Julio Martínez Mesanza

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Poeta y escritor

Cuando las cosas y sus nombres coinciden: Gabriel Insausti

  Poeta, profesor, traductor, editor, crítico cinematográfico... Gabriel Insausti (San Sebastián, 1969), pese a su juventud, ha frecuentado ya casi todas las trincheras de la literatura y en todas ha combatido con inteligencia y rigor. Fue un lujo, por ejemplo, oírle hablar de Luis Cernuda el verano pasado en El Escorial. Lo hizo con profundidad y claridad nada habituales y sin caer en las reiterativas imágenes que, tan a menudo, se nos dan de los poetas. Una intervención de esas que provocan sana envidia y deseos de emulación. A la obra del poeta sevillano está dedicada, precisamente, su tesis: La presencia del romanticismo inglés en el pensamiento de Luis Cernuda (Eunsa, 2000).  El primer libro de poemas de Gabriel, Vísperas del silencio, recibió el premio Gerardo Diego de 1991. El último, hasta ahora, ha sido finalista del Premio Nacional de Poesía (Últimos días en Sabinia, PreTextos 2001). Fina percepción de las analogías, serena reflexión, sabiduría para representar lo intangible con imágenes tangibles: ésas son, a mi juicio, algunas de las virtudes de la poesía de Gabriel Insausti, de quien ofrecemos este adelanto de su próximo libro que verá la luz en la Editorial Renacimiento.  Un servidor es poco dogmático en cuestiones sublunares, que obligan a caminar por terrenos movedizos, cambiantes, relativos: mejor dejar el dogma para cuestiones supralunares, si es que las hay. Quiero decir con esto que entre mis numerosas virtudes no se encuentra la de poseer una estética definida, cerrada y excluyente: como lector, la poesía que me gusta puede ser experiencialista o culturalista, expresiva o parca, narrativa o puramente lírica, de derechas o de izquierdas, partidaria de Gwyneth Paltrow o de Rocío Jurado. Que todo tiene su interés.  Lo que sí puedo aventurar es qué ha sido la poesía para mí hasta ahora y -cosa llamativamente distinta- qué pretendo yo que sea. Aunque no desdeño el juego verbal, esto de la poesía siempre me ha parecido más bien un modo de estar en el mundo, que en mi caso tiene que ver con una actitud contemplativa, con un cambio de ritmo, con un paréntesis en la actividad diaria; más que un oficio, una modalidad del ocio, en el sentido más aristotélico. Soy una persona de temperamento marcadamente visual, más que sensual: no imagino mayor privación que la ceguera ni mejor comunión que la mirada. Y creo que eso se nota en la tendencia de mis versos a construir escenarios aptos para un determinado acontecimiento. Vamos, que me parece irrenunciable el arranque espaciotemporal, la situación. ¿Qué sería entonces el poema? Pues el residuo -o el fingimiento- de un momento feliz en que las cosas han tenido un sentido, han rezumado una luz distinta: ese momento en que se atisba algo que escapa al criterio habitual con el que medimos la realidad. Quizá por eso me empieza a interesar introducir el tema religioso, hasta ahora ausente casi por completo. Claro está que la poesía traiciona toda poética: lo.que acabo de decir sólo se corresponde someramente con los poemas que presento, que...
Nueva Revista

Orbis Tertius

«Ese plan es tan vasto que la contribución de cada escritor es infinitesimal. Al principio se creyó que Tlön era un mero caos, una irresponsable licencia de la imaginación; ahora se sabe que es un cosmos y las íntimas leyes que lo rigen han sido formuladas, siquiera en modo provisional».

