miércoles - 20 febrero - 2019

Ignacio Peyró

24 publicaciones 0 Comentarios
Habitual como firma de periodismo literario, opinión política y dos áreas de su especial interés, la literatura y la cocina, ha publicado sus trabajos en los grandes medios españoles. Ha sido director de la edición digital de Nueva Revista, jefe del proyecto de opinión online de The Objective y articulista en diversos medios. En julio de 2017 fue nombrado director del Instituto Cervantes de Londres. Ha publicado Pompa y circunstancia. Diccionario sentimental de la cultura inglesa (2014) y de La vista desde aquí. Una conversación con Valentí Puig (2017). Traductor y prologuista de obras de Evelyn Waugh, Louis Auchincloss, J. K. Huysmans, Rudyard Kipling, Valle-Inclán o Augusto Assía, entre otros.

Un cruzado contra su época. Morris y la Inglaterra victoriana

Texto íntegro de la conferencia que Ignacio Peyró impartió en la Fundación Juan March el 21 de noviembre de 2017 con motivo de la exposición " William Morris y compañía: el movimiento Arts and Crafts en Gran Bretaña".

Bosque adentro. Maneras de leer a Valentí Puig

Por cortesía de la editorial Elba, ofrecemos aquí un extracto del perfil sobre Valentí Puig escrito por Ignacio Peyró, incluido en la conversación que ambos mantienen y que acaba de publicarse con el título "La vista desde aquí".

Alfredo Taján: “El poema es una suerte de oración”

Empecemos por lo importante: la poesía. Acabo de leer –de releer- su antología, Nueva usura, editada en la célebre “colección de las rayitas” de Renacimiento. Y aunque no ha sido usted pródigo en publicaciones, su voz llama la atención por su registro culto, resonante de referencias y obsesiones, tan capaz de melancolía como de –si me lo permite- pícaro juego, y todavía con unas gotas de licor decadentista… De algo de ello ha hablado, por ejemplo, Luis Alberto de Cuenca. Sí, soy un poeta, si se quiere, más oculto que culto, precisamente porque tengo un gran respeto por el que considero el más difícil, al menos para mí, de los géneros literarios; desde mi punto de vista, la poesía hunde sus raíces en la filosofía, en la religión; por ese motivo, concibo el poema como una suerte de oración, la palabra poética debe brillar, refulgir, es incontestable, verdadera. Quizá sea el vértigo anunciado por Mallarmé en aquel verso que ya se ha convertido en consigna, “un golpe de dados no abolirá el azar” o, en otro ejemplo, El emperador de los helados, de Wallace Stevens: a mi entender, ambos representan fragmentos de la más alta creación poética, el máximo logro de la selección y de la pulcritud, la esencia, el numen... Después, a mi aventura lírica deben añadirse otras muchas lecciones: Lezama, Borges, Sarduy, Cernuda, cuyas poéticas me han invitado a realizar viajes, digamos, al más allá de la forma viva, pulida, exacta. La antología que usted cita, Nueva usura, sin embargo, parte de un comprometido, y controvertido, homenaje a Ezra Pound, en el momento en que fue aplastado por la ideología; Pound es otro de mis autores predilectos. Luis Alberto de Cuenca, uno de los poetas más eruditos de este planeta, exageró bastante sobre mis trabajos poéticos en el prólogo de esta antología, y es que nos une una gran amistad... Decía Borges que en Argentina no habían desembarcado argentinos, sino españoles, italianos, alemanes, etcétera. Usted parece llevar algo de ese cosmopolitismo inscrito en su vida –y, de hecho, se nota en toda su literatura. Le agradecería que nos contara de él, ante todo en lo que pudiera favorecer a su formación como escritor. Indudablemente los avatares de la vida personal tienen una presencia constante, más que constante, asfixiante, en mi producción literaria; por supuesto que hay páginas taimadas, pero las hay calcadas de la realidad. Y no puede ser de otro modo. Ese verso de Borges sobre Argentina: "no nos une el amor sino el espanto/será por eso que la quiero tanto", parece dedicado a aquellos que nos consideramos, y somos considerados, "objetos nacionales no identificados", es decir, escritores españoles en Argentina y argentinos en España. Esa deriva transatlántica se inscribe, efectivamente, como muy bien apunta usted, Peyró, a mi biografía, luego trasladada al papel como ficción; esa memoria activa está y estará siempre presente; se trata de una evocación extraña, una suerte de collage tamizado por las brumas de una nueva existencia en otro lugar que no ha sido...

Valentí Puig. “Fatiga o descuido de España”

Reseña del libro de Valentí Puig "Fatiga o descuido de España" (Galaxia Gutenberg, 2017).

Contra el fatalismo hispánico

Una lectura de Ignacion Peyro de "Fatiga o descuido de España" (Galaxia Gutenberg), de Valentí Puig, donde el conocido intelectual aboga por una España post-crisis "ni derrotista, ni derrotada".

Un homenaje a Carlos Pujol: recordamos su última entrevista

(Nota de la redacción: en el sexto aniversario de la muerte de Carlos Pujol, les ofrecemos la última entrevista que dio en vida. Su conversación con Ignacio Peyró apareció publicada en la Navidad de 2011 en La Gaceta de los Negocios. Junto a la entrevista, también publicamos el perfil con que el entrevistador la acompañó). PERFIL Han pasado ya años desde que Carlos Pujol nos enseñara a leer a Saint-Simon y ahora va publicando novelas, libros de artículos y libros de poemas como el goteo más feliz, en el plinto de los mejores, siempre avalado por la serena autoridad de la buena literatura. En realidad, seguramente casi todo el mundo ha leído a Carlos Pujol: por sus manos de traductor han pasado lo mismo Andrew Marvell que la Dickinson, Samain y Joubert. Si traducir es leer más hondo, he ahí a uno que ha buceado más que nadie por los clásicos, aunque para la gloria mundanal queden ante todo sus muchos años de factótum en la mayor editora del país. En una época de crítica en declive, sus reseñas y sus recopilaciones –de Itinerario francés a El espejo romántico– cumplen con la vieja aspiración de la crítica, a saber: configurar por sí misma un género literario, lo que incluye estar informado, ser leído, tener voluntad ecuánime y –ante todo– escribir bien. Es así como la literatura se hace fiesta. Mientras van y vienen los novelones de templarios y los ídolos del día, su labor narrativa –El lugar del aire, Jardín inglés, Dos historias romanas- tendrá siempre sutileza y ligereza, el ritmo necesario y el humor más cercano. Este humor viene a desmitificar las solemnidades del mundo, y también estará en esas delicias de género mixto que son libros como La casa de los santos o 1900. Todo tiene calidad para durar, porque la buena prosa nunca muere. “Para nombrar el mundo, / que es claro y misterioso como el agua”, Pujol lleva más de dos décadas publicando poemas: poeta tardío, ha tenido la suerte de que su poesía calara poco a poco entre gentes jóvenes. Así ha encontrado su reivindicación al margen de los codazos en pos del Parnaso y el numerus clausus de las antologías. Con cierta actitud moral de discreción en tiempos exhibicionistas, quizá a alguno le pueda parecer que en ciertos poemarios de Pujol –donde habla con la voz de Job o la Sevigné–, el poeta parece jugar al escondite. Pero todo queda sublimado en la calidad de su lírica, “como si se cumpliese una promesa / que al fin nos hace ser tal como somos”. ENTREVISTA: “El humor en la novela es el gran aporte de los españoles” Carlos Pujol, nacido en Barcelona en 1936, es una de nuestras personalidades literarias de mayor relieve. Autor de una obra amplia y sólida que abarca cuarenta títulos de todos géneros, también ha traducido un centenar de las  obras indispensables de la literatura universal: Balzac, Baudelaire, Hemingway, Austen o Shakespeare. Catedrático emérito de literatura románica y profesor durante cuatro décadas en la Universidad de...
Nueva Revista

