A favor y en contra: ¿libertad de expresión sin restricciones?

Libertad de expresión sin restricciones: a favor y en contra
Compartir:

¿Cabe la censura en una sociedad libre? ¿Habría que permitir a todo el mundo expresar lo que quiera cuando quiera? ¿La libertad de expresión es un derecho absoluto? A favor y en contra El libro del debate DEBBIE NEWMAN, BEN WOOLGAR, JOSE MARÍA GARRIDO Para disputar bien es necesario poseer un arsenal de argumentos y refutaciones, desarrollarlos de modo claro, detallado y analítico y exponerlos con persuasión, se puede leer en el libro A favor y en contra, que ofrece precisamente algunos buenos argumentos sobre una determinada materia.

 Aplicado ese principio (“arsenal de argumentos”) a un aspecto de la libertad de expresión, el de la censura por parte del Estado, el citado manual los expresa así:

A favor

  1. La libertad de expresión nunca es un derecho absoluto, sino una aspiración. Deja de ser un derecho cuando daña algo que todos consideramos valioso. Por ejemplo, se legisla contra la incitación al odio racial. Por consiguiente, no es cierto que la censura sea mala por principio.
  2. Algunas formas de narración escrita o representaciones de imágenes se han considerado definitivamente vinculadas a actos delictivos. Se ha demostrado (concretamente por estudios en los Estados Unidos), que el exceso de sexo y violencia en las películas y en la televisión incitan a tendencias similares en la conducta del público. Existe una conexión causal directa entre tales imágenes y el daño físico.
  3. La censura actúa para preservar la libertad de expresión, pero la pone en igualdad de condiciones. Quienes apoyan la libre expresión sin reglas olvidan que no solo puede silenciar a las minorías en el poder, sino también el descrédito social promovido por racistas, sexistas, homófobos y otros fanáticos. De este modo, podría resultar necesario, por ejemplo, ilegalizar epítetos raciales a fin de asegurar que la gente negra es tratada con justicia en el ámbito público y así tienen la posibilidad de expresar sus opiniones.
  4. Con la censura de los discursos somos capaces de evitar que haya nuevos seguidores del “lado oscuro” que forman el racismo y otros grupos discriminatorios. Siempre que se pueda, nos interesa “sacarlos de la circulación”, de este modo son incapaces de conseguir nuevos seguidores, y ya no pueden difundirse sus perniciosas opiniones. Aunque esto podría servir de parapeto a la opinión de algunos, es poco probable que estos mismos se convenzan de ninguna otra forma, así que el mejor método son las prohibiciones rotundas.

En contra

  1. La censura está mal por principio. Por muy duramente que discrepemos del punto de vista o el modo de expresarse de una persona, esta debe ser libre de manifestarse en una sociedad civilizada y libre. Las leyes que castigan las provocaciones son distintas en tanto que la conexión causal entre el acto de expresarse y el daño físico es grande, mientras que en la mayoría de los actos de censura es mucho más distante.
  2. De hecho, la conexión entre el sexo y la violencia de las pantallas y los de la vida real está muy lejos de ser concluyente. Decir que quienes ven películas violentas son más propensos a cometer crímenes no demuestra una función causal de los filmes. Igualmente podría suceder que quienes deciden ver este tipo de material ya tengan esas tendencias, que se manifiestan a la vez en su elección de lo que ven y en su conducta. Además, la censura podría de hecho empeorar su comportamiento en el mundo real, puesto que ya no disponen de ningún alivio de tipo imaginario.
  3. No se puede confiar sin más al Estado el poder de controlar lo que la gente pueda decir, porque esto es en sí mismo una discriminación de las minorías. Si concedemos al Estado, por ejemplo, el poder de controlar los medios de comunicación, podría fácilmente usarlo mal para prohibir a las minorías expresarse contra los diversos abusos recibidos por parte del gobierno.
  4. Censuras tales como la prohibición legal de la incitación al odio racial proscriben socialmente a los racistas y similares, formando guetos y grupos marginales en un sector social, en lugar de dirigir a las personas al debate abierto y racional. Así resulta más difícil rebatir sus opiniones y convencer a los dubitativos de esos grupos de que sus líderes están equivocados.

Argumentos constructivos

En la Introducción al libro mencionado, se señala la importancia de “aportar argumentos constructivos por derecho propio”, es decir, que “no se limiten a la refutación de la posición contraria”. Y es importante también pararse a pensar y ver lo que uno tiene que decir por sí mismo, antes de ponerse a buscar razones. Luego habrá que ordenarlo todo: decidir qué orden es el más eficaz, siempre teniendo en cuenta que lo primero es el peso específico del contenido, luego vienen el estilo y la estrategia, muy importantes pero secundarios.

Nunca se llega a agotar un asunto, entre otras razones porque el simple paso del tiempo obliga a la reformulación: Véase como botón de muestra el reciente documento elaborado por el Parlamento británico sobre

La libertad de expresión en la universidad:

Freedom of Speech in Universities inquiry


Compartir:

Doctor en Periodismo (Universidad de Navarra). Licenciado en Ciencias Físicas (Universidad Complutense de Madrid). Corresponsal y periodista de ABC. Director de Comunicación del Ministerio de Educación. Ahora coordinador editorial de Nueva Revista.