicionantes de las políticas económicas a aplicar por el actual y los futuros gobiernos españoles. El primero es la evolución de la productividad que, tratado con el debido cuidado, puede servir como variable proxy del dinamismo de una economía; y el segundo se refiere a la flexibilidad de los mercados. En ambos aspectos los Estados Unidos tienen una clara ventaja sobre Europa en su conjunto, y sobre España en particular.Una de las características más llamativas de nuestra economía es, en efecto, el estancamiento de la productividad en unos años de fuerte crecimiento económico. La razón es clara. La fuente principal del crecimiento de la economía española ha sido una notable creación de empleo, no una organización más eficiente de la producción, una mayor incorporación de tecnología a los procesos productivos o una mejora del capital humano. Como se ha dicho en repetidas ocasiones, el aumento del producto interior bruto español no se puede explicar sin tomar en consideración la entrada en el mercado de trabajo de un gran número de inmigrantes. Éstos han elevado la producción, especialmente en el sector de bienes no comerciables internacionalmente. Pero nada han hecho por modernizar la economía española e incrementar su productividad. Los inmigrantes han tenido, sin embargo, otro efecto positivo sobre nuestra economía, en cuanto han contribuido, de forma significativa, a flexibilizar —a menudo en el borde de la legalidad— un mercado de trabajo excesivamente regulado en el que no se han hecho reformas importantes desde hace bastante tiempo.Creo que hay un acuerdo muy amplio entre los economistas con respecto a las dificultades que un modelo así supone para salir de una crisis, en especial cuando no se puede ni devaluar la moneda ni utilizar la...

¿Hacia dónde van los impuestos?

Ha transcurrido ya casi un siglo desde que Schumpeter publicó su famoso artículo «La crisis del Estado fiscal». En este trabajo, el entonces joven economista austriaco abría una nueva vía al estudio de los problemas económicos que, siguiendo a Rudolf Goldscheid, denominó «Finanzsociologie». Su punto de partida era, en esencia, el siguiente: en el estudio de determinados problemas el economista debe renunciar a utilizar un enfoque de análisis puro y aceptar incluir en su trabajo elementos sociológicos y políticos. Éste fue el método que utilizó, tanto en su brillante ensayo sobre el imperialismo como en su estudio sobre los problemas fiscales del Estado moderno. La tesis fundamental de este artículo es que el Estado capitalista tiene una tendencia intrínseca a entrar en crisis a causa de sus contradicciones internas. Varias son las causas posibles de esta crisis. Una de ellas, que tiene especial interés en nuestros días, tiene su origen en la insuficiencia de los recursos fiscales para la multiplicidad de funciones que los votantes exigen al Estado en un sistema democrático. Escribía Schumpeter: «Si la gente demanda más y más gasto público; si se utilizan cada vez más recursos para fines ajenos a los objetivos para los que los individuos particulares los desarrollaron; si cada vez la demanda de servicios tiene mayor apoyo en el poder público; y si finalmente nuevas ideas sobre la propiedad privada dominan a la población en todos sus estratos, en tal caso, el Estado fiscal habrá dado por terminada su evolución y la sociedad tendrá que basar su economía en principios diferentes del interés propio. No cabe duda de que es posible alcanzar este límite y con él surgirá una crisis a la que el Estado no sobrevivirá».Por discutible que sea esta predicción, no cabe duda de que en este texto se abordan algunas de las cuestiones más importantes relacionadas con la evolución y la actual situación de los sistemas fiscales en el mundo occidental. El nivel relativo de los ingresos públicos y la estructura de los impuestos son cuestiones, en efecto, que van más allá del estricto análisis económico para entrar en el ámbito más amplio de la teoría del Estado; y el intento de alcanzar objetivos ambiciosos en exceso puede llevar a la destrucción misma del sistema económico en el que se basa el Estado moderno que ha creado los grandes programas de redistribución de la renta y bienestar para todos.¿CÓMO SE DISEÑA UN SISTEMA FISCAL?En el diseño de todo sistema fiscal hay que tener presentes dos cuestiones fundamentales. La primera, los objetivos que se quieren conseguir con una determinada estructura de impuestos; la segunda, las restricciones con las que se encuentra un gobierno para que sus normas sean aplicables en el mundo real. Y, en ambos temas, se han producido cambios muy importantes en las dos o tres últimas décadas. ¿Qué busca un ministro de hacienda cuando introduce cambios en los impuestos que pagan los contribuyentes en un determinado país? Puede, ciertamente, tratar de conseguir la financiación que necesite el...

