miércoles - 20 febrero - 2019

Entrevistas

Enrique García-Máiquez: “Voy de ida siempre, aunque sea de regreso”

Una charla en profundidad con un poeta –y aforista, y crítico, y dietarista…- singularmente celebrado, Enrique García-Máiquez

J. Bustos: “El deber del humanista es reeducar a los llorones”

Para algunos será el joven periodista que participa en las principales tertulias televisivas, para otros una de las plumas más afiladas del que ya, podríamos denominar, como nuevo columnismo español o columnismo post-Umbral. Ambas facetas definen, sin duda, a Jorge Bustos, lo definen, pero no lo retratan en su totalidad a este licenciado en Teoría de Literatura, estudio que realizó tras realizar un primer ciclo de filología clásica. Podríamos decir que la erudición es la característica principal de Bustos, sus columnas en El Mundo no son solo un ejemplo de extraordinario estilo para la pieza breve, sino un alarde de referencias culturales que, lejos de ser un mero adorno para el lucimiento personal, son el punto de apoyo sobre el cual Bustos consigue reflexionar más allá de la anécdota o noticia impuesta por la actualidad. Sin embargo, hablar de Jorge Bustos simplemente como alguien erudito resultaría injusto, puesto que, como demuestra el periodista en El hígado de Prometeo (ensayo con el cual fue Finalista del Premio Internacional de Ensayo Jovellanos 2016), Bustos es alguien capaz de organizar un libro que, a través de una serie de ensayos autónomos, propone una reflexión socio-cultural del presente: combinando la crítica literaria, la teoría política, la estética y la filosofía, Jorge Bustos elabora un ensayo que se inscribe en la tradición  orteguiana a la vez que bebe directamente de la  más reciente crítica cultural (disciplina que abraza desde la sociología, la lingüística, la etnología o la filosofía de la comunicación), entendida como lectura hermenéutica del todo social a través de las expresiones culturales, intelectuales, políticas y de los hábitos de este todo social, que no es otra cosa que nosotros mismo. El libro se abre con una disertación sobre las raíces culturales del futuro, paradójico título puesto que una de las tesis del libro es precisamente la pérdida de las raíces culturales. ¿Ironía del título, exageración o confianza en la recuperación de dichas raíces? La paradoja quiere decir que no hay otro futuro que el pasado, del mismo modo que no hay copa sin raíces en el árbol que crece. Lo mejor del mundo futuro está contenido en lo mejor del mundo pasado: se trata de reivindicar ese canon acrisolado por el tiempo, y desconfiar de las banalidades ultramodernas que carezcan de tradición contrastada. Una postura aristocrática, si se quiere, que por su exotismo es ya vanguardia. En el ensayo, solapas dos temporalidades: por un lado la postmodernidad como expresión de nivelación y relativismo cultural en cuanto al canon se refiere y, por otro lado, el tiempo por Auschwitz como momento en desconfianza hacia la razón ilustrada. ¿reactualiza El hígado de Prometo el discurso adorniano y el discurso bloombiano desde este presente ajeno tanto a Adorno como a Bloom? Veamos. Tanto Adorno como Bloom reivindicaron el canon frente a la cultura de masas, y en ese sentido solo puedo aplaudir, sí. El ensayo al que aludes, que es el que abre el libro, parte de la sima trágica del siglo XX para llegar a la superficialidad...
Nueva Revista

Conversación con Adela Cortina sobre formacion bioética

Se hace referencia a las controversias actuales de la ética médica y la bioética, centrándose especialmente en analizar las bases desde las que afrontar éticamente no sólo los dilemas de la biomedicina sino su ejercicio diario.

José Carlos Llop: “El tiempo da a la literatura la pátina que necesita”

José Carlos Llop (Palma de Mallorca, 1956) entiende el mar como una segunda piel y la poesía como una llamada repentina que o se atiende o se pierde. Como entiende y recuerda que la isla de su juventud existió al margen del tiempo, con un perfume alejandrino y un color ocre que ya no son. Aquellos años, los de su juventud, eran el tiempo donde la vida y la libertad esperaban a ser estrenadas; el tiempo que se le impuso en la prosa porque estaba enraizado en la memoria de un pasado que otros abandonaron.“¿Éramos modernos o éramos raros? Ambas cosas éramos, como no se fue antes y no se ha sido después. Acampamos bajo el árbol del bien y del mal. Todo lo conocimos. Pero el tiempo cayó sobre nosotros como un diluvio.”‘Reyes de Alejandría’ (Alfaguara) es una rapsodia sobre la juventud que todo lo quiso, compuesta por un escritor reconocido en toda Europa que lograr abrir su memoria para revelarnos la vida en su máximo esplendor.-          ‘Reyes de Alejandría’ reconstruye el relato de una juventud que, tras heredar todos los males del siglo XX, estrena la vida. ¿Qué ofrecía esa vida?Fue una vida preciosa que tuvo su exaltación y también su némesis, como ocurre en todas las generaciones. Pero sí que inaugurábamos la vida. A España llegó tarde el espíritu que había empezado a extenderse por Europa en los sesenta, pasada la resaca de la Segunda Guerra Mundial. No solo llegó tarde sino que hubo sitios en los que tardó mucho más en llegar. La Barcelona de los setenta era una ciudad espléndida y maravillosa que nos acogía a todos los que llegábamos de otras partes del país, con la cual nosotros también éramos generosos y aportábamos lo nuestro. Era una ciudad llena de vitalidad y de cultura callejera. De alta cultura: desde jazz a música clásica, rock, literatura, poesía en castellano, poesía en catalán, revistas de vanguardia, revistas contraculturales y musicales… La calle estaba más viva que nunca. Sigue estándolo, pero aquellos años de esplendor quedaron casi olvidados porque les pasaron por encima los ochenta y los noventa. Al menos desde mi punto de vista literario. Habían quedado ensombrecidos y socialmente como si no hubieran ocurrido, como si no hubieran pasado. Este libro es también un rescate de aquella época a través de la educación sentimental de un  individuo y sus amigos. Ese individuo es la voz narradora que establece un monólogo donde va presentando personajes e historias mientras cuenta lo que ocurrió bajo su mirada a través del teatro de las pasiones que tuvo entonces. Esas pasiones eran la música y la literatura y, al hilo de esa frase que decías, también podría decirse que la música fue nuestra religión y que los evangelios eran los libros, la poesía, los ensayos y la novela. Pero sobre todo la poesía, que tenía un entronque con la música y son parientes muy cercanos. Fue una buena educación sentimental. Caótica, pero buena.-          Esas pasiones brotan en Palma. El...