(Jorge Luis Borges, TLÖN, UQBAR, ORBIS TERTIUS, II)

Silva mitológica

¡Qué hermosas son las enumeraciones cuando las enumeraciones tienen un sentido! Decía Paul Claudel: « Ainsi quand tu parles, o poete, dans une énumération délectable / Proférant de chaque chose le nom, / Comme un pere tu l'appelles mystérieusement dans son principe, et selon que jadis / Tu participas a sa création, tu cooperes a son existence!». El primer poema de esta Silva mitológica lleva por título « Virgilio» y contiene una de esas hermosas enumeraciones, llena de sentido y también de entusiasmo, que anuncia una lectura de grandes expectativas, nunca defraudadas por Vicente Cristóbal a lo largo de las treinta piezas que componen el libro. Ante el mito, el poeta puede adoptar una actitud neoclásica y entregarnos una copia insípida. Puede también disfrazarlo hasta la caricatura con los trajes del presente y utilizar de fondo los efímeros decorados de la actualidad, con el peligro de despojarlo de todo su significado. Vicente Cristóbal no ha hecho ni una cosa ni la otra; no ha optado por la línea arqueológica ni por la del aggiornamento; ha hecho algo mucho más difícil, pero también más de agradecer: devolvernos la intemporalidad del mito a través de un diálogo profundo, honesto y altamente poético con él; a veces, sirviéndose del monólogo dramático; otras, de la narración en tercera persona, y siempre acertando a la hora de elegir la perspectiva más adecuada para conducirnos no sólo al alma del personaje, sino a la suya de poeta.Vicente Cristóbal nos transmite el sentimiento de la naturaleza, esa naturaleza que muchas veces es el trasfondo mismo del mito. No se trata de una naturaleza hecha de palabras, sino de sutiles matices vistos y vividos realmente, que otorgan un alto grado de verdad a sus poemas. Como verdadera es y rica también en matices, en la tradición de las Heroidas, la psocología de sus personajes, que son, al cabo, ellos mismos y, a la vez e inevitablemente, el poeta que les da su voz y la vida. Añadir que es un gusto para el oído la lectura de estos versos, sonoros, flexibles y sugerentes, endecasílabos blancos en su mayoría, que contagian una sensación de movimiento físico y anímico de infinitas modulaciones.

En penumbra

]La protagonista de esta primera novela de José A. Millán Alba es la memoria. En penumbra es una memoria, sobre la necesidad de recordar, de asumir, de dejar constancia de que la vida vivida tiene un sentido profundo. Otro protagonista, y no secundario, es el amor. El amor que nos construye y, a la vez, al darse generosamente, ayuda a construirse a quien amamos; un amor tan real como el otro, pero mucho más difícil de llevar a la práctica y a la literatura. Estos dos protagonistas, la memoria que encuentra sentido y el amor que no destruye, tan poco comunes en la novela contemporánea, hacen de En penumbra, obra singular y, a la vez, plantean un reto, porque las estructuras de la narrativa de hoy parecen hechas para alojar a protagonistas de naturaleza bien diferente.¿Qué respuesta ha dado José A. MillánAlba a este desafío? La de la exigencia, otra invitada que no suele dejarse ver muy a menudo en los tiempos que corren. La exigencia de claridad, para que los distintos planos y perspectivas ayuden al lector y no lo confundan. La exigencia de un lenguaje que deja el esfuerzo para el autor y el gozo para el lector, lo que, aparte de ser una cortesía, es un mérito evidente. La exigencia de ofrecernos un retrato completo de los personajes, de darles vida, no apariencia. Ese amor por los propios personajes, ese deseo de hacer de ellos algo más que insinuadas sombras, no sólo es el rasgo de un novelista de altura, sino el de un alma generosa. Y esa generosidad no se limita a dos o tres personajes, sino que se extiende a todos los que pueblan estas páginas. Algunos de ellos, como tío Raphael, llegan a tener una solidez, una presencia física y moral inolvidable.En penumbra no es una novela sobre el carácter, ni sobre el yo, sino sobre el alma, que, definitivamente, es una cosa muy distinta. Hacernos sentir que, más allá de sus acciones, los personajes tienen alma y hacernos bien visible esa alma reconstruyendo sus más imperceptibles movimientos es otro de los desafíos que asume con éxito José A. Millán Alba. A veces, lo hace desde un mitigado escepticismo; otras, desde la sátira, en su sentido moral y no jocoso; casi siempre, desde la afirmación, desde el convencimiento de que xisten unas cuantas cosas verdaderas. Yo no sólo he disfrutado leyendo esta novela y admirando las cualidades expresivas de su autor. También he aprendido. He aprendido en el sentido inusual del término, el de la experiencia, el de la lección moral, y eso, tratándose de literatura, empieza a ser una cosa rara. 

