Josemaría Carabante

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Profesor de Filosofía del Derecho. C.U. Villanueva.
Dibujos Leonardo da Vinci. La biografiaWalter Isaacson

Leonardo da Vinci. La biografía

En sus largos años de investigación y estudio sobre las personalidades más sobresalientes de la historia, Isaacson ha elaborado una teoría acerca del genio poco científica pero de enorme sentido común. Leonardo le ha ayudado a validarla.
Remi Brague

Remi Brague y la crisis del hombre

Rémi Brague es un pensador casi desconocido por el gran público. Profesor de Filosofía Medieval en la Sorbona y especialista en filosofía judía y árabe, se ha propuesto repasar las grandes concepciones antropológicas, reflexionar sobre el sustrato cultural y religioso de Occidente y superar la deriva antihumanista de la cultura contemporánea.

Arthur Rimbaud, “Obra completa bilingüe”

La edición de Mauro Armiño (publicada en Atalanta) ofrece el corpus rimbaudiano completo, ordenado cronológicamente, lo que permite descubrir las claves de su evolución y el enriquecimiento paulatino de su imaginación lírica.

Peter Brown. “Por el ojo de una aguja. La riqueza, la caída de Roma y la construcción del cristianismo”

Reseña del libro "Por el ojo de una aguja. La riqueza, la caída de Roma y la construcción del cristianismo", de Peter Brown (publicado en Acantilado, 2017).
SPQR Mary Beard

Mary Beard, SPQR. Una historia de la Antigua Roma

Crítica, Madrid, 2016, 664 págs., 27,90 euros Mary Beard, galardonada recientemente con el Premio Princesa de Asturias, ha dedicado su vida a adentrarse en la historia del Mundo Antiguo, especialmente en Roma. En SPQR presenta de un modo sintético su visión, tras sus años de investigación y después de haber publicado importantes trabajos. Beard sobre todo quiere ofrecer una historia alternativa, de algún modo desmitificadora, que obvie o desmonte lo legendario y dé voz a los hechos sociales, económicos y culturales que en otras narrativas han pasado desapercibidos. Desconfía de las fuentes romanas que nos han llegado; los historiadores romanos con frecuencia han ayudado a consolidar un relato de los hechos poco verídico, más útil para legitimar o justificar, así como para engrandecer, que como registro fidedigno de lo que ha sucedido. Beard se remonta a los orígenes de Roma y explica cómo los mitos sobre la prístina fundación de la ciudad son elaboraciones posteriores, cuya finalidad política a ella se le antoja evidente. La mirada de esta historiadora inglesa llega hasta el año 212, cuando Caracalla decide la concesión de la ciudadanía a todos los hombres libres del Imperio. Frente a esa idealización del pasado, Beard interpreta la labor de los historiadores romanos como si su pretensión fuera no dar sentido a su pasado, sino enmendar o encubrir los desmanes de una historia de la que no tenían muchos motivos para sentirse orgullosos. No hay mucha admiración en spqr por el pueblo romano; como ha señalado en alguna entrevista, no hay razones para reverenciar Roma y ha de leerse su historia también teniendo en cuenta las perspectivas sociales, políticas y culturales de hoy. Pero, si no se puede recurrir a las fuentes, ¿dónde encontrar información? Beard lee los grandes textos entre líneas; por otro lado, rastrea esos testimonios de la vida cotidiana que la arqueología y los descubrimientos nos deparan: inscripciones, textos funerarios, arquitectura urbana, cartas, etc. Así puede escribir una historia de Roma que «deconstruye» ese relato de grandeza para descubrir una historia escrita por vencedores y poderosos, en contra de los oprimidos. El libro, así, adquiere cierto aire de refutación global a todas esas retrospecciones utópicas tan habituales y busca, en definitiva, dar a conocer ese otro lado de la historia que las rememoraciones imaginativas, para bien o para mal, sortean. No está mal ese intento de superar el simplismo que diferencia en la historia a buenos y malos. Para Beard, los romanos no son más dignos de admiración que otros pueblos, pero tampoco de repulsión. Su atención se dirige sobre la situación social: los desfavorecidos, la mujer, la familia, la religión, etc. De toda la lectura de su ensayo, se puede sacar la conclusión de que la apoteosis histórica de Roma ha descansado más sobre las idealizaciones posteriores que por el valor de sus propias aportaciones. No fue ni más ni menos que un pueblo como otros, que por motivos accidentales y sin casi previsión construyó un imperio. Al lector de hoy, sin embargo, también le puede parecer simplista interpretar la...
La realidad fragmentada

Rafael Gómez Pérez, La realidad fragmentada

La posmodernidad, explica Gómez Pérez, ha otorgado primacía a la fragmentación y a la pluralidad, pero esta no es toda la historia, por decirlo de alguna manera. Pues esa fragmentación exige mediaciones, que tratan de unir lo diverso y múltiple, otorgarle sentido. Esa es, pues, la forma de salir del nihilismo al cual parecen abocadas las corrientes filosóficas contemporáneas, que obvian la dialéctica que unifica lo real y lo hace comprensible. Más que afirmar la discontinuidad, que convertiría el mundo en una cárcel, Gómez Pérez, siguiendo la tradición filosófica clásica, advierte continuidades y paralelismos que solo pueden percibirse mediante la mirada ontológica a la riqueza de lo real. La realidad fragmentada es una obra de madurez, en la que se concitan intuiciones sobre las que Gómez Pérez ha trabajado durante muchos años. Uno de sus ensayos anteriores hablaba de las constantes humanas, esos rasgos invariantes que pertenecen a la naturaleza del hombre pero que reciben una concreción cultural diversa y que hacen inteligible la historia. En línea con este trabajo previo, este último ensayo profundiza en la idea personal del autor, su convicción primordial, de que más que contradicciones, existe una unidad en la diversidad de lo humano. También Gómez Pérez en todos sus libros manifiesta la primacía del individuo, como por ejemplo en La cultura de la libertad, editado por UNIR. Pues el origen es individual, tanto en el ámbito de lo real como en el de la persona. Es cierto que el ismo del individuo ha sido interpretado de diversas maneras y que, con la Modernidad, la interpretación se inclina hacia lo que Gómez Pérez llama individualismo malo, una forma educada de reivindicar el egoísmo. Pero hay otra vertiente moderada y «buena», en la que se parte de la soledad del yo pero también de su trascendencia hacia lo comunitario, que constituye así pues el elemento de mediación. Porque sin yo no puede haber un nosotros. Pero si se constata, en efecto, que lo plural y fragmentado tiende a mediarse y a superar las diferencias, ¿por qué se ha insistido tanto en el carácter irreductible de lo diverso? Gómez Pérez ensaya una peculiar y profunda génesis que explicaría la primacía de la fragmentación, comenzando por el estudio de Ockham, el preludio de lo que llama «filósofos de la fragmentación» y que pasa por Hume, Kierkegaard, Nietzsche y Wittgenstein. Frente a esta trayectoria, en otra parte del libro, un análisis plural de los «rostros de la Modernidad», como un intento fallido por restaurar una unidad artificial tras la constatación de la pluralidad mediada que había descubierto la metafísica clásica. Gómez Pérez expone con profundidad las dimensiones del pensamiento moderno y lo hace de una forma original y novedosa: un recorrido que, desde la ciencia hasta el arte y la cultura, arroja mucha luz sobre el desarrollo de un movimiento filosófico al que la diferencia de los posmodernos trata de servir de contraste. Es esta una de las partes más logradas de todo el ensayo. En cuanto a las mediaciones, el propio autor...

Karl Schlögel, Terror y utopía. Moscú en 1937

1937 marcó un salto cualitativo en el uso del terror soviético: en solo un año fueron arrestadas cerca de dos millones de personas, y de ellas casi setecientas mil fueron asesinadas; el resto, tuvo que sufrir durante años las privaciones y las míseras condiciones de los campos de concentración. Lo terrible es que, como explica Schögel, en esta escala dramática, exclusivamente unos pocos sabían cuál era el motivo de su persecución. Generalmente, se les acusaba de sedición, de intentos de atentar contra el régimen, de tentativa contrarrevolucionaria. Pero en la mayoría de los casos las inculpaciones eran inventadas o se alegaban causas inverosímiles.Schögel aporta una nueva visión sobre la tragedia del totalitarismo más sanguinario del siglo XX. El centro de su documentado relato es Moscú: su arquitectura, su diseño, en este ensayo que se propone como una topografía del terror. Pero no se trata solo de un exhaustivo testimonio sobre los asesinatos masivos, sino de una descripción exacta y realista del contexto en el que tuvieron lugar. Aparecen las calles de Moscú, sus edificios; las noticias de los procesos; los datos de las purgas, el cine, la cultura y la ciencia. Junto a ello, Schögel recopila la documentación oficial, las notas administrativas y las memorias de los testigos.Moscú cambió en esta época su fisonomía. Hay que tener en cuenta que en 1937 se celebraba el vigésimo aniversario de la Revolución. Stalin pone en marcha el plan general de modernización de la ciudad, lo que se traduce en una reconfiguración de todo el espacio urbano que transforma a Moscú en una imponente metrópoli moderna. Porque Moscú reproduce geográficamente la apoteosis del poder soviético. Es significativo, en este sentido, el cuidado en el diseño de los edificios públicos y la réplica urbana de toda la maquinaria burocrática que caracterizó al estalinismo.No es casual que el autor, reconocido historiador especializado en Rusia, haya escogido 1937 como el momento en el que coincide la celebración de la revolución con la máxima crueldad. Hay que tener en cuenta que Stalin comenzó los juicios contra la élite del partido un año antes, en 1936. Y que las grandes purgas, que afectaron a los principales órganos del partido, como del ejército, se extendieron a lo largo de los siguientes dos años. El resultado de los primeros juicios públicos fue, en realidad, la generalización de la sospecha, pues todo aquel que no estaba comprometido con el engrandecimiento del régimen podía ser acusado de subversivo.Los juicios públicos fueron orquestados también de un modo que tenía como objetivo engrandecer al régimen. En concreto, los procesados estaban acusados de conspirar personalmente contra Stalin y, además, de hacerlo en colaboración con las naciones occidentales, enemigas de la utopía comunista. Entre otros, fueron purgados figuras históricas del partido, a los que Stalin creía capaces de hacerle sombra: Zinóviev o Kámenev. Finalmente, otro de los juicios políticos fue famoso por terminar con la vida de Bujarin, destacado miembro del Politburó y uno de los principales artífices de la política soviética.Lo paradójico es que...