Autonomías y unidad de mercado

«Desde Cataluña se está reaccionando contra la política de la Comunidad Autónoma de Madrid, que ha iniciado un proceso de reformas dirigidas a reducir la presión fiscal que soportan sus contribuyentes, basado en la idea de que, una v e z cubiertos los gastos necesarios para ofrecer unos servicios públicos de calidad, el dinero está mejor en poder de los ciudadanos que en la caja de la Administración»

El descrédito de los organismos reguladores

El autor nos dice cómo nuestro país ha sido incapaz de crear instituciones que puedan actuar con un mínimo de independencia frente al partido que nombra a sus miembros.

Nueva Revista

Herrar y quitar el banco

Tras las llamativas declaraciones sobre los presupuestos contrarias a los pactos de estabilidad, se ha puesto de manifiesto que países como Francia o Alemania no van a aplicar medidas para reducir sus abultados déficit presupuestarios. La posición de España ante estas declaraciones y la defensa de la economía del país.

Nueva Revista

¿Nos hemos olvidado ya de Maastricht?

La presidencia española de la Unión Europea va a coincidir con una situación económica poco brillante. Cabe discutir cuál será el grado de la desaceleración de la actividad o si llegaremos o no a tasas de crecimiento negativas. Pero todo el mundo parece estar de acuerdo en que los resultados económicos de, por lo menos, el próximo año no van a ser buenos. No resulta sorprendente, por tanto, que la preocupación fundamental de los gestores de la política económica sea hoy la adopción de medidas concretas para hacer frente a la situación. Y la elección de unas u otras políticas ha reabierto un debate que pensábamos que había quedado resuelto hace ya tiempo, el referido a la conveniencia o no de aplicar políticas de demanda como instrumento para combatir las fluctuaciones cíclicas.Como las ideas cambian deprisa y nos olvidamos pronto de lo que pensábamos en el pasado, no está de más recordar los que fueron, hasta la década de 1980, los principios que inspiraron la política macroeconómica de nuestro mundo occidental. Uno de los efectos del triunfo absoluto de las ideas keynesianas, en el período que siguió a la Segunda Guerra Mundial, fue la aceptación casi general de la idea de que los Estados no sólo tenían la obligación de garantizar el crecimiento estable de sus economías nacionales, sino que también disponían de los medios adecuados para conseguirlo. Instrumento importante para ello eran las políticas dirigidas al control de la demanda agregada, que debería ser estimulada por el Estado en la fase baja del ciclo y restringida cuando el crecimiento se acelerara en exceso.En una primera versión ingenua del modelo, se llegó a considerar que los desequilibrios macroeconómicos se debían siempre a desajustes al alza o la baja de la demanda agregada. Así, la depresión y el desempleo que la acompañaba se debían —de acuerdo con esta teoría— a una insuficiencia de demanda. La inflación, en cambio, se entendía motivada por un crecimiento excesivo de aquella variable. La conclusión era que el problema podía arreglarse, en todo caso, manipulando la demanda agregada. La posibilidad de que se produjeran simultáneamente paro e inflación no era contemplada en este modelo tan simple.Sin embargo, una vez que se comprobó que, en la realidad, ambos fenómenos ocurrían simultáneamente, fue preciso complicar la argumentación. En una segunda versión de la teoría, se aceptaba ya la existencia simultánea de paro e inflación, pero se consideraba que la política dirigida a reducir una de estas variables tendría, normalmente, efectos negativos sobre la otra. Lo que se ofrecía, a los gobiernos era la opción de reducir el paro o la tasa de crecimiento de los precios, pero sabiendo cuál sería el coste a pagar. Si el desequilibrio de una de las variables —el paro, por ejemplo— era muy acentuado, merecería la pena aceptar un poco más de inflación para crear empleo. De forma muy simplificada, éste es el modelo que los economistas conocen con el nombre de curva de Phillips.Este modelo fue también objeto de serias críticas....
Nueva Revista