Julián Marías y el cine. Una conversación con Alfonso Basallo

 Después de 35 años y 1.500 artículos de cine, Julián Marías seguía sin considerarse crítico. El periodista Alfonso Basallo, cinéfilo admirador del filósofo vallisoletano, se adentra en el corazón de Marías para rebatirle su propia convicción, para demostrarle que por mucho que renegara de su condición, era un crítico de cine. Y un filósofo. Y un intelectual. Y un pensador. Una rara avis que no ha dejado herederos… Todo ello lo ha contado en Julián Marías, crítico de cine (Fórcola) del que Basallo habla para Nueva Revista.¿Por qué cree usted que un filósofo de la categoría de Julián Marías decidió dedicar tantos artículos, tiempo y talento al cine, considerada hasta hace muy poquito la menor de todas las artes?Porque era un gran cinéfilo y porque le parecía que en el cine había respuestas a grandes preguntas. Lo impresionante es que él rescataba esas ideas de una manera muy llana e inteligible. Era capaz de hablar de Aristóteles o Kant con un estilo claro y elegante, muy en la estela de Ortega, que estaba obsesionado con que la filosofía fuera accesible a todo el mundo. Así que digamos que llevó la esencia de la filosofía a la butaca del espectador.¿Pero era sobre todo un filósofo o sobre todo un espectador?Las dos cosas (risas). No se puede separar ni elegir. Él decía: “ver es pensar con los ojos”, de nuevo siguiendo a Ortega. No se puede disociar la filosofía de la expectación, de la contemplación, de mirar la realidad del mundo y del hombre. Por eso sus críticas están tan intrincadas con la razón, pero también con la vida. El cine es para él una realidad inventada que tiene que tener sentido, tiene que tener lógica y coherencia, pero una realidad, desde Fort Apache a My fair lady.Pese a que no se sentía crítico de cine hay pocos que le hayan superado en tiempo y artículos.Marías empezó a escribir artículos sobre cine en el año 62 en La Gaceta Ilustrada, y ya entonces le empecé a seguir. Estuvo cerca de veinte años hasta que empezó su larga y rica trayectoria en Blanco y Negro. Sí es verdad que su estilo no se acoge al género de la crítica cinematográfica propiamente dicho, pero me llamó siempre la atención la insistencia con la que renegaba de esa condición, quizá es porque quería mantenerse al margen de la crítica ideológica, tan en boga en los años 60 y 70 cuando los críticos eran de izquierdas o derechas y por tal se les conocía. Su acercamiento al cine era meramente cultural, y por supuesto antropológico y filosófico, pero nunca ideológico o político.Del estilo de Marías sigue asombrando hoy en día su lenguaje claro y meridiano, hablara de cine o de razón pura.Cuando termina la Guerra Civil, Marías, por ser orteguiano, es castigado: le suspenden la tesis y no le dejan enseñar. Se tiene que ir a Estados Unidos a dar clase y se pone a escribir libros porque tiene que comer. Por eso tiene tanto...

Arias Maldonado: “No es extraño que el nacionalismo sea xenófobo o el populismo nacionalista”

Una conversación en profundidad a propósito de uno de los ensayos más esperados del año: "La democracia sentimental" (Página indómita), del profesor Manuel Arias Maldonado, titular de Ciencia Política en Málaga.
Nueva Revista

Luis de León Barga: “La Transición fue admirable porque se sobrepuso al inmovilismo y a la ruptura”

 El periodista Luis de León Barga escribe Los durmientes (Fórcola), una novela que, inscribiéndose en la tradición de la narrativa de espías, retrata –a través del personaje de Jaime Monasterio– la España de los primeros años de la Transición, una España de traiciones ideológicas, de ausencia de lealtades y de reacomodación al nuevo escenario democrático. A través de la mirada de una joven historiadora, contratada para investigar a Monasterio, antiguo espía de la URSS, León Barga se acerca a la Transición, al tiempo que desmitifica los ideales políticos e indaga en las relaciones extra oficiales entre los servicios secretos y la alta diplomacia.Uno de los temas principales de Los durmientes es la falta de lealtad, que se hace particularmente evidente en el campo político en el cambio de “bando” de algunos de los protagonistas de la política de la Transición. ¿esta falta de lealtad puede leerse también como una relativización de las filiaciones ideológicas o de las propias ideologías?En cierto modo sí porque la traición, si nos retrotraemos al arquetipo arcaico, tiene que ver con el concepto del honor, en el sentido de que la persona posee un referente claro que le invita a no quebrantar la palabra dada o el juramento de fidelidad hecho a un vasallaje, creencia o ideología. Cuando esto se ha extinguido, la traición no es vista como tal porque el vínculo se ha disuelto. Ya no hay un arquetipo, solo un individuo y éste se convierte, al ser uno consigo mismo, en el referente de sí mismo, por lo que cabe cambiar de lealtades según las oportunidades del momento, algo que él no ve como traición sino como una readaptación a una nueva situación.Las motivaciones para convertirse en traidor, se lee en la novela, “son el dinero, la ideología, la conciencia, el sexo, el ego y el resentimiento”. Excluyendo la ideología y la conciencia, los otros motivos nada tienen que ver con ideales políticos, que son los que, al final, terminan por ser menos determinantes en las trayectorias de los personajes.Efectivamente, los personajes de la novela son en cierto modo “víctimas” de los hechos históricos que les toca vivir, y en los que se ven obligados a desenvolverse. La figura del traidor y del espía se inscriben en parte, a partir del protagonista, Jaime Monasterio, en la Transición, que usted desmitifica. ¿Debemos hablar de la Transición más que como un proceso admirable como una remodelación de cargos y representantes provenientes, en gran parte, del régimen franquista?Resulta evidente que la correlación de fuerzas fue determinante para el desarrollo de la Transición, y también que los principales actores de la Transición procedían de los sectores más jóvenes del régimen, que eran conscientes de que Franco no era inmortal. Pero no hay que negar que fue un proceso admirable porque se impuso a las fuertes resistencias de los sectores inmovilistas del franquismo y el deseo de ruptura de una mayoría de la oposición antifranquista.En este sentido, ¿la Transición fue, para muchos, una continuidad política solo que bajo un...