“La vitalidad de una cultura se cifra en la familia”

Con un lenguaje desinhibido y mordaz, y con no poca inspiración en C. S. Lewis, Alfonso Basallo y Teresa Díez continúan en Manzana para dos (Planeta Testimonio) el éxito de las reflexiones de Pijama para dos en torno a la familia y el matrimonio en la sociedad contemporánea. Seré directo: el matrimonio, ¿está en crisis? La institución del matrimonio no está en crisis, porque es la cuna de la humanidad: al principio era… el matrimonio, Adán y Eva. Mientras haya humanidad habrá matrimonio. Fíjese que ha habido uniones de hombres y mujeres (el matrimonio natural) en todos los momentos de la Historia, en todas las latitudes de la Tierra y en todas las culturas. ¿Por qué? porque el matrimonio está inscrito en nuestros genes, hombres y mujeres hemos sido diseñados para unirnos y vivir juntos y tener hijos.  Los que están en crisis son algunos matrimonios de una parte del mundo: Occidente; y sólo desde hace 50 años aproximadamente. ¿Qué es eso comparado con los milenios que nos preceden? De tanto mirar el móvil hemos perdido perspectiva. Yo diría que esta es una crisis cultural y antropológica muy grave, porque es el mayor ataque que ha recibido la familia, pero no puede durar porque el río termina volviendo siempre a su cauce: es pretender luchar contra la naturaleza. Eso sí dañará a varias generaciones y sembrará Occidente de infelicidad.  Lo que hay es una formidable cruzada contra el matrimonio, impulsada por quienes debían protegerlo: los gobiernos. En Occidente hay una legislación antimatrimonio y antifamilia. Lo cual es suicida porque si te cargas el matrimonio te cargas la civilización. Las leyes divorcistas, por ejemplo, han generado una mentalidad divorcista, que se traduce en pensar que todo matrimonio es rompible mientras no se demuestre lo contrario. Es decir, hay un clima pesimista respecto a la indisolubilidad, de suerte que los jóvenes van a casarse, con ganas de hacerlo bien, sin duda, pero sabiendo que la unión conyugal es rompible y que la suya podrá también romperse. Hace medio siglo a nadie se le pasaba por la imaginación que el matrimonio no fuera para toda la vida. Pero no sólo es rompible el matrimonio sino que los Gobiernos ponen las máximas facilidades para que rompa a la velocidad del rayo y sin posibilidad de recomponerlo. Así, la Ley de Divorcio Exprés de Zapatero, eliminó el trámite previo de las separaciones con lo que ha propiciado más rupturas y más deprisa, la prueba es que los divorcios se han multiplicado en España; o la Ley contra la Violencia de Género impide la reconciliación en caso de conflicto… alguien puede alegar “pero es que la reconciliación en casos de violencia es remota”, y, en efecto, es remota pero no imposible, y el Estado se está encargado de cerrar esa portillo por minúsculo que sea. Se ha llegado a difuminar jurídicamente a la institución familiar. Así, matrimonio ya no es lo que ha sido durante milenios, ahora puede ser la unión de dos hombres y dos mujeres, por ley, fíjese qué arbitrariedad. No podemos acostumbrarnos a...
El Partido de la Nación. Los conservadores británicos, de Churchill a Cameron

El partido de la Nación. Los conservadores británicos, de Churchill a Cameron

En uno de sus momentos de bravura, William Hague afirmó que «los valores del partido tory se remontan a los tiempos en que Wilberforce liberaba a los esclavos, Burke escribía sus grandes tratados y Pitt llamaba a la guerra contra la tiranía». Es posible que las palabras del antiguo líder conservador tengan un punto de altisonancia, pero —más allá del énfasis retórico— también se hace difícil negarles su verdad. Con una prosapia que se remonta hasta los años de la Gloriosa, ningún otro partido puede reclamar un pedigrí semejante al del torismo. Y, en virtud de esa misma pervivencia, sobre ningún otro partido han podido proyectarse atributos más dispares. La propia antigüedad de los tories, en verdad, parece avalar todo precedente y así desalentar nuestros esfuerzos de cartografía política. A modo de ejemplo, el que tome su euroescepticismo de hoy como verdad inmutable, se sorprenderá al saber que —allá por los setenta— el conservador se llegó a publicitar como «el partido de Europa». A quien vea en ellos un rescoldo de viejo imperialismo, siempre se le puede hablar de «los vientos de cambio» descolonizadores de Macmillan. Y aquellos con edad para recordar las refriegas entre Gobierno y sindicatos, deben también llevar a la memoria que otros ejecutivos conservadores los habían impulsado tiempo atrás. Suma y sigue: esos tories que parecen ser sinónimo de tradición han sido también abanderados de las causas más rompedoras en cada época, de la emancipación católica bajo Wellington a la extensión de la educación pública bajo Salisbury, sin olvidar la lucha por el sufragio femenino. Y lo mismo podríamos decir de lo que hoy pasa por lugar común, como es su apoyo al liberalismo económico, cuando no han dejado de conocer sus fiebres proteccionistas y todavía tendrían tiempo de posar de keynesianos. Ciertamente, ya nuestro Assía escribió que «mientras otros pueblos se han debatido en desatar el nudo gordiano de la contradicción, los ingleses la han convertido en eslabón de su unidad, haciéndola comodín para el juego de la convivencia, la transacción y la armonía». Aun así, podría parecer que los conservadores británicos han llevado un poco lejos este esfuerzo de síntesis. Si lord Kilmuir dijo que la unidad era «el arma secreta» de los suyos, ¿cómo pueden explicarse tantos motines en sus filas, tantos altercados? Si con Alec Douglas-Home se les podía calificar de clasistas y de arcaicos, ¿cómo olvidar que —en menos de una década— también aportarían la modernidad de un Heath o la meritocracia de una Thatcher? De «la edad de la afluencia» al Miércoles Negro en su desempeño económico, y de Normandía a Suez en sus refriegas exteriores, ni siquiera su ejecutoria en el poder arroja un balance incontrovertible. En fin, quien todavía vea a los tories como el «nasty party», como un partido adusto y moralista, tan solo tiene que acordarse de aquella imagen de David Cameron amamantando a un cordero. No, no faltan contradicciones aparentes en el torismo. Con todo, quizá la mayor de ellas pueda cifrarse en las apreciaciones...

Rivero Taravillo: “En poesía, la madurez llega al dejar el egocentrismo”

Novelista y ensayista reconocido, librero, traductor (de Shakespeare y Milton, entre otros), escritor de viajes, incansable y noble promotor cultural y experto en literatura irlandesa y británica, nadie olvida, sin embargo, que Antonio Rivero Taravillo (1963) es, ante todo, poeta.

