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Pendiente la opinión pública mundial del desarme de Sadam Husein, se ha hurtado a la atención de no pocos observadores políticos a otros movimientos que, aunque de consecuencias inmediatas limitadas más bien a Europa, tienen en los tiempos que corren un alto valor estratégico y simbólico. El veintiocho de febrero pasado Kofi Annan daba a conocer el ultimátum de Naciones Unidas a las partes implicadas en el conflicto chipriota, un problema enquistado en el Mediterráneo Oriental que enfrenta desde hace más de veinticinco años a dos países futuros miembros de la Unión Europea (UE). Según el secretario general de Naciones Unidas, las comunidades insulares grecochipriota y turcochipriota tendrían hasta mediados de marzo para aceptar su ingreso conjunto en la UE, como Estado reunificado; los respectivos jefes de Estado se reunirían luego en La Haya para realizar una suerte de firma política que, de llegar a producirse antes del treinta de marzo, daría lugar a la convocatoria de sendos referendos para que los ciudadanos ratificaran la decisión de sus gobernantes. Ello permitirá a ambas comunidades, y a los países garantes (Reino Unido, Turquía y Grecia) firmar al día siguiente, treinta y uno de marzo del 2003, el acuerdo de adhesión a la UE y disponerse para la ceremonia oficial, prevista para el dieciséis de abril en el pórtico de Ataio de Antenas, y a la que están ya convocados los otros ocho países europeos que aspiran a formar parte en la misma tanda del club europeo. Begoña Castiella analiza los últimos decisivos acontecimientos en la isla, así como algunos hechos del pasado que permiten comprender los obstáculos con los que se enfrentan todavía los chipriotas.
 
A finales de febrero pasado, en la denominada Chipre libre -la República de Chipre, con mayoría de grecochipriotas y reconocida por la comunidad internacional-, se celebraron elecciones presidenciales y de ellas resultó que Glafkos Clerides, de 84 años, presidente durante tres mandatos y anteriormente varias veces titular de diferentes carteras, quedaba fuera del poder. El presidente electo, llamado Tasos Papadópulos, es de momento una gran incógnita. Acaudalado abogado cuya única afición conocida era el trabajo, tenía hasta el momento una trayectoria política distinta a la que ofrece su perfil actual, pero consiguió una sorprendente victoria en el primer domingo electoral, cuando obtuvo el 51,51% de los votos. El electorado chipriota mostró sin ambages la necesidad de cambiar, de tomar decisiones valientes.
 
En la otra Chipre -la zona invadida por el Ejército turco en el verano de 1974 y donde existe la autoproclamada República Turca de Chipre del Norte (sin otro reconocimiento internacional que el de Turquía, país del que es una especie de Estado satélite)-, los ánimos están revueltos y muchas voces critican ya abiertamente a su líder, Rauf Denktash, otro veterano y no menos hábil político de 79 años. Han sido masivas las manifestaciones en la zona ocupada para reivindicar la reunificación de la isla y la dimisión de Denktash. Y ahora todos están pendientes de la decisión de los dos líderes de las comunidades griega (ortodoxa) y turca (musulmana) chipriotas, pues de ellos depende la reunificación de la isla, la convocatoria de sendos referendos y la aceptación, después de varias décadas de muchas negociaciones y pocos resultados, del plan de Naciones Unidas -la tercera versión del mismo, que ha quedado sujeta a la aceptación de las partes en conflicto-.
 
LA ÚLTIMA OPORTUNIDAD 
 
Annan ha sido claro: si éstas no llegan esta vez a un acuerdo, Naciones Unidas no podrá volver a ocuparse de este tema en mucho tiempo. “Tienen ustedes una cita con la Historia”, dijo bien alto Annan en Chipre. En principio, aunque las dos comunidades no acepten el proyecto de Annan, deberán someterlo a referéndum. Y si Denktash dice que no, Chipre entrará en la UE sin reunificar, sólo como República de Chipre.
 