Eduardo Fernández recopila artículos de Antonio Fontán en “Prensa, democracia y libertad”

Conversamos sobre el oficio periodístico con el editor, con motivo de la publicación de parte de los artículos de Antonio Fontán.

Rivero Taravillo: “La proporción de genios en Irlanda es altísima”

El autor sevillano publica en Fórcola En busca de la Isla Esmeralda, un “diccionario sentimental” de la cultural irlandesa.
Nueva Revista

De Versalles a un mundo en busca de nuevos equilibrios

Antonio Truyol Serra nació en Alemania el 4 de noviembre de 1913. Sus padres, mallorquines, se dedicaban al comercio. Su infancia y adolescencia transcurrió en diversos países, regalándole un dominio envidiable de unos cuantos idiomas. Posee un curriculum espléndido e inabarcable: ha sido, entre otras muchas cosas, catedrático de Derecho Natural y Filosofía del Derecho en la Facultad de Derecho de las Universidades de La Laguna y Murcia, catedrático de Derecho y Relaciones Internacionales y de Derecho Internacional Público de la Facultad de Ciencias Políticas, Económicas y Comerciales de la Universidad Complutense; doctor honoris causa por la Universidad Literaria de Lisboa y por la Universitat de las liles Balears; académico de número de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, de la que es vicepresidente; miembro asociado de la Real Academia de Ciencias, Letras y Bellas Artes de Bélgica; Gran Cruz de Oro por méritos de la República de Austria, Cruz de Honor austríaca de la Ciencia y el Arte de primera clase y Medalla de la Escuela Diplomática de Madrid. Antonio Truyol ha sido también magistrado del Tribunal Constitucional, ha impartido clases en un buen número de universidades españolas y extranjeras y forma parte de un sinfín de asociaciones, instituciones y revistas científicas de gran relieve internacional. Muchas de sus publicaciones han sido traducidas al inglés, francés, alemán y portugués. Entre sus obras cabe destacar: El Derecho y el Estado en San Agustín (Ed. Revista de Derecho Privado, Madrid, 1944), Los principios del Derecho Público en Francisco de Vitoria (Ediciones Cultura Hispánica, Madrid, 1946), Historia de la Filosofía del Derecho y del Estado, tomo i (ed. Revista de Occidente, Madrid, 1954; 12° ed. revisada y aumentada, Alianza Editorial, Madrid, 1995), La teoría de las Relaciones Internacionales como Sociología. Introducción al estudio de las Relaciones Internacionales (Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1957; 3o ed., 1973), Los Derechos humanos. Declaraciones y Convenios Internacionales (Tecnos, Madrid, 1968; 3o ed., 1982), Der Wandel der Staatenwelt in neuerer Zeit im Spiegel der Voelkerrechtsliteratur des 19. Und 20. Jahrhunderts (Verlag Gehlen, Homburg, 1968), Dante y Campanella. Dos visiones de una sociedad mundial (Tecnos, Madrid, 1968), La sociedad internacional (Alianza Editorial, Madrid, 1974), Historia de la Filosofía del Derecho y del Estado, tomo // (ed. Revista de Occidente, Madrid, 1975; 4o ed. revisada y aumentada, Alianza Editorial, Madrid, 1995), Théorie du droit international public. Cours général (M. Nijhoff Publishers, Dordrecht/Boston/Londres, 1981), Histoire du droit international public (Editions Economica, Paris, 1995).José María Beneyto— Profesor Truyol, sus campos de interés han sido muy amplios. Vd. ha tratado el Derecho Internacional, las Relaciones Internacionales, la Filosofía del Derecho, ¿qué es lo que le llevó a tener esa vocación filosófica internacionalista y europeísta? Antonio Truyol— De las dos vocaciones, una no tiene una causa clara. Mis padres no tenían formación superior, en mi casa no había una gran biblioteca. El interés por la religión y la filosofía surgió en parte de mis lecturas y de las clases. No creo que mi vocación filosófica tenga una raíz clara, aunque...

Lo que queda de la Transición. Conversación con Miguel Herrero de Miñón

Conversación de Miguel Ángel Gozalo con Miguel Herrero de Miñón, quien nos habla de la Transición, de la situación de la actual política española, de la aparición de nuevos partidos y del futuro del país
Nueva Revista

José Andrés Rojo: “Siempre estamos negociando; nunca somos iguales a nosotros mismos”

 “Es necesario decirle adiós a nuestros muertos –leemos en Camino a Trinidad, el último libro de José Andrés Rojo-. Y consuela saber que algunas cosas pueden seguir vivas”. La buena literatura, por ejemplo, sedimentada en una memoria que se confiesa libre. Ambientada en parte en la Bolivia de Hugo Bánzer, Camino a Trinidad (Pre-Textos) es una excelente novela, sobria y meditativa, que reflexiona sobre el misterioso azar que atraviesa, con sus interrogantes, el sentido de nuestras vidas. Empecemos por la biografía. Usted es nieto del general Rojo, héroe republicano de la Guerra Civil, a quien le ha dedicado una magna biografía. Al terminar la guerra, su abuelo se exilió, si no recuerdo mal, primero a Argentina y después a Bolivia, donde nace usted en 1958. Quería preguntarle en primer lugar por la sombra de su abuelo en la familia. ¿Qué recuerdos guarda de él y de qué modo su personalidad y su ejemplo conformaban un capítulo del “léxico familiar”? No guardo recuerdos del general porque no llegué a conocerlo. Regresó a España -estaba ya enfermo y creía que iba a morirse enseguida-en 1957. Aguantó una larga temporada, hasta 1966, unos cuantos años antes de que mi familia se trasladara a Madrid en 1971. Así que no coincidimos nunca. Pero ha estado siempre presente, de la misma manera (imagino) que en tantas otras familias siguen pesando en los hijos y los nietos los abuelos y, de paso, aquella remota Guerra Civil. Esa antigua herida dura quizá un poco más en los que tuvieron que irse y luego volvieron. Como si no pudieran terminar de quitársela de encima. Yo tenía que haber sido boliviano y terminé siendo español. Al final no eres de ninguna parte. El léxico familiar, en nuestro caso, está por eso lleno de lagunas, no hay continuidad. Hay muchas palabras que vienen de lejos y que ya no sabes qué significan. Me embarqué en escribir sobre mi abuelo porque quería entender qué significaba aquello de que, en la guerra, “había cumplido con su deber”. La honradez de su posición nos ha marcado a todos, pero de manera muy distinta.   En el año 71 usted regresa a España, estudia Sociología y termina, ya en el año 92, trabajando en uno de los periódicos centrales de la democracia española, El País. Su itinerario, siendo singular, es también representativo de una España determinada: la que regresa del exilio y participa vitalmente, tras la muerte de Franco, en la construcción de un país democrático y plenamente europeo. Hoy en día, en cambio, hay una corriente social importante en España que rechaza de plano la Transición y la democracia que surgió del 78, achancándoles todo tipo de déficits democráticos. Me gustaría preguntarle por este periodo y por la evolución que ha vivido el país desde que usted llegó en el 71 hasta nuestros días. ¿Qué lectura hace de este casi medio siglo?Madrid era, cuando llegué en 1971, una ciudad gris e infinitamente triste. Yo venía de un país pequeño y pobre de solemnidad, y...