Jordi Amat: “Se ha esfumado el espacio de convergencia entre el consenso catalanista y el consenso tradicional español”

 Bien conocido del público lector por su actividad como columnista y crítico literario en La Vanguardia, el filólogo Jordi Amat (Barcelona, 1978), con una copiosa producción bibliográfica a sus espaldas, publica ahora El llarg procés: cultura i política a la Catalunya contemporània (1937-2014) (Tusquets). Desde las postrimerías de la Guerra Civil hasta las recientes manifestaciones del 11-S, y desde Cambó hasta Junqueras, pasando por Pujol y Maragall, Amat, con un pie en la historiografía y otro en el ensayismo político, analiza la construcción de los distintos relatos del catalanismo, desde sus vertientes más posibilistas a la “izquierda ilustrada” de Maragall o la hegemonía pujolista, para así ahondar en las relaciones entre poder político, cultura y comunidad en la Cataluña contemporánea.-          Quizá no le gustara a todo el mundo, pero parece indudable que la Barcelona del 92 contribuyó a dar resonancia global a una ciudad asociada desde entonces a ideas positivas –modernidad, tolerancia, etc. ¿Quién enterró a Cobi, y por qué habría que lamentar su deceso? ¿Alude a su olvido cuando habla sobre un soberanismo actual que “crece sobre una memoria que se desdibuja?Durante bastantes semanas El llarg procés debería haberse titulado Matar el Cobi, retomando un largo artículo que publiqué el año 2013 en La Vanguardia. Tal vez Cobi murió de éxito. Los Juegos de Barcelona transformaron la ciudad e incluso la percepción de los barceloneses sobre su propia ciudad, pero lo más trascendente fue la proyección al mundo de un modelo de ciudad creativa que, enraizada en una catalanidad abierta y militantemente mediterránea, podía ser percibida como una alternativa española a la imagen decadente proyectada por el casticismo histórico. Los enterradores han sido múltiples y olvidar ese legado, que es el del Maragall alcalde y su agenda imperfecta como President de la Generalitat, tal vez sea una necesidad del relato rupturista que el soberanismo ha elaborado para legitimarse.-          Centrándonos en las últimas décadas, parece Ud. constatar que el éxito del pujolismo arrolló otras alternativas posibles: el catalanismo clásico y el catalanismo progresista o, como dice Ud. en algún momento, “la izquierda ilustrada”.Desde el momento que Jordi Pujol sale de la cárcel con la voluntad de construir una hegemonía política e intelectual (creo haber dado con los documentos que lo atestiguan), sus tensiones con la izquierda ilustrada y con la izquierda marxista pura y dura son reiteradas. Esa tensión tuvo una dimensión creativa y demostró que, incluso durante el franquismo represor, un nuevo catalanismo (clásico y socialdemócrata al tiempo) reelaborado en la postguerra podía construir un consenso amplio. La cuestión sería determinar si el pujolismo asumía ese consenso para, tras un sostenido proceso de nacionalización, superarlo. Yo creo que sí. Y creo también que el bloqueo de alternativas a su maduración definitiva por parte del Estado ha acabado por decantar el grueso del catalanismo a propuestas rupturistas.-          Afirma ud. que el pujolismo encontró su mejor cómplice en ciertas actitudes del resto de España… Esa misma España que, en las postrimerías del franquismo y el inicio de la Transición, tenía...

Jordi Gracia: “Entre Cataluña y España ha habido casi una deliberada amputación de puentes”

 Josep Pla, Gaziel, Ferrater Mora, Castellet, Margarit: escritores catalanes todos, pero con algo más en común. Para Jordi Gracia, catedrático de literatura española en la Universidad de Barcelona, esa nota compartida es “una rebeldía intraburguesa estimulante y transgresora al margen de su ubicación política a derecha o izquierda”. En Burgueses imperfectos: heterodoxia y disidencia literaria en Cataluña, de Josep Pla a Pere Gimferrer (Fórcola), Gracia, retrato por retrato, nos habla de unos escritores “exigentes con su clase, más irónicos que dogmáticos y más ecuánimes que sectarios”. Analizados al natural, exentos de la pátina de autoridad concedida por el tiempo, las meditaciones sobre los autores catalanes mencionados no dejan de enriquecer el libro con vislumbres en torno al papel público del intelectual, así como sobre las relaciones Cataluña-España y las literaturas en lengua catalana y castellana. Tras su primera edición catalana en 2012, la edición en castellano de Burgueses imperfectos se ve enriquecida y aumentada, marcando así otro hito en la trayectoria de Jordi Gracia –autor bien conocido por sus colaboraciones con El País- tras su muy alabada biografía José Ortega y Gasset (2014) o libros no menos celebrados como La resistencia silenciosa (2004)-          Desde el XIX, y con momentos de algidez como en la época de la contracultura o el predominio de la crítica marxista, “burgués” ha sido, en términos literarios y artísticos, un gran vituperio. Usted, sin embargo, lo toma como elogio: ¿a qué alude su concepción de escritor burgués? ¿A un cierto individualismo en tiempos más bien colectivistas? ¿A la literatura como protección de una cierta “higiene” o libertad de conciencia? No son centrales en su libro, pero los ejemplos de Villalonga, escritor aristocratizante, y de Fuster, en su antípoda ideológica, pueden introducir bien la pregunta: ¿qué une a todos estos escritores?-          Sobre todo el intento de identificar una función pública, quizá no intencional pero desde luego efectiva. Aludo a la difusión de la reserva mental y crítica como talante ético, a una mentalidad irónica, afrancesada, distante de efusividades ideológicas, burlona con los tópicos de la tribu. Me parece que ese es patrimonio burgués en el sentido menos clasista posible -casi sólo descriptivo- y con el acento en el sentido formativo y de mentalidad que agrupa a un puñado importante de escritores dispuestos a no acatar fábulas absurdas ni a callar su disconformidad con mayorías masivas o minoritarias (o con cualquier poder). -          Al poeta Eliot, en cierta ocasión, le reprocharon arremeter contra los de su clase. Él se defendió arguyendo que, si los criticaba, era porque le importaban, porque eran “los suyos”. ¿Hay algo de eso en sus “burgueses imperfectos”?-          Sin duda, lo hay: la heterodoxia intraburguesa piensa en interlocutores integrados en las minorías, aunque atina de tal modo que sus lecciones y sus revisiones alcanzan a un público ajeno a esas minorías. La heterodoxia de la que hablo no pierde de vista a los responsables de difundir ideas y opiniones pero no renuncia a hablar directamente a los destinatarios -las clases medias-, que son su público...