Nueva y vieja economía

El factor tecnológico por sí solo no explica satisfactoriamente el impresionante crecimiento de economías como la norteamericana, según Francisco Cabrillo. La historia nos muestra que la educación y las instituciones han condicionado habitualmente el desarrollo económico, y lo han hecho, además, de un modo peculiar en el caso de las naciones europeas.

Nueva Revista

La política económica y la Unión Monetaria Europea

Uno de los efectos más importantes del nacimiento del euro ha sido, sin duda, una modificación sustancial de la política económica que llevan a cabo todos y cada uno de los países miembros de la Unión Económica y Monetaria. Durante muchos años, la política monetaria y la política fiscal constituyeron los instrumentos fundamentales con los que contaban los gobiernos para tratar de controlar las principales variables macroeconómicas. La soberanía de los Estados en este campo ha quedado, sin embargo, muy reducida con la moneda única, ya que el Banco Central Europeo ha asumido las principales competencias en política monetaria; y los diversos planes de estabilidad, diseñados para garantizar que las políticas fiscales nacionales no interfieran en la buena marcha del euro, imponen una severa limitación a los déficit presupuestarios, lo que impide a los gobiernos hacer uso de la política fiscal con la libertad a la que durante mucho tiempo estuvieron acostumbrados.¿Deberíamos lamentar esta pérdida de instrumentos de control económico por parte del Estado? Si consideramos el uso que los gobiernos han hecho de estas facultades en la gestión de una política económica discrecional, su desaparición no debería, en principio, preocuparnos demasiado. La política monetaria y fiscal ha tenido siempre dos grandes problemas que han hecho muy difícil que consiguiera los resultados de estabilidad y crecimiento esperados.Existe, en primer lugar, un problema técnico. La información de la que disponen los gobiernos es siempre limitada y atrasada, y el proceso de poner en marcha las medidas de política económica —sobre todo en el caso de la política fiscal— es largo. El resultado es, a menudo, que en el momento en el que las medidas adoptadas empiezan a surtir efecto, la coyuntura no es ya la misma que existía cuando se tomó la decisión de actuar sobre ella y, por tanto, los efectos de la política económica del gobierno pueden ser desestabilizadores.Otro problema importante es que no tenemos ninguna garantía de que los gobiernos busquen realmente estabilizar la economía cuando hacen uso de la política discrecional. Poca duda cabe de que la preocupación principal de todo gobierno, en un sistema democrático, es volver a ganar las elecciones y, para ello, el manejo de la economía puede resultarle muy rentable. Ningún gobierno, por poner un ejemplo muy sencillo, aplica una política de restricción monetaria, de disminución del gasto público o de subida de impuestos unos meses antes de las elecciones, aunque sean éstas las medidas necesarias para estabilizar la economía en ese momento concreto.Las restricciones impuestas desde el exterior son así recibidas con satisfacción por mucha gente que piensa que, en un país como éste, lo mejor que nos puede pasar es que nos controlen desde fuera, ya que ningún gobierno podría en España resistirse por sí mismo a las presiones de los sindicatos, las organizaciones empresariales y otros grupos de interés. El argumento es, sin duda, realista y sólido. Pero se olvida, a veces, que pone en cuestión la esencia misma de un sistema democrático. Si no somos capaces, por nuestra...

¿Qué Europa queremos?