Amando de Miguel e Iñaki de Miguel, La percepción del tiempo

 Este ensayo es un breve estudio sobre la visión que tienen los españoles sobre el tiempo. El libro tiene dos partes: en la primera, se elabora toda una teoría acerca de la concepción del español sobre el tiempo cronológico; en la segunda, se ofrecen los resultados de una encuesta realizada a nivel nacional. La cuestión no es baladí; e incluso es más importante de lo que a primera vista pudiera parecer, teniendo en cuenta los proyectos de racionalizar los horarios españoles y la intención de adaptarlos a las costumbres europeas.En realidad, la concepción del tiempo, cómo se vive el transcurso de las horas, es un tema capital y posee consecuencias de índole social, familiar, política y cultural. Por ejemplo, pese a que se ha intentado, todavía es frecuente la ampliación de la jornada laboral, incluso más allá de lo razonable, hasta última hora de la tarde; se afirma que las cenas o comidas son también un momento de trabajo. Por otro lado, hay un horario totalmente diferente en los días laborales que en los fines de semana.Para los autores se constata un predominio de lo que llama «presentismo». Se trata de una actitud propia de los jóvenes, que en su concepción del tiempo cronológico están aferrados al momento, orillando el pasado pero también el futuro. De un modo preocupante, los autores considera que se está extendiendo también en un sector importante: el de los medios de comunicación. En efecto, el estar tan aferrado al momento, sin hacer referencia a un espectro temporal más amplio, es cada vez más frecuente en los analistas de actualidad, lo que impide una comprensión adecuada y cabal sobre la realidad. Pero es que además en los españoles de cualquier edad, según el famoso sociólogo, «pesa una tradición en el rechazo a otear el futuro».La segunda parte, en la que Amando e Iñaki de Miguel dan a conocer los resultados de una encuesta nacional, es muy interesante. Ciertamente, el estudio empírico que llevan a cabo es muy amplio, por lo que no es sitio este para consignar todas y cada una de las conclusiones y datos. Pero merece la pena destacar algunas cosas. Por ejemplo, que es general la sensación de «estar acuciados por el tiempo», muy alta en la franja de edad laboral, desde los 18 a los 64 años, con niveles en torno al 60%, y especialmente acusados en el caso de las mujeres.En la mayoría de los casos, los datos de las encuestas se analizan por género, como se ha mencionado, por edad y por clase social. Es significativo, por ejemplo, que los que más se quejan de que les falta tiempo utilizan normalmente agenda electrónica. Asimismo, el porcentaje que confiesa llevarse el trabajo a casa es más elevado en clases sociales medias y altas que en las bajas.En definitiva, se trata de un estudio muy interesante para conocer la percepción que los españoles tienen sobre el tiempo y con qué sensación lo viven. Josemaría Carabante

Poesía: Whitman o la poetización de la política

 «El santo y seña del poeta es que anuncia lo que nadie pudo predecir», explicaba Emerson en una de sus más conocidas conferencias, «The Poet», y, sin duda, el padre del trascendentalismo americano profetizaba con estas palabras la aparición de Hojas de hierba, llamada a convertirse en la biblia de la democracia y que auguraba la irrupción de América —la América profética, como diría su autor— en el escenario de la cultura.Whitman aprovechó el prestigio y la filosofía que estaba alumbrando Emerson. Y pronto se le reprochó que hiciera pública la carta que le envió el autor de Nature y que ya para siempre estará unida a Hojas de hierba. En la famosa misiva, Emerson felicitaba la primera edición de sus cantos, que consideraba «la demostración más extraordinaria de ingenio y sabiduría que haya alumbrado nunca a América» y que a su juicio poseía la capacidad de «fortalecer y de alentar».Ciertamente, Hojas de hierba dio a América lo que necesitaba: una cosmovisión poética que, alejada del estilo importado del viejo continente, cantara la fundación de un nuevo Edén, del paraíso democrático del hombre cotidiano, con sus luchas, con su fuerza y con su generosidad. Con su nobleza eléctrica. Una experimentación en verso, señalaba el propio Whitman en uno de sus muchos prólogos, que simbolizara el experimento que constituía la república americana.El poemario supuso una ruptura y una novedad e incorporaba lo contemporáneo, versificando las calles y el oeste, la naturaleza y el urbanismo, Nueva York y Manhattan. El uso del verso libre y desordenado, su cadencia oracular, el tono en ocasiones bíblico y en ocasiones de epopeya, su democratización de la épica y la poetización de la obscenidad conforman una obra que surtió a América de una poderosa narrativa cultural, importante también en su tarea de convertirse en potencia del mundo.UN LIBRO DE MUCHOS LIBROSHojas de hierba no es un poemario al uso, pues Whitman dio al menos nueve ediciones a la imprenta, cada una de ellas con algún añadido o con alguna modificación, incluso cambiando a veces el orden de aparición de los poemas. Si tuviera que decirse algo característico del texto definitivo —o el que Whitman consideró definitivo, mejor dicho—, es que es un libro de libros, que creció de forma orgánica, sumando elementos, poesías y motivos durante casi más de cuarenta años y recogiendo alusiones a los acontecimientos históricos de la época, como la Guerra de Secesión o ese mito poético en el que convirtió Whitman el asesinato de Lincoln.Tampoco Hojas de la hierba es solo un gran poema o un larguísimo canto. Incluye elementos narrativos importantes y cierta densidad temática que obligan a leerlo casi como si se tratara de un ensayo o una conferencia, como aquellas que impartía con tanto éxito Emerson y que Whitman deseó imitar. Por eso en muchos sentidos puede ser visto como el manifiesto más radical del trascendentalismo, ese romanticismo democrático que procuró a Estados Unidos su primera filosofía original. Tan diversos, en cualquier caso, son los versos como diverso...

Ignacio Peyro, Pompa y Circunstancia. Diccionario sentimental de la cultura inglesa

  El atractivo de la historia, la cultura e incluso las formas británicas es indudable en cualquier parte del mundo. Y en términos políticos las deudas que tiene la civilización occidental con lo anglosajón resultan evidentes. Por eso mismo, un libro como el de Ignacio Peyró, que trata de profundizar sobre los elementos, principios, hechos y personas que definen la cultura inglesa resulta casi imprescindible. La tarea que se ha propuesto es, claro está, inabarcable y uno tiende a pensar que, en lo sucesivo, no habrá más que incluir y añadir voces a esta enciclopedia que resume y condensa lo más idiosincrático del mundo inglés.El diccionario es monumental y permite tanto una lectura seguida como una más selectiva, por voces y temas. Además, Peyró ha buscado jugar con el lector y por ello es interesante seguir sus recomendaciones y dejarse guiar en ese viaje interno que propone con sus remisiones y referencias cruzadas. En ellas el lector puede ir de «Espías» a «Cambridge», por ejemplo. O de «Disraeli» al «Croquet».Aunque no pretende ser exhaustivo, lo cierto es que resulta bastante completo y ofrece un panorama interesante, plural y amplio de todo lo más significativo de esa cultura. Como ensayo o como obra de consulta, e incluso como narración, la lectura de este libro es especialmente recomendable en un momento en que se pierden las formas y se asiste a la entronización de la mediocridad.Por otro lado, es acierto del autor el haber sabido combinar las voces más teóricas o cultas con otras que pertenecen más a la cultura popular. Los de Bloomsbury, así, aparecen cerca de Bádminton y Knox con James Bond, por poner un ejemplo. O el Telegraph con The Economist o Dunhill. Son numerosas, además, las dedicadas a personajes e ingleses más representativos, como Shakespeare, Rudyard Kipling o Thomas de Quincey, entre los escritores, Churchill entre los políticos, o los miembros de la realeza, incluida Lady Di.El libro, en cualquier caso, muestra la pasión del autor por un país y una tradición rica y versátil, epítome de lo que se evoca bajo el término civilización. Peyró quiere recuperar ese legado, proponerlo en un momento de crisis, tanto para el Reino Unido como para Europa. De ahí que no dude en confesar que el libro nace de su admiración por la cultura inglesa y que constituye «un elogio de Inglaterra y una reivindicación de lo mejor de su herencia».El retrato que Peyró ha compuesto de lo inglés muestra las diferentes perspectivas de una cultura tan admirada como envidiada. Tal vez de la envidia nazca cierta hostilidad que no puede, en efecto, reprimir la admiración. Cualquier cultura puede ser, si se exagera alguna de sus dimensiones, ridiculizada. Pero lo cierto es que el liberalismo, como el conservadurismo, nacieron allí y es su sistema político uno de los más eminentes monumentos a la historia del espíritu humano.Peyró no ha escondido, sin embargo, lo censurable, ni oculta sus paradojas ni sus defectos. Porque el Reino Unido es el lugar de lo snob...