Arias Maldonado: ‹‹En Andalucía tiene menos fuerza el cambio que el miedo al cambio››

  -Si el PSOE vuelve a gobernar, tal vez llegue a estar al mando –si no me equivoco- treinta y siete años seguidos. ¿El socialismo andaluz es el verdadero hecho diferencial de su tierra, convertido ya casi en un estilo de vida? ¿Votar PSOE es la manera andaluza de ser conservador? Bromas aparte, ¿qué ha desincentivado el deseo de cambio que suele manifestar toda sociedad?Sin duda, la continuidad del PSOE en el poder en Andalucía constituye un hecho diferencial dentro del sistema de poder español, aunque no es un caso único en el contexto europeo: recordemos que la CSU lleva más de cincuenta años gobernando Baviera. Claro que Baviera es la región más rica del país más rico de Europa, y Andalucía la región más pobre de España. Por esa razón, con ser cierto que el voto al PSOE en Andalucía sólo puede interpretarse -programas y proclamas aparte- como un acto conservador, no se ve bien, en principio, qué habría que conservar, dado que Andalucía se encuentra a la cola de todas las estadísticas imaginables. Por esa razón, hay que preguntarse las razones por las cuales el deseo de cambio, entendido a la vez como deseo de mejoramiento y como deseo de renovación simbólica, no ha prendido de Andalucía o lo ha hecho en una medida insuficiente para provocar un relevo político en el poder regional. Y, siendo cierto que hay una parte de voto cautivo por razones puramente clientelares, hay que acudir a otros factores para que salgan las cuentas. El principal sólo puede ser de orden psicológico: el miedo a que las cosas cambien. O sea, que cambien a peor. Aquí, a su vez, identificaría dos explicaciones. Una, que el marco que identifica a "la derecha" como el mal absoluto, o como un serio peligro para el bienestarismo, funciona en Andalucía con singular eficacia. Dos, que el andaluz vive bien, o cree vivir bien, y no ve razones para moverse en la dirección de una sociedad más competitiva, o seria, o exigente. ¡Hasta ahí podíamos llegar! Y a este respecto, nada más dañino que la "calidad de vida" que el andaluz cree disfrutar, cuyos componentes esenciales serían el buen tiempo, la vida social y las comodidades (presuntas) derivadas de la cercanía de la familia extensa. Parafraseando a Lenin, cambio, ¿para qué?-Las encuestas indican que el auge de Podemos no ha llegado con igual fuerza a Andalucía. ¿A qué se debe? ¿El PSOE ya hace su función? ¿No llega Podemos, experimento urbanita y profesoral, a las grandes bolsas de voto rural?Podemos es capaz de ganar votantes de IU, propios de la tradición jornalera, pero ahí acaba su aventura en el mundo rural; la mayor parte de sus votantes provienen de las ciudades y dos son los grupos de donde provienen: intelectuales de izquierda urbana y votantes nuevos, jóvenes que de otro modo se habrían abstenido. La dificultad para dañar de manera sustancial al PSOE, como sugieres, se debe a que su populismo no puede competir con el populismo...

Jean Clair: “El problema actual no es ir hacia adelante, sino conservar lo que aún podemos conservar”

 Es uno de los historiadores -y pensadores- del arte más influyentes y respetados de hoy, pese a sus visiones hondamente críticas de cierta vanguardia. Jean Clair, académico francés, dirigió el Museo Picasso y ha sido comisario de exposiciones que -como Duchamp en 1977 o Mélancolie en 2005- han hecho historia. A él, en buena parte, se debe el nuevo aprecio por la figuración del siglo XX, y por artistas como Zoran Music, Morandi o Balthus, de cuyo catálogo –también del de Delvaux- es responsable. Clair, traducido con frecuencia al castellano, es autor de libros como La barbarie ordinaria, Malestar en los museos o La responsabilidad del artista.- ¿Cuáles son los objetivos del arte de vanguardia?En el siglo XX, antes de la primera Guerra mundial, hubo un gran movimiento de ruptura que acabó con la tradición clásica ante la necesidad de encontrar fórmulas estéticas nuevas.  Esto se debe a dos razones. Por una parte porque los destinatarios habituales de la pintura, la iglesia, el Estado y las clases altas estaban desapareciendo. Todo eso se había acabado en el siglo XIX. Por tanto, era necesario encontrar un nuevo destinatario del arte y la concepción de objetos artísticos.Esa búsqueda se convirtió en un elogio y la exaltación del individuo; de su ego en su originalidad, en su singularidad, en su unicidad. Lo que genera como primera consecuencia la explosión de los cánones de las leyes, dado que cada uno se convierte en su propia regla.El arte nuevo debe a la vez encontrar su destinatario y responder, dentro del dominio de las formas, al cambio en el dominio de la técnica y de las ciencias.  Además, debe responder al desafío extraordinario lanzado a partir de la idea de un progreso humano, de las ciencias humanas, y por tanto, debe adaptarse al progreso y a la nueva visión del mundo que la ciencia aporta.- En los últimos decenios, hemos visto que el arte de vanguardia, que nació con voluntad de romper con todo, ha sido acogido y jaleado por la política y las instituciones… ¿Cómo se explica esto?Mi visión es algo pesimista. Tal y como había existido desde hace siglos, el arte carecía de toda razón de ser al no tener comanditarios (financiadores), ni destinatarios, ni sentido, ni utilidad, ni valor. Por consiguiente, el único valor que le quedaba era la exaltación del ego, de la individualidad personal. Y, por otra parte, el desafío de los progresos científicos extraordinarios ante los cuales el arte aparecía singularmente desarmado y miserable.El resultado es una explosión de fórmulas de aventuras, de evoluciones estéticas que era imposible clasificar según las grandes leyes de la estética de antaño. La vanguardia no fue reconocida como tal inmediatamente. Fue aceptada por algunos individuos, coleccionistas, ricos aventureros, que buscaban una manera de distinguirse y de mostrar su audacia intelectual.Por ejemplo, la familia Stein, judíos norteamericanos que necesitan un « state of symbol ». Una apertura intelectual, audacia y aventura que encontrarán en París, donde compran las pinturas de vanguardia de Matisse o Picasso. Y...
Nueva Revista

Periodismo cultural: estado de la cuestión

 A la hora de analizar el estado del periodismo cultural en España, ¿hay que darse al lamento o celebrar una esperanza? Seguramente la pregunta merezca una respuesta más matizada. A tal fin, Nueva Revista ha convocado a tres jóvenes pero experimentados periodistas culturales, avalados por su trayectoria y con un criterio fundado en su reconocido buen hacer. Sus perfiles son diversos: Karina Sainz Borgo coordina la sección de cultura del diario digital, de corte generalista, Voz Pópuli; Daniel Gascón busca, desde Letras Libres, acercar la cultura de ambos lados del Atlántico; por último, Borja Gutiérrez, en la revista Leer, se centra en el mundo del libro.KARINA SAINZ BORGO (VOZ PÓPULI)En periodismo cultural, ¿informar es prescribir? Depende de quién informe y cómo informe. Un buen periodista siempre será, incluso aunque no lo pretenda, un prescriptor. El lector lo elegirá como tal, en función de una serie de condiciones: que la información sea de calidad, fiable, rigurosa, novedosa, crítica. Eso no quiere decir que quien haga información –sea cultural o política o económica- tenga una vocación expresa de influir; su influencia es el resultado de un trabajo bien hecho.¿Hasta qué punto el periodista cultural ha de ser también –desde la selección de temas hasta la escritura de los mismos- un crítico?La respuesta tiene, como todo, matices. Si con crítica nos atuviésemos sólo a una valoración en función del gusto –o de un prejuicio- sería un flaco favor para el lector. Sin embargo, y aquí está el matiz, elegir es valorar. Pero hay muchas formas de hacerlo sin incurrir en la arbitrariedad: al relacionar hechos, datos, perspectivas. Lo deseable sería dibujar un panorama más amplio que permita al lector elaborar por sí mismo una visión crítica. A eso hay que agregar algo que, no por mencionar de último, deja de ser importante: la dictadura de la actualidad y la precariedad del trabajo periodístico juegan en contra de todos. Cada día es más difícil hacer un periodismo con agenda propia, es decir, uno que no esté influido por la promoción editorial, las miles y miles de novedades o el “síndrome redes sociales” –en dos horas un tema está achicharrado. Hasta el poco tiempo que tenemos (no ya para leer sino para digerir un libro o una exposición y luego generar, en tiempo récord, una pieza) influye en el que trabajo que se hace.¿Qué riesgos y ventajas hay en esta posición, más aún si tenemos en cuenta que el lector de un periodista cultural lo es, muchas veces, precisamente por fiarse de su criterio?Riesgos existen en todo momento con cada tema que se trabaja: desde el riesgo del sesgo, del exceso –de entusiasmo o de antipatía- , de la prisa -¿disponemos del tiempo suficiente para ver las cosas en perspectiva?-… La ventaja, si existe tal cosa, vuelve a ser una consecuencia del propio trabajo. El tiempo –trabajar una información de manera continua- favorece el criterio, afina el olfato, depura las lecturas que podamos hacer de determinados elementos. La sedimentación de todo eso –como en...

