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Nacido el 17 de junio de 1914 en Valladolid, Julián Marías fue uno de los más importantes pensadores españoles del siglo XX, junto con Ortega y Gasset, su maestro; y Zubiri. Se formó en la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid (“la mejor institución universitaria de la historia española, después del Siglo de oro”), donde enseñaban Morente, Besteiro, Ménendez Pidal, Claudio Sánchez Albornoz, Pedro Salinas y, por supuesto, Ortega. Partió del legado filosófico de éste último, el raciovitalismo, e innovó con sus investigaciones sobre la estructura empírica de la vida humana y, en la última etapa de su carrera, sobre la persona.

Al terminar la Guerra Civil, fue perseguido por el franquismo, por sus ideas liberales y por haber ayudado al socialista Julián Besteiro, su antiguo profesor, que estaba al frente del Comité Nacional de Defensa en los últimos días de la II República, como cuenta el propio Marías en sus memorias Una vida presente. Además le suspendieron la tesis por ser discípulo de Ortega, por lo que tuvo que irse de España y enseñar en EEUU y América Latina. Posteriormente, en la Transición fue senador por designación real y obtuvo el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades.

Ensayista, académico de la Lengua, hombre de cultura enciclopédica, traductor de Aristóteles, Séneca, y Leibniz, amigo de Gabriel Marcel, Paul Hazard o el premio Nobel norteamericano Thornton Wilder, fue uno de los intelectuales más leídos de la segunda mitad del siglo XX al nivel de Marañón o Laín Entralgo, -como constata el académico Gregorio Salvador-, gracias a la claridad de su prosa (“la cortesía del filósofo” según Ortega) y al éxito de libros como Historia de la filosofía, Antropología metafísica, Persona o España inteligible. Como señaló en su día su hijo, el novelista Javier Marías, resulta inexplicable que al filósofo no le concedieran ni el Premio Nacional de Ensayo, ni el Cervantes.

Recopilamos diez obras representativas del pensamiento de Julián Marías.

Historia de la Filosofía (1941). Lo escribió cuando solo tenía 27 años, pero rápidamente se convirtió en un clásico, leído por varias generaciones de estudiantes. Síntesis de la Filosofía, que aúna el rigor con la amenidad, Marías lo concibió como “los pasos libres y necesarios de la mente occidental en busca de la verdad radical sobre la realidad”.

Miguel de Unamuno (1943) Después de Ortega -al que dedica varios libros, como Ortega, circunstancia y vocación– el filósofo vasco fue el que más influyó en Marías. Temas como el problema de España, el anhelo de inmortalidad, o el papel de la imaginación son algunas constantes de la obra de Unamuno, que Marías investigó y desarrolló en su obra.

Antropología metafísica (1970) Siguiendo a su maestro Ortega y la estructura analítica de la vida humana, Marías ahonda en la dimensión personal del hombre, asunto escasamente estudiado anteriormente por la filosofía. Comienza así sus estudios sobre la persona, una de las aportaciones más originales de Marías.

Marías define a la persona, como criatura amorosa

Persona (1991) Con este libro, y con Mapa del mundo personal, el filósofo valliselotano indaga en la persona y sus características: única, irrepetible, corpórea, futuriza. Y superando la definición clásica de Boecio: “sustancia individual de naturaleza racional”, define a la persona como “criatura amorosa”.

España inteligible (1985) Muy interesado por la Historia (con ensayos como La España posible en tiempos de Carlos III) Marías indaga en el problema de España, a través de su devenir político, cultural y económico, desde la dominación romana hasta el siglo XX. Subraya la europeidad de España y afirma que es  el país más europeo del Continente. Porque las demás naciones (Francia, Inglaterra, Alemania) no podían ser otra cosa que europeas; en tanto que España es “europea porque lo ha querido”. “Podía ser un país musulmán -ocho siglos de dominación árabe-” y sin embargo “prefirió lo que parecía, inasequible, irrealizable, casi una utopía”.

La libertad en juego (1986) María recopìló en libros como éste, sus artículos sobre temas políticos. Republicano, liberal, fue muy crítico con Franco y con el carácter cainita de la Guerra Civil que dividió a los españoles entre “los justamente vencidos y los injustamente vencedores”. Calificó la llegada de la Transición de “ejemplo de genialidad histórica” y apostó por la monarquía de Juan Carlos I como fórmula conciliadora. En libros como La libertad en juego, advirtió del peligro de que la política invada la esfera de la vida privada y que la vía democrática se convierta en una excusa para ocupar todos los resortes de poder, en alusión a los gobiernos de Felipe González.

– La mujer en el siglo XX (1980) En la antropología de Marías, tiene gran relevancia el carácter sexuado de la persona. De ahí su interés por las dos formas de “ser persona”, varón y mujer. Fue pionero en estudios filosóficos, culturales y sociológicos sobre el papel de la mujer, a través de La mujer en el siglo XX y, posteriormente, La mujer y su sombra. Sostiene que hombre y mujer están referidos el uno a la otra, como la mano derecha a la mano izquierda, y que están llamados a la unidad.

Un interés que no era únicamente académico, ya que no se puede entender la trayectoria humana del pensador sin el papel jugado por su esposa, Lolita Franco, compañera de Facultad y madre de sus cinco hijos. Escribió un ensayo literario, España como preocupación, con prólogo de Azorín, y ejerció de secretaria y colaboradora de Marías.

Visto y no visto (1970) Gran cinéfilo, el pensador reunió en dos volúmenes parte de las críticas de cine que publicó en el semanario Gaceta Ilustrada. Posteriormente escribió de cine durante casi 30 años más en Blanco y Negro (recopilados en El cine de Julian Marías). Siguiendo a Ortega y la frase (“Ver es pensar con los ojos”), Marías hizo una original aportación a la crítica de cine, al mezclar la valoración de películas, directores y actores, con reflexiones antropológicas que los filmes le suscitaban.

La educación sentimental (1992) Aborda el filósofo una de las dimensiones decisivas de la vida humana, la educación sentimental, a través de la historia de la literatura y el teatro, gracias no sólo a sus conocimientos antropológicos, sino también a su enciclopédica cultura, singularmente de los clásicos griegos y latinos, el Siglo de Oro, la generación del 98 y la narrativa contemporánea.

La felicidad humana (1989) Fue uno de los ensayos de la última etapa de su carrera en los que analiza, desde una perspectiva antropológica, distintos aspectos de la vida cotidiana. Si en Tratado de lo mejor aborda la ética; y en Breve tratado de la ilusión, el papel de la imaginación, en La felicidad humana repasa lo que han dicho los filósofos sobre la misma. Relaciona la felicidad con el amor y con el carácter perdurable de éste (“en la medida en que se ama, se necesita seguir viviendo o volver a vivir después de la muerte para seguir amando”).


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