Lo mejor de Ambos Mundos: el legado de una gran revista cultural

 Debe ser especialmente emocionante para los amigos e integrantes de Nueva Revista la publicación de esta antología de la revista cultural Ambos Mundos. Y no solo porque supone una decidida apuesta por la cultura, sino porque Ambos Mundos, nacida bajo el mecenazgo de la Universidad Internacional de La Rioja, es una publicación hermana y se ha encargado, desde 2012, de difundir también el contenido de Nueva Revista.El editor de Ambos Mundos, Ignacio Peyró, ha estado siempre vinculado al mundo de la cultura, pero su vocación excede la de la mera gestión. Tiene el suficiente bagaje cultural y la perspicacia suficiente para adelantarse a los acontecimientos y leer, con finura, las tendencias más importantes en el ámbito de la cultura. Al mismo tiempo, y a nuestro juicio, es esta una de las labores más importantes de cualquier editor, ha sabido rodearse de una serie de colaboradores igual de inteligentes y brillantes, descubriendo a la opinión pública nuevos nombres y consolidando la trayectoria de otros ya conocidos. En cualquier caso, hay un hecho evidente que demuestra la importancia que ha adquirido la actividad desarrollada por Peyró: que una revista tan joven se haya convertido en un punto de referencia para el periodismo cultural y haya publicado una antología de sus mejores artículos tras solo dos años de existencia.Explica Peyró que «el libro refleja muy bien lo que fue la revista, tanto en las firmas que contribuyeron a ella como en los temas que tocó: españoles, europeos y americanos, de la fotografía a la literatura y de la pintura al cine, siempre con una voz propia». Los artículos de esta antología son muy variados y actuales, con la mirada puesta en el lector de hoy. En tiempos de cultura de usar y tirar, Ambos Mundos optó desde el principio por «una cultura de vocación universal y sensibilidad clásica». Esta es tal vez una de las razones de su éxito, su apuesta por la divulgación de la alta cultura y su conexión con un público joven gracias a su naturaleza digital y al amplio abanico de temas que ha tratado.Como indicábamos, en su larga nómina de autores se mezclan los noveles con los veteranos: Valentí Puig, Juan Manuel Bonet, Juan Bonilla, Jordi Amat, Eduardo Gil Bera, Enrique García-Máiquez, José Carlos Llop, Joseba Louzao, Jorge Bustos, Eduardo Gil Bera, Fernando Castillo, Adolfo Torrecilla, Daniel Capó, Eduardo Jordá, Luis Rivas, Andrés Trapiello, entre otros. De ellos, aparece algún artículo en esta selección. El lector tendrá razones para admirar no solo la inteligencia con que se tratan los temas culturales y políticos de mayor preocupación, sino el alto valor literario de los textos.Mientras Valentí Puig escribe sobre Pla y la gastronomía, García-Máiquez, poeta de prestigio, trata sobre los pregones de Semana Santa y la poesía de Víctor Botas y Carlos Pujol; Fernando Castillo, sobre los cafés que han marcado historia o Solana. Eduardo Jordá escribe un excelente artículo sobre Ósip Mandelshtam. Daniel Capó, otra de las firmas habituales, habla de la pianista que conmocionaba a Stalin;...

Robert Spaemann: “Sobre Dios y el mundo”. Una autobiografía dialogada

Robert Spaemann no se ha tomado la filosofía como una actividad profesional y, de hecho, al leer sus ensayos y artículos se puede comprobar que su papel no ha sido el de un «intelectual» al uso. Spaemann tiene la virtud de escribir con sencillez de los temas más abstrusos y se nota que sus argumentos y opiniones son fruto de una reflexión madura y sosegada. Desde este punto de vista, esta larga entrevista que ahora se publica en castellano viene a confirmar lo que quienes le hemos leído con asiduidad ya sabíamos: la filosofía de Spaemann nace de una íntima vocación que le conmina a entender la realidad y a buscar lo profundo tras la apariencia de lo que nos rodea. Uno de los aciertos de este libro es la cómoda combinación que ofrece entre la entrevista y los textos autobiográficos. En la exposición detallada de su larga trayectoria intelectual y profesional se adivina un compromiso inquebrantable por la verdad. En realidad, se puede concluir que Spaemann se ha convertido por derecho propio en un clásico y es que sus análisis son un verdadero revulsivo contra la profesionalización de los filósofos. A los filósofos académicos se les ve más preocupados por contrarrestar las opiniones de sus colegas que por descubrir, en términos clásicos, el sentido de lo real. Tal vez ello explique que Spaemann haya ido en tantas ocasiones a contracorriente, pero también el atractivo que sus escritos tienen para el gran público. Su método, como se pone de manifiesto en estas páginas, recupera los instrumentos de la filosofía clásica: tomar distancia de los acontecimientos, temple y agudeza intelectual y la confianza de que el hombre puede acceder con su razón al ámbito de lo real. Lejos está Spaemann de lo que Ricoeur llamaba «filósofos de la sospecha», aquellos que, siguiendo la tendencia del pensamiento moderno, quebraron el asombro y la confianza que el pensamiento filosófico tuvo en sus orígenes y sembraron, casi de una forma enfermiza, la duda y el descreimiento. Por otro lado, frente a los intelectuales públicos y a una cultura libresca, Spaemann no se ha cobijado nunca en la comodidad de su estudio ni ha manifestado una opinión secuestrada por el interés partidista o ideológico. De ahí que en el desarrollo de sus argumentaciones esté entremezclada la actitud tolerante con una profunda fidelidad a sus convicciones, pues estas no nacen del dogmatismo sino que son fruto del ejercicio de la razón. Metafísico o antimoderno, católico o conservador: los calificativos con que sus adversarios pensaban menospreciar sus aportaciones no le han apartado de la opinión pública ni le han robado su confianza en el hombre y en su capacidad racional. En este libro Spaemann rinde muchos tributos: a la formación recibida en casa y explica la importancia que la dimensión religiosa ha tenido en su vida. Además se descubre el espíritu de libertad que ha guiado sus compromisos: su negativa a colaborar con un régimen que, como el nazi, consideraba injusto, por ejemplo. Y valentía para enfrentarse con una...

Jerónimo Molina: Raymond Aron, realista político

Hace relativamente poco, se han reeditado en castellano las memorias de Aron, por primera vez íntegras. En ellas, el pensador francés no solo repasa su vida, sino también gran parte de la historia política del siglo XX. Lo importante es, sin embargo, leer las consecuencias que tuvieron sus ensayos: sin comprometerse con nadie, Aron fue un lúcido analista encargado de desmontar las ideologías totalitarias del siglo XX y en lo que tal vez fue su obra más famosa denunció la connivencia de ciertos intelectuales con las mismas.Jerónimo Molina, profesor de la Universidad de Murcia, y experto en la obra de Aron y en el realismo político, realiza en este breve pero intenso libro un recorrido por sus principales aportaciones, rescatando lo más relevante de su pensamiento y su conexión con esa visión política moderada y atenta a la perentoriedad, el fracaso y la corrupción del poder. Molina espiga entre los ensayos de Aron lo que puede componer una teoría política —aunque es claro en afirmar que no hay una propuesta sistemática— y descubre al sólido pensador también en sus comentarios políticos más periodísticos o divulgativos. A juicio del autor, son tres los aspectos esenciales del pensamiento aroniano: el liberalismo político, alejado de la dogmática economicista; la apertura a la realidad de la política y la autonomía y primado de lo político. Este último es un punto esencial para comprender la altura intelectual del pensador francés. Se trataría, en última instancia, de señalar la omnipresencia de la política, que sintetizaría Aron en tres puntos: el de lo político —referido a la acción humana—, el de la política propiamente dicha —que provee de contenido a la acción— y el de ciencia, teoría o filosofía política, que vendría a ser la reflexión sistemática sobre aquellas dos instancias.En este contexto, se entiende perfectamente la lucha de Aron frente a las ideologías, que constituyen elementos que contaminan y depauperan lo político. En el segundo capítulo, el profesor Molina reflexiona sobre este tema al hilo de los escritos aronianos. El fin de las ideologías supone, a su juicio, el aquietamiento de las pasiones. A él, por tanto, le es inherente cierta expansión de la mentalidad escéptica así como la convergencia de los sistemas políticos contemporáneos. El profesor Molina destaca que El opio de los intelectuales marcó un antes y un después, y casi se ha convertido en profética, al revelar el «poder cultural» que irrumpió tras su publicación. Ese poder es el que ha sabido moverse en las bambalinas de las discusiones y ha ocupado, primero de forma subrepticia, el espacio dejado por el abandono de las ideologías. Se pueden reconocer sus raíces marxistas-leninistas y sus mutaciones estratégicas. «El vacío ideológico —escribe Molina— que acompaña al escepticismo occidental propicia, al principio de una manera imprecisa, el éxito de la socialdemocracia, cuyo camino allana la difusión de la vulgata marxista, evangelio del progresismo». Y concluye: «El gran misterio del más feroz de los maquiavelismos modernos, el soviético, consiste en que la fe ha permanecido aunque los...

Daniel Rivadulla Barrientos: El equipaje de los europeos

 El verdadero historiador, más allá de títulos académicos, es quien no se limita a hacer asépticamente un elenco de los hechos más relevantes: historiador es quien pretende comprender lo que pasó e interpreta los momentos históricos con el sentido que ofrece una mirada retrospectiva. Este es el caso, a mi juicio, de Daniel Rivadulla Barrientos, pues su Equipaje de los europeos, lejos de repetir el catálogo de los acontecimientos de los últimos dos siglos, lo que hace es convertir en inteligible ese tramo histórico. Eso es básicamente lo que explica en su magnífica introducción: el objetivo que ha tenido en mente a la hora de escribir estas páginas es «reflexionar a través de una mirada» que es tanto retrospectiva como prospectiva, profundizando sobre el pasado pero también contemplando el presente y poniendo la vista al futuro. Este relato de la última historia de Europa es, para ser francos, muy oportuno, pues los resultados de las últimas elecciones —la proliferación de sentimientos extrañamente eurófobos junto con la reivindicación de múltiples realidades nacionales— exige retomar un discurso cultural —el ethos de una civilización, por emplear las propias palabras de Rivadulla, que, entre otras cosas, muestre la coherencia histórica del proyecto europeo—. El autor comienza su narración en el siglo XIX y la decisión no es arbitraria, pues ese contexto temporal verá el nacimiento de una nueva cosmovisión, cuya esencia se disecciona en este libro.Otra de las ventajas del libro es que no se limita al campo histórico: trasciende las fronteras disciplinares y realiza, si se permite el término, un ejercicio de historia cultural. De ahí que, como avanza en las primeras páginas del libro, el autor ponga el acento en la transformación que supone la Modernidad: la irrupción de nuevas ideas transforma la realidad política y explica la degeneración totalitaria de muchos proyectos; al mismo tiempo, se consolida la secularización, que tiene un sentido político tanto como antropológico, pues el embate del positivismo mella la difusión social del cristianismo y el individuo encuentra en las ideologías políticas un sustitutivo peligroso.Los europeos y su equipaje se estructura en tres partes. La primera de ellas, que repasa todo el siglo XIX, explica la génesis de las nuevas ideas: la secularización de la modernidad rompió con la trascendencia, pero supuso la mutilación espiritual del ser humano y su paradójica divinización. Por eso, el universo terminó proponiéndose como material bruto de las utopías. Se explica también que la conformación de los estados-nación de un lado exigió una legitimación científica —se desarrolla la teoría de la raza, por ejemplo—, pero de otro conllevó el expansionismo imperialista y el militarismo. La época paradisiaca termina con la confianza del ser humano, que asiste al inicio trágico de la guerra mundial que ahora conmemoramos.La segunda parte del libro comienza su recorrido por la Revolución de Octubre y explica el inicio y la irrupción de la urssde Lenin en el escenario internacional. Al mismo tiempo, en mirada retrospectiva, profundiza en el siglo xixcomo el siglo de auge de la ciudadanía burguesa...

Miguel Ángel Garrido Gallardo (dir.): La Biblioteca de Occidente en contexto hispánico

Hace ya un año se celebró el Congreso Internacional «La Biblioteca de Occidente en contexto hispánico», organizado por Unir y Cilengua en las sedes de Madrid y Logroño. El acto fue todo un éxito y Nueva Revista tuvo una participación especial en él. La intención era discutir y reflexionar, gracias a las aportaciones de un nutrido y selecto grupo de expertos, sobre la posibilidad de elaborar una lista que recogiera los títulos de las cien obras más importantes de la tradición occidental. El proyecto cuenta desde entonces con un largo calendario, pero la celebración del congreso fue, si se puede decir así, su primera gran presentación pública. El libro que reseñamos recoge las ponencias y las comunicaciones presentadas durante los seis días que duró el congreso. Es una buena noticia su publicación: no solo por el enorme interés que tiene, de por sí, leer despacio las aportaciones de quienes participaron en él, sino porque puede ser interpretado como un sincero homenaje que la propia Biblioteca de Occidente rinde al libro. En los textos publicados se combina, por eso mismo, la altura científica e intelectual con un estilo cuidado. Podría decirse que, en el contexto de amenaza frente a lo escrito, leer este obsequio humanístico debería convertirse en una obligación para toda persona interesada en el futuro de la cultura. En un ambiente que se ha llamado posliterario, recuperar la primacía del texto es una forma de reverencia.Hay que decir que algunas de las aportaciones que aquí se recogen fueron publicadas ya en Nueva Revista. El libro se abre con la entrevista Miguel Ángel Garrido que, además de editor de estas páginas, fue el principal organizador del encuentro internacional. En ella, el profesor Garrido explica los objetivos de esa empresa cultural en la que se ha embarcado personalmente y no duda en reconocer el carácter discutible de la lista de los cien libros. Además, Garrido se muestra optimista acerca de la posibilidad de editar en el futuro próximo una colección con ese título. Su pretensión es que la biblioteca se convierta en realidad y ocupe un hueco en todos los hogares. Lo preocupante, como manifiesta Garrido en la entrevista, no es el futuro del libro como objeto material, amenazado por el avance imparable de lo tecnológico. El asunto a discutir es si, junto con el objeto, desaparecerá también la literatura como forma humana de comunicación.El libro, en concreto, se divide en cinco partes. La primera recoge tres de las ponencias centrales del congreso (las de Michel Zink, Sánchez-Ron y Mainer), además de la mencionada entrevista. En la segunda parte, García-Barrientos, Namora, Miguel-Pueyo y Ruiz de la Cierva reflexionan sobre los fundamentos teóricos de una posible biblioteca que recogiera las aportaciones más sustanciales de la cultura occidental. En la tercera sección, se profundiza en la problemática noción de canon, aludiendo, por ejemplo, a los programas de Great Books que se cursan en la enseñanza americana; asimismo, se presta atención a la cuestión de las traducciones y las versiones de las obras...

El rastro de Basho en Octavio Paz

 Como el peregrinaje de Basho, uno de sus poetas más admirados, también Octavio Paz emprendió un camino poético que le conduciría a las profundidades de la palabra, hasta los confines más íntimos del universo, tras sortear tradiciones literarias, modas estéticas y ciertas experimentaciones en las que ensayaba la versatilidad simbólica del lenguaje y su precisión, que fueron en cierta forma sus obsesiones. Toda su obra está jalonada por incursiones novedosas y formas extrañas que se suceden recurrentemente —poemas colectivos, topoemas, imágenes—, pero que en su caso no se erigen en imposturas esteticistas ni en reclamos exóticos. Como se encargó de confesar, se disponen como «estaciones de un itinerario único», cuyo destino fue el rescate de una experiencia originaria inefable.La senda de Oku, el rastro poético que Basho fue desperdigando por la geografía montañosa de su Japón natal, es, pues, el atajo que se dirige al futuro, pero sin lugar a dudas también el derrotero de vuelta, el itinerario que abre lo retrospectivo, haciendo posible el retorno a los orígenes y la rememoración lírica del comienzo. Estos son algunos de los rasgos que Paz conquistó en la cultura oriental. Su asimilación de diversas constelaciones culturales —evidentes en la multiplicidad formal y en la extrañeza temática de sus poemas— desafió la literatura discursiva y, por qué no decirlo, anquilosada de la modernidad, y le convirtió en profeta de cierta sensibilidad posmoderna.La poesía debería ser reacia a las clasificaciones y, con mayor motivo, la de Octavio Paz. No creemos, sin embargo, que el reflexivo mexicano impugnase «encrucijada» como imagen para explicar su cosmovisión poética. Porque exactamente sus versos se convirtieron en encuentro y se conforma como cruce de caminos y tradiciones. Intersección, primero, temporal, con su reivindicación del instante, con su atención al momento que desvanece las fronteras temporales y presiente el destello de lo eterno poetizado. Confluencia de culturas, en segundo lugar, en donde la alta cultura europea se sintetiza e incluso confunde con el ritmo nutricio de lo popular y agreste, concitando el espíritu metafísico, lo inconsciente y el entretenimiento paganizante: México, India y lo precolombino, con la seriedad de la influencia francesa. Concurrencia, en fin, de un yo hastiado con el vacío cósmico.HAIKUS Y TRADUCCIONESPaz concibió el haiku como una estructura poética sublime y pura. Podría extrañar, no obstante, que solo aparezcan ocasionalmente en su producción literaria. Pero una lectura completa de sus poemas descubre que el haiku, de algún modo u otro, ha estado siempre presente a lo largo de su trayectoria. Y no sería exagerado afirmar que ha sido uno de los lugares más revisitados de ese camino que comienza con La luna silvestre, su primer poemario, en 1933, y termina inexorablemente con la desaparición física del escritor mexicano. La permanencia del haiku —de sus temas, de su estructura—, ¿no haría posible afirmar que este es, tanto en aquellos modelos métricos que se adaptan rígidamente a su forma clásica como aquellos que son, por decirlo de algún modo, inconscientes, lo que ofrece una continuidad formal y sustantiva...

