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Evergreen State College (Olympia Washington), fundado en 1967, es un college público (equivalente a los que imparten cursos de grado en España) en el que se enseñan artes liberales. Desde su fundación declaraba su especial vocación por la justicia social. Cuenta con apenas 4.000 estudiantes. A pesar de su modesto tamaño saltó a la luz pública en 2017 por un problema relacionado con la libertad de expresión.

Desde los años 70 en Evergreen se suele celebrar el Day of Absence, una jornada de protesta en la que alumnos y profesores de origen afroamericano dejaban de ir al campus para recordar las opresiones sufridas por los de su raza. En 2017 el comité organizador tuvo una idea. Trump había ganado las elecciones y los estudiantes de raza negra decían no sentirse seguros: para ellos todo blanco se había convertido en una amenaza no potencial sino presente. Por esta razón el Day of Absence de ese año tenía que cambiar sus reglas. En vez de que fueran los afroamericanos al campus, se pediría que no acudiera ningún alumno o profesor de raza blanca. De ese modo, los privilegiados podrían experimentar en su propia piel lo duro que había sido el racismo y la opresión ejercida por su clase. Se daba por supuesto que si algún blanco insistía en acudir a enseñar, o a aprender daría muestra de insensibilidad racista contra quienes tanto habían sufrido.

Bret Weinstein, blanco, profesor de biología, siempre se había considerado activista social. Formó parte del movimiento Ocupar Wall Street y su sensibilidad estaba alineada con lo que la universidad norteamericana considera izquierda. Según un estudio que manejan Lukianoff y Haidt, si en los años 90 uno de cada cuatro profesores era conservador, en 2016 el número disminuyó a uno de cada diecisiete. Y la desproporción era mayor en las áreas de ciencias sociales. El predominio de la izquierda en los campus de EEUU es casi absoluto. Lo que defienden Lukianoff y Haidt es que «la diversidad de puntos de vista es necesaria para el desarrollo del pensamiento crítico, mientras que la homogeneidad de puntos de vista (ya sean de la derecha o de la izquierda) da lugar a una comunidad vulnerable al pensamiento de grupo y a la ortodoxia». Ya sea esta, insisten, conservadora o progresista.

Al profesor Bret Weinstein le rodearon más de 50 alumnos que le acusaban de ser un supremacista blanco. Le impidieron hablar por ser ‘racista’, ‘dañino’

A pesar de su pedigrí, Weinstein decidió acudir a su despacho y dar su clase durante el Day of Absence. En una carta a la directora de la Oficina de Servicios de Asesoramiento Multicultural explicaba que no poder ir a la universidad por motivos de raza (en este caso, ser blanco) era un ejemplo real de xenofobia. «Es muy distinto que unos alumnos decidan voluntariamente abstenerse de venir… a que un grupo coaccione a otro para que se marche», decía. «En un espacio compartido el derecho a hablar nunca debería basarse en el color de la piel. Esto es un acto de opresión por sí mismo».

Los estudiantes no le dejaron acceder a su aula de biología; y él decidió impartir su clase en el parque. Los manifestantes tomaron fotos y nombres de los alumnos que asistieron a la lección; y los compartieron en las redes. El despacho de Weinstein apareció al día siguiente lleno de carteles. Weinstein salió a hablar con quienes estaban a la puerta de su despacho haciéndole un escrache. Le rodearon más de 50 alumnos que le acusaban de ser un supremacista blanco. Le impidieron hablar por ser ‘racista’, ‘dañino’, pues «no nos importa lo que quieras decir, no queremos hablar en términos de privilegio blanco».

Análogamente los estudiantes retiraron la palabra al rector de Evergreen. «¡Cállate, George! ¡No queremos oír una maldita cosa que quieras decir! ¡Cierra tu j**** boca!», etc. Le presionaron insultándole si sonreía, exigiéndole pedir permiso para ir al baño, burlándose de él por ser blanco y grabando todas las humillaciones.

