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  Aparentemente, los datos facilitados por la feria, y por los impecables informes que elabora, dicen que no, pero hay también elementos que hacen pensar de otra manera. Es un hecho que los malos momentos de la bolsa y de las inversiones inmobiliarias habrían llevado al dinero a invertir en valores refugio como el arte. Pero no ha sido así. La prudencia de los inversores, es verdad, les ha llevado a apostar por piezas de caza mayor, las grandes y carísimas obras maestras de las grandes firmas. Eso sí, nunca pagando sobreprecios. Pero el resto de las obras, procedan de galerías, ferias o subastas, no están en su mejor momento. Hay un cierto miedo. Una desconfianza en el futuro. Un miedo y desconfianza aún imposibles de evaluar con los pocos elementos fiables de que disponemos. Al final del presente artículo analizaremos alguno de estos elementos.

 LOS GRANDES NÚMEROS

Por lo que se refiere a la feria, es justo constatar que atrajo a más gente que nunca. La preinauguración privada de TEFAF estaba a rebosar. Luego supimos que había conseguido récord de visitantes en su primer día: 9.435. Era el día top. También es justo reconocer que me parecieron demasiados. Echaba de menos aquella primera visita a Maastricht en la que, si algo me sorprendió, fue el altísimo nivel y también la presencia, por qué no decirlo, de los visitantes VIP. Pero claro, este año, para conjurar los malos presagios de la crisis económica, los organizadores querían conseguir récords desde el primer día: la ley de los grandes números. Y uno de ellos era incrementar el número de visitantes. Vi hasta peleas por los canapés que servían como almuerzo. Y hay más cosas que van a cambiar. Holanda se prepara –—será efectivo dentro de unas semanas—– para prohibir fumar en lugares públicos. Se acabaron los habanos delante de los picassos y los warhol. Una pena.

La feria, que se celebró del 7 al 16 de marzo, nacía con esa necesidad de grandes números. Quizá también por eso, los tradicionales tulipanes que decoran tradicionalmente sus halls y pasillos se sustituyeron por anémonas. Pero no un ramito ni cien: 175.000 anémonas que, para que se hagan una idea, representan el 70% de la producción mundial en la primera mitad de marzo. Y para hacer olvidar definitivamente la palabra crisis, la organización informó que el aeropuerto de Maastricht/Aquisgrán había registrado antes del mediodía del sábado, 8 de marzo, 136 aviones privados; el más grande, un Boeing 727, a nombre de un particular.

Ben Janssens, presidente de la feria, reconoció que aunque muchos participantes estaban preocupados en las fechas previas, la respuesta de los coleccionistas durante los primeros días estaba siendo muy buena. Nada de crisis.

Pero había algo que sí había cambiado. Los galeristas y los organizadores habían incorporado más arte moderno y contemporáneo que nunca. Es verdad que el plato fuerte siguen siendo los old masters, pero también es verdad que, cada vez, quedan menos piezas importantes en el mercado. Por eso no es de extrañar que el reclamo oficial fuera un Van Gogh.

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En primer plano, Niño con naranja (L`Enfant à l`Orange) de Vincent Van Gogh, en la galería

Dickinson. (Foto Enrique del Río)

UN NIÑO CON AIRE TRISTE

En sus últimas semanas de vida, antes de suicidarse, Vincent van Gogh vivió un breve periodo de felicidad en Auvers-sur-Oises, donde, entre otros cuadros, pintó una serie de retratos infantiles. Uno de ellos es el Niño con naranja (LEnfant a lOrange), un retrato de Raoul Levert, hijo del carpintero del pueblo. Contaban en Dickinson, la galería que lo vendía, que, tras su fallecimiento, el Niño con naranja fue uno de los cuadros que decoraron el velatorio y homenaje que la localidad francesa tributó al maestro. De hecho, fue el propio señor Levert quien hizo el féretro para Van Gogh.

