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El profesor González Cuevas es un transgresor. El propio hecho de que haya dedicado a la derecha autoritaria una parte importante de su labor investigadora desde que publicase el ya clásico Acción Española. Teología política y nacionalismo autoritario en España 1931-1936 hace de él una rara avis en un panorama historiográfico que, por lo general, trata con desdén a las diferentes culturas disidentes de la hegemónica progresista.

Estos, sin duda, provocadores Estudios revisionistas sobre las derechas españolas (Universidad de Salamanca, 2016) complementan su Historia de las derechas, primero tratando de enmarcar el debate sobre su interpretación dentro del paradigma de una serie de autores como Furet, De Felice, Mosse o Nolte para, a continuación, recorrer el siglo XX a través de una serie de cuestiones –la aristocracia en la crisis de la restauración, el integralismo lusitano, la figura de César Silió, la influencia de las religiones políticas en la década de los 30, dos proyectos culturales de la década de los 60: Punta Europa y Atlántida y, por último, la influencia de Raymond Aron en España-. Son diferentes ensayos pero muy bien entrelazados que le permiten al autor abordar o actualizar algunos elementos de su Historia de las derechas que o bien no había tratado o lo hizo de forma esquemática. Al mismo tiempo que hace un recorrido intelectual por el siglo XX, el autor no evita criticar la “escasa calidad de la vida cultural española” y la trivialización del “debate intelectual e historiográfico”. Quizás estas valoraciones se centran en exceso en la parte más mediática y menos interesante de la batalla por la memoria ya que él mismo señala que:

“nadie en su sano juicio puede negar que la historiografía española haya experimentado cambios cualitativos”

En los diferentes trabajos queda reflejado la importancia de la impronta “católica” en las distintas iniciativas que estudia, como en el caso de Acción Nobiliaria con su lema “religión, familia, patria y sociedad” y su consideración de España como “nación católica”, César Silió y su defensa de la “verdad católica” como elemento clave de la “unidad nacional” o la escasa penetración del fascismo como consecuencia de “la falta de tradición” de una ideología “nacionalista y laica”, llevando a que Primo de Rivera “a diferencia de Ledesma Ramos” nunca pretendiera emanciparse de la “tradición católica”.

Quizás, al autor le ha faltado mostrar el contraste de estas propuestas exclusivistas con otras provenientes también de personalidades y grupos católicos que sí aceptaban el pluralismo y que irrumpían con fuerza en esa época. Maritain, por poner un ejemplo significativo, aunque no fue el único. Creo que el contraste le hubiera permitido matizar la consideración de Fernández de la Mora como “modernización conservadora” ya que su propuesta era igualmente exclusivista que las anteriores aunque pretendiera basarla en los “saberes científicos característicos de la nueva sociedad industrial”, como si la política se redujese a técnica y administración o las decisiones del político estuvieran tan condicionadas por la naturaleza de las cosas como la ley de la gravedad. La aceptación del pluralismo es precisamente lo que, no sin debates y tensiones, finalmente asumió el Vaticano II con la Declaración Dignitatis humanae de libertad religiosa.

El “negacionismo” del pluralismo es lo que ancla a Fernández de la Mora con el resto de “tradicionalistas” aunque él hubiera intentado camuflar su interpretación única de la realidad con el manto de la nueva ciencia. Dentro de este cuadro, González Cuevas, quizás de una forma poco matizada, afirma que “la desaparición de las revistas Atlántida y Punta Europa dejó a la derecha intelectual sin órganos de expresión”, cuando lo que se vislumbra más bien es el fracaso intelectual y político de la cultura tradicionalista. Precisamente la aceptación del pluralismo es lo que permitió impulsar desde un nuevo espacio, el centro, la más exitosa iniciativa política del siglo XX, la transición.

En el último capítulo, dedicado a Raymond Aron, es también una propuesta de asumir al intelectual francés como referente frente a los viejos liberales de origen austriaco. En definitiva, estos Estudios revisionistas son una provocación inteligente que incitan al debate y no agotan la cuestión. Esto último es algo que en absoluto pretende el autor.

 


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Pablo Hispán Iglesias de Ussel es licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Navarra. Universidad en la que se doctoró en Historia Contemporánea. Ha desempeñado distintos cargos en la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid. Es autor de varias publicaciones sobre diversos temas como la Economía sumergida, Política monetaria, Política regional, Globalización y temas de la Unión Europea.