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[[wysiwyg_imageupload:1318:height=96,width=200]]La protagonista de esta primera novela de José A. Millán Alba es la memoria. En penumbra es una memoria, sobre la necesidad de recordar, de asumir, de dejar constancia de que la vida vivida tiene un sentido profundo. Otro protagonista, y no secundario, es el amor. El amor que nos construye y, a la vez, al darse generosamente, ayuda a construirse a quien amamos; un amor tan real como el otro, pero mucho más difícil de llevar a la práctica y a la literatura. Estos dos protagonistas, la memoria que encuentra sentido y el amor que no destruye, tan poco comunes en la novela contemporánea, hacen de En penumbra, obra singular y, a la vez, plantean un reto, porque las estructuras de la narrativa de hoy parecen hechas para alojar a protagonistas de naturaleza bien diferente.

¿Qué respuesta ha dado José A. MillánAlba a este desafío? La de la exigencia, otra invitada que no suele dejarse ver muy a menudo en los tiempos que corren. La exigencia de claridad, para que los distintos planos y perspectivas ayuden al lector y no lo confundan. La exigencia de un lenguaje que deja el esfuerzo para el autor y el gozo para el lector, lo que, aparte de ser una cortesía, es un mérito evidente. La exigencia de ofrecernos un retrato completo de los personajes, de darles vida, no apariencia. Ese amor por los propios personajes, ese deseo de hacer de ellos algo más que insinuadas sombras, no sólo es el rasgo de un novelista de altura, sino el de un alma generosa. Y esa generosidad no se limita a dos o tres personajes, sino que se extiende a todos los que pueblan estas páginas. Algunos de ellos, como tío Raphael, llegan a tener una solidez, una presencia física y moral inolvidable.

En penumbra no es una novela sobre el carácter, ni sobre el yo, sino sobre el alma, que, definitivamente, es una cosa muy distinta. Hacernos sentir que, más allá de sus acciones, los personajes tienen alma y hacernos bien visible esa alma reconstruyendo sus más imperceptibles movimientos es otro de los desafíos que asume con éxito José A. Millán Alba. A veces, lo hace desde un mitigado escepticismo; otras, desde la sátira, en su sentido moral y no jocoso; casi siempre, desde la afirmación, desde el convencimiento de que xisten unas cuantas cosas verdaderas. Yo no sólo he disfrutado leyendo esta novela y admirando las cualidades expresivas de su autor. También he aprendido. He aprendido en el sentido inusual del término, el de la experiencia, el de la lección moral, y eso, tratándose de literatura, empieza a ser una cosa rara.

 


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