Antonio Sánchez Gijón

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Analista de Relaciones Internacionales

Chile ante sus propios retos

Un nuevo gobierno orientado a la derecha en Chile sí, si lo comparamos con la coalición que perdió el poder. ¿También un gobierno conservador? son veintidós ministros; de ellos sólo cuatro confiesan serlo. Piñera dice buscar el centro, hacer de Chile la primera democracia «tipo primer mundo» de Latinoamérica.

Viaje existencial por el mundo (España, estación término)

Creíamos en Occidente estar viviendo de cara al futuro y nos damos cuenta de que, en realidad, lo estamos desandando. Ya no es presente, sino pasado, el proyecto de un mundo regido por los principios del humanismo liberal y la economía de mercado. Enormes fuerzas sociales y políticas se elevan contra este horizonte. China, una quinta parte de la humanidad, practica una política de capitalismo iliberal; muchos estados siguen siendo totalitarios en lo político y socialistas en lo económico (Corea del Norte, Birmania, repúblicas de Asia Central); Rusia es una mezcla de capitalismo estatal y democracia corrupta. A todos ellos miran, en busca de modelos, Venezuela, Bolivia, Nicaragua, y quizás también Ecuador, dubitativos todavía entre la romántica seducción del caudillismo criollo y la fascinación por el totalitarismo cubano. Hatoyama, el nuevo primer ministro japonés, le busca las vueltas al capitalismo liberal con su «capitalismo fraterno». El mundo de hoy no es, pues, de las democracias liberales. Otras fuerzas se oponen a los valores y conquistas de Occidente. Están en el mundo islámico, y se consideran ajenos a los modelos de sociedad predicados sobre el principio de la libertad personal, si es que no son directamente hostiles a él. Se trata de un mundo dividido a su vez en subsistemas inestables: el árabe -siempre agitado, y social y culturalmente estéril-, el iraní -no menos agitado pero dinámico- y el indostánico (Pakistán, Afganistán) -explosivo y en bancarrota social y moral-. Lo irónico de esta situación es que algunas de esas sociedades, y las masas humanas que las integran, fueron sacadas de su estasis, esto es, de sus interminables presentes, por el empuje, la creatividad y la violencia de Occidente, es decir, por unas sociedades conscientes de estar dentro de la historia; mejor dicho, de ser ellas mismas el más activo agente de la historia. Primero le tocó el turno a China; a mediados del siglo XIX vio rotas por Occidente su quietud y complacencia milenarias, casi al tiempo que en Japón sucedía lo mismo bajo el impulso de la nueva potencia norteamericana. Algo parecido sucedió en el siglo XIX con Turquía y sus pluriseculares sultanato y califato, y en el XX con el mundo árabe. Por las brechas abiertas a cañonazos en todos esos países entraron los balbuceos del desarrollo industrial, las ideas democráticas y las ideologías revolucionarias. Cada uno de estos impactos había sido generado por ideas y movimientos surgidos en los conflictos históricos de las sociedades europeas, y sacudieron sociedades que hubiesen preferido permanecer encerradas y seguras detrás de sus muros, en una vida ahistórica. Derribadas las puertas, cada una de ellas tomó del invasor lo que pudo o le convino, según su genio y cultura; otras, simplemente, tomaron muy poco o nada. China se lanzó al futuro mediante la revolución, y después de dejar que florecieran las «cien flores» de Mao ha descubierto que la rosa capitalista es la más hermosa. Rusia ya agotó el impulso histórico de la revolución, y su actual capitalismo de estado es una flor pútrida. No...

Un publicista de combate

 Juan Ferrando Badía, fallecido el 2 de diciembre del 2007, fue catedrático de Derecho Político y Derecho Constitucional en varias universidades, y figura entre los más eminentes tratadistas de la ciencia política española. A ésta dedicó más de veinte libros y decenas de artículos científicos, de lectura y uso habitual entre docentes y discentes de nuestras universidades. Sin embargo, Ferrando Badía poseía otra dimensión, quizás menos conocida por el mundo académico: la de publicista. Un publicista metido en los combates de ideas de la España contemporánea. Por ejemplo, fue pionero, desde los primeros años sesenta del pasado siglo, en el tratamientode las pluralidades regionales y los nacionalismos subestatales de Europa y España. A su vez, como él señalaba, esas pluralidades sólo podían conciliarse unas con otras bajo un régimen constitucional democrático. Esta materia, desarrollada en algunos de sus libros, fue además su tema de liza en varios medios de comunicación. Principalmente el diario Madrid, entonces bajo el liderazgo de Rafael Calvo Serer y Antonio Fontán, y la Revista Madrid en la capital del reino, y los diarios de Valencia en su tierra natal.El 15 de octubre del 2008 las instituciones culturales de la Comunidad Valenciana (Consell Valencià de Cultura, Real Academia de Cultura Valenciana y la sociedad Lo Rat Penat) dedicaron un homenaje al profesor fallecido, con ocasión de la presentación del libro La Valencia del profesor Juan Ferrando Badía, editado por las dos últimas mencionadas instituciones. El libro recoge los artículos sobre cultura, identidad, lengua e historia de Valencia publicados en los diarios Las Provincias, Diario de Valencia, Levante y Revista Madrid, así como otros escritos y palabras sobre la temática. En realidad se trata de un libro de combate. De combate de ideas. El grueso de sus textos fue publicado en lo más caliente de la ofensiva nacionalista catalana para hacer de la región valenciana una parte orgánica «dels Països Catalàns», a través de lo que Ferrando llamaba «imperialismo lingüístico» y la desfiguración metódica de las raíces históricas y culturales valencianas, apoyada en la tesis anticientífica de que el antiguo Reino de Valencia fue conquistado por los catalanes bajo un rey catalán, Jaime I. Todo esto es falso, sostiene el profesor Ferrando. Antes de la conquista, los pobladores de Valencia hablaban una lengua con la que pudieron entenderse sin necesidad de truchimán con el rey conquistador. Aunque existiese una afinidad lingüística en los variados romances levantinos de la Península previa a la llegada de los repobladores cristianos, su lengua ancestral no fue el resultado de la conquista de Valencia por éstos. Esa lengua era entendida y hablada por la población mora, cristiana y judía de Valencia. Por otro lado, los conquistadores y repobladores catalanes fueron menos numerosos que los aragoneses y navarros juntos. Pero lo determinante en esta cuestión fue la voluntad de Jaime I de hacer de Valencia su reino patrimonial, separado y distinto de cualquier otro marco institucional de la Corona de Aragón. La expresión de esta voluntad es el otorgamiento de los fueros a la...

Después de la batalla… y de las elecciones

La ofensiva israelí contra las fuerzas de Hamas en Gaza y sus consecuencias políticas puede exponerse como un argumento o guión (en el sentido cinematográfico) que relata ese drama de furia y sangre en tres escenarios sucesivos. El jurídico, el diplomático y el estratégico. La película de esos acontecimientos se estrenó el 10 de febrero, fecha de las elecciones generales de Israel. No ha gustado a todos, y su director ha sido muy criticado.¿Qué tenemos en el plano jurídico? Un gobierno, el de Hamas, que durante dos años realiza ataques de baja intensidad contra su enemigo declarado, Israel; un gobierno que había sido elegido por todos los palestinos en 2006, y ahora en control sólo de la franja de Gaza. Los más rancios tratados del derecho de guerra y las modernas convenciones que lo modifican reconocen a los beligerantes el derecho a destruir los medios de guerra del enemigo y a imponer las penalidades necesarias al pueblo contrario para alcanzar los objetivos militares. Una parte sustancial del pueblo palestino de Gaza, lejos de ser población inocente, era beligerante. A Israel le asistían, pues, tres derechos: el de destruir los efectivos de combate de su enemigo, el de hacer pagar un precio por la hostilidad activa de una parte de la población y el de disuadir a Hamas mediante represalias. Las convenciones vigentes no son terminantes en el rechazo de las represalias, pues no ignoran su efecto disuasorio; tampoco han resuelto la cuestión de la proporcionalidad de las acciones de castigo, que se hace más aguda cuando los daños afectan a los inocentes desarmados. Parece que en Gaza hubo cientos de víctimas inocentes (al menos todos los niños fallecidos en los ataques israelíes). Es difícil de creer que estos inocentes y otros pudiesen haber sido declarados por los israelíes objetivo militar legítimo. Es probable, sin embargo, que haya habido casos de mala voluntad o negligencia de algunos militares israelíes, que las autoridades tienen la obligación de aclarar ante la opinión pública internacional.La cuestión diplomática. La ofensiva israelí ha sido una señal dirigida a la nueva administración norteamericana, indicativa del grado de resolución de Jerusalén para actuar autónomamente. Dando por supuesta, claro está, la prácticamente incondicional garantía de seguridad de los Estados Unidos a Israel. En Gaza se ha dado otro ejemplo de esa constante micromanipulación de la política norteamericana, tan típica del comportamiento político-diplomático de todos los actores de Oriente Próximo. ¿Daños diplomáticos colaterales? Hay uno aparente: las tratativas sirio-israelíes para la devolución de los Altos del Golán a Siria parecen interrumpidas. Pero téngase en cuenta que Hamas, para Damasco, no es más que un instrumento de presión sobre Israel, seriamente debilitado ahora tras la ofensiva, por lo que probablemente Siria no tardará en tratar bajo cuerda con Jerusalén. Y otro daño cierto: el gobierno turco ha empañado el prestigio de que gozaba por sus esfuerzos mediadores entre Israel y Siria, y debilitado la influencia que ejercía en Jerusalén, Washington y en algunas capitales árabes. Todo ello debido a la...

Qué fue de la tercera Roma

Vaya por delante reconocerle a AlejandroMuñoz Alonso (AMA a partir de ahora) el mérito de señalarnos el gran hueco que en la cultura y el conocimiento históricos de los españoles «no ocupa» una de las grandes civilizaciones de la humanidad, la civilización rusa. De las 75 obras que entran en la bibliografía de este libro, sólo cuatro tienen nombre español, y de las cuatro sólo una tiene la consistencia de obra mayor (una biografía de la emperatriz Catalina la Grande); las otras tres son poco más que notas a pie de página.Ha sido así hasta que AMA se lanzó a llenar ese hueco con La Rusia de los zares. En realidad, como él nos dice en su prólogo, las 467 páginas del libro editado por Espasa Forum son una cuarta parte de su obra original: cinco millones de caracteres, escritos a lo largo de diez años de estudios, alternados con frecuentes visitas a la Rusia postsoviética. Eran los años de la disolución del último imperio ruso, el soviético. Y el libro sale ahora, en la «era Putin», en la que se podrían estar dando ya los signos de algo que AMA prevé: «la historia rusa nos muestra cómo en otras ocasiones de su pasado ese gran país supo encontrar fuerzas y recursos para reconstituir el Estado y aun el imperio».El lector se preguntará qué criterios siguió el autor para seleccionar las partes de su obra que podían ser publicadas ahora. Aunque AMA sólo nos dice lo que dejó fuera (teorías sobre el expansionismo ruso, la cultura y el pensamiento político, la intelligentsia, etc.), lo que dejó «dentro» para que el lector lo lea son las tramas política, religiosa y diplomática que fueron conformando Rusia, sus principados, los sucesivos estados imperiales y su inmenso imperio.]De todos esos contextos, el que quizás goce de un trato más minucioso sea el diplomático, el de las relaciones exteriores e internacionales de los diversos zares y gobiernos, si es que en un sistema que fue autocrático hasta exhalar el último suspiro, puede hablarse de gobiernos en un sentido constitucional. Bajo esa perspectiva políticodiplomática, AMA nos hace concebir la historia de Rusia, a pesar de toda su «extrañeidad», como parte de la historia europea. Pero no sólo porque Rusia sea  Europa desde que Pedro el Grande la metiera en el sistema de estados europeos, sino porque la formación de la Rusia imperial no podría ser concebida sin la proyección constante de Europa central y occidental sobre Rusia, en términos de ideas, técnicas y, sobre todo, alianzas matrimoniales, que hicieron de la corte imperial un mercado para las transacciones diplomáticas de las potencias que en cada momento fueron grandes. La madre de Iván IV el Terrible era lituana católica, y a través de ella entró en Moscú la tradición de los matrimonios alemanes. Alemanes fueron Catalina la Grande y el esposo de Ana Petrovna, hija de Pedro el Grande, cuyo hijo a su vez casó con otra princesa alemana, hasta llegar al matrimonio del último zar,...
Nueva Revista

Los futuros de Turquía

De cómo Turquía está teniendo una evolución económica favorable en los últimos cinco años y la fortaleza del nuevo liderazgo político.

La formación de los reinos hispánicos

Una obra mayor y «prólogo» de una obra aún mayor. Este libro del catedrático de Filosofía Moral y Política de la Universidad de Murcia José Luis Villacañas es el primero de cinco tomos dedicadosa hacer «un relato unitario y coherentede las prácticas y las ideas de legitimación del poder político en España». El primer volumen está dedicado a una Hispania que un día fue romana y que se vio transformada por la ocupación visigoda y la invasión árabe, y que desde entonces retornaba, consciente o inconsciente mente, al seno de la civilización europea por el impulso de las necesidades materiales y morales de los españoles, por la conmoción apocalíptica d e la pérdida d e España (Beato de Liébana, mito de Santiago), por el inflexible liderazgo espiritual de Roma y por la influencia d e las instituciones del Imperio y de los otros reinos de Europa. El producto final de esas conexiones lo mide Villacañas según la capacidad de las distintas poblaciones y territorios para alcanzar un cierto nivel de «etnoformación». «Estos lentos hechos se conocen con el nombre de procesos de etnoformación, y quieren narrar la configuración de grupos humanos con caracteres comunes y con arquetipos culturales, sociales y políticos operativos, capaces de identificar un nosotros y un ellos diferenciado y excluyente, con sus esquemas de mando y obediencia y sus valores de identidad». Este concepto se hace evidente cuando se observa que el espacio peninsular estuvo ocupado repetida y largamente por pueblos de frontera, en el sentido de limes entre civilizaciones dispares (hispano-romana y visigoda, visigoda y bizantina, hispana y mora, etc.), y en el más restringido de rayas móviles entre reinos: «Una tierra de frontera continua». Ello produjo una inestabilidad intrínseca en el proceso de formación de los reinos, con diferencias esenciales entre sus estructuras institucionales y sociales. Así, Villacañas nos hace observar la endémica debilidad del reino visigodo; la desvertebración política inherente al tipo de civilización árabe; la desviación mozáraberes pecto del catolicismo romano; la expansión del poder astur, leonés y castellano bajo la espada, y la emergencia de una sociedad autocentrada según usos y costumbres civiles en Cataluña y en Aragón. En fin, cesarismo militar en los reinos occidentales y feudalismo contractual en los reinos nororientales de la Península. Bajo las incitaciones de Roma a la cruzada («la Reconquista no es una empresa protonacional, sino una empresa cristiana», dice Villacañas) y la recepción modelos institucionales europeos f ue posible ir superando las tendencias al fraccionamiento: el reino de Castilla trató de subsumir institucionalmente la idea imperial, el de Aragón se orientó hacia modelos monárquicos de raigambre franca. Dentro de España los reinos actúan unos sobre otros siguiendo el patrón del equilibrio de poderes, como si fueran difícilmente fusionables, todo lo cual determina la «etnoformación frágil» que caracterizaría la historia futura de España. Es preciso poner de relieve otros elementos de análisis utilizados por el autor. Uno de ellos es la geopolítica. Villacañas cuida mucho la conexión necesaria entre los factores políticos y militares con los hechos geográficos, tanto...

Una hipótesis para la unidad Europa-Estados Unidos

Durante la guerra fría los pueblos de Europa occidental y los del continente norteamericano se mantuvieron unidos. Ello fue posible porque les embargaba una convicción que a sus ojos tenía fuerza de axioma: la fuente de su voluntad de unión se hallaba en la identidad de valores, ideales y principios que inspiraban sus instituciones. El preámbulo al tratado de la Alianza Atlántica lo expresaba en tres líneas: sus pueblos se unen para mantener su libertad, su herencia común y su civilización, basándose «en los principios de la democracia, las libertades individuales y el imperio de la ley». Las teorías de seguridad derivadas del axioma funcionaron, y garantizaron la vida libre de cada uno. Es decir, las teorías estaban bien construidas y el axioma era válido.Pero ya es sabido lo que les ha pasado a los axiomas en la milenaria historia de la filosofía. Más de dos mil años después de Aristóteles, en nuestra posmodernidad, un axioma no es más que «un enunciado hipotético» (Escuela de Zúrich). Así que, puestos al día, podemos preguntarnos: la unidad del mundo noratlántico y aquellas ideas axiomáticas que garantizaron (o eso creíamos) más de cincuenta años de paz, ¿se mantendrán en el futuro?, ¿se debilitarán?, ¿se disolverán?El enunciado hipotético que se va a defender en este artículo es que la unidad de Europa y los Estados Unidos puede y debe seguir siendo algo que fue en la segunda mitad del siglo XX: un factor clave de la paz mundial. Pero a diferencia de aquel periodo, lo que entonces era evidente y no necesitaba demostración, sino a lo sumo «mostración», hoy está turbio y debe ser demostrable.Ataquemos primero, pues, la cuestión de la turbiedad describiéndola. Para desarrollar el grueso de esta parte del trabajo me apoyaré en algunas hipótesis intermedias puestas a mi disposición por el proyectado «Programa para establecer un Centro de Estudios Europeos», del Hudson Institute de Washington. ¿Y por qué exactamente ese programa y ese centro? Porque es admirable que en medio de la que está cayendo entre Europa y los Estados Unidos, y el escepticismo y frustración con que en este último país se ven las cosas europeas (la reversa es aún más cierta), haya un centro norteamericano de prestigio que ponga su fe y su esperanza en los valores que inspiraron en su día a lo que se dio en llamar Occidente. En cuanto a lo de este centro, porque el Hudson está estrictamente orientado a los estudios sobre el futuro a partir de los datos del presente, impronta que le dejó su fundador, Herman Kahn, uno de los padres de la teoría de «destrucción mutua asegurada» (y de otros estudios políticos y sociales), que en su momento representó un alivio en comparación con la aún más ominosa teoría de la guerra nuclear, la «represalia masiva». No es el momento de explicar las sutilezas estratégicas que dominaron el pensamiento militar y político de Occidente en aquellos años, sino sólo mencionar que Kahn dejó in situ técnicas analíticas que contribuyeron al...

Israel, entre Hamás y la paz

La sucesión de los acontecimientos que se mencionarán a continuación, ocurridos en la esfera del conflicto israelo-palestino, desafían la capacidad de análisis de aquellos que se ocupan de este tipo de materias y cualquier cosa que digan se volverá en su contra. Sin embargo, no debe creerse que a los directos responsables políticos de la situación, o de la salida de la situación, les pasa algo distinto. Animados, pues, por lo de «mal de muchos», vamos allá.En el caso de este escritor todo comenzó a raíz de la retirada israelí de Gaza, a finales del pasado año. Luego siguieron 1) la certeza de que la misma fórmula se iba a aplicar a la Cisjordania ocupada por el ejército israelí, 2) la salida de la vida política, por un ataque cerebral, del hombre que iba a sacar a su pueblo de la trampa en que se habían convertido los territorios palestinos ocupados; 3 ) la perspectiva de un triunfo electoral del movimiento extremista Hamás en las elecciones «parlamentarias» de la Autoridad Nacional Palestina, confirmado el 28 de enero pasado; 4) todo ello bajo los negros presagios de la amenaza del recién elegido presidente de Irán, Amadineyad, de hacer desaparecer a Israel del mapa, con un programa similar al que Hamás proclama 1 ; y 5 ) las elecciones parlamentarias israelíes del 24 de marzo. Ante tan compleja combinatoria encerrada en una bola de cristal, la primera torpe pregunta que se viene a las mientes es: ¿y ahora qué?Quizá no mucho más incisiva sea la pregunta que otros se puedan hacer; por ejemplo, esos poderes del mundo que creían tener en la mano el control de un curso racional y planificado de los acontecimientos, ordenado a un fin de paz, mediante la laboriosa gestión diplomática y política del «proceso de Oslo», la «solución de dos estados», «tierra por paz» y el remate y resumen de todo ello: «la hoja de ruta», patrocinada por el famoso «Cuarteto» (ONU, EE.UU. Rusia y la UE), etc.; hoy, esos procesos, ideas y compromisos han caído por los flancos de los acontecimientos, y ya no pertenecen a un mismo orden o secuencia racionales, esto es, no pertenecen a teorías que den cuenta de la realidad — o de la posibilidad de la realidad— en términos de política o diplomacia.Según recomiendan algunos filósofos, cuando fracasa una teoría hay que retroceder a la tediosa descripción fenomenológica de lo que pasa, lo cual, a su vez, sólo es posible cuando callamos y dejamos que las cosas que entran en la esfera de nuestras percepciones nos hablen de sí mismas y de las intenciones que quieren significar. Así, pues, fuera los constructos con que se han hecho las teorías fracasadas de la política y la diplomacia para el Próximo Oriente y dentro los perceptos 2. Miremos a la lucha agónica de los dos protagonistas.ESTADO PERMANENTE DE CATÁSTROFELa Autoridad Nacional Palestina está sumida en la impotencia. El deterioro causado a su prestigio y eficacia por los largos años de mandato de...

La política de defensa, en clave de política internacional de Aznar completa

En España, las cosas de la defensa interesan poco y apasionan aún menos. Un cambio de rumbo brusco o muy novedoso asusta a muchos y divide a la opinión. Posiblemente esto se deba a un melancólico encogimiento del alma nacional, a raíz del desastre de 1898 y los subsiguientes infortunios de las guerras de Marruecos, la tragedia de la guerra civil y las experiencias del largamente militarizado régimen del general Franco. La defensa y las fuerzas armadas que servían a España desde el XIX hasta casi el final del XX se dedicaban a hacer eso: «defensa nacional», esto es, disuasión de último recurso (por lo demás no demasiado convincente) contra quien quisiera intervenir militarmente en el territorio español.Pero la defensa en Europa y, en general, en el mundo occidental, era, ya desde la formación de los bloques ideológicos de «la guerra fría», y lo sigue siendo en nuestros días, algo más que «defensa nacional», porque es un instrumento de la política internacional de un Estado. Resulta así porque, desde el punto de vista técnico, el moderno poder militar puede proyectarse a escala intercontinental: las necesidades de la tecnología y la producción militares rebasan ampliamente las capacidades materiales de casi todos los países. Esos dos efectos conducen a la polarización del poder en grandes bloques o, si se prefiere, en superpotencias, actuales, como los Estados Unidos (ayer lo fue también la URSS), o emergentes, como China e India.POLÍTICA INTERNACIONAL Y POLÍTICA EXTERIORPero junto a esa valencia de la defensa como componente de la política internacional está esta otra: la capacidad de que la defensa como política internacional aporte elementos sustantivos que fortalezcan la política exterior de un determinado Estado. Una buena política internacional debe ser cíclica y cambiante con los ciclos y cambios de las relaciones de poder entre Estados, mientras que una política exterior solvente debe caracterizarse por su constancia y por poseer elementos estructurales invariables. El final de los bloques ideológicos y militares a principios de los noventa constituyó una cantera inmensa de oportunidades para redefinir la política internacional de muchos Estados.La habilidad o capacidad de un gobierno para integrar en la estructura de su política exterior factores o elementos ocasionales desde la política internacional, o de defensa, es un índice claro de su competencia y solvencia. Un ejemplo ilustrará lo que se quiere decir: el resultado del referéndum sobre la permanencia de España en la OTAN, convocado innecesariamente por el gobierno del Partido Socialista en 1986, podía determinar, por un lado, la solvencia o insolvencia de ese gobierno como agente serio del sistema internacional y, por otro, aclarar si con su posible «no» el país era tan insensato como para autoamputarse un miembro útil de su política exterior. Otros ejemplos: el alineamiento de Francia y Alemania durante los años 2002-2005 sobre cuestiones internacionales cruciales les ayudó a dominar la agenda de la Unión Europea; el alineamiento tradicional del Reino Unido con los intereses internacionales de los Estados Unidos le ayuda a mantener su particular y excéntrica política...

Los turcos en la historia en la historia del mundo

]Las dos grandes transiciones del pueblo turco son, según el autor del libro, su islamización (apenas milenaria) y su apertura a la modernidad desde mucho antes de Ataturk (en realidad, bicentenaria); y añade que «el islam es el segundo y más decisivo factor constituyente de la identidad turca después de la lengua». Pero también que, «de forma abrumadora, para los turcos hoy día comprometidos con la religión, su vida religiosa es parte de su compromiso con la modernidad, no un medio para oponerse a ella» (p. 226). Sin embargo, los obstáculos para alcanzar la modernidad serían, según el autor, la reverencia que la sociedad turca guarda respecto del poder del Estado y de las fuerzas armadas, algo que en Occidente parece contrario al sentido de la modernidad, que se vence más hien del lado de la sociedad civil.La modernización de cada uno de esos rasgos constitutivos del desarrollo históricosocial de la Turquía actual, o de su economía o su estado de bienestar, debería contar, en mi opinión, con el total apoyo de Europa y de Occidente. Pero eí intentar y lograr esa modernización debe ser una decisión incondicionada e incondicional de Turquía.  El desarrollo de una saciedad civil turca vigorosa e independiente es algo deseable para Turquía y que sólo Turquía puede desear y conseguir. Por tanto, su modernización y su ingreso en la UE deben ser tratadas como variables independientes.Lo que, sin embargo, constituye un hecho invariable es la pertenencia de Europa y Turquía a dos espacios geopolíticos y geohistóricos distintos e inconfundibles, en cada uno de los cuales pueden cumplir destinos admirables, enriquecedores, en su diversidad, de la experiencia humana.

Europa-Turquía. la hora de los sofistas

El primer aspecto, el de la extensión territorial de la Unión Europea más allá de las fronteras de Europa, supone un despropósito geopolítico; mientras que el segundo —el de la admisión en su seno de una sociedad que encarna otra civilización y cultura-— supone la renuncia a organizar Europa según un sistema de fines y valores, para recaer en otro que se está armando en calidad de «construcción por conceptos», como si nuevas realidades pudiesen ser levantadas sobre abstracciones voluntaristas. La transgresión geopolítica que Europa está a punto de perpetrar tiene como patrocinador principal algunos gobernantes que practican un estilo político cesarista, empeñados en hacer de Europa un bloque o fuerza dotado de corporeidad estatal, con la pretensión de que la Unión «mida sus armas» con la única superpotência existente en el mundo actual, y con las que puedan surgir en el futuro. Otros, contentos con que la Unión se limite a ser lo que esencialmente ha venido siendo hasta ahora —un mercado común dinamizado por un serie de políticas instrumentales—, les prestan su apoyo en esta cuestión. Los primeros se hacen la ilusión de que podrán crear con Turquía una Europa bicontinental fuerte; los segundos saben que con Turquía dentro, una Europa de homogeneidad y consistencia debilitadas no podrá intentar el convertirse en una innecesaria potencia mundial. De estas dos tomas de posición básicas resulta el híbrido de los que, queriendo la Europa potencia, temen que el ingreso de Turquía la haga imposible precisamente por su heterogeneidad. Como patronos subsidiarios tenemos otros líderes políticos que no se han pronunciado sobre las disyuntivas acabadas de describir, pero tampoco se han sentido capaces de arrojar una mirada crítica y bien fundamentada sobre la cuestión. Y esta es una referencia directa a los partidos políticos españoles, pero ante todo al Partido Popular. La cuestión de Turquía está envuelta en un gran sofisma. Los padres fundadores de la Europa de la UE partían de la premisa contenida en la siguiente invocación: únanse los pueblos europeos y habrá Europa. Los sofistas del día dicen: ya no hacen falta países europeos para hacer Europa. Esta cuestión no es puramente política; creemos que pertenece más bien a la esfera de las ideas, a ese dominio intelectual que establece las conexiones existentes o posibles entre realidades materiales e inmateriales. Como fenómeno de tal naturaleza, parece recomendable seguir los pasos metodológicos que Wilhelm Dilthey recomienda en su Introducción a las ciencias del espíritu. Por tanto, procederé a la exposición de 1) los hechos y sus consecuencias; 2) los teoremas o principios que deben regir el tratamiento de una materia que es a un tiempo de naturaleza geopolítica e histórico-cultural; 3 ) los valores que están en juego; y 4 ) las reglas para una resolución correcta de esta cuestión en que se arriesga, no tanto el futuro de la civilización europea como tal, sino su naturaleza. LOS HECHOS Las relaciones de Turquía con la Unión Europea y su antecedente el Mercado Común tienen cuarenta y seis años de antigüedad. En julio de...

Políticas de defensa en países occidentales, democráticos y amenzados

De cómo la política de defensa y las FFAA españolas son instrumentos imprescindibles para lograr mantenerse como sociedad competente, influyente y moderna.

Estados fallidos, Estados matones y estabilidad global

Dos nuevas categorías de Estado parecen alcanzar noción y definición propias en los análisis dedicados a la estructura del sistema internacional: el Estado fallido y el rogue state o «Estado matón», como se ha dado en traducir al castellano esa expresión americana. La evolución de los escenarios internacionales en los últimos años ha puesto de manifiesto la decisiva importancia que, activa o pasivamente, tienen ambos tipos de Estado para la estabilidad o inestabilidad de las áreas más conflictivas del planeta. Y obliga a repensar, sostiene Antonio Sánchez-Gijón, los objetivos y las estrategias históricas de la OTAN a la hora de afrontar un futuro que un giro no inverosímil de las circunstancias internacionales, podría transformar de inmediato en un inquietante presente.

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