LA DECLARACIÓN DE CHEQUERS, suscrita recientemente por los gobiernos británico y español, constituye un buen punto de partida para reabrir el debate sobre cómo será la Europa del futuro, tema que, tras haber sido el centro de discusión de la política europea durante algún tiempo, había perdido su protagonismo en los últimos tiempos. El texto acordado en Chequers pone de manifiesto, además, que existe una alternativa al modelo intervencionista y centralizador, defendido desde la socialdemocracia europea, con la excepción, ciertamente, del laborismo inglés. Esta alternativa consiste en una Unión Europea que combine dos principios fundamentales. Por una parte, una economía basada más en la competencia que en la regulación, en la que unos mercados de trabajo mucho más abiertos que los actuales permitan, por fin, reducir sustancialmente las altas tasas de paro que sufren prácticamente todas las naciones del continente europeo. Por otra, una Europa en la que se mantenga la preeminencia del principio de subsidiariedad, y en la que sólo se adopten en el nivel comunitario aquellas decisiones cuya naturaleza exija la actuación conjunta de todos los Estados miembros, mientras cada país conserva su capacidad regulatoria y legislativa en todos los demás campos.La polémica no es nueva, desde luego. En realidad, siempre ha estado latente en el proceso de construcción de la Unión Europea, que se ha inclinado en uno u otro sentido a lo largo de su aún breve historia. Europa ha sido así intervencionista y socialdemócrata en momentos como los de la redacción y aprobación de la Carta Social Europea, o de los aún recientes intentos de relanzar la economía mediante políticas de demanda en las que el sector público se atribuía el papel protagonista. Y ha sido centralizadora en innumerables directivas y proyectos, aprobados o rechazados, que han procurado atribuir a Bruselas amplísimos poderes de control sobre la legislación y la economía de los Estados miembros.Pero Europa ha sabido también luchar por la economía de mercado, defendiendo la competencia y abriendo sus fronteras al comercio internacional a pesar de las presiones proteccionistas de numerosos sectores. Y ha sabido frenar los excesos armonizadores cuando ha defendido el principio de subsidiariedad o ha redactado textos de la relevancia del Acta Única Europea. Y, como señaló en su día Mrs. Thatcher, estos dos aspectos no son independientes. Baste recordar su conocida aseveración de que no tiene sentido tratar de construir sociedades más libres y hacer retroceder las fronteras del Estado en cada uno de nuestros países para ver cómo, más tarde, esas mismas fronteras vuelven a avanzar como efecto de una política intervencionista diseñada en Bruselas.Hoy el futuro de Europa sigue abierto. Debemos comprender que se puede creer en la construcción de la unidad europea de muchas maneras. Hay que dejar de lado, en primer lugar, planteamientos falaces como los que concluyen, por ejemplo, que los federalistas son más «partidarios de Europa» que quienes nos mostramos reticentes ante una Europa federal. Este escepticismo ante algunas de las realizaciones de la «unión europea» no puede entenderse nunca como una...

La economía en sus textos

Reseña literaria de "La economía en sus textos" de Julio Segura y Carlos Rodríguez Braun.

John Maynard Keynes

John Maynard Keynes, The General Theory of Employment, Interest and Money, Mac Millan, London, 1936 / The Collected Writings of John Maynard Keynes, Royal Economic Society-Mac Millan, London, 1973 (vol. Vil) / John Maynard Keynes, Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, Fondo de Cultura Económica, México, 1943

Nueva Revista

Ahorro y consumo, paradojas de la recuperación económica

El consumo parece haberse convertido en el principal culpable de las dificultades que encuentra la economía española para acelerar su crecimiento y reducir el paro. Conviene insistir, sin embargo, en que una tasa de crecimiento elevada y estable exige, a largo plazo, una tasa elevada de ahorro e inversión, no una alta propensión al consumo.

Nueva Revista

Los presupuestos y la politica económica del 97

El apoyo obtenido por el gobierno en la aprobación de los presupuestos de 1997 constituye un notable éxito político de Azoar y Rato. Pero, desde el punto de vista técnico, estos presupuestos presentan algunas debilidades en asuntos de importancia y se quedan muy cortos en lo que se refiere a las reformas que precisa el sector público español.

Las medidas fiscales del Gobierno, una nueva política tributaria

Las medidas fiscales adoptadas por el gobierno de Aznar en los primeros meses de su gestión van por buen camino, pero la economía española necesita una reforma tributaria mucho más profunda.