In memoriam Jaume Vallcorba. Una entrevista con el gran editor

 Profesor universitario de literatura y editor en catalán y castellano, Jaume Vallcorba (Tarragona, 1949) acaba de recibir el Premio al Mérito Editorial de la pasada Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Es un honor que se suma a otros reconocimientos españoles y extranjeros, como el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial a título personal. Su nombre y sus sellos editoriales –Acantilado en castellano y Quaderns Crema en catalán- tienen ya una estatura mítica para los lectores cultos en ambas lenguas, por haber descubierto o redescubierto, en volúmenes siempre bien cuidados, a autores como Chateaubriand, Boswell o Montaigne, sin olvidar a Pessoa, Joseph Roth o Imre Kertész. Vallcorba defiende el elitismo entendido como exigencia, postula que los autores han de olvidarse de querer vivir de la literatura y ve su vocación de editor inscrita en la gran tradición europea. A Vallcorba le ha acompañado el éxito pese a que, al fundar su última editorial en 1999, no dudó en llamarla Acantilado: tales eran los riesgos que veía en la empresa. - Acantilado ha tenido la combinación más benéfica: gran  reputación, buena distribución de sus libros, las mejores críticas  y un amplio número de lectores. ¿En qué modelos se fijó usted cuando impulsó la editorial? ¿En la tradición catalana, en la francesa, en los grandes editores italianos...? - En la europea en general. Hay muchos editores importantísimos, de Aldo  Manuzio a Kurt Wolff, y editoriales con gran influencia, Einaudi,  Adelphi, Hanser o Faber & Faber, por citar solamente cuatro. Y  Gallimard, claro. En cualquier caso, he tratado de situarme entre aquellos editores que han visto su labor no solamente desde un punto de vista estrictamente económico, sino también cultural. - ¿Cómo enjuicia usted esa tradición editora barcelonesa, de  Destino a Tusquets y Seix Barral, sin hablar de los grandes  grupos...? ¿Sigue siendo Barcelona la capital de la edición en  español? - En términos estrictamente literarios, probablemente sí. La Seix & Barral de la época de Juan Petit o Gabriel Ferrater fue una editorial modélica en muchos aspectos, y su "Biblioteca Breve" una colección extraordinaria. La Destino de Vergés y Teixidor o el trabajo hecho por José Janés, tanto antes como después de la Guerra Civil, dos ejemplos. Y el papel jugado en épocas más recientes por editoriales como Anagrama o Tusquets fundamental. Nuestro presente sería muy distinto sin ellas. - En un reciente discurso, tras ser premiado en la FIL de Guadalajara, aludía usted a los nuevos formatos de distribución y  al fenómeno de la piratería. En estas coordenadas, ¿ha de variar el papel del editor? - A mí me gustaría pensar que el papel del editor como vehiculador de la palabra no debería cambiar, aunque es probable que lo que llaman el "modelo de negocio" cambie. En cualquier caso, dependerá de la consideración que merezca el derecho de autor. Piense que, sin los derechos de autor, nuestro negocio se haría prácticamente imposible. -Desde el principio, ustedes apostaron por recuperar autores clásicos -pero ya poco editados- de la literatura centroeuropea. Al tiempo, han ofrecido al público español escritores que...

Espejo de Príncipes. Lecciones de Bagehot para monarcas de ayer y de hoy

 HISTORIA DE UN PRESTIGIODiversos países restauraron su monarquía a lo largo del siglo xx; Albania, más audaz, prefirió inventársela. En agosto de 1923, un vespertino de Londres llevaba la noticia en su portada: «Se busca rey: de preferencia, un caballero inglés». Tal y como se esforzaba en demostrar el periódico, el anuncio no era broma: las gentes de aquel «país romántico y pintoresco de los Balcanes» manifestaban el «deseo ardiente» de ser regidos por un country gentleman a la altura del cliché. El gobierno albanés iba a recibir setenta peticiones. Por supuesto, aquella aventura monárquica terminaría por conocer no pocas derivadas infelices, pero todavía nos ilustra sobre la reputación de la corona británica. Una nombradía que se ve refrendada al considerar el momento del anuncio: entre 1910 y 1936, el reinado de Jorge V asistió a la caída de cinco emperadores, ocho reyes y dieciocho dinastías. Mientras, el palacio de Buckingham se mantenía —business as usual— firme en su auctoritas.Al abordar el prestigio sólido y extenso de la corona británica, es fácil la tentación de atribuirlo a la otredad insular: al fin y al cabo, Inglaterra ha tenido reyes de origen normando, francés, escocés, galés, holandés o alemán, e incluso alguno hubo que apenas hablaba la lengua del país. También puede pensarse que el arraigo vital de la corona en las islas fue —en honor a la tradición local— lección de la experiencia de la pesadilla cromwelliana. Young, por su parte, alude a otro rasgo que se escapa a «los estudiosos de la filosofía política»: «el afecto». Y si la corona ha tenido sus príncipes pródigos y sus reyes crapulosos, del mismo modo ha conocido comportamientos ejemplares que sustentaron su «fuerza moral». Es asimismo indudable que los complicados ceremoniales de la monarquía fijaron —en tiempos más litúrgicos que estos— la atención de la opinión pública e inspiraron veneración en el común de las gentes. Tampoco estará de más recordar que los enemigos del trono inglés —del káiser Guillermo a Napoleón— han sido, con frecuencia, sus mejores propagandistas. Con mayor profundidad, podemos volver a cierto sentido originario de la monarquía según lo cuenta Scruton: un «trabajo de la imaginación para representar en el aquí y ahora todas esas misteriosas ideas de autoridad y derechos de la historia sin los cuales ningún lugar de la tierra puede llamarse hogar». Y, naturalmente, el vínculo monárquico participa de la experiencia y la inercia de los siglos: junto a Dinamarca y España —como recordaba don Antonio Fontán—, no hay realeza más antigua que la inglesa para dar fe de la permanencia y unidad de la nación. Todos estos pilares sostuvieron el magno aparato de la corona británica. Y lo hicieron con tanta solidez que, en su mayor test de estrés —la renuncia de Eduardo VIII, meses después del deceso de Jorge V—, la maquinaria institucional respondió con la paz y entereza de un automatismo.La historia no es lineal. Ningún futuro está escrito. ¿Quién iba a augurar tantos éxitos a ese reino excéntrico, a ese...