Unas semanas más tarde, una cuarta parte de los profesores de Evergreen pidieron que se investigara a Weinstein por ‘su reacción violenta de supremacista blanco’ y porque al hacer declaraciones en la cadena de televisión Fox (conservadora) había puesto en peligro a los estudiantes. El rector le animó a cambiar de trabajo «pues no podemos garantizar su seguridad». Este mismo rector se reunió con los alumnos que protestaban y les agradeció su coraje y que hubieran sido catalizadores del trabajo que profesores y alumnos debían llevar a cabo juntos.

Debido a razones de seguridad física, Weinstein y su mujer perdieron su puesto. Se describen como «profesores en el exilio por carecer de protección». Weinstein declaró ante el Congreso de EEUU insistiendo en que «el derecho de uno a hablar depende de seguir una nueva ortodoxia en la que raza, género y orientación sexual son primordiales». Evergreen State College sufrió en 2018 un dramático descenso en el número de solicitudes de estudiantes nuevos.

La lengua neutra en Wilfrid Laurier

Wilfrid Laurier University es un centro de educación superior público en Waterloo, (Ontario, Canadá). Cuenta con unos 20.000 alumnos de grado, master y doctorado, y con una biblioteca con más de un millón de volúmenes. Su lema es Inspirando vidas. En noviembre de 2017, durante unas clases con alumnos de 1º, Lindsay Shepherd (joven doctoranda y profesora ayudante de la Universidad) proyectó un vídeo con declaraciones del psicólogo social Jordan Peterson en el que éste decía que no pensaba obedecer la ley canadiense que obliga bajo pena a tratar a personas transgénero con pronombres neutrales (la llamada Ley C–17). La intención de Shepherd era plantear un debate sobre los límites de la ley y sobre qué es la identidad sexual.

Al día siguiente una comisión formada por el profesor encargado de la asignatura, el coordinador del programa de grado y la directora de la Oficina de Diversidad e Igualdad citó a Lindsay Shepherd. Miembros del Rainbow Centre (Centro Arcoíris), el club LGTB de la universidad, habían recibido una queja a raíz de la clase. Shepherd grabó la conversación y la compartió por redes sociales. El tono de la misma, en palabras de Shepherd, fue ‘inquisitorial’. En varias ocasiones se escucha cómo Shepherd no puede evitar echarse a llorar. En sus interlocutores, en palabras de Christie Blachford del National Post, «se escucha una arrogancia asombrosa (a ella le acusaron de haber hecho algo equivalente a ‘ir de neutral en un discurso de Hitler’ por no haber empezado denunciado a Peterson), con tácticas de intimidación y un comportamiento totalmente espantoso». Durante la grabación se oye varias veces cómo insisten a Shepherd en que ha generado un gran sufrimiento a su alumnado.

Se acusó a la profesora Shepherd por haber organizado un debate sobre la identidad sexual, pero después una comisión de investigación descubrió que no había existido ninguna queja oficial contra ella

Los tres profesores se presentan en todo momento, según algunos testigos, como superiores, moral e intelectualmente, a la docente y al alumnado. La reunión duró más de una hora. A pesar de que Shepherd lo pidió con insistencia, no concretaron en ningún momento las acusaciones contra ella. Tampoco el número de alumnos denunciantes, ofendidos o heridos: «Eso es información confidencial», repetían. Más adelante una comisión de investigación independiente descubrió que, en realidad, no había existido ninguna queja oficial.

El motivo de la crítica era sencillo: ciertas posturas no deberían aparecer en una clase universitaria. «¿Ni aunque sea para abrir un debate?» «Ni siquiera por ese motivo». «¡Pero eso significa presentar solamente un lado de la cuestión!» alegaba Lindsay Shepherd. «¡Ya se ve que no entiendes!», responden. Le dijeron que había una postura concreta que sostener (pro–trans) si no se quería ser tóxico, y que se trataba de un tema en el que no cabía acudir a otras posiciones con la excusa de debatir. ¿Una razón para ello? La edad de los alumnos. «Son demasiado inmaduros y esas imágenes les crean un entorno de inseguridad». Responde Shepherd: «¡Pero tienen 18 años! ¡Son mayores de edad! ¡En la universidad precisamente les preparamos para enfrentarse a este tipo de cuestiones en la vida adulta!». Insitían: hay temas que no se plantean porque se enfrentan a lo que dice la ley de defensa de los colectivos LGTB en Ontario. Y la postura de Peterson era considerada en esa reunión como una ofensa directa a la Política de Violencia Sexual y de Género, aunque en ningún momento llegaran a concretar cómo.