Agustín López Kindler, Antonio Fontán. Un héroe de la libertad

]Algunos conocíamos ya el trabajo del que parte esta biografía sobre Antonio Fontán. Agustín López Kindler, discípulo del fundador de Nueva Revista, publicó en 2011 una «estrena», como las que cada navidad Fontán enviaba a sus amigos y conocidos. Se trataba de una selección de la correspondencia que maestro y discípulo mantuvieron desde 1959 hasta el fallecimiento del primero, a comienzos de 2010. Todo lo anterior certifica que esta biografía personal de Antonio Fontán está escrita por alguien que le conoció mucho y a quien el propio Fontán tomó como confidente de muchas de sus preocupaciones y empresas.Estaría de sobra en el contexto de Nueva Revista recordar una vida que, como la de Fontán, estará para siempre vinculada a ella. En este sentido, su publicación sigue recordándole siempre que tiene ocasión. Pero también es cierto que, como director y fundador de Nueva Revista, la faceta pública de Fontán era bien conocida; menos conocidos son algunos de los aspectos en los que se centra López Kindler: su infancia, por ejemplo, los estudios universitarios y su pronto despertar al saber, su vocación al Opus Dei o muchas de las empresas que emprendió al comienzo de su carrera.Si hay algo que sobresale en toda la biografía de López Kindler son los compromisos de Fontán: su amor a la libertad y su carácter tolerante y abierto en unos momentos políticos difíciles —de ahí la pertinencia del título de héroe—; el valor que otorgaba a la amistad, más allá de las ideologías; su defensa del civismo y la estima con que veía la participación pública; su defensa, asimismo, de la nación española y su visión sobrenatural. Si no fuera ya un lugar común, Fontán podía ser descrito como un verdadero humanista.A quienes no le conocimos de cerca, pero que sentíamos por él la cercanía que nos transmitían sus escritos, les sorprende el ritmo frenético de sus empresas, las diversas dimensiones de su personalidad y que en ellas sobresaliera siempre con excelencia. Amante de los clásicos, su producción científica no se interrumpió en sus incursiones en el campo del periodismo ni en sus avatares políticos como representante de ese liberalismo clásico, sosegado y moderado que tanta influencia tuvo —y que fue tan importante— en la transición española. Y en esta faceta científica se detiene Kindler en bastantes ocasiones.Su vocación periodística estuvo relacionada con su pasión por la cultura y por la política, como si el periodismo sintetizara ambas facetas. Creador e impulsor de diversas iniciativas, que todavía perviven, como Nuestro Tiempo o esta misma publicación, más relevante políticamente fue su aventura en el diario Madrid. En cualquier caso, fue también un hombre de enorme generosidad: no tuvo reparos en abandonar sus proyectos más personales para poner en marcha el Instituto de Periodismo en Navarra cuando se lo solicitaron.López Kindler ha utilizado con acierto su propia correspondencia, pero también una enorme documentación a la que ha tenido acceso. De esa forma, en esta biografía Fontán aparece dibujado con exactitud: se revela como hombre humilde y atento...

Pensamientos (Pascal)

Sería difícil encasillar los Pensamientos en un género concreto. Se ha incluido a Pascal entre los moralistas franceses, así que debemos concluir que pueden ser leídos como un tratado moral. Pero esta clásica recopilación de reflexiones es mucho más que eso: filosofía teórica, filosofía de la religión, teología... No conviene olvidar que los Pensamientos pertenecen a un proyecto inconcluso y muy querido de Pascal, que pretendía defender la fe cristiana... pero defendiéndola también de la sistematicidad; de ahí que las intuiciones acaben desperdigadas, pero también por ello que resuenen con más fuerza, una fuerza que nos enciende la afectividad. Muchos han querido ver en las máximas de este libro la forma de ser de un hombre genial —matemático, empresario, inventor—, una radiografía de sus resortes intelectuales y sentimentales, en los que se revela su yo más íntimo.Lo bueno de estos Pensamientos es que se pueden leer al antojo: o seguidos —pero pausadamente— o a saltos. Su lectura, en un sentido mucho más profundo que en otras ocasiones, no termina nunca. El caudal de los Pensamientos no es posible resumirlo; dicen mucho en su más profunda sencillez. Una de las razones de su inconmensurabilidad es la capacidad de Pascal por hablar al corazón del hombre, reivindicando en un contexto no siempre cómodo —pugnas religiosas, jansenismo y jesuitismo, filias y fobias filosóficas— las razones del corazón. Y adelantándose algún tiempo al cúmulo de lo emocional, hoy tan mentado como incomprendido, es consciente de que el corazón, como la razón, puede educarse y sabe que si no se orientan sus ímpetus acaba en la atrofia más absoluta: «Del mismo modo que se estropea la inteligencia, se estropea el corazón», señala.Apelar al corazón no es más que una forma de recuperar esa otra parte del hombre relegada en la edad dorada de la Razón. «Es preciso convencer al hombre entero, cuerpo y alma», explica, sin olvidar que también en la esfera religiosa se ha despreciado la relevancia de lo afectivo. ¿No es demasiado actual, demasiado contemporáneo, Pascal al proponer la defensa de una fe amable? En efecto, nos advierte también del peligro de racionalizar tanto la creencia hasta el punto de hacer de la fe una virtud teologal superflua. Es Pascal, pues, el pensador de la fe, el filósofo que se resiste a las pruebas metafísicas que trataban de demostrar la existencia de Dios, consciente del sentido profundo de la creencia y de necesidad humana de creer. Dios también habla al corazón del hombre. Dios del amor y del consuelo como alternativa al Dios de los filósofos. Frente a las cinco vías y al apriorismo anselmiano, la famosa apuesta de Pascal subraya el sentido vivencial y existencial de la fe, el riesgo de la existencia mucho antes de que lo hiciera Kierkegaard y el existencialismo cristiano.De todas las sentencias, de todas las reflexiones —tan brillantes en su forma y en su fondo—, la que me parece que condensa todo su pensamiento es la que caracteriza al hombre como un junco que piensa. Es...

Don Juan (Lord Byron)

Se han estudiado abundantemente las diversas versiones realizadas sobre el tema de don Juan y el donjuanismo. El poema de Byron es típicamente romántico y añade algunos matices al significado más conocido y divulgado en España. Resulta en cualquier caso un personaje más moderno y menos barroco; más un paladín de la libertad que un pecador casi irredento. Ese tono del hombre libérrimo es lo que atrajo a Byron que, como indicaba Luis Antonio de Villena al hablar de esta obra, estuvo también personalmente atrapado entre la libertad y el malditismo: don Juan sería, en esta interpretación, una máscara del propio poeta inglés. No faltan referencias autobiográficas en la obra que han sido y seguirán siendo objeto de estudio para los especialistas, como si conociendo exhaustivamente a don Juan pudiera saberse más de Byron. Así también el poema estuvo, por suerte o por desgracia, sometido a los avatares de su propia existencia: publicó los cantos iniciales en 1819, pero lo retomó pasado el tiempo, en 1824, sin concluirlo desgraciadamente a causa de su propia muerte.A diferencia de otras obras, en el Don Juan de Byron el personaje se presenta a sí mismo y lo hace como un conquistador de la libertad, más que de las mujeres, como alguien que, en lugar de acoger el castigo o de mostrar su arrepentimiento, rompe con las convenciones, sea cual sea el lugar donde se encuentre. Es también mujeriego, qué duda cabe. Algo muy romántico, es cierto. Además el encantador de damas, que juega a seducir o engatusar en otros casos, aparece bajo un disfraz de inocencia. No es tanto ya el seductor como el seducido. Satírico y mordaz, en ocasiones falto de delicadeza, desfilan junto con don Juan y doña Julia, Haydée, piratas y esclavos, la amada Grecia de Byron, Rusia, además de un retrato de la aristocracia inglesa en los cantos finales. Byron fue en el poema demasiado atrevido con sus invectivas y mostró una genial hostilidad hacia determinadas convenciones sociales que, en verso y sazonadas con gracia e ironía, pudieron resultar más tolerables o llevaderas. Sería injusto negar la poderosa influencia que ejerció su poético Don Juan en la literatura inglesa posterior. Está considerada su mejor obra. Una lectura obligada, sin lugar a dudas.

La casa de los siete tejados (Nathaniel Hawthorne)

La historia de la literatura ha sido injusta con Nathaniel Hawthorne: el escritor americano está en el origen de toda la gran literatura de aquel continente, pero es sin duda menos conocido que otros a los que les ha faltado su elegancia, aunque han tenido más éxito para conectar con el lector de hoy. Ahora bien, quien ha tenido la suerte de leer La casa de los siete tejados sabe lo que significa quedar hechizado por un ambiente, por una atmósfera, por lo ténebre. Confieso, sin embargo, que llegué a Hawthorne tarde y de una manera indirecta: le descubrí a través de Emerson y de Thoreau. El aprecio intelectual y sentimental que estos dos sentían por su vecino de Concord fue ya garantía suficiente. A lo que se sumó el aprecio de Melville. Los grandes siguen a los grandes.La casa de los siete tejados gira en torno a la culpa heredada: el coronel Pyncheon, soberbio y envanecido, construye una casa en un terreno en el que se levanta la cabaña de una persona humilde, Mathew Maule. A partir de ahí la maldición parece pesar sobre el linaje de los Pyncheon. La historia ha dado lugar a una cantidad indigerible de estudios de todo tipo: desde los más profundos a otras interpretaciones más arriesgadas de los teóricos de la literatura. Lo que sí parece es que Hawthorne incorporó aspectos personales y biográficos en la obra, que transcurre en Salem, su ciudad natal.Se ha incluido con razón La casa de los siete tejados dentro de la literatura gótica: desfilan fantasmas, tentacionesde brujería, misterios, magia, terror y espíritus. Esademás de un simbolismo avasallador. Más allá de esteambiente en ocasiones sórdido —que contrasta con la purezadel estilo de Hawthorne— lo más gótico es la trama:su enseñanza moral. Como indica el propio escritor americano,su intención fue dibujar cómo el delito pasa de generaciónen generación, condenando a los herederos inocentesde un linaje al más tremendo de los fatalismos.Sin embargo, el romanticismo de La casa de los siete tejados no nubla otro sentido, tal vez más interesante, deltexto: la extraña relación entre la familia de aristócratas ydel vulgo. Los Pyncheon y los Maule se encuentran encadenadossin quererlo, implicados en una espiral de odio y atracción que continúa infinitamente. En el romance,como lo calificaba el propio Hawthorne, no es un asuntomenos principal la caracterización moral de ambas familias:la codicia y el egoísmo de unos frente a la sencillez ylibertad de la que gozan los otros. La casa de los siete tejados es una lectura sin duda obligada para quien quiera entenderlos orígenes de la concepción cultural y social delos Estados Unidos.

Vagabundos (Knut Hamsun)

Hamsun fue, sobre todo, un escritor de raza, un tipo para el que escribir era una necesidad física, un impulso, tan perentorio e inaplazable como el comer, un instinto, como aquellos a los que se ven sometidos y frente a los que permanecen inermes sus propios personajes. Es uno de los grandes escritores nórdicos e incluso le concedieron el Nobel en 1920. Tanto su obra como su persona se han visto enturbiadas en agrias polémicas por su apoyo al régimen nazi; de ahí que no esté bien visto, casi tampoco hoy día, hablar de él. ¿Fue realmente un nazi consciente del propio nazismo, de lo que suponía? Su apoyo a la ocupación alemana de Noruega estaba vinculado al hastío que le producía la industrialización; pero en realidad fue culpable de soñar con una vuelta a los orígenes culturales daneses, cuando en realidad lo que proponía el nazismo era una vuelta inexorable a la barbarie.La obra de Hamsun obliga a replantear el interrogante y a indagar sobre la posibilidad de separar vida y obra, ideología y valor estético. Tan simplista sería descargarle de culpabilidad o justificarle como no reconocer el valor de su obra literaria o, como suele suceder, despreciarla por motivos políticos. Vagabundos, como toda su obra, transmite un conflicto existencial y es en todos los sentidos la historia de una búsqueda, el retrato verídico de las miserias y de las perplejidades de la condición humana. Hamsun es decididamente vital. La vida arrolladora tiene también su trasunto interno: por eso se ha dicho que el escritor noruego es, más allá de todas sus polémicas, un maestro en la descripción de la conciencia y en la expresión de los soliloquios interiores del hombre. Simplemente, trató de transmitirnos los suyos.Vagabundos es algo más que una historia. Constituye una alegoría de todo lo que el vitalismo desecha de las sociedades capitalistas: un poema sobre el desarraigo de los individuos y sobre la necesidad de buscar un sentido por el que vivir. ¿Existe la posibilidad de apartarse de un sistema que, incluso satisfaciendo las necesidades más primarias, no remeda las de otro tipo, pero igual de primordiales? Vagabundos es la primera parte de una trilogía que continúa con Agosto y el Juego de la vida, en la que la reivindicación de la originalidad humana se revela como fuente también de crítica social. El gusto por el individualismo anárquico, al que Hamsun se encuentra apegado, abre paso a una confrontación entre comunidades autónomas y autosuficientes, pero posibilitadoras de una existencia auténtica, y los núcleos industriales modernos, con su carga de trabajo deshumanizadora, su egoísmo y sus intereses productivos. La novela fue llevada al cine a finales de los años ochenta.

El castillo (Franz Kafka)

Solo un genio puede tener la capacidad para convertir una inicial en todo un mundo. Es lo que ocurre con K. Se ha visto en K un reflejo del propio Kafka, pero también la fisonomía del hombre contemporáneo, atrapado en las fauces de un sistema burocrático que es tan funcional como surrealista e inhumano. Y el acierto de Kafka ha sido acercar precisamente lo irracional e instalarlo como un elemento más a tener en cuenta en nuestras vidas. Por eso, sus relatos son tan estremecedores: en ellos todo parece cotidiano y trivial, descubrimos nuestro día a día en esta descripción y en aquella atmósfera, hay muebles como los nuestros y hombres que se nos parecen y de repente aparece e irrumpe, por decirlo de una forma expresiva, lo kafkiano.K es un agrimensor que acude a un castillo que ha reclamado sus servicios, pero resulta que es tan impenetrable la fortaleza como desconocido su cometido. La historia se complica con personajes y aparece la confusión: en realidad, como informan al protagonista, su llamada obedece a un error y no le reclamaban. A partir de ahí K vivirá en lo inconcebible.El castillo representa la burocracia moderna y K al individuo que nada conoce de ella y que no puede defenderse. La crítica de Kafka se dirige contra el carácter impersonal y pétreo del funcionariado pero también se enfrenta a la dinámica de un complejo burocrático que, como en sus relatos, ha perdido su finalidad. Eso es lo desesperante de todas las historias de Kafka: cómo la puesta en marcha de ciertos mecanismos acaban en reduplicaciones sin sentido.Las obras de Kafka resultan tan desasosegantes como veraces; de ahí su éxito y su capacidad por seguir diciéndonos, al cabo del tiempo, tantas cosas. Muchos expertos en su obra han ofrecido diversas interpretaciones para todas y cada una de sus obras. A decir verdad, no sabremos nunca lo que en realidad quiso decir Kafka con este relato, susceptible de tantas lecturas y de tantos sentidos. Se ha dicho asimismo que en él comparecen la soledad del hombre de hoy, la búsqueda de la salvación individual, la necesidad de encontrar un sentido al dolor... Y se han llegado a proponer diversas significaciones sexuales.En este sentido, y para entender mejor a Kafka, no está de más recordar lo que R. Safranski ha dicho sobre el misterioso autor checo. A juicio del pensador alemán, Kafka quiso en sus obras escenificar literariamente una lucha interna: exponer, en definitiva, la lucha entre su verdad y la verdad común y aceptada. Por eso fue, sin lugar a dudas, un genio. Con una vida de burgués aparente, dedicado celosamente a su trabajo, guardaba una interioridad confusa que chocaba con su día a día. No se sentía bien con su vida normal. La lucha que emprendió con sus fantasmas, la violencia a la que le condujo su callada inadaptación es tal vez la de todos, pero él tuvo la valentía de expresarla de un modo único y genial.

Finnegan’s Wake (James Joyce)

 Vaya por delante una advertencia: no es posible leer sin frustración Finnegan’s Wake en castellano. Si no me equivoco, solo existe una traducción completa de la obra que es casi inencontrable, aunque puede leerse una selección en los clásicos universales de Cátedra. A mi juicio, todo intento de traducción, aunque en sí mismo merece el elogio, está condenado a la traición del original. No es posible tener en cuenta todo lo que Joyce quiso transmitir en cada línea y en cada palabra sin desertar el sentido y la forma original, tan relevante en esta obra. Es decir, una nueva versión de Finnegan’s Wake, en cualquier lengua, exige tener en mente otro Finnegan’s y, por tanto, ser otro Joyce. ¿Quién se atreve a ello? Porque a decir verdad tampoco es fácil leerla en inglés, teniendo en cuenta que es un texto experimental, abstruso, desordenado y difícil. Es posible que en las ediciones al uso ocupen más espacio las notas a pie de página que el cuerpo principal. Cosas que tiene la innovación.Porque por lo que se refiere a la experimentalidad, muy pocas obras pueden asimilarse a esta de James Joyce, en la que no solo hay asociaciones personales o intrincados párrafos, sino que las propias palabras están mezcladas en sus lexemas. Joyce llevó hasta el extremo en este caso las posibilidades del lenguaje y tal vez por ello ya merezca un lugar de honor en el panorama de la literatura universal. Fíjense si no en la novedad que representa la continuidad entre el principio y el final, por ejemplo.Incluir Finnegan’s en el canon de una biblioteca clásica no significa que sea una lectura para todos ni que cualquiera sea capaz de digerirla. Pero ya es hora de hacer comprender que también la cultura es lo difícil, por más que se intente simplificar su digestión con manuales sobre lo que conviene saber. La experiencia de leer y de acercarse, al menos en las traducciones disponibles, a algunas líneas de Finnegan’s es algo que no conviene perderse: arduo y difícil, pero bello e irremplazable.Se trata, pues, de un texto denso, de una oscuridad creciente. Como una mezcolanza de sueños, historias, tradiciones, todas presentadas en una aglomeración rítmica. Joyce señaló que Finnegan’s le supuso tanto trabajo (más de quince años) y lo hizo tan complejo que ocuparía durante siglos a los expertos. Sin duda lo consiguió. «Un camino solitario al final, amado, junto al...» termina y comienza siempre de nuevo.

Elogio de la locura (Erasmo de Rotterdam)

Erasmo y humanismo son sinónimos tan claros como clara fue la vuelta a las fuentes clásicas que supuso su irrupción en el panorama cultural de la época. No es de extrañar que el protestantismo quisiera arrimarse a ese árbol fecundo e ingenioso que era el autor de Elogio de la locura, pero el propio Erasmo supo desligarse en su límpida contestación a Lutero, tan célebre. El rigorismo del alemán, las tinieblas de un hombre condenado al pecado, contrastan con la jubilosa censura del pensador de Rotterdam. Para muchos, sin embargo, las obras de Erasmo se reducen a esta que aquí comentamos, dedicada, por cierto, a su amigo Tomás Moro. No apreciar el resto de su obra es una injusticia pero también una pérdida para el hombre de hoy.En Elogio de la locura la sátira adquiere naturaleza de crítica social, un aspecto más importante del que parece a simple vista. En efecto, es también el Elogio una forma de rendir sincero homenaje a los clásicos, tan diestros en hermanar el arte de la ironía con el de la crítica. El libro, publicado cuando Erasmo ya era un pensador conocido y respetado, logra su propósito: su publicación escandalizó tanto por su tono —a veces incurre hábilmente en la grosería— como por su contenido, ya que incluye, escondido en una brillante frivolidad, una condena de los vicios de aquellos situados en los lugares más altos de la cima social.Porque para Erasmo tanto los burgueses como los prelados están atrapados en la necedad. Y de ella ni siquiera puede escapar el vulgo. Pero ser presa de la necedad es la garantía de esa felicidad mundana, estéril y superficial, que Erasmo condena irónicamente. Se puede vivir en la realidad o en las apariencias, y qué duda cabe que es más cómodo, más placentero y en ocasiones más lucrativo lo segundo que lo primero. La pregunta es si resulta más humano y honesto.¿Cuál fue la intención de Erasmo con esta obra? Ningún intérprete podría asegurarlo con rotundidad. Pero no estaría de más pensar que a veces la ironía puede hacer olvidar también un sentido directo. Tal vez la alusión a la locura y a la estulticia esconda una enmienda a la escolástica, de la que el pensador no gustaba especialmente. Si esto fuera así, el Elogio anunciaría la llegada de una edad que, pese a apelar a la razón, conduciría a muchas aporías, como bien sabe la posmodernidad. Esto supone en ocasiones ver con los anteojos que ofrece la perspectiva histórica. En cualquier caso: ¿no sería legítimo ver en este elogio una alabanza de la función social y política de la ironía? Erasmo, al cabo de los siglos, sigue dando que pensar.

El americano (Henry James)

Tendría que estudiarse hasta qué punto el trasfondo de las novelas de Henry James traduce un conflicto personal y dibujan el encuentro —muchas veces cruento— entre la cultura americana y la europea. Cristopher Newman, el protagonista de El americano, una de las mejores y más célebres novelas del indispensable escritor americano, es el prototipo del ciudadano del Nuevo Continente: un hombre hecho a sí mismo, nacido de la nada, capaz de vencer la miseria de un entorno hostil y que a golpe de esfuerzo ha sido capaz de ascender por la escala social. Pero al americano, a este digno y fiel hijo de Franklin, le falta el aura o, por decirlo con otra expresión, el brillo y el prestigio que dan los siglos. En resumen, le falta ese aire de nobleza que otorga el viejo continente.La fascinación que a Newman le provoca la cultura  —vale igual decir Europa— es la misma que la fascinación que sienten los nobles por el dinero en la hora de su fatídico crespúsculo. Estados Unidos crece en éxito en la medida en que Europa y su aristocracia mueren por inanición. Podría decirse que lo que le falta a uno al otro le sobra: historia y linaje, en un caso, y en el otro, dinero, pragmatismo, capacidad de mudar e innovar. Eso explica que la obra, construida con la ordenada estructura clásica y siempre perfecta a la que nos tiene acostumbrados James, siga atrapando aún hoy día a cualquier lector: aún no hemos superado muchos de nuestros complejos. Como ocurre en los textos clásicos —incluso podríamos decir que por ello son clásicos—, la trama literaria en ocasiones transmite algo más que una simple historia.Cristopher Newman, el americano, se ha retirado de los negocios henchido de dólares y cansado de ese activismo productivo. Quiere descubrir la belleza de Europa y se plantea un viaje que tiene algo de sabático y de iniciático: una iniciación a la cultura que es al mismo tiempo un cambio de vida y un descanso. La encrucijada entre el nuevo y el viejo mundo se concreta en un matrimonio. La novela descansa sobre la imposibilidad de comprar algunas cosas: a Cristopher se le resiste su matrimonio. Madame Cintré quiere casarse, pero muchas veces es inútil luchar contra el linaje. La familia se opone y lo hace tajantemente: «No nos podemos resignar a una persona mercantil».El encuentro entre el viejo y el nuevo mundo —dolorosamente sentido en la prístina relación entre Cristopher y Madame Cintré— es también el conflicto entre los nuevos valores y los viejos, aquellos que siguen apelando a una dinámica histórica y que aparecerán reflejados con sus adornos góticos y sus composturas anticuadas. Y refleja asimismo la virulencia entre las irrupciones de un individuo autónomo y absolutamente libre y la coacción que ejercía la historia y la tradición. El americano es, pues, el relato de una comunicación distorsionada, de la incapacidad de expresar lo antiguo en lo nuevo y lo nuevo a través de lo antiguo. No hay en James...

Kierkegaard, una referencia filosófica obligada

Kierkegaard nunca pudo, desgraciadamente, liberarse de ese pesimismo luterano que le transmitió su padre y que ensombreció su existencia. Y cierto es que también en algunas de sus obras hay palpitaciones desesperadas, raptos de tinieblas y desilusiones. Tampoco pudo superar su amor por Regina Olsen, a la que siguió rindiendo fidelidad absoluta a pesar de haber decidido romper con ella. Sea por motivos personales o no, Kierkegaard hizo de la desesperación una categoría existencial importante, consciente de que saberse desesperado es la primera condición para dar el salto y traspasar el umbral de lo mundano.Se debería proscribir, en este segundo centenario de su nacimiento, la apropiación académica de la filosofía kierkegaardiana. Porque más que intérpretes, se puede aludir a multitud de lectores de Kierkegaard, desde Unamuno a Steiner, desde Adorno a Dreyer, como pone de manifiesto un libro colectivo de próxima aparición en la colección electrónica de Neoxofía, El libro de Kierkegaard.Se ha dicho de él que fue el primer existencialista, pero con seguridad el pensador danés habría eludido dicha etiqueta —en honor a la verdad, habría que decir que habría evitado tanto esa como cualquier otra—. Porque Kierkegaard nunca habría podido fundar una corriente filosófica, en la medida en que esa denominación hace referencia a una forma de pensar coetánea, implicada en un determinado contexto, y por ello mismo remisa a permanecer como verdad.El existencialismo posterior nació como moda y por fuerza con fecha de caducidad, aunque algunos de sus temas e intuiciones se mantengan vigentes. Como hemos indicado, el pensador danés tendría reparos para autodenominarse existencialista en el sentido que otorga al término Sartre en la famosa conferencia que Heidegger replicó. Y no solo, como aparentemente se pudiera pensar, por las implicaciones ateas de su postura filosófica, sino más bien por una de las afirmaciones con que abre su explicación: «El existencialismo es una doctrina...» y justamente contra este tipo de especulación se dirigió Kierkegaard. Una doctrina es algo que se encuentra fijado, un catálogo pétreo de enunciados que, con mayor o menor rigor, se encuentran dispuestos ordenada y sistemáticamente. ¿Qué queda de la existencia, cabalmente del hombre, tras este ejercicio de abstracción?UNA FILOSOFÍA COMPROMETIDA CON LA EXISTENCIALa filosofía de Kierkegaard no expresa una nueva verdad, ni desconfía propiamente del hombre. Por el contrario, dio forma contemporánea al problema de la relevancia existencial del pensamiento, sin que ello implique incurrir, como ha ocurrido en ocasiones, en un reduccionismo ético. No es de extrañar su predilección por Sócrates ni su pasión por Jesús; ambos son pensadores en los que el espíritu se hace vida, que viven como piensan, sin retroceder ni comerciar con su verdad, sin rebajar su compromiso, sin sucumbir a la tentación de pensar cómo se vive. Pero ¿seguía siendo posible esto en las circunstancias del mundo moderno?Hay aspectos sobre la filosofía de Kierkegaard que aún hoy no permanecen claros. Y no lo están porque, como se sabe, el pensador danés empleó la comunicación indirecta y utilizó una importante cantidad de pseudónimos para la publicación de...

El filósofo impertinente

]Escribir sobre Kierkegaard no es una tarea fácil: uno debería sentir la tentación de dejar que Kierkegaard —un ingenio retórico y estilístico— hablara directamente en sus innumerables juegos o podría también ser víctima de sus ironías, incapaz, por tanto, de captar lo que realmente el pensador danés quiso transmitir. De ahí que solo pueda llevar a cabo una introducción a su pensamiento quien haya frecuentado con asiduidad amistosa al autor de Temor y temblor. Esta familiaridad se nota en este ensayo de Carlos Goñi, experto en Kierkegaard, que ha sabido transmitir sin traiciones las claves de la filosofía kierkegaardiana.Goñi explica a Kierkegaard cronológicamente, tomando siempre como punto de partida todas y cada una de sus obras. Se agradece este punto de vista porque aclara la génesis de los diversos conceptos y el alumbramiento temporal de sus ideas, y también porque hace posible una lectura —o consulta— más concreta de sus diversos ensayos. Por otro lado, la gran aportación de Goñi ha sido destacar, nuevamente, la vigencia de una forma de pensar que, a pesar de los años transcurridos, sigue teniendo la misma fuerza: como afirma el propio autor, Kierkegaard sigue hoy día dirigiéndonos sus impertinencias, incomodando nuestras seguridades más íntimas.Lo más molesto para el lector de hoy puede ser la exigencia kierkegaardiana de compromiso. El panorama filosófico contemporáneo no resulta muy existencial: las modas filosóficas, si es que tienen algún sentido vital, pueden acomodar comportamientos o instalar determinadas imposturas, pero son resistentes, demasiado resistentes, a remover existencialmente al individuo. Hay, pues, cierta divergencia entre la verdad y su vivencia; de hecho, es como si el hombre democrático fuera consciente de la necesidad de renunciar a sus principios, a sus convicciones más íntimas, en su aparición pública.A esta esquizofrenia quiso enfrentarse Kierkegaard, lo que le exigió mucho, también desde el punto de vista personal. Y no solo hay que aludir a la ruptura de su compromiso con Regina Olsen, sino también a las insidias y la ridiculización de las que fue objeto. Él pudo soportar todo ello con la jocosa serenidad de su pluma y con el juego de sus disfraces, consciente de que tenía una misión más alta a la que servir con honestidad y sin componendas.Junto con la actualidad de su pensamiento, el acierto de esta magnífica introducción a la vida y obra del pensador danés es resaltar algunos aspectos que en muchas más ocasiones de las deseables han sido olvidados. Es l que ocurre con sus reflexiones sobre el amor, por ejemplo, o con las disquisiciones que aparecen en sus diarios —desgraciadamente, en castellano no contamos con una traducción completa de los mismos—. Además Goñi hace algo que, para ser sinceros, solo está al alcance de los mejores conocedores de la obra del danés: aventura hacia dónde podría haber dirigido Kierkegaard sus pasos en caso de haber vivido un poco más de tiempo, el suficiente como para completar constructivamente su obra crítica.El filósofo impertinente es, en definitiva, un buen homenaje a Kierkegaard en el aniversario de su...

Imperios

]Estamos en un periodo en el que toda revisión histórica parece que tiene que servir para pedir perdón. Tiene razón Peter Bruckner cuando afirma que esto supone una carga en ocasiones insoportable y una responsabilidad asumida por generaciones que no protagonizaron hechos históricos. Se lee la historia para lamentarse, en definitiva.Por ello mismo, el libro de Julio Crespo MacLennan no es solo un acontecimiento —en la medida en que se propone hacer una historia de los imperios europeos— sino que, sin ocultar lo que debe avergonzarnos en el pasado colonial, también es consciente de que Europa ha hecho grandes contribuciones al mundo moderno —podríamos incluso decir que ha configurado la modernidad— gracias, sobre todo, a su expansión imperialista. Entre otras aportaciones, MacLennan señala la democracia —junto con la cultura política que conlleva— o la economía de mercado, por ejemplo.Por otro lado, en referencia a nuestro futuro común, también Imperios puede ser el primero de una serie de libros que profundizan en la historia común de Europa. En este sentido, su ensayo se abre con las siguientes afirmaciones: «No solo se necesita una narrativa que explique a los europeos su historia y la cultura que comparten, como ya se ha hecho en las últimas décadas, sino también una que aporte una explicación sobre el papel que han desempeñado en el mundo y cuál es su legado». Es este, a nuestro juicio, un pilar fundamental para la UE y solo reflexionando sobre lo que indica el autor de este libro se puede empezar a confeccionar una cultura común, tanto política como histórica. De esa forma, el trabajo del historiador tendrá mayores frutos que los intentos institucionalizados y artificiales.En la obra se combina el orden temporal con el temático. MacLennan pasa revista a la conformación de las primeras tentativas marítimas de Portugal y a la consolidación del imperio español. Tras ellos, se explica cómo Holanda logró situarse como potencia económica y cómohizo posible su diseño colonial en el siglo XVII. Al mismo tiempo, también Inglaterra comenzó a lanzarse a la búsqueda de nuevas tierras en América del Norte, junto con Francia, que desembarca en el África inexplorada. Es acertado, teniendo en cuenta la perspectiva global de la obra, incluir referencias a las expansiones escandinavas y el examen que se realiza de Rusia, aunque se trata de una potencia euroasiática, como detalla el propio autor.A partir del XIX el imperialismo se impone y constituye un hecho político gratificante para la población. Es su edad dorada, por emplear sus términos. Es sintomático de la importancia de la expansión colonial que tanto para Alemania como para Italia su configuración nacional corriera pareja con su expansión. MacLennan, como indicábamos, no obvia las cuestiones polémicas del expansionismo —la trata de esclavos, la aculturación europea y la pérdida de relevancia de las culturas autóctonas—, pero estos hechos no pueden o no deben oscurecer las brillantes aportaciones del mundo europeo que posibilitaron la entrada de muchas de sus colonias en el escenario de la historia. El lector del siglo...

La escuela que necesitamos

]Uno de los pilares del desarrollo social y económico es, sin lugar a dudas, la educación. Pero desgraciadamente constituye también un ámbito que siempre ha sido susceptible de manipulación ideológica. No es de extrañar que se hayan sucedido, en la mayoría de los países, cambios significativos en la enseñanza tras la llegada de un cambio político. Junto con la ideología política, que trata de adoctrinar, tal vez con el fin de cosechar votos futuros y ganar adeptos que consoliden al cabo del tiempo sus mayorías, se ha introducido también cierta ideología pedagógica, mucho más inicua que la anterior, ya que en ella los expertos han tratado de controlar el desarrollo psicológico del niño, determinando qué capacidades son importantes y cuáles no. Como ocurre con el cientificismo, el pedagogismo es una ideología más sutil porque se acompaña falazmente del argumento de autoridad de la ciencia.En este sentido, el libro de Hirsch, catedrático emérito de la Universidad de Virginia, resulta políticamente incorrecto. Sin embargo, esto debe ser ya un motivo para leerlo, sin tener en cuenta que el autor cuenta con un largo historial de polémica en su país natal. Lo que Hirsch propone es determinar cuáles son las causas de este fracaso generalizado del modelo escolar que, si bien identifica con el norteamericano, puede ser exportado sin necesidad de muchas justificaciones a cualquier región. Cierto es que las consignas que dominan el escenario educativo en ocasiones parecen haberse impuesto por casualidades históricas, pero al mismo tiempo todos los «ismos» que, según el autor americano permean el espectro pedagógico, constituyen también, en menor o mayor medida, proyectos ideológicos.Haciendo un poco de historia de las ideas, Hirsch cree que por un lado el excepcionalismo norteamericano, junto con el romanticismo y el separatismo profesional, que ha terminado con la idea de sabiduría como conjunto de conocimiento integral, han decidido el futuro de la educación, siendo perjudiciales para ella y conduciéndonos al declive. Y no porque en sí mismas estas concepciones no tuvieran su lado de verdad, sino precisamente en la medida en que se proponían como explicaciones completas y omniabarcadoras sobre el hombre y la sociedad. En resumen, explica el propio autor, «las ideas educativas han sido llevadas demasiado lejos».Nada ha sido más perjudicial para la enseñanza como las ideas románticas, trasladadas en planos distintos e institucionalizadas a lo largo del siglo XX. Aprendizaje natural, primacía del sentimiento, libertad del niño..., consignas todas ellas que devalúan la importancia del contenido y la formación humana de las virtudes. Este discurso no es solo un testamento romántico, sino que, como intenta probar Hirsch, posee enorme actualidad y un gran impacto en el diseño pedagógico de nuestros sistemas. El problema es que en el campo pedagógico es peligroso hacer experimentos; mientras que en el ámbito de la ciencia natural, nuestras equivocaciones pueden tener pocas repercusiones, en el campo educativo las teorías fallidas construyen «mentes famélicas». Y esto tiene implicaciones de vasto alcance, como cualquier persona es capaz de vislumbrar.En su libro, apoyado por datos científicos, encuestas,...

Informe 2012 sobre el estado del sistema educativo.

]Anualmente, el Consejo Escolar del Estado elabora, por mandato legal, un estudio que explica la situación real de la educación. Se trata de reflejar y describir la salud de nuestro sistema educativo, haciendo para ello acopio de datos y diagramas explicativos. No es, pues, una obra para leer, sino para consultar. Es significativo que el trabajo se haya desarrollado en sintonía de las administraciones educativas y contando con todas las instituciones y entidades que participan en el sistema de enseñanza español.En el informe, hecho público hace unas semanas, hay un cambio de estructura importante que lo diferencia de los existentes. Como se indica en el texto introductorio, este año se ha decidido proporcionar una estructura integrada en función de inputs, procesos, resultados y contexto. Además, y esto constituye lo más significativo, este año se incorpora una apartado de propuestas de mejora, dirigidas al conjunto de las administraciones educativas.En el apartado referido al contexto, se tienen en cuenta el valor y el peso de factores que inciden en el sistema educativo, desde los demográficos a los socioeconómicos. Es de especial importancia advertir de un factor específico a tener en cuenta: el migratorio, ya que la relevancia de este fenómeno incide de forma directa en la configuración de los centros educativos que tienen que prestar atención a la población inmigrante en edad de escolarización.Hay otro aspecto que merece atención, sobre todo teniendo en cuenta las últimas protestas en el sector educativo: el gasto público. Así se percibe que hay un aumento de gasto anual —se llega hasta el 2009—. Es sorprendente también que, a pesar del malestar en el sector, España sea uno de los países que cuenta con mayor gasto anual por alumno, siendo solo superado por Chipre, Dinamarca y Bélgica. Por otro lado, hay poca proporción privada del gasto en comparación con otros países.También se revisa el número de centros educativos, distinguiéndolos por las enseñanzas que imparten. Asimismo, hay un capítulo dedicado a los recursos humanos en el sector educativo, en el que se mide el salario de los profesores y su dedicación horaria. Junto a todo ello, en cada una de las partes de este informe se revisan y analizan las diferentes políticas educativas que tienen que ver con la ordenación de las enseñanzas, la valoración de las políticas para la igualdad de oportunidades y políticas en referencia a la calidad educativa.Este informe es, tal vez, el único que recoge tal cantidad de datos sobre el sistema educativo español. Con independencia de ello, y de los datos que nos ofrecen distinguiendo los rendimientos académicos y los objetivos Europa 2020, es interesante mencionar algunas de sus propuestas de mejora, ya que son propuestas realistas, basadas en el análisis de los datos y números ofrecidos: según el Consejo, hay que trabajar en el aumento de la productividad del gasto público, orientar la enseñanza hacia el dominio de las materias, reformar la atención al alumno de acuerdo a sus necesidades, desarrollar la profesión docente y mejorar los procesos de formación, profesionalizar...

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