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Con El final del affaireGraham Greene (1904-1991) está confesando un gran pecado de amor. Al menos, uno de los muchos que debió cometer. El público lector hará las veces de confesor, y el alter ego de Greene, un narrador-personaje llamado Maurice Bendrix, será el culpable en un affaire adúltero, febril y complicado de manejar. Es esta una de las novelas más autobiográficas del autor inglés. Greene desmenuza meticulosamente una historia de pasión adúltera llena de tensiones, tal como él mismo la vivió, y despliega una miríada de circunstancias espirituales y psicológicas de los personajes. Cuando William Faulkner dijo de esta novela que era una de las más auténticas de su tiempo, estaba manifestando que todo lo que en ella ocurre en el plano de los sentimientos representa una realidad emocional reconocible y sincera.

“El final del affaire” (Libros del Asteroide), 320 págs.

Pasados casi setenta años desde la publicación de la novela en 1951, la indagación de una relación trastornadora, con el demonio de los celos y el peso de la culpabilidad, sigue manteniendo hoy la misma vigencia y autenticidad. En la primera línea, el narrador declara: «Una historia no tiene ni principio ni fin». Y al parecer, las historias de amor, tampoco.

“El final del affaire” conserva el talento instintivo de Greene para mantener la tensión hasta el final, como si de una novela negra se tratase

Se podría decir que, pese a ser una novela marcadamente sentimental, El final del affaire conserva el talento instintivo de Graham Greene para mantener la tensión hasta el final, como si de una novela negra se tratase. Si el mundo subterráneo de una Viena gris en la posguerra mundial era el escenario inquietante de El tercer hombrelas casas burguesas del deprimido Londres de la Segunda Guerra Mundial y de unos años después, los jardines, los cafés, los clubes de caballeros, son un campo minado donde los nervios y las mentiras a flor de piel, pueden estallar en cualquier momento. Junto a la efervescencia amorosa entre Maurice Bendrix y su amante, Sarah Miles, el autor no teme abordar asuntos complicados como Dios, la fe, los milagros, la deslealtad, la rabia del desamor o los límites entre la inocencia y el pecado.

La novela se estructura en cinco partes, titulada cada una de ellas, libro primero, segundo, etc. La voz de Bendrix es inteligente, irónica, cercana, despreciativa a veces, envidiosa, apasionada, ligera y profunda, todo a la vez. Y en una vuelta de tuerca, cuando creíamos que solo el protagonista Maurice Bendrix nos iba a contar su versión de los hechos, el libro tercero se inaugura con las páginas del diario de Sarah Miles. El tono de la mujer es más poético y reposado. Desconfía del apasionamiento del amado, lo desea exaltadamente, pero también Sarah nos revela una impresión íntima y espiritual causada por un suceso sobrenatural, fundamental en el desenlace de la novela. Tras búsquedas incesantes, Sarah regresará a la Iglesia católica de su infancia.

En la superficie, El final del affaire relata la turbadora relación de Maurice Bendrix, un novelista seductor y no excesivamente reconocido, con su vecina Sarah Miles, esposa de un alto funcionario público. La excusa inicial de Bendrix para acercarse al matrimonio Miles es escribir una novela sobre un político. El romance se desencadena a espaldas del marido, también amigo del escritor. La historia amorosa tiene lugar al final de la guerra, y Bendrix casi muere por una bomba lanzada sobre su casa. Curiosamente, el domicilio real de Graham Greene fue destruido del mismo modo durante un bombardeo en Londres. A partir de ese acontecimiento, Sarah rompe sin muchas explicaciones la relación con su amante. Solo en el desenlace, se comprenderán las razones de la ruptura. Terminada la guerra, el marido de Sarah, Henry Miles, le confiesa a Bendrix la sospecha de que su esposa tiene un amante.

La aparición en escena de un peculiar detective privado, contratado por Maurice Bendrix, envenenado por los celos, complicará la tensión de la trama, incluyendo la amistad, rivalidades y complicidades entre el escritor Bendrix y el marido engañado. El flujo de conciencia del narrador, va hacia atrás en un flashback intermitente a la búsqueda del pasado, o hacia el presente, siguiendo los pasos de la que fuera su amante, tropezándose con personajes casi delirantes como el fanático religioso Smythe o el pintoresco investigador Parkis, autor del robo del diario de Sarah.

Hasta aquí un argumento más o menos clásico de novela de adulterio. Sin embargo, debajo de la superficie, El final del affaire, considerada por los críticos como una de las cien mejores novelas en lengua inglesa, se adensa para transmutarse en una reflexión sobre la de experiencia de la fe y la posibilidad de los milagros. Greene analiza la impresión que un hecho, vivido como milagroso, puede causar en la conciencia de una persona. La novela habla del Dios personal y de la redención de la culpa; habla del perdón y del sacrificio; del amor-pasión y de los miedos a dañar al prójimo; se habla de las incoherencias de los seres y de la inevitabilidad del deseo. Graham Greene, en una historia que se lee con el placer de un buen novelón sentimental, desliza una meditación sobre el espíritu y la carne, y sobre las contradicciones humanas ante el precipicio del amor. Cerca del desenlace, los elementos sobrenaturales, puestos en cuestión, pero sin aclarar del todo, transparentarán la conciencia religiosa y las propias preocupaciones de Graham Greene, presentes en algunas de sus obras.

EL MEJOR PERSONAJE FEMENINO DE LA OBRA DE GREENE

Como nos recuerda Mario Vargas Llosa en el matizado epílogo de esta edición de Libros del Asteroide, Sarah Miles es el mejor personaje femenino de toda la obra de Greene.

Tal vez porque Sarah Miles existió en realidad, aunque su verdadero nombre era Catherine Walston, esposa del político laborista Harry Walston y amante de Greene, durante varios años. Fue una historia tormentosa que acabó bruscamente, y esa carga emocional planea sobre la ficción de Greene, confiriendo fuerza a cada una de las reflexiones sobre la pasión prohibida. La dedicatoria del libro en inglés, publicado por William Heinemann, en 1951, indicaba: «Para C». Pero en la edición estadounidense, Graham Greene especificó: «A Catherine con amor». Si «una historia no tiene ni principio ni fin», como afirma el narrador de esta novela, por las grandes obras apenas pasa el tiempo, y setenta años más tarde, Graham Greene nos regala una historia inolvidable.


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