Este plan para la reunificación de la isla se ha convertido en el ingrediente político vital de todos los chipriotas desde noviembre del año pasado. El conocido como “Documento Annan” quiere resolver dolorosos conflictos pendientes desde la invasión turca, como el regreso de una parte de los grecochipriotas expulsados de la zona hoy ocupada, mediante la recuperación de sus propiedades, la misma operación para los turcochipriotas y la salida definitiva de gran parte de los colonos turcos que deberán volver a su país, tras muchos años de estancia en la isla.
 
HISTORIA DE DOS COMUNIDADES 
 
Para empezar a comprender el doloroso problema de Chipre -el así llamado desde hace tiempo conflicto chipriota-, hay que recordar algo de historia y geografía. Chipre, con sus 9.251 km2, es la tercera isla más grande del Mediterráneo, después de Sicilia y Cerdeña. Su situación ha hecho de ella una encrucijada cultural y económica y un lugar de encuentro de muchas civilizaciones, desde antiguo. Los hititas y los venecianos, los turcos y británicos pasando por fenicios, griegos, egipcios, romanos, bizantinos, árabes y franceses: las culturas más diversas han dejado su huella en esta isla de clima templado, grandes montañas y hermosas costas, de gran desarrollo agrícola e inveterados problemas de agua potable. Es memorable su pasado griego, especialmente el esplendor que conoció en el siglo V a.C., así como la época bizantina, cuando la isla se convirtió en una provincia del Imperio. Durante las Cruzadas pasó a manos de los templarios y posteriormente perteneció a la familia gala de los Lusignan, que hicieron de ella un reino feudal. Luego llegaron los venecianos y finalmente el Imperio otomano. Cuando Grecia comenzó su guerra de independencia a principios del siglo XIX, Chipre tomó parte en ella; y después de la independencia helena, se empezó a hablar de la incorporación de Chipre a Grecia. Pero en 1878 Rusia obligó a Turquía a ceder la isla a Inglaterra.
 
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A principios del siglo XX, pues, Chipre fue anexionada al Imperio británico, del que se consideró colonia oficialmente desde 1925. A partir de 1955 comenzó la lucha de los chipriotas por su independencia, pero los ingleses no fueron indiferentes al hecho de que Turquía estuviera dispuesta a intervenir en la isla en defensa de la comunidad turca. Tras cuatro años de lucha anticolonial {“de independencia”, se dice en griego), se puso fin a la colonización británica, de la que restan aún dos grandes bases en el sur {en Dekelia y en Akrotiríu, con un 3% de la superficie de la isla). La presencia de la cultura inglesa, sin embargo, persiste: los chipriotas usan el inglés como su segunda lengua, la mayoría de los jóvenes continúa sus estudios superiores en Inglaterra y la isla es el destino mediterráneo favorito de los turistas ingleses desde hace muchas décadas; se conduce, como en Malta, por la izquierda; la moneda nacional es la libra chipriota, y la gente de la isla es -cosa insólita en el Mediterráneo- puntual…
 
Tras la firma de los Acuerdos de Londres y Zúrich en 1959, con representantes de Grecia, Turquía, Reino Unido y de las dos comunidades chipriotas, se suscribió el dieciséis de agosto de 1969 la Declaración de Chipre como Estado independiente. Terminaba una lucha contra el colonizador que había sido capaz de unir a todos los chipriotas; pero se iniciaban los problemas entre la comunidad grecochipriota, de habla griega y mayoría ortodoxa, y la turcochipriota, de habla turca y mayoría musulmana, que habían convivido pacíficamente durante mas de trescientos años, los que duraron la sujección a la autoridad de extranjeros.
 