Cuando las cosas y sus nombres coinciden. Gabriel Insausti

Poeta, profesor, traductor, editor, crítico cinematográfico... Gabriel Insausti (San Sebastián, 1969), pese a su juventud, ha frecuentado ya casi todas las trincheras de la literatura y en todas ha combatido con inteligencia y rigor. Fue un lujo, por ejemplo, oírle hablar de Luis Cernuda el verano pasado en El Escorial. Lo hizo con profundidad y claridad nada habituales y sin caer en las reiterativas imágenes que, tan a menudo, se nos dan de los poetas. Una intervención de esas que provocan sana envidia y deseos de emulación. A la obra del poeta sevillano está dedicada, precisamente, su tesis: La presencia del romanticismo inglés en el pensamiento de Luis Cernuda (Eunsa, 2000).El primer libro de poemas de Gabriel, Vísperas del silencio, recibió el premio Gerardo Diego de 1991. El último, hasta ahora, ha sido finalista del Premio Nacional de Poesía (Últimos días en Sabinia, Pre-Textos 2001). Fina percepción de las analogías, serena reflexión, sabiduría para representar lo intangible con imágenes tangibles: ésas son, a mi juicio, algunas de las virtudes de la poesía de Gabriel Insausti, de quien ofrecemos este adelanto de su próximo libro que verá la luz en la Editorial Renacimiento.POÉTICA Gabriel InsasutiUn servidor es poco dogmático en cuestiones sublunares, que obligan a caminar por terrenos movedizos, cambiantes, relativos: mejor dejar el dogma para cuestiones supralunares, si es que las hay. Quiero decir con esto que entre mis numerosas virtudes no se encuentra la de poseer una estética definida, cerrada y excluyente: como lector, la poesía que me gusta puede ser experiencialista o culturalista, expresiva o parca, narrativa o puramente lírica, de derechas o de izquierdas, partidaria de Gwyneth Paltrow o de Rocío Jurado. Que todo tiene su interés.Lo que sí puedo aventurar es qué ha sido la poesía para mí hasta ahora y —cosa llamativamente distinta— qué pretendo yo que sea. Aunque no desdeño el juego verbal, esto de la poesía siempre me ha parecido más bien un modo de estar en el mundo, que en mi caso tiene que ver con una actitud contemplativa, con un cambio de ritmo, con un paréntesis en la actividad diaria; más que un oficio, una modalidad del ocio, en el sentido más aristotélico. Soy una persona de temperamento marcadamente visual, más que sensual: no imagino mayor privación que la ceguera ni mejor comunión que la mirada. Y creo que eso se nota en la tendencia de mis versos a construir escenarios aptos para un determinado acontecimiento. Vamos, que me parece irrenunciable el arranque espaciotemporal, la situación. ¿Qué sería entonces el poema? Pues el residuo — o el fingimiento— de un momento feliz en que las cosas han tenido un sentido, han rezumado una luz distinta: ese momento en que se atisba algo que escapa al criterio habitual con el que medimos la realidad. Quizá por eso me empieza a interesar introducir el tema religioso, hasta ahora ausente casi por completo. Claro está que la poesía traiciona toda poética: lo.que acabo de decir sólo se corresponde someramente con los poemas que...

Carlos Martínez Aguirre, poesía y verdad

Carlos Martínez Aguirre (Madrid, 1974) es un estupendo filólogo, un magnífico traductor y, sobre todo, un poeta de primerísima fila, que con un solo libro, La camarera del Cine Doré y otros poemas (Hiperión, 1997), y unas cuantas plaquettes, casi secretas, que envía generosamente a sus amigos, ha conseguido brillar con luz propia dentro de una generación que promete ser de las más relevantes de la poesía española.Carlos ama como pocos su oficio de poeta. Es algo que se ve en cada uno de sus versos. Todos ellos han sido sentidos y pensados. En todos ellos el corazón y la cabeza han trabajado al unísono, armoniosamente, para alcanzar esa mezcla ideal de música y pensamiento que tienen los buenos versos, los versos que emocionan y se recuerdan.Apuntaba más arriba que buena parte de la poesía de Carlos Martínez Aguirre ha visto la luz en mínimas plaquettes, en hojas que envía a los amigos y a otros poetas. Ése fue el primer contacto que tuve con su poesía. Me llamó la atención la madurez de sus planteamientos y la capacidad que tenía de emocionar al lector partiendo de una notable variedad de registros. Los cinco años que han pasado desde entonces no han hecho más que confirmar sus virtudes y dar mayor profundidad aún a su voz, como ponen de manifiesto los dos poemas que presentamos, pertenecientes a una serie de nueve sonetos de amor todavía inédita.POÉTICA Carlos Martínez AguirreSe me pide que escriba una poética. Yo creo que los poemas se justifican por sí mismos. La buena poética ha de ser oficio de filólogos y eruditos, y en cualquier caso, mejor si es sobre obra ajena. Cuando no es así lo que tenemos es un manifiesto; en el peor de los casos un pasquín. Queda advertido, pues, que aquí dejo la mía con tales intenciones.Defiendo la aristocracia. Aristocracia de pensamiento, de sentimiento, de arte. Me horroriza la mediocridad y, sobre todo, la mía. El verso es exclusivamente musical. Es música explícita e implícita. Sentimental y cerebral. No admite exégesis ni gramática. El Poema existe como conjunto de signos y como código que los articula. Los signos sin articulación son hijos del limo. Yo quiero poemas que sean voz de una raza, aliento divino.Ese poema se alcanza por el estremecimiento. La conciencia de lo absolutamente otro es la que prefiero de todas las formas de arte. Sé que hay otras y también me interesan, pero... ¡por Dios, que hay jerarquías! Y no se trata de ser iconoclastas: es que cuando hay verdad, me toca. Y la Verdad es más alta que cualquiera de nosotros. No puedo definirla ni mucho menos andar con prejuicios. La Verdad está ahí, y cuando llega abres las ventanas ¡y a proclamarlo! Porque al final esto es lo que nos acompaña, esto es el pan necesario —incluso para el hombre de hoy—, el que necesitamos tener muy cerca.Y es que detrás de ese estremecimiento, de ese por qué que nos asalta a cada paso solo nos...

Diego Valverde Villena: palabras cultas, palabras vivas

Sobre la poesía de Diego Valverde Villena, un criollo de muchos saberes.

Jaime García-Máiquez. versos para explicarse las cosas

Sobre la poesía de Jaime García-Máiquez, breve reseña biográfica.

Jesús Beades: Los dones de la poesía

La poesía de Jesús Beades y una breve reseña de su vida.

Enrique García-Máiquez: un espacio propio

Sobre la poesía de Enrique García-Máiquez que ha ido elaborando una obra poética de extremada solidez.

José Mateos, a través de la niebla

Reseña de la vida y obra de José Mateos.

Cinco poetas y la lengua española

Acerca de la relación afectiva y estética de cinco escritores con la lengua española en la que escriben, éstos son: Álvaro Mutis, Carlos Bousoño, Luis Alberto de Cuenca, Jon Juaristi y Jaime Siles.

Carlos Marzal, la larga noche del alma

Nos habla de Carlos Marzal, el poeta valenciano y a su publicación de "Los países nocturnos" que constituye uno de los hitos fundamentales de la poesía española.

Enrique Andres Ruiz, la fe en la palabra

Sobre la poesía de Enrique Andrés Ruiz.

Impresiones sobre un siglo que termina

Pasados los iniciales fastos del 2000, Julio Martínez Mesanza apunta algunas consideraciones sobre el siglo que hemos dejado atrás.

La Épica en mil palabras

Quien no puede decirlo es que no lo sabe. Quien sabe de verdad puede expresarlo en breve espacio, por ejemplo en mil palabras. "Más vale quintaesencias que fárragos" dijo Baltasar Gracián y así concentré él mismo una gran verdad en cinco voces. « Todo a Mil» es una sección en la que NUEVA REVISTA se propone extraer de los mejores entendimientos españoles la almendra de su dilatado saber. Especialistas en los temas más diversos, notables por sus conocimientos, reciben la proposición de resumir en mil palabras la idea que, en el fondo, han perseguido durante tantos años. En ocasiones una vasta producción o una larga influencia en un campo de ¡a ciencia de las humanidades esconde el secreto de su más dilecta intención.

Una disección satírica del siglo XX

Santiago de Mora-Figueroa acaba de publicar dentro de la serie Textos y pretextos "El siglo XX y otras calamidades, recopilación de artículos y ensayos aparecidos en distintos periódicos y revistas entre 1980 y 1995.

Cuatro sonetos de Ugo Foscolo

Hijo de un médico veneciano y de una griega, Ugo Foscolo nació en 1778 en la isla de Zante, por entonces bajo el dominio de la Serenissima, y murió en Turham Green, Inglaterra, en 1827. Historiador de la literatura y traductor, autor de una novela epistolar y autobiográfica, Le ultime lettere di ]acopo Ortis, una especie de Werther, en la que la pasión amorosa y la pasión política arrastran al suicidio al protagonista; de tragedias en las que resulta fácil advertir la influencia de Alfieri; de ensayos políticos y literarios, Foscolo le debe la gloria, casi exclusivamente, como Leopardi, a una obra poética no demasiado extensa. Los sonetos que presentamos, junto a otros ocho más y dos odas de corte neoclásico, «A Luigia Pallavicini» y «Alia amica risanata», fueron publicados en Milán en 1803 con el título de Poesie. En 1807 ve la luz su obra más celebrada, I Sepolcri, un carmen civil y filosófico, con influencias temáticas y de planteamiento de la poesía de Young y Gray, entre otros, pero con un desarrollo del todo original y un gran poder de evocación. Finalmente, el corpus esencial de la poesía foseoliana se cierra con el inacabado poema «Alie Grazie», su proyecto más ambicioso.En sus sonetos, que Carducci comparó con los de Dante, Petrarca y Tasso, Ugo Foscolo renueva conceptual y estilísticamente la arquitectura de esta forma tradicional. La idea central y su sintaxis no se acomodan a las pausas de verso y estrofa, sino que avanzan con libertad a lo largo de la composición. Como consecuencia lógica, con el tiempo, en sus obras fundamentales, I Sepolcri y «Alie Grazie», Foscolo abandonó el estrofismo y se decantó exclusivamente por el endecasílabo suelto, que ya había sido utilizado con éxito por Parini y Alfieri dentro de la misma tradición poética. Los sonetos son, en su gran mayoría, autobiográficos. En el primero de nuestra selección, repleto de imágenes y sensaciones prerrománticas, hay una anticipación del sentimiento leopardiano, con esas «orme che vanno al nulla eterno». En el segundo, aparece una idea dominante en la juventud del poeta, la del suicidio. El penúltimo verso, que declara con gran fidelidad la tensión que vive Foscolo por aquellos años («Conosco il meglio ed al peggior mi appiglio»), es un calco de otro de Petrarca (Rime, CCLXIV, v. 136), que retoma, a través de Ovidio («...uideo meliora proboque, / deteriora sequor»: Metamorfosis, vil, w. 20-21.), una famosa sentencia de Eurípides (Hipólito, vv . 380 ss). En el tercero de estos sonetos, Foscolo nos habla de una inalcanzable Zante, la isla griega en la que nació y el paraíso de su infancia, vecina de otra famosa isla, Itaca, lo que le sirve para establecer un paralelismo entre su exilio, por entonces solo un motivo poético que se convertiría en experiencia real más tarde, y el de Ulises; aunque éste pudo regresar al fin a su tierra materna y nuestro poeta presiente que no tendrá esa dicha. El último soneto, tal vez el más desgarrador, está motivado por...

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