Pedro Miguel Martínez: “La lengua en pedazos, un ejercicio potentísimo de lenguaje”

Martínez interpretó anoche el papel de Inquisidor en la pieza "La lengua en pedazos", de Juan Mayorga. Dos personajes y un texto profundo basado en el "Libro de la vida", de Santa Teresa.

Un homenaje a Carlos Pujol: recordamos su última entrevista

(Nota de la redacción: en el sexto aniversario de la muerte de Carlos Pujol, les ofrecemos la última entrevista que dio en vida. Su conversación con Ignacio Peyró apareció publicada en la Navidad de 2011 en La Gaceta de los Negocios. Junto a la entrevista, también publicamos el perfil con que el entrevistador la acompañó). PERFIL Han pasado ya años desde que Carlos Pujol nos enseñara a leer a Saint-Simon y ahora va publicando novelas, libros de artículos y libros de poemas como el goteo más feliz, en el plinto de los mejores, siempre avalado por la serena autoridad de la buena literatura. En realidad, seguramente casi todo el mundo ha leído a Carlos Pujol: por sus manos de traductor han pasado lo mismo Andrew Marvell que la Dickinson, Samain y Joubert. Si traducir es leer más hondo, he ahí a uno que ha buceado más que nadie por los clásicos, aunque para la gloria mundanal queden ante todo sus muchos años de factótum en la mayor editora del país. En una época de crítica en declive, sus reseñas y sus recopilaciones –de Itinerario francés a El espejo romántico– cumplen con la vieja aspiración de la crítica, a saber: configurar por sí misma un género literario, lo que incluye estar informado, ser leído, tener voluntad ecuánime y –ante todo– escribir bien. Es así como la literatura se hace fiesta. Mientras van y vienen los novelones de templarios y los ídolos del día, su labor narrativa –El lugar del aire, Jardín inglés, Dos historias romanas- tendrá siempre sutileza y ligereza, el ritmo necesario y el humor más cercano. Este humor viene a desmitificar las solemnidades del mundo, y también estará en esas delicias de género mixto que son libros como La casa de los santos o 1900. Todo tiene calidad para durar, porque la buena prosa nunca muere. “Para nombrar el mundo, / que es claro y misterioso como el agua”, Pujol lleva más de dos décadas publicando poemas: poeta tardío, ha tenido la suerte de que su poesía calara poco a poco entre gentes jóvenes. Así ha encontrado su reivindicación al margen de los codazos en pos del Parnaso y el numerus clausus de las antologías. Con cierta actitud moral de discreción en tiempos exhibicionistas, quizá a alguno le pueda parecer que en ciertos poemarios de Pujol –donde habla con la voz de Job o la Sevigné–, el poeta parece jugar al escondite. Pero todo queda sublimado en la calidad de su lírica, “como si se cumpliese una promesa / que al fin nos hace ser tal como somos”. ENTREVISTA: “El humor en la novela es el gran aporte de los españoles” Carlos Pujol, nacido en Barcelona en 1936, es una de nuestras personalidades literarias de mayor relieve. Autor de una obra amplia y sólida que abarca cuarenta títulos de todos géneros, también ha traducido un centenar de las  obras indispensables de la literatura universal: Balzac, Baudelaire, Hemingway, Austen o Shakespeare. Catedrático emérito de literatura románica y profesor durante cuatro décadas en la Universidad de...
Nueva Revista

Entrevista a Carlos Seco Serrano

"La amenaza más temible radica en el abandono práctico de la formación histórica"
Antonio Morales Moya

‹‹Camba es mucho más que los libros que conocemos de él››

Experto cambiano, Francisco Fuster es responsable de diversas antologías de gran mérito que han contribuido a acercar a los lectores a un escritor fundamental en la memoria de nuestro siglo XX.

Francisco Reyero: “Con Trump va a gobernar un aborigen de los años ochenta”