LA CONSTITUCIÓN DE 1960
 
Aunque la Constitución de 1960 aseguraba un detallado reparto proporcional de cargos y escaños entre las dos comunidades, empezaron a crecer las diferencias entre ambas. El presidente era grecochipriota, elegido por su comunidad, y el vicepresidente turcochipriota, elegido por la suya. El Consejo de ministros reunía a siete grecochipriotas y tres turcochipriotas (aunque ello no reflejara la realidad de aquel momento, pues la última comunidad mencionada representaba únicamente el 18% de la población). En el Parlamento, cada comunidad elegía a sus representantes (de los cincuenta diputados, quince eran elegidos por la comunidad turca y, desde la enmienda de 1985, el número total es de ochenta, de los que permanecen vacíos veinticuatro, por corresponder a la comunidad turca). Al Tribunal Constitucional y a la Corte Superior de Justicia se asignaban presidentes neutrales -no pertenecientes a ninguna de las comunidades-. Y existían mil disposiciones más de una complejidad extrema, en muchos casos imposibles de aplicar.
 
Además se habían firmado dos tratados, que vinieron a complicar aún más la situación. El de Garantías entre Chipre y Grecia por una parte, y Turquía y Reino Unido por otra, permitía a los países suscribientes actuar conjuntamente o por separado para restablecer el orden de los acuerdos. Y el denominado Tratado de Alianza, firmado por Chipre, Grecia y Turquía, en el que se especificaban los respectivos contingente de fuerzas armadas que podrían acuartelarse en la isla.
 
Años mas tarde, Galo Plaza, enviado de Naciones Unidas para Chipre, escribió en su informe al secretario general que la Constitución chipriota de 1960 era “una excentricidad constitucional”. El polvorín estaba cebado, sólo hacía falta una llama.
 
El carismático arzobispo Makarios, líder de la Iglesia ortodoxa chipriota, fue elegido presidente de la República, con un vicepresidente turcochipriota, pero su Gobierno no consiguió mantener la unidad nacional. Desde 1963 se sucedieron los violentos -en ocasiones, cruentos- incidentes entre las dos comunidades, iniciados al proponer Makarios trece enmiendas ordenadas a facilitar el gobierno. Los ministros turcochipriotas se retiraron del Gobierno y lo mismo hicieron los quince diputados turcochipriotas del Parlamento (los escaños correspondientes siguen vacíos hasta la fecha), los funcionarios de la misma comunidad abandonaron sus puestos y se hizo manifiesta la obediencia que. dicha comunidad prestaba a Ankara.
 
La tensión culminó en el verano de 1974. Primero, en julio, tuvo lugar un traicionero y patético golpe de Estado, dirigido desde Atenas por los coroneles de la dictadura griega, que se proponía eliminar al presidente Makarios y reemplazarlo por una autoridad partidaria de anexionar la isla a Grecia (se recurrió a un concepto que ya existía desde principios de siglo pasado, la “enosis”, que en griego significa unidad). Un golpe pésimamente organizado y cuyas consecuencias negativas son visibles todavía hoy, pues en respuesta al fallido golpe de Estado (Makarios consiguió escaparse), las Fuerzas Armadas turcas -un total de 40.000 soldados, más apoyo naval y aéreo- desembarcaron para ocupar la parte norte de la isla. La ocupación se prolongó desde la madrugada del veinte hasta el veintidós de julio de 1974, y tuvo una segunda fase entre el catorce y el dieciséis de agosto. Turquía se justificó hablando entonces de “operación pacificadora” destinada “a restablecer el orden constitucional” y “a proteger los derechos de los turcochipriotas”.
 
La Junta de los coroneles griegos cayó, el político Constantinos Karamanlis regresó de su exilio en París y la democracia se restableció en Grecia. Entretanto las fuerzas turcas habían llegado a ocupar el 37% de la isla, territorio que se mantiene ocupado y militarizado hasta hoy, después de haber desplazado a millares de familias grecochipriotas (se calcula que en total fueron 200.000 los que tuvieron que abandonar sus hogares, el 40% de la población grecochipriota de entonces; más los 20.000 que permanecieron en terreno turcochipriota ocupado, de los que en la actualidad quedan menos de mil). Por su parte, muchas familias turcochipriotas que vivían en el sur de la isla (unos 44.000 -el 7% de la población de entonces-) tuvieron que huir y acabaron llegando a la parte de la isla recién ocupada. Algunos miles se habían refugiado anteriormente en las bases británicas.
 
