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Es ésta la novela número quince que publica en Gallimard Patrick Modiano (1945). Pero en sus tres narraciones para Seuil o en sus libros con Pierre Le Than u otros dibujantes, en la larga entrevista a Enmanuel Berl publicada también por Gallimard, Modiano desarrolla siempre los mismos asuntos, las mismas obsesiones y preocupaciones. En Dora Bruder le toca el turno a uno de los temas que le son más queridos, que le provocan más inquietud y le impulsan más a narrar: la suerte de los judíos durante la Ocupación. Es uno de esos temas que le provocan a Modiano algo más que un pincement au coeur, que va más allá de la nostalgia crítica (por evocar dos actitudes muy suyas, tanto al escribir como al ser leído), y que, en rigor, es una incursión por las entretelas de la culpabilidad de numerosos franceses en la represión innoble y gratuita de los israelitas en una Francia que nada tenía contra ellos o a la que habían acudido como refugio. El antisemitismo francés tiene mucho de mimético, de importado (de Austria y Alemania, sobre todo, aunque también se alimente de aquel apócrifo que se fabricó en Rusia, Los protocolos de los sabios de Sión) y mucho de resquemor reaccionario por el avance de la modernidad gracias a las secuelas del caso Dreyfuss, donde los antisemitas, tradicionalistas y bigots en general fueron batidos en toda regla. Y si las diatribas antisemitas de la época de los dos emperadores no podían hacer prever nada parecido al Holocausto, en el caso francés no las explican en modo alguno.


El tema del judío durante la Ocupación está presente ya en la primera novela de Modiano, La Place de l’Etoile (1968), y resulta relevante en muchas otras, como La ronde de nuit, Livret de famille, Voyage de noches o el guión cinematográfico Luden Lacombe, escrito para Louis Malle. Otro de los temas de Modiano es la evocación, el recuerdo, la nostalgia, el mirar hacia el pasado en uno o dos niveles de rememoraciones. Voyage de noches, que traduje hace unos años para Alfaguara como Viaje de novios, tiene precisamente dos niveles de recuerdo: un hombre evoca al joven inexperto e inquieto que él fue (estamos ante un tipo de personaje muy característico de este autor) cuando hizo amistad con una pareja madura; y lo que le había sucedido a esa pareja cuando se conocieron durante la Ocupación, un día en que ella no puede regresar a casa por el toque de queda y él la acoge. Ella es judía. Más tarde, huirán hacia el sur, pero siempre habrá quien husmee en sus vidas, siempre habrá un colabó al servicio de Vichy o de la autoridad ocupante.


Dora Bruder, de acuerdo con lo que dice el propio Modiano en este libro, trata el mismo tema que Viaje de novios. Solo que, en esta novela, el escritor trazó una fantasía a partir de una noticia que se supone leyó en un diario de la época de la Ocupación: la desaparición de una muchacha, hija de judíos austríacos, a finales de 1941. Dora Bruder, sin embargo, es la reconstrucción, en la medida de lo posible, de las vicisitudes de la auténtica Dora y de las de sus padres, a partir de informaciones fragmentarias recogidas aquí y allá. Como tantos judíos franceses o refugiados en Francia, Dora y sus padres fueron internados en el campo de Drancy y sufrieron poco más tarde, la deportación a Auschwitz.


La novela es aquí una investigación, una detection, real o imaginaria, eso no podemos precisarlo, pero en cualquier caso es lo más cercano a la narrativa de no jicción que ha escrito Modiano hasta el momento. No es nada parecido a A sangre fría, de Capote, o La canción del verdugo, de Mailer, porque el estilo de Modiano es ajeno a las grandes formas, al gran desarrollo. Modiano se encierra siempre en obras breves, densas, que parecen variaciones de un mismo tema. La intensidad de la obra de este autor es tal, que crea auténtica adicción en algunos lectores.


Eso sí, Modiano no es para cualquiera. Sin ser para happy few, la narrativa de Modiano requiere un buen gusto de lector. En España ha sido ampliamente traducido (Alfaguara, sobre todo; en Venezuela, Monte Ávila), y se ha vendido bastante poco. Modiano carece de “ajo” narrativo suficiente para agradar a los paladares que consumen narrativa mayoritaria en nuestro país. Goza, eso sí, de unos cuantos adictos que no descienden a discutir el desdén de los adoradores de la novela urbano-alcohólica o marujo-sentimental. Modiano recibirá el Premio Nobel cualquier año de éstos. Nos pillará jugando, como siempre.


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