 Francisco Reyero, fascinado por Estados Unidos, su país favorito, ha escrito un libro sobre Donald Trump. Muy necesario porque desmonta el personaje. Lo analiza, radiografía, disecciona. Y para ello ha estado varios meses en Estados Unidos. En Nueva York, en Los Ángeles, en Las Vegas, donde empieza la obra desde el cielo de Nevada. Una labor de narrador entremezclado con el reporterismo. Entrevistas a fondo, olfateando atmósferas y escenarios. “Trump: el león del circo”, editado por El Paseo, está a punto de lanzar su segunda edición. El autor habla con Nueva Revista. Esta es la conversación. Nadie creía que Trump iba a ganar. Bueno, casi nadie…En la primera edición del libro no descartaba que el desastre no se concitara a nuestro alrededor y estimo algunas vías de victoria para Trump. Incluyo al final del libro una previsión con un análisis interesante de ‘Wall Street Journal’ destacando dónde estaban las vías de victoria, el sendero de Florida, el sendero sin Florida, que parecía más complicado… Al final todo eso ha quedado empequeñecido, pero se valoraba. Yo pensé que era una especie de prototipo de lo que va a venir por llegar, resultado de la globalización, en Silicon Valley… Sin embargo, va a gobernar un aborigen de los años 80. Trump es el presidente electo que tiene a Ronald Reagan como modelo.  Bueno, su modelo es Reagan y John Wayne, pero no John Wayne en ‘El hombre tranquilo’, sino como poco en ‘Fort Apache’. . Trump reproduce esos modelos simples, reiterativos, aunque es diferente porque Reagan tenía espacios para redimir a la ciudadanía, como el gran anuncio de campaña de 1984 titulado ‘It’s morning in America’, que habla de cómo todo va mucho mejor. Eso no se da con Trump, que da la parte áspera y la parte más matona. En Reagan siempre había algo de confort. Él hablaba que América era más que un espacio físico, una idea, la del recurrente sueño americano. En el capítulo de Reagan del documental de los años 80 que produce Tom Hanks, aparece Colin Powell . Powell, que no es un hombre dado a la sensiblería, dice: “Al final Ronald Reagan se fue, se despidió de la Casa Blanca, y todo se acabó”.  A Powell se le saltan las lágrimas y dice: “Era magia, pero una magia real”. Reagan, aunque sea simple, ni mucho menos era un intelectual, ofrecía una imagen de solidez personal y de cierta verdad, dentro de la interpretación de la política. Donald Trump es una impugnación permanente de todo, de lo que hace y lo que no hace. ¿Cómo te puedes fiar de alguien así?Recién elegido sorprendió con un discurso moderado. Incluso conciliador.Eso es interesante, porque uno es presidencial o no en función de las circunstancias.  Aunque las exigencias para tener un cargo sean las ideas de honestidad, disciplina, facilitar la convivencia y regenerar el bienestar… Eso no importa para Trump. No creo esa transformación en alguien que ha ganado soliviantando la propia convivencia, la estabilidad. Y ahora sus detractores se encomiendan al...

Entrevista a Adam Michnick

Han pasado ya diez años desde que NUEVA REVISTA entrevistó por primera vez a Adam Michnik (nº  1, febrero de 1990), protagonista de una transición —la polaca— que cambió el rumbo de la Historia. Su tartamudez (cuentan que provocada por las torturas que sufrió en prisión) no impide que siga al frente del diario más importante de Polonia: Gazeta Wyborcza. La Rzeczpospolita Polska, lograda ya la incorporación a la OTAN, espera pacientemente su turno de entrada en la Unión Europea. Sin embargo, los polacos aún no se han liberado de sus fantasmas del pasado: la lustracja —literalmente, la «inspección»— de todos aquellos antiguos colaboradores del régimen comunista divide ahora a la opinión pública en dos bandos enfrentados. Hoy por hoy, Adam Michnik encabeza la postura de quienes defienden que esa particular caza de brujas empaña el recorrido de una transición verdaderamente democrática y basada en el consenso. De estos y otros temas han conversado Nazareth Echart y Carmelo Molina con Michnik, al paso de éste por Madrid. 

Entrevista a Javier Carvajal

Durante el próximo mes de octubre se celebrará en la Universidad de Navarra el Congreso Internacional de Arquitectura De Roma a Nueva York Itinerarios de la nueva arquitectura española 1950-1965, organizado como homenaje a Javier Carvajal. El título del Congreso es una apenas velada cita a su propio itinerario personal, desde la Beca de Roma hasta el premio Pabellón Español en la Feria de Nueva York.Ignacio Vice ¿Podría hablamos de los comienzos de su actividad como arquitecto, de los momentos o circunstancias que sobresalen en su vida profesional? ¿Recuerda, por ejemplo, el día en que decidió ser arquitecto?Javier Carvajal- Nada comienza en un sólo día, ni de golpe; nacemos a partir de muchas sensaciones, de ideas, de decisiones y recuerdos. Mis primeros momentos de arquitecto se funden con mi admiración a mis padres, con su afecto, con su inteligencia, con su cultura abierta a múltiples horizontes: el de la Arquitectura entre ellos, pues mi madre sentía una gran pasión por ese arte. Mi vocación se configura también con las impresiones recibidas en las casas en las que viví. Y de haber amado la unidad en la pluralidad, porque la mía era una familia muy unida, compuesta de catalanes y castellanos. Así entendí yo la compatibilidad con lo distinto y lo complejo. Estoy agradecido por esta herencia de culturas distintas. De la consciencia de ser heredero, ha nacido en mí la voluntad restitutoria de crear herencia. Mi vocación nace también con el lema, no escrito, de mi familia: “yo sirvo”, vivido intensamente; de mis juegos de niño, cuando me sentía arquitecto de papel y cartón, de corcho y de madera; de los libros que alimentaron mis primeras lecturas de adolescente, llenándome de admiración por Grecia y Roma y la belleza ordenada de su Arquitectura. De todas esas imágenes, de todas esas emociones, nació mi voluntad de crear, “cuando fuera mayor’’, eficacia y belleza. No sólo belleza, como hacen los artistas; no sólo eficacia, como hacen los ingenieros, sino eficacia y belleza a un mismo tiempo, como tan sólo persiguen los verdaderos arquitectos.He sido el único responsable de elegir libremente mi camino. Nunca quise ser otra cosa, aunque estudiara también Derecho, que sólo fue para mí un complemento. Esto tiene una explicación. Mi madre era hija de una de las familia creadoras de la industria catalana. Por su parte, mi padre pertenecía a una familia castellana de militares, diplomáticos y políticos. Así que cuando dije que iba a ser arquitecto, en casa sólo me dijeron: “¿Estás seguro de quererlo ser?”. A mi padre, que era una persona encantadora, le chocaba mucho mi decisión, porque en mi familia nadie había sido arquitecto. Pero por si acaso él llevara razón, yo me puse a estudiar la carrera de abogado. Luego nunca la he ejercido, pero no me importa haber estudiado Derecho, ha sido importante para mi formación. Sin embargo, siempre ha querido ser arquitecto.I.V.-De esa experiencia personal, ¿no se puede inducir algo sobre la vocación de arquitecto? Me da la impresión de que...

Entrevista a Juergen Donges

Entrevista a Juergen Donges, catedrático de Política Económica que trata el tema del Euro en sus investigaciones para el éxito de la Unión Monetaria europea.