Aunque a finales de 1974 el orden se había restablecido y el presidente Makarios había regresado, la situación no mejoró. Las autoridades turcas llevaban tiempo intimidando a los grecochipriotas que permanecían en el norte, logrando que finalmente emigraran al sur de la isla sin llevar consigo otras pertenencias que las que cupieran en una maleta por persona. Al mismo tiempo, se importaban colonos de Turquía, sobre todo de la zona de Anatolia, que en la actualidad pueden llegar a sumar más de 100.000. En 1974, eran unas 20.000 personas las que habían quedado enclavadas en algunos pueblos aislados de la península de Karpasía, de los que sólo quedan unos pocos centenares de ancianos con una vida diaria muy difícil, limitadas posibilidades de comunicar con sus familiares de la otra parte de la isla y con los que apenas pueden mantener correspondencia y envío de medicamentos. Además, llegaron unos 35.000 soldados turcos, que permanecen hasta hoy. Fue redactada una Constitución del Estado Federal Turco de Chipre, que vinculaba esta zona con Turquía. En 1983 la Asamblea turcochipriota proclamó la independencia de esta zona, y se convirtió en la mencionada República Turca de Chipre del Norte. Desde entonces hasta hoy, ha sido gobernada por Denktash.
 
La comunidad internacional y muchos organismos -la Asamblea General de Naciones Unidas, el Parlamento Europeo y el Consejo de Europa, entre otros- han condenado repetidamente esta invasión de las tropas turcas y la violación de los derechos humanos de los chipriotas, destacando la intransigencia de la parte turcochipriota para llegar a un acuerdo, pues persiste en su decisión de ser independiente y no cede ante la presión internacional en lo tocante a soberanía y a reconocimiento de su territorio.
 
INGRESO DE CHIPRE EN LA UE
 
El tres de julio de 1990 el Gobierno de la República de Chipre solicitó su adhesión a la UE (entonces Comunidad Europea) como miembro de pleno derecho, tras la firma del Acuerdo de Asociación entre Chipre y la Comunidad Europea, vigente desde el 1 de junio de 1973.
 
Tres años más tarde, la Comisión hizo público un dictamen, en el que consideraba que Chipre tenía identidad europea y confirmaba su elegibilidad y vocación comunitaria. Chipre cumplía además todos los criterios económicos del Tratado de Maastricht. En la Cumbre de Copenhague, el doce y trece de diciembre pasado, la Comisión decidió que Chipre, junto con los otros nueve países candidatos, podría incorporarse a la UE el uno de mayo del 2004, tras la firma del Tratado de Adhesión que se efectuará durante la presidencia griega en el primer semestre del 2003 (el 16 de abril) y la ratificación posterior por cada socio del Tratado de Adhesión. Chipre pasará a formar parte de la UE con o sin reunificación, junto con Polonia, Hungría, Eslovenia, la República Checa, Eslovaquia, Estonia, Letonia, Lituania y Malta.
 
EL PLAN ANNAN
 
El nuevo plan de Naciones Unidas, entregado el once de noviembre del 2002 a las dos comunidades chipriotas y, al cierre de este número de Nueva Revista, en estudio por ambas partes, remite la reunificación de la isla al modelo suizo. De acuerdo con él, el Estado independiente de Chipre, que se denominaría República Unida de Chipre, estará formada por dos «Estados componentes» con sus respectivos gobiernos, pero todos los chipriotas tendrán una sola y única nacionalidad. El Estado común, cumpliendo la Constitución, ejercería sus poderes en temas legales y ejecutivos, como la política exterior, relaciones con la UE, temas económicos y fiscales, comunicaciones, etc.
 
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El plan contempla asimismo un cambió Je fronteras, de acuerdo con el cual un 8% del territorio del norte, que incluye zonas cercanas a Famagusta y del golfo de Moríu, pasaría a pertenecer a la comunidad grecochipriota. El número Je refugiados grecochipriotas autorizados a regresar a sus hogares se regularía durante quince años, y empezando por un 21% iría disminuyendo progresivamente. De los actuales 115.000 colonos turcos del norte de la isla, unos 45.000 podrían quedarse en ella (los 35.000 colonos originarios, más las personas con residencia permanente en la isla durante más de siete años o casados con chipriotas). Aumentaría asimismo el máximo de soldados que podrán permanecer en la isla -unos 6.000 por cada parte-, aunque las dos comunidades quedarán obligadas a desmilitarizarse tan pronto como Turquía ingrese en la UE. Una misión de paz de Naciones Unidas vigilaría el cumplimiento del acuerdo. En caso de firmarse el plan, el Reino Unido devolvería el 50% del territorio de sus dos bases, el 90% de cuya superficie pasaría a estar bajo autoridad grecochipriora y el resto a la turcochipriota.
 
El reparto de los cargos de Gobierno que se propone es complejo y recuerda a la Constitución de 1969. Empieza por un consejo presidencial de seis miembros, dos turcochipriotas y cuatro grecochipriotas, elegidos por el Parlamento. De ellos saldrán el presidente y el vicepresidente, cargos rotativos cada diez meses.
 
El Parlamento del Estado federal tendrá dos cámaras legislativas de cuarenta y ocho miembros cada una. Un Senado, compuesto por veinticuatro miembros de cada comunidad, y una Cámara de los Diputados, cuya composición guardará proporción con la población. Sus decisiones serán tomadas por acuerdo de las dos Cámaras por mayoría simple. La Corte Suprema queda formada por nueve jueces, tres de cada comunidad y tres no chipriotas.
 
Esto no es más que un resumen muy simplificado del plan, cuya complejidad es manifiesta. El que haya intercambio de población, modificación de fronteras y un delicado reparto de responsabilidades de gobierno muestra la complicación de una solución después de tantos años de una realidad parecida, en sus consecuencias, a una guerra civil. Y con una capital, Nicosia, que desde la caída del muro de Berlín es la única ciudad europea dividida en dos. La desconfianza y el miedo no se han alejado aún de las mentes de los chipriotas que vivieron los dramáticos acontecimientos de 1974, pero muchos de ellos piensan que costará encontrar una solución aceptable para todos.
 
Por el lado grecochipriota, nadie olvida que los 115.000 colonos turcos, junto con los 35.000 soldados que los protegían, crean un número muy superior al de turcochipriotas que aún quedan en su territorio (menos de 100.000). Y que desde 1974 son más de 34.000 los títulos de propiedad concedidos a colonos -lotes de tierra que les han sido adjudicados pero cuyos propietarios legales viven en el extranjero o en la parte grecochipriota-. La colonización de esta parte ocupada de Chipre ha quedado ampliamente documentada por el trabajo de distintas misiones del Consejo de Europa.
 
Es difícil también para muchas familias que perdieron sus casas y sus propiedades en el norte o en el sur, y que tuvieron que empezar sus vidas otra vez desde cero. Por no hablar de los hoteles y otras instalaciones turísticas, y de la trágica situación del patrimonio arqueológico griego y las iglesias ortodoxas del rico norte. De estratégica importancia es el hecho de que se salvaron de la ocupación turca -y se encuentran en el sur de la isla- los detalladísimos catastros de la parte norte, con la excepción de la ciudad de Famagusta {en griego, Amójosto). Dichos Catastros, realizados durante la colonización británica, son de una exactitud indiscutible. Si se firma el Plan Annan, los abogados de la isla podrán frotarse las manos por el mucho trabajo que les espera.
 
EL NUEVO GOBIERNO 
 
Parecía que los dinosaurios de la política chipriota aún en activo -Clerides, de 84 años, y Denktas, de 79-, no iban a desaparecer de la escena política hasta que sucedieran sus respectivos óbitos. Los dos rivales, viejos enemigos conocidos, llevan en política activa muchas décadas, Pero ahora las cosas se presentan de otra manera. Denktash se enfrenta con serios problemas de salud y una oposición interna hasta ahora nunca vista. Clerides, terminando su tercer mandato presidencial, y en medio de las complejas negociaciones sobre el proyecto de Naciones Unidas, dio a entender El nuevo Gobierno de Chipre, presidido por Tasos Papadópoulos que no se volvería a presentar como candidato a las elecciones presidenciales. Pero finalmente lo hizo, anunciando que en caso de resultar elegido sería presidente sólo por dieciseis meses, para terminar de solucionar el eterno conflicto chipriota.
 
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El candidato favorito fue en todo momento el que luego resultó elegido en la primera votación del dieciseis de febrero: Tasos Papadópulos, del partido de centro derecha DHKO (“Diko”, Partido Democrático), con el 51,51% de los votos, mientras que su rival Clerides obtuvo el 38,8%. Votaron 431.690 chipriotas de los 475.758 electores (aquí votar es obligatorio, la abstención no superó el 9% y válidos resultaron el 95,95 % de los votos emitidos).
 
Papadópulos es un hábil y brillante abogado de 68 años, perteneciente a la clase dirigente chipriota por su trabajo profesional y por su matrimonio con Fotini Levendi, miembro de una de las familias más ricas del país. El nuevo presidente estudió en Inglaterra y desde muy joven se unió al temido EOKA, el grupo guerrillero independentista, activo y muy sangriento, hasta que se obtuvo la independencia de Chipre en 1960.
 
Papadópulos se vio luego protegido por el arzobispo Makarios; fue nombrado ministro por primera vez a los veinticuatro años. En su trayectoria política ha tenido otras tres carteras ministeriales y siendo ministro de Trabajo trazó las bases para el actual sistema de Seguridad Social. Ello le ganó el respeto y la amistad de la izquierda, especialmente de los comunistas. No es de extrañar que en estas elecciones Papadópulos consiguiera la victoria gracias no sólo a su partido, sino al apoyo de los antiguos comunistas del AKEL, el partido más grande del país, y especialmente de su secretario general -el brillante Dimitris Jristofias-, junto a los socialdemócratas y a los ecologistas.
 
Estos apoyos han tenido su reflejo en los recientes nombramientos ministeriales. De los once ministros, cuatro pertenecen a la izquierda de AKEL. Pero su ministro de Exteriores, Yorgos Iacovu, es un hombre de amplia experiencia, pues ya tuvo esta cartera en los gobiernos anteriores de Kiprianu y de Vasiliu. Como ministro de Economía, Papadópulos ha nombrado a un hijo del ex presidente Kiprianu, llamado Marcos.
 
En el pasado reciente, el nuevo presidente mantuvo una postura muy negativa en relación al Plan Ansian y antes de presentarse como candidato mostraba poca voluntad negociadora. ¿Cambiará ahora?
 
Además, la prensa internacional sacó a relucir las relaciones de su poderoso bufete con compañías off-shore con sede en Chipre, a las que afluyó gran parte del dinero de Belgrado en época de Milosevic. El tema se tapó en Nicosia, pero los norteamericanos lo tienen en mente.
 
Papadópulos se ha reunido ahora con el Consejo Nacional de Chipre, formado por todos los partidos políticos, que en principio se inclinan a aceptar el proyecto Annan (la mitad de él, al menos), ya que aún queda un pequeño margen para hacer cambios. En el caso de que el resultado del referéndum de los turcochipriotas fuera contrario a la incorporación, no sería necesario por su parte un referéndum en la parte griega. Antes de ir a La Haya, Papadópulos pasará por Arenas, lo mismo que Denletash visitará Ankara.
 
LA REALIDAD DE LA ISLA
 
La república de Chipre ha continuado su importante desarrollo político, social, económico y turístico desde 1974, aunque el 70% de sus recursos económicos se encontraban en el norte invadido. Además, la república ha tenido que absorber una elevada cantidad de refugiados grecochipriotas, provenientes de la misma parte de la isla.
 
A pesar del apoyo a todos los niveles de Ankara y de la afluencia de colonos, el norte de Chipre está muy atrasado. Hace poco, por ejemplo, el hijo del líder turcochipriota Denktash, llamado Serdar, ministro a la sazón de Turismo en el gobierno de su padre, se ufanaba de los 300.000 turistas que llegaban al año al norte de la isla, pero que, en realidad, son pocos frente a los 2.500.000 que visitan la parte grecochipriota, no obstante que las playas de mayor reputación eran, antes de 1974, las de costa norte.
 
La población actual de la parte ocupada está formada cada vez menos por familias turcochipriotas tradicionales. La mayoría de ellas ven cómo sus hijos emigran al extranjero, buscando un futuro mejor al margen de la política y de las tensiones entre Grecia y Turquía. Cada vez son más los colonos turcos asentados, la mayor parte desde hace una veintena de años, que desean una reunificación pacífica y un futuro mejor como ciudadanos de la UE, sin tener que abandonar esta isla en la que la vida es muy agradable. No quieren ser devueltos a Turquía, donde la situación económica es más difícil. Los últimos sondeos en la zona ocupada hablan de que un 59% de su población sería favorable al Plan Annan; y que, de no alcanzarse una solución, el 32,2% de los turcochipriotas emigrarían. Dentro de esta categoría, más de la mitad de los jóvenes entre dieciocho y veinticuatro años lo harían lo antes posible.
 
El nivel de vida del norte de Chipre representa una cuarta parte del que se disfruta en la parte sur; hay mucho paro y la situación en general no es boyante. Por ello, como por la desesperación proveniente del aislamiento, hay últimamente muchas manifestaciones a favor de la reunificación. Y durante la visita de Kofi Annan a finales de febrero pasado, más de 50.000 turcochipriotas se manifestaron en la Plaza Inonu de la parte turca de Nicosia para reafirmar este deseo . Hasta ahora, Denktash ha sido un líder intransigente, obsesionado con mantener el nacionalismo y la soberanía de su comunidad y opuesto a cualquier apertura. Pero todos le presionan: su oposición interna, los mediadores de Naciones Unidas, británicos y norteamericanos… hasta Ankara.
 
Y AHORA ¿QUÉ HARÁN ANKARA Y ATENAS?
 
Si tenemos en cuenta que en los asuntos de Chipre siempre intervienen los Gobiernos de Atenas y Ankara, y que el Reino Unido y Estados Unidos pueden influir en cualquier acontecimiento de la isla, estos meses de marzo y abril van a ser decisivos.
 
El tradicional apoyo por parte de Ankara, especialmente de los militares, a Denktash, es por primera vez una incógnita con el nuevo Gobierno de Recep Tayyip Erdogan. Ankara no se quiere mostrar intransigente en vísperas de su propia petición anticipada para negociar su futura adhesión a la UE. Pero no puede obligar a Denktash a firmar, ni tampoco a dimitir.
 
Es también la primera vez que en terreno turcochipriota existe tanta presión por parte de los partidos de la oposición, sindicatos y distintas organizaciones no gubernamentales a favor de la unidad de la isla. No quieren que, en caso de no ingresar en la UE, se vean convertidos en la provincia numero ochenta y dos de Turquía. Y uno de los políticos turcochipriotas más conocidos, Mustafá Akintzí (diputado del partido socialdemócrata, antiguo vicepresidente del Gobierno de Denktash y durante catorce años alcalde de la parte turca de Nicosia) considera que, de no reunificarse la isla, se acabarán yendo todos los turcochipriotas y permanecerán sólo los colonos turcos. Sin el apoyo turcochipriota a la reunificación, Turquía se encontrará a partir del uno de mayo de 2004 con la incómoda postura de tener a la República de Chipre como Estado miembro mirándola de frente.
 
