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En un momento histórico carente de la virulencia revolucionaria de otras épocas, el único fantasma que recorre Europa es el de la utopía de la sociedad de la información. Esta es la revolución a la que se refiere Shapiro, en este escueto y bien redactado ensayo.

El autor, utilizando sus poderosos recursos intelectuales de periodista y profesor universitario, se suma al enfoque que ha dado en llamarse tecnorrealismo, y que se basa en una actitud tan sensata como es la de distanciarse tanto de los partidarios ciegos de las nuevas tecnologías como de la de aquéllos a los que éstas les producen fobias.

Internet se ha convertido en una subcultura. Aparecen noticias relativas a la red en los suplementos semanales de los grandes periódicos, pero casi nunca ocupan espacio en la edición principal; o se le dedican programas de televisión, en franjas horarias que delatan una audiencia minoritaria. Esto sin referirse a los contenidos de muchas de las páginas de Internet o a la calidad ortográfica de las conversaciones en los canales de discusión, tanto en inglés como en castellano.

Nada tiene que ver Shapiro con este sórdido mundo, pues como director del Internet Policy Projet de la prestigiosa fundación norteamericana Aspen Institute, presenta un trabajo digno, en el que, entre otras delicias, tiene la gentileza de citar a Cervantes al comienzo del libro. Además, sus credenciales académicas como profesor de la Columbia Law School y como investigador residente del programa de la Harvard. Law School sobre «Internet y Sociedad», le alejan de los tópicos de lo que aquí se denomina «Informática y Derecho», y le permite situar su planteamiento con suficiente altura.

Los tecnorrealistas como movimiento tienen su propia página, y su manifiesto, al que todos nos podemos adherir, pero intuyo que éste no tendrá gran número de afiliaciones. Los manifiestos son instrumentos literarios al servicio de lo radical, no del sentido común. Supongo que el tecnorrealismo es más bien un movimiento intelectual minoritario, en el que habrá que valorar más la calidad de los firmantes que su número.

Según la tesis central del libro, Internet devuelve a los seres humanos buena parte del poder que había sido arrebatado por las grandes instituciones durante la era industrial. En principio, esa sería la razón por la que nos sentimos fascinados por la red, al darnos acceso instantáneo a un volumen de información sin precedentes, junto a la capacidad de comunicarnos con otras personas a un coste sin relación alguna con la distancia. Al mismo tiempo, sin embargo, la dispersión de este poder nos lleva a plantearnos nuevas cuestiones con el fin de salvaguardar los valores propios del sistema democrático.

Estas cuestiones son diversas, pero tienen en común que para analizarlas se precisa más capacidad de argumentación sobre la cosa pública que técnicas de divulgación científica. El comercio electrónico, los periódicos a la medida, la democracia directa por vía electrónica, la supuesta posición dominante de Microsoft, la criptografía y el cumplimiento de la ley, las comunidades virtuales, el derecho a la intimidad en el entorno digital y el papel de las tecnologías interactivas en la lucha contra las tiranías políticas son, entre otros, los temas que se tratan en el libro de Shapiro.

El autor plantea muchas más preguntas que respuestas, lo que demuestra su honestidad intelectual.

Como afirma el Profesor de Harvard Lawrence Lessing, el libro Shapiro es el mejor de la segunda generación de libros sobre Internet. El lector debe tener cuidado y no perder demasiado el tiempo con la primera generación, por más que esté abarrotando nuestras librerías.


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