Conversación con Tom Burns Marañón

Miguel Ángel Gozalo conversa con el periodista y ensayista Tom Burns Marañón, quien desde su punto de vista, lleno de intuición y conocimiento, nos habla Winston Churchill en el cincuentenario de su muerte.

Celebrar el mundo mutilado. Una entrevista con Adam Zagajewski (II)

Su poema “Intenta celebrar el mundo mutilado”, se dio a conocer después del 11-S. En general, hay en su poesía esta coexistencia entre la vida y la belleza, por un lado, y el desastre y la catástrofe, por otro. ¿Cómo afronta usted esta escritura del desastre, y cómo cree que es posible dar testimonio de él? Yo nací justo después de la guerra. Las generaciones, en literatura, tienen su importancia. No se debe exagerar, es decir, no se puede pensar que participar en una generación es una cosa única y determinante, pero tampoco podemos negar el hecho de que los escritores y artistas pertenecen a generaciones. Yo veo mi generación como a la sombra de los desastres de la Segunda Guerra Mundial. Una sombra larga que aún hoy permanece. Es algo que me llevó tiempo comprender. Cuando era joven tenía otras preocupaciones literarias, pero terminé viendo que, si existe algo así como una lista de labores para los escritores, en la lista de mi generación está en primer lugar la de ser conscientes de esa sombra pero también contribuir a la reconstrucción de la vida. En mi caso, se podría decir que nací en medio de ruinas. No literalmente, puesto que la ciudad de Lvov, donde yo nací, no fue ferozmente bombardeada, aunque sí sufrió terriblemente el Holocausto, tal y como mis padres me contaron. Nací en el paisaje de después de la batalla, donde la pregunta “qué hacer ahora” era muy importante. Yo no quería consagrarme a la escritura de novelas sobre la guerra, eso no era lo mío. Creo que mi instinto era más bien el de construir, renacer, mirar la vida, pero no podía hacerlo sin tomar en consideración las ruinas. En la ciudad a la que mi familia debió trasladarse, en Silesia, sí había ruinas de bombardeos, americanos según parece. Como el comunismo no era un sistema económico muy fiable, esas ruinas permanecieron mucho tiempo allí. Varsovia en cambio se rehízo muy rápido, fue casi un milagro, y también Gdansk, en la costa, reconstruida de una muy bella manera, pero no las ciudades como aquella en la que yo crecí. Estaban las ruinas pero también el renacimiento con nuestro entusiasmo, el de los jóvenes. Es lo que leí y vi también en otros poetas de mi entorno en aquella época. En mí, desde luego, coexisten esos dos hechos: haber nacido en un paisaje de ruinas y estar fascinado por la plenitud de la vida. Como reconciliar ambas cosas, todavía hoy no lo sé. Es una de mis cuestiones principales. Eso nos lleva a la relación entre escritura y compromiso político. El hecho de haber comenzado su andadura poética en un régimen dictatorial comunista, donde la confesionalidad era quizás una disidencia, ¿ha marcado de alguna manera esa relación entre literatura y política? Bueno, hay que aclarar algo al respecto. En el caso de Polonia no había, como en otros países, un programa estético fijado como el del realismo social. Era casi un milagro, pero en Polonia, después de la...
Nueva Revista

El humor gráfico durante y después de la Guerra Civil: las vicisitudes del humor político

Lo primero que llama la atención del cuarto de estar en donde nos recibe el dibujante es que las paredes están completamente desnudas: no sólo no hay ningún cuadro o adorno que llevarse a los ojos, sino que las paredes no presentan ninguna marca que haga pensar que alguna vez hubo algo colgado de los muros. Chumy tiene sus propios cuadros apilados en el balcón, en una especie de cauteloso y paradójico olvido que ignoramos si habrá sido objeto de psicoanálisis. A la derecha, un modesto sofá y una mesa con ruedas, de madera cruda, sin barnizar. Chumy nos recibe en ropa deportiva. «Si traéis fotógrafo me peino», nos dice. Lo tranquilizamos: venimos sin fotógrafo.¿Cómo ves la evolución del humor gráfico desde la dictadura hasta hoy?En España, después de la guerra, los grandes dibujantes se habían extinguido; algunos se exiliaron y otros murieron. Empezó una generación a dibujar que no tenía puñetera idea de dibujo. El gran humorista que es Gila (sin ser crítico, porque nunca ha publicado un chiste político) no sabía dibujar. Hasta tal punto esto es así que en una ocasión llamó a Mingóte para preguntarle cómo se dibujaban los raíles de un tren porque él no sabía cómo hacerlo. Había otros que siendo grandes dibujantes no se les ocurrían chistes. En La Codorniz, por ejemplo, Alvaro de Laiglesia daba muchas ideas a sus colaboradores. En la época de Franco ocurrió algo muy curioso. Franco, de la misma manera que unificó todas las fuerzas políticas, impidió que hubiese muchas revistas de humor. La Ametralladora, que dirigía Mihura desde San Sebastián (no es que fuera franquista, sino que le tocó allí), era una revista muy buena porque aglutinaba a los grandes profesionales de la llamada zona nacional. La parte política de esta revista era muy escasa. Recuerdo una página titulada «El hambre de Madrid» en la que se podían haber volcado, y sin embargo los chistes eran de lo más inocente y alejados de la tragedia. En un chiste magistral de Tono un marido preguntaba a su mujer: «¿Qué tenemos hoy para comer?». Y su mujer le decía: «Tengo que darte una mala noticia: no tenemos absolutamente nada para comer». Y entonces el marido respondía: «¡Qué bien! Entonces lo dejaremos para la cena». Cuando la victoria ya estaba asegurada, La Ametralladora se convirtió en una revista de humor casi exclusivamente, sin lugar para la invectiva política. En el lado rojo, sin embargo, surgieron muchas revistas de humor, y esta proliferación provocó que fueran malas humorísticamente. Lorenzo Goñi lo cuenta en la historia del humor gráfico que dirigí en 1990 para El Independiente. El se encontraba en Barcelona, en la zona republicana, y tenía que esperar a que el comisario político le llevase las ideas para ponerse a dibujar. El humor de los republicanos es absolutamente irritado e insultante, cosa normal, porque estaban perdiendo la guerra.¿Y en los temas? ¿Cómo describirías la evolución?Las cosas han cambiado mucho si pensamos que España estuvo tiempo sin humor político. Hasta la...

J. Jiménez Lozano, I: ‹‹Nadie está obligado a sumarse a una crisis espiritual››

José Jiménez Lozano (Langa, 1930) es uno de los escritores españoles más relevantes del último medio siglo. Distinguido con el Premio Cervantes en el año 2002, la obra de Jiménez Lozano toma cuerpo y anuncia su verdad precisamente en esa intersección en la que se concretan las pequeñas verdades de los anhelos, las miserias, los gozos y las alegrías del hombre. A raíz de la publicación de sus nuevos diarios, Impresiones provinciales (Confluencias), conversamos con José Jiménez Lozano sobre su obra y los grandes temas que alumbran su literatura. - Su trayectoria como dietarista es larga, ya desde los lejanos Los Tres Cuadernos Rojos, un libro que resultó seminal para la dietarística española. ¿Qué le incitó entonces a llevar y publicar un diario y qué cree que aporta este género, en apariencia menor, a la literatura de un país? No tengo ni idea de por qué se me ocurrió publicar lo que, en realidad no es un diario, ni un dietario, sino pequeños apuntes o notas sobre la naturaleza, algo que me cuentan o que leo o veo, pero no pensé nunca en aportar nada a la literatura. Por lo pronto, no sé si son literatura exactamente. Me es más que suficiente con que, a quien lea esas páginas, le interesen o le susciten una cavilación o una melancolía. - En Los Tres cuadernos rojos aparecen muchos de los temas que conforman la particular mirada de José Jiménez Lozano. Una de estas ideas cruciales es el sentido casi artesanal del valor de la literatura. Usted ha afirmado que “el escritor es alguien que no tiene apenas nada propio, pues todo se le regala y se le da”. Y también que la misión del escritor consiste en entregar de nuevo aquello que ha recibido, de modo que formaría parte de una cadena.  Si le entiendo bien, usted se refiere al valor de una tradición que nos sustenta y de la cual nos alimentamos. Hoy en día, en cambio, asistimos a un eclipse de la tradición y me atrevería a decir que también del sentido artesanal de la vida… Efectivamente, he dicho que al escritor se le concede todo, porque no es de la nada de donde saca sus historias o sus poemas, sino que, como decía Henry James, tiene el don “de imaginar lo desconocido por lo conocido, de averiguar la implicación de las cosas, de juzgar el todo por una parte, la cualidad de sentir la vida en general tan intensamente que va bien encaminado para conocer cualquier rincón especial de ella”. Así parece que funciona un escritor. Y también creo que de algún modo nuestra escritura es un eslabón de una gran cadena, desde hace unos cuatro mil años. Ciertamente ha habido una siembra de liquidación del pasado, de nuestros pensares y sentires,  como si este pasado fuera el equivalente de los anuncios de un periódico de hace dos meses. De tal manera que lo que usted llama el “sentido artesanal de la vida” suena al estilo normal del vivir, heredado de siglos y no diseñado por ideólogos sociales....

En torno al sentido de la vida: los documentales de Anne Christine Girardot

Anne Christine Girardot es una de las directoras de documentales más originales del panorama actual. En 2015 con "La isla de los monjes" ganó el premio "Religion Today". Ahora prepara la continuación.

Entrevista con Benigno Pendás

El palacio de Godoy, un edificio de ladrillo contiguo al del Senado, en la plaza de la Marina Española, es una joya arquitectónica en mitad del Madrid señorial que se asoma a la plaza de Oriente. Construido en el reinado de Carlos III, a finales del siglo XVIII, por sus lujosos salones ha pasado mucha Historia. Lo ocuparon varios secretarios de Estado, y hasta el Murat invasor en 1808, pero ha sido Godoy, que lo reformó e hizo de él su residencia particular, el que le ha dejado su rótulo definitivo. Fue Biblioteca Real, Ministerio de Marina y Museo Naval. Ahora es la sede del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales.En una España en la que abundaban los pobres y escaseaban los ricos (los dos solos linajes que hay en el mundo, el de tener y el no tener, según explicó Sancho Panza en las bodas de Camacho), don Manuel Godoy y Álvarez de Faria, aquel ambicioso y poderoso extremeño que fue el valido de Carlos IV, era lo que, antes de que surgieran los Amancio Ortega, se conocía como un rico. Un rico de verdad. El «Príncipe de la Paz», que ostentó el sobrenombre de «Generalísimo» antes que Franco y tuvo infinidad de títulos, propiedades y cargos a la sombra de aquella monarquía de un padre y su hijo enfrentados, sufrió, tras el Motín de Aranjuez y su caída en desgracia, la rapiña de sus muchos bienes. El duque de Wellington se quedó con sus casas de Granada y el palacio de Buenavista; la National Gallery tiene ahora su Venus del espejo, de Velázquez; su mesa de trabajo ha acabado en el Museo Lázaro Galdiano; las Majas vestida y desnuda, que él encargó pintar, están en el Prado; el retrato que le hizo Goya se fue a la Academia de Bellas Artes. Y su palacio, que él comunicó subterráneamente con el Palacio Real, se lo ha quedado, de momento, Benigno Pendás, letrado de las Cortes, doctor en Ciencias Políticas, catedrático de Ciencia Política en la Universidad CEU-San Pablo y miembro del Consejo de Estado, que me recibe en su solemne despacho, un día de sol y palomas, mientras este país nuestro vive una de esas horas en las que parece que la política se ha ido de vacaciones.Pendás, que ha escrito un libro titulado Teorías políticas para el siglo XXI, ha asumido el encargo del Gobierno del PP para queeste centro, que en el franquismo se llamó Instituto de EstudiosPolíticos, acometa, en sus análisis y propuestas, la necesariaregeneración política.      Benigno Pendás (dcha.) y Miguel Ángel Gozalo,foto de Ana Ávila—Esta casa se está ocupando de la regeneración política, pero viene de los tiempos oscuros de la Dictadura. ¿A qué se ha dedicado históricamente?—El centro, con su nombre de Instituto de Estudios Políticos, nace en el marco de la Guerra Civil. Durante el franquismo es el lugar donde se generan ideas para el régimen. Con una peculiaridad muy interesante: que sirve también de oasis académico para algunos personajes que no...

Carta sobre la belleza perdida. Conversación con Gao Xingjian

La editora del Nobel de Literatura del año 2000, Miriam Tey, sostuvo una correspondencia por escrito con el autor de "La montaña del alma", ahora con motivo de su última película en España, "El duelo de la belleza". Entrevista publicada en marzo de 2014.

Jorge Bustos: ‹‹La ironía total lleva al nihilismo››

La entrevista tuvo que hacerse en tres sesiones, en tres bares de tres hoteles de Madrid, pues coincidió con la publicación en El Mundo de una conversación con Montoro, con firma en un recuadro del entrevistado, y, claro, durante tres días su móvil no paró de echar humo: llamadas de la redacción, llamadas del ministerio, llamadas de las televisiones… Sirva lo anterior no como composición de modo ni de lugar ni de tiempo, en todo caso de personaje: Jorge Bustos, un periodista que lo mismo es capaz de un scoop que hace moverse el suelo del partido en el Gobierno que de llegar al punto final de una columna sin esfuerzo aparente, que de frecuentar las tertulias del prime time sin parecer un tertuliano, que de estrenarse como autor -y aquí va la razón de esta entrevista- con un libro de ensayo. Un libro que huye del recurso facilón del refrito recopilatorio, del manual de autoayuda del que solo se alimenta de galletitas chinas y de frases de almanaque, del comentario a mil fotos en blanco y negro de Steve McQueen y Audrey Herburn, del relato nostálgico de uno que aprendió a escribir en los cuadernos de caligrafía Rubio. La granja humana, en fin, lecciones amenas de Filosofía -y de Política, y de Literatura, y de Sociología…- profunda.  -Quien llegue a su libro por sus columnas y, al revés, a sus columnas por su libro, ¿se llevará una sorpresa o verá en el trayecto una lógica continuidad? -No debería llevarse una sorpresa, creo. El libro pretende conectar con el género canónico del ensayo, de más aliento que la columna, y la columna es, a su vez, un subgénero del ensayo. El resultado de esos dos vectores son los ensayitos de tres o cuatro páginas de los que está compuesto el libro, en el que he tratado de huir de cierta tendencia al academicismo aplicando el tono ligero del columnista pegado a la actualidad.  -¿Cree haberlo logrado? -En un primera versión del libro no. Porque cuando me llaman para hacerme el encargo, enseguida pienso en Ariel como la gran editorial del mundo académico y fijo en mi cabeza un lector ideal al que me quiero dirigir, un catedrático campanudo cuya aprobación debo merecer. Cuando enseño en Ariel lo que llevo escrito, me dicen que lo rehaga. En su momento, me cabreé bastante. Pero ahora entiendo la labor benéfica del editor.  -¿En qué cambia la segunda versión de la primera? -Vengo de la Filología, no del Periodismo, y eso significa que por formación me inclino a la erudición, lo que lastra mi estilo e imposta mi voz, estilo y voz que son los de las columnas. En Filología, cuantas más referencias manejes mejor. Y no digo que esté de más hacer una o dos citas por columna, pero lo que ahí se valora es el criterio propio, que la firma se la juegue. En el libro, por tanto, intento el equilibrio de deslizar mi pensamiento entre referencias a autores muy importantes para mí.  -Así que Ariel le pidió...

No hay una revolución creadora sino una creación evolutiva

ÁLVARO LUCAS ÁLVARO LUCAS · ¿Cuál es el estado actual del debate en torno al origen del hombre? DANIEL TURBÓN · • La polémica actual que tiene lugar sobre todo en Estados Unidos, donde hay estados que rechazan cualquier explicación evolutiva del origen del ser humano, no es más que un grito de «basta ya», de evitar el adoctrinamiento escolar de los hijos. Y hasta cierto punto no les falta razón, porque cuando se enseña evolución no se distingue «evolucionismo», que es sinónimo de ideología, de «evolución» que en sí misma es una ciencia de la naturaleza.AL ·  ¿Cómo se define entonces de manera rigurosa la evolución?DT  · La evolución no es otra cosa que el cambio en el tiempo de los organismos. Nosotros mismos evolucionamos a lo largo de nuestra vida, pero a eso le llamamos crecimiento, desarrollo y, en la última etapa, senectud. En este punto todo el mundo está de acuerdo. La polémica se produce porque lo que se ha dado en llamar «diseño inteligente» también es ideología, puede ser filosofía de la naturaleza pero no es en ningún caso una ciencia experimental, una ciencia de la naturaleza, conclusión a la que se llegó tras un juicio que tuvo lugar no hace mucho en EE.UU. en el que intervinieron muchos científicos, y cuyo dictamen final se pronunciaba sobre si el DI se podía o no definir como ciencia. Sus partidarios no pudieron presentar ni una sola publicación en una revista científica.    AL ·  ¿Por qué el DI no se puede definir como una teoría científica?DT · • Porque no sigue el método científico, que consiste en inducir y deducir fenómenos de la naturaleza que se pueden verificar en repetidas ocasiones y por observadores distintos. Aunque los que apoyan la postura totalmente contraria a la del DI tampoco han aplicado bien el método científico, porque han tomado la parte por el todo. Como ya dijo Karl Popper, el método científico es excesivamente reduccionista y se limita a los experimentos que uno puede hacer. Yo no puedo afirmar científicamente que todos los cuervos son negros porque tendría que haberlos visto todos, pero sí puedo afirmar desde un punto de vista científico que, muy probablemente, la mayoría de los cuervos son negros. Esto es lo que no respeta el mundo de la biología o al menos ciertos biólogos, algunos de ellos muy contrarios al pensamiento religioso y que terminan por dejar a un lado la ciencia para enredarse en posturas ideológicas.En resumen, un error, como es la postura del DI, trata de combatir otro error, el del ultraevolucionismo. En descargo del DI se puede decir que es un movimiento defensivo mientras que el otro es un ataque exacerbado e intencionado que desea justificar una manera de vivir pero eso ya no es ciencia sino ideología.AL · La idea de que alguien rellenara los huecos inexplicables de la evolución termina por ser pueril si posteriormente se encuentra una explicación científica. ¿No es el DI una manera de echar más leña al fuego de un...
Nueva Revista

Semblanza y parlamento de un misántropo

Sobre las viñetas cómicas de Chumy Chúmez que adornaban el Diario Madrid. Una entrevista entrañable. Por José Antonio Llera y Paul W. Seaver

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