Los poetas dan voz a la realidad, es decir, a la belleza

José Antonio Muñoz Rojas (Antequera, Málaga, 1909) es, además de excelente poeta y magnífico prosista, memoria viva de las generaciones poéticas del 27 y del 36. Licenciado en Derecho, ha unido a su faceta de creador la de gestor cultural, dirigiendo la Sociedad de Estudios y Publicaciones durante más de treinta años.Julio Martínez Mesanza (J.M.M.).— En su poesía se funden dos tradiciones, la castellana y la inglesa, que rara vez se ven juntas en otros autores españoles. Donne, Hopkins, Eliot... La poesía inglesa ha constituido una materia de estudio preferente para usted y, tal vez, ha imprimido un carácter particular a su obra. ¿Podría hablarnos de sus relaciones con la cultura inglesa en general? ¿Qué elementos procedentes de los poetas metafisleos, o de Hopkins, o de Eliot, a quien trató en persona, ha trasladado conscientemente a su poesía?José Antonio Muñoz Rojas (J.A.M.R.).— Mi formación y mi educación no han sido inglesas. En realidad, en la literatura inglesa entré mucho más tarde, y no fue por razones tradicionales, pues mi familia no tenía antecedentes ingleses de ninguna clase. En cambio, sí fueron, fundamentalmente, muy españolas, en el sentido de que mis lecturas iniciales -sobre todo en los jesuítas- fueron lecturas clásicas castellanas. Para mí resultaron muy formativas y han sido los pilares de todo lo que, poco o mucho, haya podido ser literariamente. Mi contacto con la literatura inglesa fue más tardío. A los dieciséis años empecé a estudiar inglés por pura afición, con una profesora particular. Y seguí con ello a lo largo de la carrera, con vistas a hacer oposiciones a la carrera diplomática. Yo había estudiado Derecho en Madrid y era lo que me parecía más oportuno, ya que mi afición no iba por los aspectos jurídicos de la carrera. Como digo, ésta fue una afición tardía, pero que, luego, ha sido muy importante para mí y, en cierta medida, ha completado toda mi formación castellana. Le debo muchísimo a la literatura inglesa, con la que tomé contacto inicialmente en una ocasional estancia en Cambridge. Después hice todo lo posible para volver allí y completar en la medida que pudiera esa formación.Luis Alberto de Cuenca (L.A. de C.).— ¿Cómo conoció a Eliot?J.A.M.R.— Después de una primera estancia en Cambridge, decidí volver como fuera, y aproveché la primera ocasión, que se presentó en el año 35. Yo tenía mucha relación con Antonio Marichalar, al que admiraba. Era un hombre extraordinario, algo olvidado hoy, pero uno de los personajes más notables de su generación. Marichalar tenía relación con todos los medios internacionales, sobre todo los europeos, y se me ocurrió, en una de las visitas que hice a Cambridge, en el 36, pedirle una carta para Eliot. Justo en el mes de julio del 36, de vuelta de Cambridge, paré en Londres y le llevé la carta a Eliot. Así lo conocí. Lo cierto es que la poesía de Eliot la conocía desde el 32, pero no había penetrado en ella. Sí había entrado en la poesía de Hopkins,...
Nueva Revista

La fortaleza de la peseta, un caramelo envenenado para el nuevo Gobierno

La peseta es, de nuevo, la divisa más fuerte del Sistema Monetario Europeo, resurge el debate sobre su cotización. ¿Deberíamos estar satisfechos o más bien preocupados?

Debilidades y miserias de la Unión Monetaria

Bernard Connolly
The Rotten Heart of Europe
Faber and Faber
Londres, 1995,427 págs.

Francia, una crisis de credibilidad

Los problemas a los que en las últimas semanas se ha enfrentado el gobierno francés no se deben tanto a su política económica como al hecho de no haberla sabido explicar a la población, a la que, además, se enga ñó en la última campaña electoral. En Francia, como en España, hace falta un gobierno que crea en lo que hace y no uno que vaya arrastrado por los acontecimientos.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies