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lfrh_img1.jpgUna obra mayor y «prólogo» de una obra aún mayor. Este libro del catedrático de Filosofía Moral y Política de la Universidad de Murcia José Luis Villacañas es el primero de cinco tomos dedicadosa hacer «un relato unitario y coherentede las prácticas y las ideas de legitimación del poder político en España».


El primer volumen está dedicado a una Hispania que un día fue romana y que se vio transformada por la ocupación visigoda y la invasión árabe, y que desde entonces retornaba, consciente o inconsciente mente, al seno de la civilización europea por el impulso de las necesidades materiales y morales de los españoles, por la conmoción apocalíptica d e la pérdida d e España (Beato de Liébana, mito de Santiago), por el inflexible liderazgo espiritual de Roma y por la influencia d e las instituciones del Imperio y de los otros reinos de Europa.


El producto final de esas conexiones lo mide Villacañas según la capacidad de las distintas poblaciones y territorios para alcanzar un cierto nivel de «etnoformación». «Estos lentos hechos se conocen con el nombre de procesos de etnoformación, y quieren narrar la configuración de grupos humanos con caracteres comunes y con arquetipos culturales, sociales y políticos operativos, capaces de identificar un nosotros y un ellos diferenciado y excluyente, con sus esquemas de mando y obediencia y sus valores de identidad». Este concepto se hace evidente cuando se observa que el espacio peninsular estuvo ocupado repetida y largamente por pueblos de frontera, en el sentido de limes entre civilizaciones dispares (hispano-romana y visigoda, visigoda y bizantina, hispana y mora, etc.), y en el más restringido de rayas móviles entre reinos: «Una tierra de frontera continua». Ello produjo una inestabilidad intrínseca en el proceso de formación de los reinos, con diferencias esenciales entre sus estructuras institucionales y sociales. Así, Villacañas nos hace observar la endémica debilidad del reino visigodo; la desvertebración política inherente al tipo de civilización árabe; la desviación mozáraberes pecto del catolicismo romano; la expansión del poder astur, leonés y castellano bajo la espada, y la emergencia de una sociedad autocentrada según usos y costumbres civiles en Cataluña y en Aragón. En fin, cesarismo militar en los reinos occidentales y feudalismo contractual en los reinos nororientales de la Península.


Bajo las incitaciones de Roma a la cruzada («la Reconquista no es una empresa protonacional, sino una empresa cristiana», dice Villacañas) y la recepción modelos institucionales europeos f ue posible ir superando las tendencias al fraccionamiento: el reino de Castilla trató de subsumir institucionalmente la idea imperial, el de Aragón se orientó hacia modelos monárquicos de raigambre franca. Dentro de España los reinos actúan unos sobre otros siguiendo el patrón del equilibrio de poderes, como si fueran difícilmente fusionables, todo lo cual determina la «etnoformación frágil» que caracterizaría la historia futura de España.


Es preciso poner de relieve otros elementos de análisis utilizados por el autor. Uno de ellos es la geopolítica. Villacañas cuida mucho la conexión necesaria entre los factores políticos y militares con los hechos geográficos, tanto del gran espacio como del microterritorio, desde la apreciación de la seguridad de España como condicionada por el devenir del norte de África y las presiones ultrapirenaicas, hasta la acción territorialmente configuradora de los castillos y de las campañas militares.


También seguimos con Villacañas el estudio de las relaciones señoriales ofeudales, a la luz de la «costumbre de España». El autor adscribe esta modalidad de lealtad o fidelidad a la cultura política castellana, mientras que a la catalana-aragonesa atribuye la modalidad contractualo de postura. Costumbre de España es nofeudalismo; la corona de Aragón es acusada mente feudalista, luego ésta desconoce la costumbre de España. Esto, en realidad, no es enteramente así; la cost umbre de España entra en la corona de Aragón en el siglo XIII y se enraiza en el XIV (ver Ramón d’Abadal), como instrumento útil del rey para hacer frente a las guerras civiles que la asolan. La costumbre de España es para los reyes castella nos un armafrente a las tendencias señorializantes de los grandes nobles; no otro es el sentido del capítulo XVIII de la Partida II, aparte, por supuesto, de constituir un instrumento jurídico para la guerra contra los moros.


Villacañas conduce sus diferentes líneas de análisis a resaltar una alternativa reducida, prácticamente, a dos prototipos de sociedad: la castellana y la catalano-aragonesa. Esto, naturalmente, no es un descubrimiento del autor; pero su mérito técnico consiste en que lo hace mediante una abrumadora aportación de elementos de juicio, basados en el universo mental de la época tal como se refleja en los documentos jurídicos y literarios, representativos del modo en que cada uno de esos dos «casi hemisferios» hispánicos evolucionó social, política y culturalmente. De este modo, la historia «événementielle» sirve de soporte a un estadio ulterior de la historiografía: ése en que, a la manera kantiana, como recomienda el autor, los pueblos conocen la historia de su espíritu al escribirla.


El autor cierra este tomo de su gran obra encarnando en dos personajes históricos la virtualidad de la «etnoformación». Se trata de Jaime I y de Alfonso X. Subraya el a u t o r la eficacia del primero en lograr una sociedad etnohistóricamente formada, y la incompetencia del segundo en el logro del mismo fin. Dentro de la corona catalana-aragonesa, Cataluña no quiso ser reino, pero los reyes castellanos eran o querían ser emperadores. En la primera late la predisposición al compromiso entre reyes, nobles y ciudades, y en los segundos alienta el espíritu de dominación, propio de la tradición política malikista de los árabes.


Subyacente a la impronta general de este primer tomo de la obra se percibe su clara inclinación intelectual a favor del modelo de evolución histórica catalano-aragonesa, o más precisamente catalana. Sin discutir la razonabilidad de esta orientación, sólo queda expresar ansiedad por conocerla continuación de esta apasionante historia de la etnoformación de los reinos españoles (y la del puebloespañol como distinta de las de aquéllos), cuyos progresos fueron haciéndose patentes con el transcurrir de los siglos, pero cuyas duraderas líneas de fragilidad están implícitas en esta historia magna de José Luis Villa-cañas.


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