José Carlos Llop: “Se puede ser un escritor de gustos clásicos y un hijo de la modernidad”

-      ‪Una decena de libros de poemas, y no pocos años escribiendo poesía… ¿Qué le aporta el tiempo al poeta, la poesía acumulada? ¿Qué queda, en el poeta de hoy, del muchacho que se deslumbraba al descubrir los versos ajenos?-       El adolescente deslumbrado permanece en el tiempo –lo veo leyendo a Rilke en la antología que publicó Austral– y forma parte de un origen, en cierto modo misterioso, que no ha de desaparecer. Si lo hiciera, tengo la impresión –y desde luego ninguna necesidad de comprobarlo– de que desaparecería el poeta también. En cuanto al tiempo, a ese tiempo y al tiempo en abstracto, es, por un lado, uno de los autores del poema –el tiempo escribe mientras el poema cristaliza y el tiempo nos escribe mientras sucede en nosotros– y por otro, es uno de los grandes asuntos de la poesía, como el amor, la muerte o el poema pensándose a sí mismo -       ‪De usted se ha dicho que es un “escritor de gustos clásicos”. A la vez, sin embargo, parece haber en su literatura un cierto afán de rescate de la mejor modernidad. Por ejemplo, no son pocas las referencias a grandezas del siglo XX en La vida distinta. ¿Hay que rescatar para el canon, en las letras y en el arte, un cierto siglo XX opacado por la historiografía literaria y artística?-       No sé si se trata tanto de rescatar como de conservar. Lo que habría que rescatar es la memoria y dejarse de tanta inmediatez y el empobrecimiento que nos ha traído. El siglo XX es un siglo terrible, pero es un siglo de gran poesía. Sólo con la lírica anglosajona del siglo XX bastaría y hay bastante más. Y se puede ser un escritor de gustos clásicos y un hijo de la modernidad. Creo que no solo se puede sino que se debe: piense en Eliot o en Octavio Paz. Y alguien de mi generación –que es la generación que se estrena en la vida (como sujeto protagonista, quiero decir) en la década de los 70 y los grandes cambios– más aún. -       ‪Europa. Geografía y también patria del espíritu. La mirada europea está presente en su prosa… y también en su poesía. ¿Una rareza en una cultura, como la española, tradicionalmente endogámica? ¿O simplemente un rasgo personal, de escritor insular y, por esa misma condición, observador privilegiado desde su atalaya?-      Europa, en mi adolescencia y primera juventud, era una carencia y un deseo. Pero teníamos dos cosas muy importantes: la literatura y la música. Y al hablar de música me refiero a la música pop-rock, que por cierto también incide en la poesía como la poesía incidió en su origen y desarrollo. Parte de la memoria de mi generación está en ella, como el jazz en la de la generación anterior. Hablo de lo que conozco y en lo que crecí, claro; de lo demás no sabría decirle. Pero sí es verdad que eso no es tan común y quizá se deba –en parte, claro,...

Podemos, a examen: la visión de cuatro expertos

 La irrupción de Podemos amenaza con alterar el “statu quo” político español. Con la opinión de cuatro expertos, analizamos su ideología y lo que los partidos pueden aprender de su éxito. El “comité de sabios” está formado por:Valentí Puig, firma habitual en medios nacionales –de ABC a La Vanguardia o El País-, es escritor, ensayista político y columnista de largo recorrido y consolidado prestigio.Ramón González Férriz, editor de la edición española de Letras Libres, y autor del muy alabado volumen La revolución divertida (Debate).Daniel Capó, crítico de libros y columnista de Prensa Ibérica (Diario de Mallorca), labores en las que presta singular atención a las corrientes de fondo en la política y los movimientos sociales.Rafael Rubio, profesor de Derecho Constitucional en la Universidad Complutense y reputado asesor de comunicación, experto en redes. Al menos hasta ahora, los españoles siempre han manifestado unos ciertos instintos de moderación a la hora de votar. El auge de Podemos, ¿puede volver a activar esos correajes, o estamos abocados –por esta y otras causas, del desgaste de las instituciones al debate territorial- a un cierto cambio institucional? ¿Puede un reencendido socialdemócrata por parte del PSOE ser la mejor respuesta a Podemos?VALENTÍ PUIG. No vayamos a encargar los funerales del bipartidismo antes de hora. Llegarán sin duda, si la política sigue sin ideas, intelectualmente inocua o, por decirlo en términos anglosajones, entregada a la "policy" sin reforzarla con el hacer política. Cierto que Podemos es un producto fulminante, pero si la respuesta es adecuada, pudiera ir caducando a un cierto ritmo. De todos modos, eso va dejando un poso de infantilismo ideológico llevado a extremos rupturistas. En fin, no hay que olvidar que Podemos se nutre el chavismo.La psicosis de cambio ineludible y unívoco responde a mecanismos pre-adolescentes. Cambiar por cambiar y no definir lo que se quiere cambiar y ver hasta qué punto eso es hacedero. Significativamente, hablamos del aniversario del muro de Berlín sin abandonar el culto a las ideologías y a las utopías. A mi entender, centro-derecha y centro-izquierda debieran mantener su eje central, pero diversificando intelectualmente lo que hoy es pragmatismo abusivamente prosaico. Pensar el mundo, pensar la sociedad, pensar la política. También hay una imaginación política.Podemos tal vez sea una manifestación del malestar a la española, según hemos visto que ha pasado en tantos países en las últimas europeas. Ese voto del malestar, ¿no implica, en la percepción del votante, una reducción de las posibilidades de la política? ¿Tiene algo de puro acto de fe? ¿Hay una minusvaloración de los riesgos a la hora de votar a un partido poco institucional, con un mensaje de radicalismo novedoso en nuestra política?  RAMÓN GONZÁLEZ FÉRRIZ. Sin duda, es una manifestación de malestar que se está produciendo, de maneras muy dispares, en todo Occidente: no solo en Europa, sino también en Estados Unidos. Creo que por lo general -pensemos en el Tea Party, en el Frente Nacional, en el Movimento 5 Stelle, y también en Podemos y tantos otros- se trata de movimientos que...