Peterson es un pensador canadiense, y por lo tanto significativo en un debate que tiene lugar en Ontario. Además es profesor universitario (scholar) en Harvard y en la Universidad de Toronto. Se le conoce internacionalmente por sus dos libros (Maps of Meaning y 12 reglas para vivir) y por tener millones de visitas en sus charlas en YouTube. También es un abierto opositor a la Ley C–16, en la que el Gobierno del Canadá imponía una determinada visión de la transexualidad. Según muestra la grabación, los tres profesores que se reunieron con Shepherd decían que las opiniones de Peterson, por principio, no se podían utilizar en Wilfrid Laurier.

Desde que Shepherd hizo público el contenido de la reunión se han ido sucediendo los hechos. Wilfrid Laurier ha saltado –sobre todo en Canadá– a primera línea de la prensa; se ha abierto un intenso debate sobre libertad de expresión en la universidad; Peterson se ha puesto del lado de la profesora en nombre de la libertad de expresión. Shepherd, entre tanto, ha perdido su puesto docente y ha demandado a Wilfrid Laurier University por censura y amenazas. Por su parte, dos de los profesores grabados la han denunciado porque no habían dado su consentimiento y por hacer pública la grabación. No han hecho referencia al contenido de la misma. Y Deborah MacLatchy, rectora de la universidad, afirmó que los tres profesores se habían extralimitado en su aplicación de la política de género de Laurier.

Reeducación en Delaware

El programa de orientación universitaria de la Universidad de Delaware duró de 2004 a 2007, año en el que se suspendió tras la denuncia interpuesta por FIRE (Foundation for Individuals Rights in Education). Adam Kissel lo contaba en un artículo de 2008: «Por favor, diríjase a su Resident Assistant [alumno de último curso o becario recién graduado] para hablar de su identidad sexual. ¡Es obligatorio! Reforma del pensamiento en la Universidad de Delaware». También lo detalla Greg Lukianoff en Unlearning Liberty (pp. 95–114).

Los alumnos recién llegados al campus de Delaware que vivieran en una residencia universitaria tenían que apuntarse a un curso de orientación obligatorio (mandatory). Lo recibieron unos 7.000 alumnos. Era impartido fundamentalmente por Resident Assistants (RA). Pasados los primeros días en los que se enseñaban la biblioteca, cafeterías, instalaciones deportivas, y se explicaban los horarios, la temática del curso entraba en un terreno personal.

Estos son algunos ejemplos de las preguntas que se hacían en público a los residentes: «¿Hasta qué punto te sientes cómodo con la homosexualidad?», «¿Piensas que la religión y la identidad sexual pueden coexistir?», «¿Te sientes cómodo haciéndote amigo de un afroamericano? ¿Y de una mujer abiertamente gay o bisexual?» «¿Te gustaría ser novio de una mujer heterosexual?» «¿Y de un hombre abiertamente gay u homosexual?».

En su artículo cuenta Kissel que el curso se centraba en reeducar a unas personas que los jefes de las residencias consideraban “consumistas, llenas de prejuicios contra las minorías, ciegas a la justicia social y poco amigas del medio ambiente”. Se aprovechaba para combatir los conceptos tradicionales de identidad masculina, especialmente entre los blancos privilegiados. Los Resident Assistants exigían una ‘tolerancia cero’ a cualquier tipo de lenguaje o actitud opresiva. También tenían que informar a sus superiores de los avances de cada alumno con nombres y apellidos. El objetivo final buscaba superar las creencias ‘tradicionales’ de modo que al término de sus estudios cada estudiante fuera un ‘agente de cambio’ en la sociedad.

En el curso se definía Racista como «alguien privilegiado que hubiera sido educado en las ideas básicas de raza por un supremacista blanco». Es decir, por definición sería racista cualquier persona de etnia blanca sin importar su clase, género, religión, cultura u orientación sexual. Por el contrario, alguien de raza negra nunca podía serlo. También criticaban la posibilidad de que existiera un racismo inverso, «un término creado y usado por gente blanca para negar que existan sus privilegios blancos (…) y denunciar un comportamiento hostil por parte de gente de color contra ellos. (…) En EEUU no existe nada parecido al racismo inverso».

La directora de estudiantes del programa de orientación universitaria de Delaware consideraba que este tendría ‘que dejar una huella mental en sus conciencias’

Los organizadores veían a los estudiantes como “pacientes” que necesitaban tratamiento aunque no fueran conscientes de sus enfermedades. La directora de estudiantes consideraba que «el programa tendría “que dejar una huella mental en sus conciencias”. Así, en las sesiones comunes y obligatorias, los alumnos «permanecían de pie junto a una pared si apoyaban una variedad de causas sociales, incluyendo el derecho al matrimonio gay o el aborto, y junto a otra si no las apoyaban». No se contemplaba la posibilidad de quedarse en el centro o de no participar: «El mundo real está polarizado, luego es necesario elegir», argumentaba el Resident Assistant. No importaba, como ocurrió, que una chica con anorexia tuviera que declarar en público que todavía no tenía claro si su enfermedad respondía a imposiciones sociales o a origen biológico.

Un alumno informó a su padre de que las actividades le resultaban «feas, odiosas y dividen a la gente. Obligan a los estudiantes a actuar siguiendo los peores estereotipos sociales y están llenas de comentarios ideológicos y de insultos gratuitos». La universidad no había informado a los padres sobre estos cursos ni de sus contenidos.

Lukianoff describe cómo «creaban una atmósfera de 24 horas al día cuya finalidad era lograr que los estudiantes apoyaran conclusiones ideológicas y políticas específicas (muchas de las cuales se siguen en debate abierto)». El programa estaba diseñado, según su opinión, para dejar de lado cualquier tipo de discusión sobre los temas tratados, dando respuestas inamovibles, sancionadas de forma oficial por la universidad, sirviéndose de la repetición, la inmersión y la intimidación. «Promovían que en asuntos sociales clave los estudiantes siguieran sus reacciones viscerales antes que un debate razonado». Relata Kissel que «una estudiante de Delaware, Kelsey Lanan, dijo que le parecía que el Resident Assistant les estuviera gritando: ‘Tíos, ¡sois tan racistas! ¡No seáis racistas! ¡No seáis racistas!’».

Los Resident Assistant señalaban lo que significa ser un buen ciudadano y obligaban a los nuevos alumnos a expresar en público sus más íntimas convicciones, según Kissel. No enseñaban hechos y metodologías sino pensamiento obligatorio que había que asumir. Algo así –explica Lukianoff– como si un profesor de estoicismo no se limitara a exponer esa doctrina sino que exigiera que sus alumnos se hicieran estoicos si querían pasar la asignatura.

Los Resident Assistant redactaban informes nominales dirigidos a los organizadores del curso, las autoridades académicas. En ellos consideraban peores estudiantes a los que no se ceñían a la “respuesta correcta”; y pedían a sus jefes la aplicación de medidas disciplinarias contra los que caracterizaban como antisociales. Reservaban esta etiqueta para los que calificaban la experiencia del curso como lavado de cerebro (brainwashing); o los que se quejaban de que les obligaran a hablar de temas que ni siquiera habían tratado con sus padres. «Los castigos iban desde sesiones de orientación en sensibilidad hasta ponerles en periodos de prueba [con amenaza de expulsión del campus]. El ambiente resultante se caracterizaba por ‘un llamativo nivel de autocensura’». Un 86% de los alumnos señaló que no le importaría ser amigo de una mujer abiertamente bisexual o gay. Como apunta Kissel, si esa era la respuesta de casi todos ellos es lógico preguntarse por qué ese curso era obligatorio o simplemente existía.

En una sesión de tutoría cara a cara una alumna fue interrogada por su Resident Assistant varón. Este se quejaba a sus superiores en su informe pues la muchacha no parecía colaborar demasiado. La conversación quedó registrada como sigue:

RA: «¿Cuándo fue la última vez que te sentiste oprimida?»

Estudiante: «Todos los días. Mi problema es que me gusta la ópera. Normalmente la gente me tira piedras y se burla de mí usando palabras crueles. ¡Es algo que no puedo soportar! Pero saldré adelante a pesar de esa mayoría de amantes del rock”.

RA: «¿Y cuándo descubriste tu identidad sexual?»

Estudiante: «¡Eso no es de tu maldita incumbencia!»

«Por enfrentarse a una intromisión en su vida privada por parte de un empleado del estado, la estudiante quedó marcada en el informe, con su nombre y número de habitación, como una de los ‘peores’ ejemplos de resistencia al programa, y el Resident Assistant nunca le informó de que había abierto un expediente contra ella». (Lukianoff, 118).

En 2008, ya suspendido el curso de Delaware, sus organizadores montaron un encuentro a puerta cerrada. Peter Wood, periodista, pudo colarse y redactó el siguiente informe para FIRE:

«La reunión la comenzó una empleada de alto rango de las residencias de una gran universidad privada en el Noroeste. Encendió una vela grande ‘representando el conocimiento y la responsabilidad que tenemos como profesionales de asuntos de estudiantes y residencias’. El gran cirio estaba situado junto a una bandeja llena de candelas pequeñas que ella decía que representaban a los estudiantes, ‘a los que trasladamos este conocimiento’. De repente apagó el cirio de un soplo. Dirigió su vista de modo dramático hacia los asistentes y nos dijo que en el otoño de 2007 ‘Nuestra luz se oscureció’, y lo había hecho por ‘el odio, el miedo, la ignorancia y la estupidez’. No nombró la fuente de esos apagones de velas quizá porque el nombre FIRE [en inglés, fuego] hubiera estropeado su metáfora. Entonces anunció: ‘Con esta reunión volvemos a encender estos cirios y ni odio, miedo, ignorancia o estupidez volverán a cegarlos’. Encendió la mecha y siguió explotando el filón: ‘Viajad conmigo hacia nuestra revolución del futuro’». Según uno de los asistentes, FIRE era «una organización malvada con vínculos en grupos de blancos supremacistas».

El de la Universidad de Delaware no es el único caso. En DePauw University entre 2009 y 2011, se reprochó a las alumnas sus privilegios de mujeres blancas; y se les impusieron discusiones interminables sobre raza, género, sexualidad y religión, en las que les caracterizaban como fanáticas que necesitaban ser educadas de nuevo. Programas similares se dan en las universidades de Georgetown, Clemson, Washington State, North Carolina at Chapel Hill, Florida State, Michigan State, etc.

Ley, moralidad y orientación sexual en Oxford

En 1994 John Finnis –hoy profesor emérito de la Escuela de Derecho de la Universidad de Oxford– publicó en la Notre Dame Law Review un artículo titulado «Law, Morality and ‘Sexual Orientation’». El artículo lo reeditó la universidad de Notre Dame en 2012 dentro de un Simposio sobre Orientación Sexual.

Finnis  (Australia, 1940) estudió en Oxford donde defendió su tesis doctoral en 1962, el mismo año de su conversión al catolicismo. Autor de numerosas monografías, ha centrado su trabajo en el estudio del Derecho Natural y Ética Fundamental. Sus obras han sido publicadas en las editoriales de las universidades de Oxford, Notre Dame o Georgetown, todas ellas de primera línea en el ámbito académico.

El referido artículo se centra en la exposición de las ideas sobre la homosexualidad de autores clásicos como Sócrates, Platón, Aristóteles o Plutarco. Finnis lo hace yendo a las fuentes griegas y latinas y acudiendo a trabajos de filólogos clásicos, estudiosos y filósofos de renombre como K. Dover, G. Vlastos, D. Hakperin, Winkler, C. Hindley, D. Cohen o, en este caso en abierta polémica con ella, la Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales de 2012, Martha C. Nussbaum.

El artículo de Finnis es una pieza de alta sofisticación académica en la que el enfrentamiento con Nussbaum (centrado en los modos más adecuados de traducir del griego al inglés una serie de expresiones de los textos de Platón como tolmema o para physin) es realmente encendido pero de carácter exclusivamente científico.

Finnis propone en su publicación una exposición racional de las tres tesis centrales de rechazo a la conducta homosexual que ofrece la tradición platónico–aristotélica y la filosofía antigua tardía (Plutarco en el Erotikos, o Gayo Musonio Rufus). Lo hace siguiendo las indicaciones de los clásicos citados, otras fuentes (San Agustín o Kant) y la visión de la antropología subyacente a estos autores. Es en esa explicación donde propone unos ejemplos que en 2018 levantaron cierta polémica entre un reducido número de estudiantes de Oxford.

¿De qué se quejaban esos estudiantes? En la petición inicial se indicaba que el seminario de Finnis era required (obligatorio). Sin embargo, tal afirmación resultó falsa: Oxford ofrece cientos de seminarios y es obligatorio hacer alguno, aunque cada uno de ellos sea optativo. Dado lo erróneo de la información en change.org, diversas personas sugirieron que se retirara la petición o que se volviera a proponer con la información adecuada.

Finnis se propone –siguiendo a Sócrates, Platón, Aristóteles,– analizar las acciones homosexuales sin entrar a la intención de las personas que realizan esas acciones

La queja inicial denunciaba a Finnis por «visiones radicalmente discriminatorias contra personas en desventaja». Si se lee el artículo de Finnis (disponible gratuitamente en Internet) no es posible encontrar ningún ataque contra ningún grupo de personas. Como moralista lo que hace es juzgar el significado de cierto tipo de acciones. Pero no propone juicio alguno sobre las personas que realizan esos actos. Sí habla del «mutuo cariño que algunas personas homosexuales desean manifestar y experimentar» (p. 32). O de «las generosas esperanzas y sueños y pensamientos de darse en las que viven algunas parejas del mismo sexo» (p. 29, cursiva de Finnis). Lo que él se propone –siguiendo a Sócrates, Platón, Aristóteles, etc.– es analizar las acciones homosexuales sin entrar a la intención de las personas que realizan esas acciones. Finnis afirma que «no hay ni una sola frase fóbica [en mis escritos]. El ensayo presenta una crítica clásica y estrictamente filosófica sobre todos los actos sexuales fuera del matrimonio, y ha sido vuelto a publicar muchas veces, la última por Oxford University Press».

El hecho de que el texto de Finnis lo publicaran editoriales de reconocido prestigio y no fuera un panfleto underground, también parece obligar a un tratamiento del asunto dentro del estilo y formas del debate académico.

De la autocensura a la corrección política

En los casos expuestos, además de estar en cuestión la libertad académica, lo está la idea misma de universidad. Cuando el único modo de contradecir a quien defiende o expone algo que desagrada a alguien es expulsarle de la facultad, parece que las doctrinas dominantes se impongan por un mero ejercicio del poder. ¿Hay argumentos racionales que justifiquen el racismo contra los blancos de Evergreen, la crítica dogmática a Peterson, el lavado de cerebro de Delaware o la negación de la ética clásica en Oxford?

Si una postura no puede ser discutida racionalmente entonces es dogmática. Karl Marx definía lo dogmático con la palabra ideología. Y las ideologías, sostuvo Peterson en el último debate Munk (Toronto, mayo de 2018), terminan necesariamente con la libertad de expresión porque la ideología no se propone, se impone. La ideología entiende el mundo como estructuras de poder que no aceptan la posibilidad de verdad sino solo la imposición de los intereses de clase (blanco heterosexual y varón; cristiana y fundamentalista moral; feminista; afroamericana; latino; LGTB, etc.).

Durante ese mismo debate, Stephen Fry hizo algunas reflexiones sobre el tema de libertad de expresión. Fry es actor, dramaturgo, judío, homosexual, conocido por encarnar a Oscar Wilde en una película de 1997 sobre el juicio que sufrió el escritor por sus prácticas homosexuales.

“Me resulta una extraña paradoja –argumentaba Stephen Fry– que los liberales sean anti-liberales en su exigencia de liberalidad”

Se califica a sí mismo como «contrario a la homofobia, la transfobia, la islamofobia, la xenofobia…». Al mismo tiempo detesta la corrección política por su carácter «mojigato, santurrón, de superioridad moral, resentido e iracundo, ortodoxo, acusador, vergonzante» que «encima no funciona». Y no funciona, argumenta Fry, porque la autocensura a la que conduce la corrección política es como un sargento chusquero que, con su falta total de humor y tolerancia, en realidad invita a transgredir toda ortodoxia. «Eso ha ocurrido siempre con las actitudes puritanas».

«Me resulta una extraña paradoja –argumentaba Fry– que los liberales sean antiliberales en su exigencia de liberalidad. Que sean exclusivos en su exigencia de inclusión. Homogéneos en su exigencia de heterogeneidad. Que de algún modo sean ‘no diversos’ en su exigencia de diversidad: puedes ser distinto, pero no te dejan divergir en tus opiniones, lenguaje o comportamiento». No se dan cuenta, subrayaba Fry citando a Chesterton, de que «los ángeles pueden volar porque se toman a sí mismos con ligereza. Y creo que para nosotros, que somos unos privilegiados, sería muy importante tomarnos un poco más a la ligera y no ser tan creídos, tan pomposos, tan serios. Y no estar siempre tan seguros de todo».

De otro modo «perderemos algo que escribía Oscar Wilde a su amante Bosie: ‘El hecho de que no consiguieras el título de graduado no importa nada. Sin embargo, no lograste lo que suele llamarse el estilo de Oxford’. Lo que yo llamaría –apunta Fry– el estilo de la universidad». «Oscar dijo: ‘Por estilo entiendo la habilidad de jugar con las ideas con gracia’. Yo creo que eso está desapareciendo de nuestra cultura, y que tal cosa es terrible».

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Para leer más

Sobre State Evergreen College y el profesor Bret Weinstein, aquí.  Entre los enlaces a los que envía esta noticia, había uno al vídeo en el que los alumnos atacan a Weinstein, pero YouTube lo ha quitado por su ‘violar su política contra el acoso. Se puede ver una entrevista a Weinstein con fragmentos de las presiones que sufrieron los profesores y declaraciones de los alumnos contra la libertad de expresión, en Campus Argument Goes Viral As Evergreen State Is Caught In Racial Turmoil (HBO), enero de 2017. La declaración de Weinstein ante el Congreso aquí. Las estadísticas de Lukianoff y Haidt aparecen en su libro The Coddling of the American Mind, Penguin Press, New York 2018, pp. 108–113. Cf. Bill Bishop, The Big Sort, Houghton Mifflin Company, Boston–New York 2008.

Sobre el asunto de Lindsay Shepherd, véase este vídeo (3’57’’). También The Lindsay Shepherd Affair: Update, June 2018, 37’. Puede verse la noticia del National Post del 26 de abril de 2018:. Algunas novedades aquí.

El artículo de Adam Kissel, «Please Report to Your Resident Assistant to Discuss Your Sexual Identity—It’s Mandatory! Thought Reform at the University of Delaware». El libro de Greg Lukianoff, Unlearning Liberty. Campus Censorship and the End of American Debate, Encounter Books, New York–London 2012. El artículo de Peter Woods, aquí.

El artículo de John Finnis aquí. La petición de change.org aquí. Algunas de las referencias en prensa aquí (Oxford), aquí (The Times) y aquí (The Guardian).

Sobre cómo la ideología imposibilita la ‘libertad de expresión’, cf. la argumentación de Jordan Peterson en Fry, Peterson, Dyson, Goldberg, Political Correctness Gone Mad?, Oneworld Books, Toronto 2018, p. 36. De este mismo libro se toman los textos de Stephen Fry (cf. pp. 24–28; 82; 89; 97). Stephen Fry fue el protagonista en 1997 de Wilde, una película dirigida por Brian Gilbert sobre el escritor británico.


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