En Atenas existe un cierto optimismo. Las relaciones del Gobierno con el nuevo presidente chipriota parecen cordiales, aunque eran excelentes con Clerides. Y los equipos de juristas y otros técnicos de ambos países se han entendido a la perfección. Poco tiene que perder la parte grecochipriota en realidad, pero mucho que ganar si se oye un sí por ambos lados. BEGOÑA CASTIELLA
 
El caso de la señora Loizidis y de las iglesias ortodoxas
     Con una decisión del Tribunal Europeo de Derechos Humanos del Consejo de Europa del 10 de mayo del 2001 quedó ratificado que, desde su invasión de la parte norte de la isla, Turquía era responsable de hechos atentatorios contra, al róenos, al menos catorce artículos de la Convención Europea de Derechos Humanos. En aquella ocasión se especificó la violación de los derechos de los refugiados grecochipríotas a acceder a sus propiedades y a regresar a sus casas; y el derecho a la vida y libertad de las «desaparecidos» durante la ocupación turca, la investigación de cuyo paradero ha sido obstruida repetidas veces por el Gobierno correspondiente (los desaparecidos de la comunidad grecochipriota suman algo menos de dos mil personas, y son doscientas los desaparecidos en la parte turcochipriota). Se sospecha que la mayoría ha fallecido y está enterrada en fosas comunes, o que han muerto en una cárcel turca.
     Una valiente mujer grecochipriota, llamada Titina Loizidu, se decidió a llevar el caso de la pérdida de su propiedad en la parte norte de la isla al Tribunal Europeo de Estrasburgo. Para satisfacción general de la comunidad griega insular, la señora Loizidu ganó su pleito en 1998, a resultas del cual el Tribunal instaba a… Turquía, a compensar a la perjudicada con la nada despreciable cantidad de 300.000 libras chipriotas, por la pérdida de uso de su patrimonio.             Aunque la señora Loizidu no ha sido indemnizada todavía, esta sentencia ha estimado que Turquía era responsable de la violación del derecho al acceso y disfrute de la propiedad. El tribunal europeo subraya que la señora Loizidu es la única propietaria legal de sus propiedades, por más que se encuentran ahora bajo ocupación turca. En la actualidad, otros grecochipriotas han seguido su ejemplo y acuden al mismo Tribunal.
     El caso del saqueo del patrimonio arqueológico griego y del patrimonio de la Iglesia ortodoxa de Chipre, su pillaje y destrucción sistemáticos, reflejan el grado de violencia y de odio que han medrado en esta isla, especialmente en el norte. Son numerosos los casos documentados de pillaje, especialmente de objetos arqueológicos, que son luego exportados ilegalmente a Turquía y de allí a mercados europeos, sobre todo a Alemania. En el caso de las iglesias ortodoxas, su desacralización, la destrucción intencionada y el saqueo han sido constantes, iglesias con los íconos arrancados, los frescos levantados por hábiles restauradores, las cúpulas destruidas por los tiros… El doctor Athanasios Papageorgiou, experto en temas de arqueología y antigüedades, afirma que, salvo las cinco iglesias que se muestran a los turistas, las quinientas iglesias de la parte ocupada de la isla han sido saqueadas. La Iglesia ortodoxa chipriota denuncia que desde hace veintiocho años las fuerzas militares han intentado destruir todo lo que sea griego y cristiano, profanando lugares sagrados y convirtiéndolos en mezquitas, corrales, urinarios públicos, cines, lugares de entretenimiento, etc., después de haberlos vaciado de íconos y objetos litúrgicos.
     Un ejemplo de hace pocos meses fue la denuncia del obispo Vamavas de Salamina, que instó a la Iglesia Ortodoxa de Chipre a enviar una misiva a las Naciones Unidas para recuperar cinco íconos. El obispo especificaba que estos valiosos íconos fueron robados en la iglesia de San Juan, en la ciudad de Famagusta (Amójosto), uno de templos convertidos en museo desde 1995.
     El plan Annan contempla que los temas de patrimonio arqueológico, artístico y religioso pasen a depender del Estado común, y especifica que deberán ser restaurados los objetos dañados o, en caso de pérdida, compensados por ellos sus legítimos propietarios. Por su parte, los monumentos de patrimonio artístico y religioso de los turcochipriotas en el sur de la isla se encuentran en buen estado, y la existencia de detallados catastros en toda la isla permitirá la restitución sin litigio en lo relativo a importantes, tanto en el aspecto económico como artístico y religioso, propiedades griegas y turcas. B. C.
 

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