La Hispanidad olvidada. Recuperando la cultura filipina

-          Con esta edición, y tras la exposición celebrada en la Biblioteca Nacional y la disponibilidad en España de Noli me tangere, ¿por fin podemos decir que hemos recuperado a Rizal?            Podría decirse que el proceso de “recuperación” de Rizal, como figura política, intelectual y literaria, en el caso de España, tiene dos vertientes bien diferenciadas, una histórica y otra contemporánea. Intentaré detallar ambas. La vertiente histórica comenzó incluso un poco antes de la ejecución de Rizal, acaecida en 1896. Rizal era una figura intelectual, en lo literario, en lo político y en lo científico, tanto en su país como en Europa, donde se formó y vivió. En el caso de España, y como primer testimonio de reconocimiento, disponemos del texto de Unamuno que cierra la ingente biografía de Wenceslao E. Retana, publicada en Madrid en 1907; tras esto, y algunas aportaciones puntuales más, Rizal y el “caso Rizal” cayeron en el olvido para la cultura española hasta, por lo menos, 1946, momento en que el Archipiélago logró su segunda independencia, en este caso de los Estados Unidos. En cierta medida, la actitud de la intelectualidad española guarda relación con el sentido de pérdida, de frustración y de una cierta vergüenza, militar  política, que antecedió y sucedió a la independencia de las Filipinas. No obstante, en 1947, el segundo conde de Altea, Jaime Jorro y Beneyto, con el seudónimo de Juan Bernía, imprime un delicioso y acertado retrato de las Filipinas tras el final de la Segunda Guerra Mundial y la consiguiente independencia, o emancipación, de los Estados Unidos. Y antes de dicha fecha, Vicente Blasco Ibáñez, en 1924, ya había dedicado un capítulo de La vuelta al mundo de un novelista a las Filipinas, y de importancia y gran curiosidad es también el Diario de a bordo de Gerardo Diego, crónica de su viaje cultural a Filipinas a comienzos de la década de los años treinta. Junto a estos trabajos, en los que se alude de pasada, y sólo en algunos, a Rizal, y siempre desde la perspectiva de la “recuperación” que de Rizal se hace desde España, hay que destacar los estudios de Ángel Rodríguez Bachiller, en los años cincuenta y sesenta, un cuadernillo editado por Ernesto Giménez Caballero en 1971 y el ensayo del diplomático español Luis Mariñas titulado Literatura filipina en castellano, de 1974. Hasta aquí, podría decirse, la vertiente histórica, la que va desde la muerte de Rizal hasta el final de la dictadura en España.            La vertiente contemporánea –siempre dejando aparte la continuada reivindicación y labor de edición y estudio de los intelectuales filipinos, también de algunos norteamericanos– contempla algunos trabajos, mayormente de carácter periodístico, comentarios o recensiones (principalmente de las novelas de Rizal) en los años ochenta y noventa. La “actualidad” de Rizal, o la puesta en valor de su obra y de su pensamiento, debiera haber llegado a través de vías académicas; pero, lamentablemente, ningún programa de literatura en lengua española o de literatura comparada ha contemplado la presencia de la...
Nueva Revista

Rafael Puyol: No sólo España, toda Europa va a ser un geriátrico

  Doctor en Geografía y referencia académica en su ámbito, el asturiano Rafael Puyol preside ahora el Consejo de Dirección de la Universidad del Instituto de Empresa en Segovia y es vicepresidente de la Fundación Instituto de Empresa. Reconocido por sus trabajos universitarios con doctorados honoris causa por siete instituciones hispanoamericanas de educación superior, su itinerario académico –con gran repercusión pública por su trabajo como rector de la Complutense entre 1995 y 2003 –lo ha convertido en un nombre imprescindible a la hora de analizar los retos de nuestra geografía humana, ante todo la preocupante crisis demográfica. Sobre este tema, y sobre el número monográfico de Nueva Revista que está coordinando a propósito de la situación de la Universidad española, hemos conversado con él.- Se dice que la situación demográfica de España es muy preocupante. ¿Hasta qué punto está de acuerdo? ¿Vamos de verdad a ser el geriátrico de Europa?Efectivamente, no es buena. La fecundidad es muy baja, el envejecimiento fuerte y creciente y el balance migratorio negativo. Ya no crecemos. La población ha empezado a disminuir y nada hace prever que este panorama vaya a cambiar a corto plazo. En cuanto a si vamos a ser el geriátrico de Europa, considero que toda Europa va a ser un geriátrico, aunque nosotros vamos a tener las mejores habitaciones. A nuestro propio envejecimiento se añadirá el producido por la llegada de personas mayores de otros países europeos en busca de buenas condiciones económicas, sol y sanidad.-¿Hay una conciencia –entre la sociedad y también entre la clase política- de que tenemos un problema con la natalidad?Una tasa de fecundidad de 1,3 hijos por mujer es muy baja. Desde hace tiempo no renovamos generaciones y los tamaños medios familiares son cada vez más pequeños. Tenemos menos mujeres en edad de procrear que además tienen a sus  hijos  a edades muy tardías lo cual limita su número. En efecto, este panorama dista mucho del que nos convendría.- ¿Ha afectado muy negativamente la salida de jóvenes al extranjero y el regreso de inmigrantes a sus países?Que salgan jóvenes al extranjero no es malo. Lo negativo son las causas que producen ese éxodo: la crisis económica y la falta de oportunidades laborales para ejercer el derecho a quedarse. Ahora bien, yo creo que esa emigración ni es cuantitativamente muy numerosa, ni va a suponer una pérdida definitiva de la gente que se va. Cuando la economía mejore, volverán y lo harán con más conocimientos, más experiencia, otras capacidades y algunos ahorros. Eso supondría recuperar un talento con mayor valor añadido, lo cual acabará resultando positivo para el país.El regreso de nuestros inmigrantes a su país o a otros destinos más propicios es un hecho inevitable en tiempos de crisis. Quizás para el congestionado mercado de trabajo es un alivio, en cambio, para la maltrecha demografía es una complicación añadida. Pero yo estoy seguro de que volverán, con otras profesiones y de otras procedencias, pero volverán.- Por decirlo muy llanamente, la natalidad es baja, sí, pero eso,...

Fernando Rayón: “El Greco es el maestro antiguo más moderno”

-Al margen de exposiciones de gran éxito y una popularidad todavía mayor para el artista, ¿qué ha quedado del Año Greco? ¿Ha sido útil académicamente? El Año Greco ha permitido, sobre todo, contemplar unas exposiciones magníficas. Exposiciones que han ayudado a conocer obras del Greco dispersas por todo el mundo y que han ayudado también a los especialistas, a comprobar directamente muchas sobre sus tesis sobre lo que eran obras del maestro y las elaboradas por el taller o seguidores. Desconozco si ha sido útil académicamente.... quiero pensar que sí. Pero sobre todo ha sido útil para los investigadores y conservadores de museo. -Hay varias aproximaciones clásicas al Greco: la alabanza de los franceses, Cossío, más tarde Barrès… ¿qué libro recomendaría para acercarse al pintor, pensando más en la sensibilidad que en la erudición? Hay muchos libros sobre el Greco. Quizá Harold Edwin Wethey (El Greco and his school) escribió uno de los mejores. Pero yo recomendaría alguno de los últimos, por ejemplo el que acaba de publicar Fernando Marías (El Greco, historia de un pintor extravagante), y que recoge los documentos recientemente descubiertos sobre su vida. -Ha habido muchos Grecos, por así decir. ¿Cuál le parece a usted que tenga más fundamento real? ¿El que encarna ciertas virtudes castellanas? ¿El bizantino, el romano, el veneciano, el difusor de Trento…? ¿Cuál ha tendido a primera nuestra mirada? Cada biografía intentaba mostrar un Greco diferente, o al menos singular. Pero no fue un pintor español, sino veneciano -nacido en el protectorado de Creta- y que, como tal, hizo del color la esencia de su arte. Abandonó enseguida su primer bizantinismo, y las lecciones romanas fueron un complemento, más bien intelectual, a lo aprendido en Venecia. Su desconocida vida jugó a favor de crear mitos a veces contrapuestos. Pero, afortunadamente, cada vez sabemos más y su personalidad confirma lo que digo. -Recientemente ha escrito usted un documentado artículo en Nueva Revista sobre las falsificaciones del Greco, los cuadros pintados por su taller… ¿Hasta qué punto puede enturbiar eso, o minusvalorar, nuestra percepción del pintor? Hemos tenido la desgracia de conocer al Greco a través de obras que, tantas veces -incluso en el Museo del Prado- correspondían a su taller. Si a eso sumamos la suciedad y el mal estado de conservación de unas, y las falsificaciones o imitaciones que rodeaban otras, el Greco que nos ha llegado no respondía al real. La contemplación directa de algunos cuadros en las exposiciones a que me he referido ha sido una oportunidad única y magnífica. Las obras autógrafas hacen pensar en un maestro absoluto. -Afirma usted que el Greco –en ventas directas o en las muy escasas subastas de sus obras- es nuestro maestro antiguo más cotizado. ¿Cómo explica ese fenómeno? La cotización del Greco es hoy tan alta porque muchos de sus cuadros abandonaron a principios del siglo pasado España y empezaron a ser muy valorados en Estados Unidos y Gran Bretaña. Aquella salida de cuadros le hizo ser conocido y valorado en todo el mundo. -¿Puede justificarse que el Greco nos gusta,...

