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Conversaciones atemporales sobre temas urgentes” es el tercer capítulo de Nobleza de espíritu. Una idea olvidada (Taurus, 2017, pp. 87-151), donde Rob Riemen “charla” con Sócrates, Camus y Nietzsche, entre otros.

Todo el que siente próxima la muerte somete su vida a evaluación. Al final el justo será siempre el más feliz, subrayaba Sócrates, que pasa de la justificación personal al Estado justo argumentando así: el único Estado ideal es el que deja gobernar a filósofos e intelectuales. Pero los intelectuales se corrompen, y los pocos que poseen las cualidades encarnadas por el verdadero filósofo son considerados por la sociedad como excéntricos, de modo que en ningún caso pueden asumir el gobierno. Sócrates era consciente de que el verdadero filósofo difícilmente llegaría a ser rey; sabía que el Estado ideal no existiría nunca y que jamás se pondría fin a los males que azotan la humanidad. Sabía que el verdadero filósofo no podría ser más que un ejemplo.

Europa ha vivido a fondo en pleno siglo XX una época de “rebarbarización”, lo que lleva a Riemen a rescatar la tesis de Georges Sorel en Reflexiones sobre la violencia (1912): la violencia es el contrincante victorioso de la verdad. La civilización no es solo, como dijo John Millar en 1771, “las refinadas costumbres fruto natural de la prosperidad y la seguridad”. A ellas hay que añadir valores, porque si algo debiera aprender Europa del siglo XX es la inutilidad de recurrir a la violencia para promover cambios políticos. Quien emplea la violencia con fines políticos en la sociedad occidental se excluye a sí mismo de todo diálogo y es tachado de incivilizado. El fundamento de cualquier clase de civilización hay que buscarlo en la idea de que el ser humano no debe su dignidad y su verdadera identidad solo a su componente material, carne y hueso, sino a lo que debe ser: portador de cualidades eternas. Donde se da la virtud se da la nobleza. Cómo se ha de vivir es la pregunta moral origen de toda civilización.

El esfuerzo por la verdad

Camus tuvo un encuentro en 1946 con Sartre, Malraux y Koestler, en el que les dijo que debieran reconocer la verdad y confesar públicamente que se habían equivocado los seguidores de Nietzsche, los materialistas históricos y los nihilistas, es decir, ellos mismos.

A partir de aquí, Riemen saca consecuencias. Transmitir el conocimiento de los valores, aclarar dudas, establecer distinciones, proteger el significado de los vocablos: actuando de ese modo, el intelectual no cambiará el mundo de la noche a la mañana, pero ya será todo un logro hacer ver al público que las mentiras son mentiras y que el poder y la fama no son capaces de elevar a verdad una falacia. Para Camus solo hay una cosa en el mundo más importante que la justicia: si no la verdad en sí misma, al menos el esfuerzo por la verdad. Ese esfuerzo anula la politización del espíritu y está por encima de la búsqueda de la felicidad, esta última el producto de una vida coherente, compatible con el sufrimiento.

Riemen avanza en su desarrollo con el estupor que produce la historia europea del siglo XX; esa legión de académicos, escritores, poetas, artistas y científicos que renunciaron sin esfuerzo a la vida civilizada para respaldar el triunfo de la falacia, la dictadura y la violencia. ¿Por qué la traición a la nobleza de espíritu? Porque nada es tan adictivo como el poder y la fama y porque si en algún sector reina el conformismo es entre los intelectuales politizados. Para juzgar la realidad se requiere un conocimiento basado en los valores y en la distinción entre el bien y el mal, entre lo que tiene sentido y lo que carece de él.

Concluye el ensayista holandés con doce puntos sobre nobleza de espíritu, con ocasión de lo que el Nobel polaco de literatura Ceszlaw Milosz había aprendido de su amiga filósofa Jeanne Hersch: 1. La razón es un regalo de Dios y sirve para comprender al mundo. 2. Se equivocaron los apóstoles de la lucha de clases, de la libido y del ansia de poder. 3. La realidad no es solo nuestras percepciones. 4. El amor a la verdad es una prueba de la libertad; la esclavitud se manifiesta en la mentira. 5. Convivir es respetar. 6. Hay mejores y peores. 7. Cuidado con los intelectuales charlatanes. 8. El arte sobrepasa a la filosofía. 9. Existe la verdad objetiva. 10. Existe la transcendencia. 11. El tiempo decanta lo bueno. 12. El pasado no está cerrado, cobra significado a través de nuestros actos posteriores.

(El primer capítulo del libro de Riemen se llama “Preludio: cena en el River Café”. De él tratamos aquí:

“Preludio: cena en el River Café”

El segundo capítulo del libro de Riemen se llama “El reto de Thomas Mann”. De él tratamos aquí:

“El reto de Thomas Mann”)


Rob Riemen: Nobleza de espíritu. Una idea olvidada. Taurus, 2017.

 


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Doctor en Periodismo (Universidad de Navarra). Licenciado en Ciencias Físicas (Universidad Complutense de Madrid). Corresponsal y periodista de ABC (1985-2013). Director de Comunicación del Ministerio de Educación (2013-2015). Ahora coordinador editorial de Nueva Revista.