El retrato, que tiene un cierto aire melancólico, figuró en la exposición del artista en Amsterdam en 1905. En 1916 fue comprada por Arthur y Hedy Hahnloser, una pareja suiza de coleccionistas fundadores de la Villa Flora Collection en Winterthur. Sus descendientes han sido los que lo han vendido en Maastricht a través de

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Un aspecto de la Feria de Antigüedades de Maastricht (Holanda). (Foto Enrique del Río)

la galería londinense Dickinson. Lo vendieron el primer día de la feria por 30 millones de dólares. ¿Dónde está la crisis?

 Pero hubo más ventas los primeros días. Un paisaje de invierno sobre tabla de Hendrick Avercamp (1585-1634) se vendió en 1,6 millones de euros a un coleccionista americano por Koetser Gallery, Zürich. Uno de los galeristas más simpáticos de Londres, Johnny van Haeften, vendió un paisaje tormentoso de Van Goyen y una Matanza de los Inocentes, de Jan Breughel el Joven, por una cantidad que ya no quiso decir. También una procesión nupcial de Pieter Brueghel el Joven (1564-1638) fue vendida por De Jonckheere, París. Sinceramente, no entiendo la enorme cotización e interés que este artista despierta en el público. Todos sus cuadros me parecen malas copias de su padre…, el mercado es el mercado. El galerista neoyorquino David Tunick vendió un dibujo de un Paisaje alpino, en tiza negra, tinta de pluma, tinta marrón y acuarela, de Lambert Doomer al Museo Nacional de Estocolmo. La boina también manda en TEFAF. Y por hablar solo de

 

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Un aspecto de la Feria de Antigüedades de Maastricht (Holanda). (Foto Enrique del Río) 

números, Rafael Valls vendió quince cuadros el primer día: casi un récord. Las tres galerías españolas, Caylus, López de Aragón y Elvira, tuvieron suerte diversa, aunque vendieron mucho más que en la Feria de Palm Beach (Estados Unidos). Aquello, salvo para Caylus, fue un desastre.

Pero, como decía, las estrellas de esta edición han sido los modernos. Hauser Wirth, que tiene tiendas abiertas en Zúrich y Londres, vendieron un Willem de Kooning (1904-1997) por 5 millones de dólares y un Jackson Pollock, por 8 millones, también de dólares. La Galerie Thomas, de Munich vendió un extraordinario Kirchner, Dos mujeres en el bosque, por una cantidad disparatada. Y es que el mercado de los modernos sube, mientras que el de los old master baja. Es un hecho. De los seis nuevos expositores de TEFAF este año, cuatro están especializados en arte moderno: Galerie Boulakia (París), Haunch of Venison (Londres) y Yves Macaux (Bruselas) y Kraemer Antiquaire (París). El mercado es el mercado.

¿UN MERCADO QUE CRECE?

Una de las cosas interesantes que TEFAF presenta cada año es un informe, bastante riguroso, sobre el mercado de arte. Lógicamente, los datos corresponden al año anterior, a 2006, pero sirve para conocer la pauta de un negocio, casi siempre acusado de obscurantista y poco transparente.

El informe, encargado por la European Fine Art Foundation, organizadora de la European Fine Art Fair (TEFAF), señalaba como primera providencia que las ventas casi se han duplicado en los últimos cuatro años, alcanzando un récord anual de 43,3 billones de euros en 2006. Las claves: el aumento de la demanda de arte contemporáneo y la llegada a los mercados de los compradores de las economías emergentes: China, Rusia e India.

Clare McAndrew, economista cultural especializada en el mercado de bellas artes, es la encargada de elaborar el informe y se basa para ello en un exhaustivo estudio internacional de galeristas con información procedente de casas de subastas y bases de datos. Si tuviera que destacar algunas cuestiones clave, señalaría las siguientes:

• El valor de las ventas en el mercado de arte aumentó en un 95%, de 22,2 billones de euros en 2002 a 43,3 billones de euros en 2006.

• El número de transacciones aumentó en un 24%, de 25,8 billones de euros a 32,1 billones de euros en el mismo periodo.

• El mayor aumento se da entre 2005 y 2006: un 50,3%.

• Un dato a tener en cuenta: el espectacular crecimiento de las ventas en China, que ha convertido a este país en el cuarto mercado global de arte, acaparando una cuota del 5% del total.

• La participación europea en el mercado del arte disminuyó en un 6,3%, mientras que la de los Estados Unidos aumentó en un 2,4%. •

El Reino Unido sigue siendo el principal mercado de la Unión Europea, con un 60% del mercado europeo y un 27% a nivel global.

• El arte contemporáneo tiene las tasas de crecimiento más altas en los últimos cinco años y aunque los Estados Unidos cuentan con la mayor cuota de participación en este sector, del 47%, China ha igualado a la del Reino Unido, con una participación del 20%. •

A pesar del protagonismo de las casas de subastas en los titulares de prensa, los galeristas acaparan el 52% de las ventas mundiales. Es también un hecho que las ferias de arte están cobrando cada vez más importancia como canal de venta. •

El mercado europeo del arte cuenta con más de 220.500 empleados directos, y genera un número no evaluado de empleos indirectos a través de empresas auxiliares y servicios de apoyo. •

En ventas, el mercado estadounidense aumentó en un 60% y el de la Unión Europea casi un 38%. Pero lo más llamativo son las tasas de crecimiento del 78% en los mercados fuera de Europa y los Estados Unidos. •

El relativamente nuevo mercado emergente chino, con una cuota de participación actual del 5%, se ha adelantado a Suiza y otros países en términos de valor. Entre 2003 y 2006 la facturación en el actual mercado de subastas chino casi se multiplicó por cien.

• Las ventas de arte se dividen internacionalmente entre galeristas y casas de subastas. En 2006, se calcula que, aproximadamente, un 52% de las ventas correspondía a los galeristas, y un 48% a las casas de subastas. •

2006 fue un año excelente para las galerías en el mercado del arte. Su facturación creció casi un tercio con respecto al total de años anteriores y el volumen de ventas aumentó en un 13%. Pero ojo, el estudio también señala que el 21% de ellos declara que tres cuartas partes o más de sus negocios se llevan a cabo fuera de sus galerías u oficinas: ferias, congresos, etc.

Está claro que el mercado va para arriba, y que las ferias más. Pero podría pensarse que eso es cosa de dos años atrás. Y que el verdadero termómetro son las subastas. Pues vayamos a ello porque, como decía al comienzo del artículo, ese es un indicador de los que no fallan.

EL MERCADO AMERICANO

Todo el mundo reconoce que si hay un mercado tocado por la repetida crisis, ese es el de Estados Unidos. Soren Melikian, Art Editor del Herald Tribune, advertía en una de sus última crónicas sobre las subastas en Nueva York, que los precios parecían «tocar techo».

Reconocía que se puede pedir lo que se quiera por un Bacon, pero no siempre hay un coleccionista dispuesto a pagar la barbaridad que se pide.

Con respecto a los old masters, a los maestros antiguos, los argumentos eran aún más contundentes: algún museo puede llenar lagunas con las grandes piezas subastadas, pero los pintores antiguos han dejado de interesar a los coleccionistas e inversores en detrimento de los modernos. La temática manda. No se quiere pintura religiosa, nada de santos con la cabeza abierta ni chorreando sangre. Se venden cosas —como en todo— más light. O tienen un pedigrí extraordinario, o hay pocos dispuestos a pujar con los ojos cerrados. El extraordinario Fra Filippino Lippi vendido en Nueva York sería una excepción a la regla, pero las subastas simplemente se han reorientado, no han bajado. No hay crisis en el mercado de arte estadounidense. ¿Será por la crisis? ¿Será que el arte sigue siendo un valor refugio? Será por lo que sea, pero el hecho es que las ventas siguen creciendo. Sólo un consejo, similar al que ocurre en la bolsa: «cuando todos venden es cuando hay que comprar». Pues eso, cuando nadie quiere arte religioso, es el momento de comprarlo. ¡Ya está bien de paisajitos y figuritas decorativas que no dicen nada! Es el momento de hacerse con buenos cuadros, sobre todo en España, del Siglo de Oro a buen precio. Así lo dicen los mercados.


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