Lecciones de un gentleman del siglo XIX para políticos del XXI

Para alzar en nuestros días la planta ideal del gentleman, el lugar común quizá nos exigiera sumar el gesto de estupor del príncipe Carlos, el bigote reticente de David Niven y esa soltura con que el duque de Windsor sabía llevar una corbata. Con su aparataje de franelas y de tweeds, tal reducción estética no dejaría de resultar vejatoria para un concepto cuya encarnadura constituyó –así lo dijo el Taine viajero- “la grande création de l’homme” en Inglaterra y detonó un fenómeno de emulación “casi sin igual en la historia”. Su degeneración al “gentlemanismo”, con todo, quizá no sea lo peor que pueda sucederle al viejo gentleman: más dañino será, como apunta Letwin, que su simple mención parezca aflorar en nuestro tiempo cuestiones de poco agrado en torno a la educación, el comportamiento o el estatus, siempre que no se tome –directamente- por muestra de una pretensión intolerable. En el mejor de los casos, según Worsthorne, la referencia al gentleman no recibirá hoy más respuesta que una burla condescendiente, su consideración a medio camino entre lo cómico y lo anacrónico. En el peor, asediado por las filosofías de la sospecha, el gentleman pasará –refiere Berberich- por mero ejemplo de hipocresía, de doblez, de represión, de comportamiento sólo admisible en los caballeretes de Jane Austen. Adiós, en fin, a todos aquellos pasajeros del Titanic que luchaban por no entrar antes que los demás en los botes salvavidas. Incluso en español, la palabra “caballero” ya nos remite a poco más que a cierta sección de los grandes almacenes.Percha sartorial, motivo de chanza u objeto de suspicacia, quizá hayamos sido injustos con aquel tipo humano que fue la “fuerza moral” de Inglaterra en sus mejores años, la exportación más consolidada del acervo inglés y, por supuesto, “la más deseable posición” a la que uno -pobre o rico, noble o plebeyo- podía aspirar hasta no hace tanto tiempo. A nuestros efectos, sin embargo, interesará ante todo recordar que el gentleman fue, conforme a un observador francés, la elite de influencia más positiva desde los tiempos de la elite romana, “el tipo de hombre más perfecto de que puede proveerse una nación”. No faltan datos para avalar el aserto: en el siglo XX, el conjunto de la Administración británica, imperio incluido, era menor que la del Estado de Rumanía, y el sudafricano Laurens van der Post se pasma del inmenso poder que llegaron a ejercer sin verse corrompidos por él. No es tema inactual, del mismo modo que, al repasar la literatura de Trollope –magno muestrario del ethos caballeresco-, David Brooks encuentra rasgos valederos para hoy mismo: en su narrativa parlamentaria no encontraremos estrellas kennedianas, sino políticos prudentes, laboriosos, de experiencia, menos dados al vuelo retórico que a preocuparse –por ejemplo- por la decimalización de la libra. El primer ministro John Major los alaba por algo que quizá nos sorprenda: dedicar parte de su tiempo a “pensar si está bien lo que hacen”. Realidad o ficción, lo indudable es que aquellos gentlemen ya lejanos...
Nueva Revista

David Brooks: El animal social

El niño David Brooks bautizó a sus dos tortugas como «Gladstone» y «Disraeli», por lo que extraña poco que el adulto David Brooks haya terminado por perpetuar la tradición tan noble del «think british, act yiddish» como opinador de una derecha de corte moderantista. Su condición de conservador de centro le ha acarreado a Brooks no pocas malquerencias partisanas por parte de los espíritus puros de la derecha y la izquierda, pero —en todo caso— la solvencia de su prosa, siempre con un punto de sorpresa intelectual, le ha llevado a hacerse imprescindible, de The Wall Street Journal y The Atlantic hasta su destino actual en The New York Times.La crítica suele ponderar el articulismo de Brooks muy por encima de sus virtudes como ensayista de largo recorrido. Sin embargo, son sus ensayos los que le han otorgado mayor fama mundanal: hace poco más de diez años, se hizo un nombre en todo el orbe al retratar a los «Bobos» (bourgeois-bohemian, o burgueses-bohemios) como modelo humano de una época; ahora, El animal social le ha llevado a las conversaciones de moda, a los primeros puestos en las listas de ventas y a la mesilla de noche de los poderosos de este mundo: así, si Chávez apadrinó a Galeano, Obama a Franzen, Aznar a Sharansky y Zapatero a Pettit, David Cameron ha respaldado públicamente el nuevo ensayo de David Brooks, marcado por el gabinete del primer ministro británico como la encarnación escrita de la Gran Sociedad o la formulación más ajustada del ser y el deber ser del conservadurismo moderno.En verdad, hay no pocas concomitancias entre el conservadurismo «al modo de Teddy Roosevelt» que postula Brooks y el reverdecer de una tradición comunitarista tory apoyada de modo expreso por Cameron. Es el llamado conservadurismo «one nation», contiguo al llamado conservadurismo compasivo y hoy representado con eminencia por Ferdinand Mount, tío de Cameron y antiguo gabinetero de Margaret Thatcher, con quien sin embargo los tachados de «wets» vivieron sus años de exilio. No eran tiempos para reivindicar la dimensión social de la derecha, pero si la Thatcher profirió que «there is no such thing as society», Cameron le ha dado la réplica décadas después: «sí existe una cosa llamada sociedad». Sin rozar siquiera los extremos de la derecha antiliberal, véase en el eje Brooks-Cameron un apartamiento explícito del individualismo economicista thatcheriano, muy en sintonía con la necesidad de vínculos y arraigos que, con pertinencia especial en estos tiempos de crisis, afirman entre nosotros, por ejemplo, Víctor Pérez-Díaz o Valentí Puig.En El animal social, Brooks parte del descrédito del racionalismo puro al modo francés como clave para interpretar la complejidad del hombre y operar políticamente en sociedades de complejidad también creciente. Opta el autor por alinearse con aquella vieja Ilustración británica que —de Hume a Burke o el Adam Smith moralista— se aparta de la arrogancia de la razón geométrica y hace prevalecer la experiencia sobre la ideología, el carácter sobre el pensamiento abstracto o las relaciones sociales sobre la elección individual....

Retorno a los Waugh

Con sus literaturas y con sus rumores, la familia Waugh tiene algo de paradigma de la educación y la socialización en Inglaterra.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies