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Chile es un país muy lejano, al punto que se le ha llamado muchas veces finis terrae, el fin de la tierra. A pesar de la distancia, el país está presente prácticamente en todo el mundo: sus exportaciones llegan a los lugares más diversos del planeta; los jóvenes chilenos estudian postgrados en América del Norte, Europa e incluso Oceanía; el país tiene tratados de libre comercio con las naciones que agrupan a gran parte de la población mundial. Chile es un país importante en el contexto internacional, por su gente y por su organización institucional, más aún en un cuadro de incertidumbre como el que se aprecia tanto en el plano económico como político.

Para nadie es un misterio que vivimos un escenario de crisis internacional, que se nota principalmente en materias económicas y en cierta efervescencia social. Una segunda afirmación bastante repetida es que vivimos una época especial, marcada por cambios acelerados en la sociedad, como se puede observar en los vertiginosos avances tecnológicos. Un tercer factor que podríamos mencionar se refiere a las circunstancias de vivir en un mundo que ha aceptado la democracia como la mejor forma de organización política de las distintas naciones, pero que enfrenta de manera continuada la crítica de diversos grupos ciudadanos e incluso una desafección creciente hacia las instituciones democráticas. Como en todas las épocas de tensión, han emergido en diversos lugares del mundo visiones pesimistas de la realidad, y un lenguaje que mezcla desesperanza y, a veces, incluso derrotismos. Parece como si la crisis nos hubiera ganado la partida y temiéramos a los cambios que enfrentamos. Esto es visible tanto en Europa como en América, en España como en Chile.

La crisis internacional es una situación que se repite prácticamente a diario en la prensa, en los sectores dirigentes, en organizaciones sociales y en los grupos de opinión. Además existe una enorme evidencia de datos que prueban esta percepción: varios países han caído en la recesión, existen altísimos niveles de desempleo en diversas naciones, hay recortes en el gasto público y menor inversión pública y privada, que se suman a los más variados problemas en múltiples ámbitos.

Los cambios que se viven, y los que vienen, también son notables. Un interesante estudio de Price Waterhouse señala que hacia el 2050 habrá transformaciones cruciales en la economía del mundo, que vale la pena tener en cuenta.

• Estados Unidos perderá el primer lugar en la economía mundial, a favor de China y la India. Una transformación que hace décadas era impensable.

• Ningún país europeo estará entre las ocho principales potencias económicas mundiales (irrumpirán por su parte México y Brasil, de grandes volúmenes de población). Otro cambio sin precedentes.

• España descenderá algunos lugares en el ranking, y se ubicará en el número 18, aproximadamente, desde el puesto 12 que ocupa en la actualidad.

Todo esto, por supuesto, si se mantienen todas las tendencias de los últimos años de manera constante, como lo prueba otro informe de la OCDE, que presenta una visión global del crecimiento mundial proyectado hacia el 2060, que llega esencialmente a las mismas conclusiones.

Otro tema relevante, y sobre esto volveré al final, es que vivimos una situación muy interesante. A pesar de las amenazas que implicaron el fascismo, el nazismo y el comunismo durante el siglo XX, la democracia se impuso finalmente como el sistema que mejor garantiza los derechos humanos, la participación democrática, la alternancia en el poder y el pluralismo político. Sobre las ruinas de la historia quedaron los campos de concentración, el gulag y los muros de la vergüenza, para dar paso a ciudadanos libres en sociedades que buscaban la libertad y la justicia como bases de la organización política.

Este es el contexto en el que se inscribe un tema internacional de notable actualidad y, sobre todo, de gran proyección: se refiere a la Alianza del Pacífico y sus perspectivas para el desarrollo de Iberoamérica. En ambos casos Chile desempeña un papel relevante.

¿QUÉ PUEDE APORTAR CHILE AL MUNDO DE HOY?

Chile es un país con enormes posibilidades. Cuenta con solo 16 millones y medio de habitantes y está ubicado muy lejos de lo que ha sido el centro del desarrollo mundial en los últimos cinco siglos.

Sin perjuicio de eso, hay algunas cosas muy valiosas que debemos considerar. Chile es un país tricontinental, que incluye América del Sur, Oceanía y la Antártida, lo que significa mucho en el mundo de hoy. Se trata también de uno de los países más largos del mundo, con más de 4.400 kilómetros de longitud. Por otra parte, en un mundo donde las instituciones son muy relevantes tanto para generar riqueza como para derrotar la pobreza, podemos decir que Chile es un país que tiene instituciones sólidas. Podemos mencionaralgunos factores relevantes al respecto:

• Chile cuenta con una democracia estable y una institucionalidad sólida.

• Se trata de un país que valora la certeza jurídica y cuenta con reglas del juego claras.

• Existe respeto a la propiedad privada y se considera la iniciativa privada y el emprendimiento como motores de la actividad económica y del desarrollo social.

• Chile tiene una política macroeconómica prudente, con bajo endeudamiento público y con responsabilidad fiscal.

• Tenemos una economía abierta y competitiva, consolidada en más de tres décadas de continuidad: existió primero una rebaja unilateral de aranceles y hoy tenemos tratados de libre comercio con las principales potencias del mundo.

• Para los objetivos que nos planteamos como país, utilizamos los estándares de la OCDE, lo que representa una gran exigencia, pero que nos permite trabajar en la línea de los países más desarrollados.

• Contamos con políticas sociales orientadas a la creación de fuentes de trabajo, al crecimiento con equidad y a la cohesión social.

Por otro lado, en estos últimos años hemos logrado algunas cosas importantes como sociedad. En el índice de Calidad Institucional, que mide la libertad política y económica Chile ocupa el lugar 24, siendo el primer país de América Latina; lo mismo ocurre en el índice de Transparencia Internacional, donde Chile ocupa el lugar 23 en el mundo y el primero entre los latinoamericanos; por otro lado, es el país número 30 en el índice de Competitividad, también número uno en AL; el 34 en e-government y nuevamente primero en AL.

El crecimiento económico de Chile en los últimos tres años, incluso en un contexto de crisis internacional, es de un 5,5-6%. Actualmente el país tiene tasas de desempleo bajas, cercanas al 6%, que en la práctica significa lo que los especialistas denominan pleno empleo. Los exitosos resultados no son producto del azar, sino que se deben fundamentalmente al dinamismo de su economía, la flexibilidad laboral y la creciente inversión nacional y extranjera. Como consecuencia, Chile es uno de los tres países de la OCDE, junto con Alemania y Turquía, que tiene menos desempleo que antes del estallido de la crisis subprime. Como dato adicional podemos considerar que ha disminuido el desempleo juvenil, ha aumentado el empleo femenino y se han incrementado los salarios reales. El desempleo en los países de la OCDE subió en 2,2 puntos porcentuales entre 2007 y 2012, mientras en Chile bajó 1,56%, en una tendencia que continúa a comienzos de 2013.

Sin embargo, es preciso destacar que no se trata solo de cifras y de argumentos económicos. En el último Informe de Desarrollo Humano del PNUD, de 2010, Chile se encuentra entre los países con Desarrollo Humano Alto, y ocupa el lugar número 44 entre 187 naciones, y nuevamente es el primero de América Latina. Esto ha tenido su correlato, por ejemplo, en el desarrollo educacional del país. Todo esto es coherente con una institucionalidad que tiene su centro en la persona humana y que procura su mayor desarrollo posible.

Sin perjuicio de los éxitos recientes y de los resultados positivos, somos conscientes de que todavía hay muchos problemas que resolver, situaciones que mejorar y desafíos que abordar. Sabemos también que eso toma tiempo y requiere mucho trabajo. Y estamos convencidos de que lo mejor es emprender este camino no de manera aislada, sino que trabajando con los afines y sumando esfuerzos. Ahí está la base de nuestra recién creada Alianza del Pacífico, uno de los proyectos más atractivos e interesantes que han surgido en las últimas décadas en nuestro continente.

LA ALIANZA DEL PACÍFICO, UNA GRAN INICIATIVA

En junio de 2012 se constituyó la Alianza del Pacífico, que integró de inmediato como miembros plenos a México, Colombia, Perú y Chile, mientras Panamá y Costa Rica se integraron como observadores. La reunión se realizó en el cerro Paranal, en el norte de Chile, donde concurrieron también SM el Rey de España y el ministro José Manuel García-Margallo, a quienes tuve el privilegio de acompañar. Era un momento importante para nuestro país que coincidió con la visita de las autoridades españolas a propósito de la cumbre que se desarrollaría en Cádiz en noviembre pasado. En la ciudad gaditana, los cuatro países miembros destacaron «el potencial que brinda la Alianza del Pacífico como plataforma estratégica abierta al libre comercio y que ofrece ventajas competitivas para los negocios internacionales». En Cádiz también diversos países se incorporaron como Estados observadores a la iniciativa, entre ellos España. Es decir, en menos de un año la iniciativa ha tenido un importante desarrollo y se abren interesantes perspectivas futuras.

La Alianza del Pacífico constituye un hecho histórico que tiene características fundamentales que profundizarán la integración regional, y está destinada a avanzar progresivamente a la libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas, a partir de los acuerdos de libre comercio ya existentes entre sus miembros. De esta manera, logrará un mercado atractivo para la inversión extranjera, así como aumentar el flujo comercial interregional y con terceros países, principalmente con el Asia Pacífico. Esto no se refiere a meras intenciones, sino que es producto de una institucionalidad que es reconocida a nivel mundial. No es casualidad, por ejemplo, que un informe de la CEPAL sobre «La inversión extranjera en América Latina y el Caribe», destaca que «Brasil, México, Chile, Colombia y Perú son los principales receptores de capitales extranjeros», es decir, están presentes los cuatro países de la Alianza, precisamente porque son confiables y abiertos en el mundo actual.

¿Cuáles son sus objetivos?

• Construir de manera participativa y consensuada un área de integración profunda para avanzar progresivamente hacia la libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas.

• Impulsar un mayor crecimiento, desarrollo y competitividad de las economías de las partes, con miras a lograr mayor bienestar, la superación de la desigualdad socioeconómica y la inclusión social de sus habitantes.

• Convertirse en una plataforma de articulación política, de integración económica y comercial, y de proyección al mundo, con especial énfasis al Asia Pacífico.

Todo esto se fundamenta en algunos principios que compartimos y que creemos necesarios para el logro y fortalecimiento de nuestras naciones y del continente. Ellos son la vigencia del Estado de Derecho, de la democracia y de los ordenamientos constitucionales respectivos, la separación de poderes del Estado, la protección, promoción y respeto de los derechos humanos y de las libertades fundamentales.

Así se resumió en la fundación de la Alianza del Pacífico: «Esta alianza está llamada a ser un verdadero puente que cruce el extenso océano para unir a los pueblos de América y Asia».

La Alianza tiene algunas premisas importantes que corresponde considerar.

En el mundo actual es necesario actuar unidos, ya que ello potencia nuestras posibilidades y hace más atractivo el desarrollo de inversiones y proyectos de distinto tipo. Al respecto, la Alianza representa:

• Más de 200 millones de personas.

• El 35% del PIB de Latinoamérica.

• Exporta US$ 440 mil millones.

• El 50% de las importaciones de la región.

No está de más señalar que en el 2011 se exportaron US$ 71 mil millones a países asiáticos, mientras las importaciones desde Asia fueron de US$ 154 mil millones el 2011.

Lo interesante es que la Alianza no se ve a sí misma como un club cerrado, una especie de casta de privilegiados, sino que tiene la apertura al mundo precisamente por estar inspirada en los principios de la libertad. Al respecto, es importante destacar que la Alianza del Pacífico es una excelente oportunidad de vinculación dentro de América y con el mundo. Por supuesto, también con España, como lo han intuido con clarividencia las autoridades españolas, al incorporarse como observadores plenos, con lo que vuelven a mirar hacia el oeste, como lo hicieron en su momento Magallanes y Elcano, con impresionantes resultados.

De alguna manera, podemos decir que la Alianza del Pacífico está en la línea del mundo que estamos construyendo hacia el futuro: un futuro con libertad política (democracia) y con libertad económica (emprendimiento, seguridad jurídica, inversión extranjera).

Con estos antecedentes, podríamos preguntarnos ¿Qué se propone la Alianza para los próximos años? En síntesis, podríamos afirmar lo siguiente:

• Estrechar las relaciones bilaterales, profundizar el intercambio comercial.

• Trabajar por el desarrollo económico y social de nuestros pueblos.

• Privilegiar la integración, y el propósito de avanzar progresivamente hacia la libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas.

Sin ánimo de ser detallista, me gustaría precisar algunas acciones concretas, que constan también como parte de las Instrucciones del Acuerdo, y que permiten alejar a la Alianza del Pacífico de la retórica vacía que a veces se critica.

Al respecto, un tema crucial es avanzar hacia la eliminación de aranceles. En la reciente reunión que se desarrolló en Chile, la Cumbre CELAC-UE, los presidentes de los países miembros de la Alianza del Pacífico se reunieron y acordaron llegar una zona de libre comercio con un 90% de los productos liberados de arancel a marzo de 2013, con el objetivo de llegar al 100% en breve plazo.

Adicionalmente, los países procurarán la implementación de plataformas de movilidad estudiantil y académica durante el 2013. En la misma línea se encuentra avanzar hacia la plena liberalización de los flujos migratorios; desarrollar un plan de trabajo de Proexport, Prochile, Promperú y Proméxico, para facilitar el comercio, promover productos en los mercados internacionales e inversiones en la región. En la misma línea se inscribe la constitución del Consejo Empresarial de la Alianza, que facilitará la vinculación entre el sector privado y el proceso de integración.

Entre otros asuntos, se ha propuesto se constituya un Grupo Técnico de Asuntos Institucionales para que negocie, entre otros asuntos, un régimen de solución de controversias.

Con la creación de la Alianza del Pacífico se ha marcado el comienzo de una nueva etapa en las relaciones internacionales del continente, y hemos proyectado a América Latina hacia el siglo XXI sin complejos, con mentalidad ganadora, convencidos de que el futuro de nuestros pueblos será mejor si tomamos las decisiones correctas, avanzamos con decisión y fortalecemos sociedades libres. En esta tarea Chile tiene mucho que decir como país, como parte de la Alianza del Pacífico que también estará en el corazón de este desarrollo futuro. Pero no seremos los únicos, esmuy importante considerar que las ideas de la libertad políticay económica, la lucha por el bienestar de los pueblos,es una tarea sin egoísmos a la que todos están invitados. Y en esta tarea España también tiene un papel importante que desempeñar.

EL FUTURO DE IBEROAMÉRICA

Una posibilidad es que Chile, con su riqueza y potencialidades, se proyecte solo hacia el mundo. Sería el camino más corto hacia una aventura. Una segunda posibilidad es que, dado que ahora existe la Alianza del Pacífico, nuestro país concentrara exclusivamente ahí sus esfuerzos. Si bien esto sería un avance, no cabe duda que también estaría destinada a un acaso.

Avanzaremos en ambas direcciones y estamos ciertos que enarbolando las banderas de la libertad política y económica, lo haremos con todos los afines, tanto en América Latina como en el resto del mundo.

Para la proyección internacional de Chile y de la Alianza del Pacífico existe una oportunidad histórica que no podemos desaprovechar: trabajar con España. Efectivamente, se trata de un momento en el cual debemos avanzar con España. Para ello, creemos, hay tres premisas fundamentales que es necesario cumplir.

• En primer lugar, España y Portugal pueden recuperar su lugar en el mundo a través de una asociación efectiva con Latinoamérica.

• En segundo lugar, es preciso tener claro un objetivo: debemos lograr un iberoamericanismo real.

• En tercer término, es preciso crear una unión política, económica y social que sea un referente mundial.

Al respecto, hay un aspecto en que es preciso ser muy claros. América Latina y España nos necesitamos recíprocamente. España tiene 47 millones de habitantes, mientras los países de habla hispana en Latinoamérica totalizan cerca de 400 millones de personas. España tiene una cultura y una tradición de siglos, que Latinoamérica ha incorporado en conjunto con sus tradiciones ancestrales y su historia de los últimos 500 años. Juntos representamos un enorme espacio cultural, de valores y lengua común, llamados a ser una de las principales fuerzas en la construcción del desarrollo mundial en el próximo siglo.

Quiero señalar a este efecto un libro reciente de Daron Acemoglu y James A. Robinson, Por qué fracasan los países (Barcelona, Ediciones Deusto, 2012), que se refiere a los orígenes del poder, de la prosperidad y de la pobreza. Entre los factores que menciona como capitales para que los países avancen o retrocedan, prosperen o se empobrezcan, destaca el factor institucional. No da lo mismo tener un sistema que favorezca la propiedad privada que uno que no la respete. No da lo mismo favorecer la competencia política y económica que buscar los monopolios que puedan beneficiarnos con poder y riquezas. No da lo mismo estar abiertos al cambio y la destrucción creativa, que preferir un modelo de perpetua complacencia, ausencia de riesgos y comodidad. Un camino más fácil, pero sin destino.

Y aquí está el quid de la cuestión. Es exigible y necesaria la coherencia entre un modelo de libertades y la institucionalidad que adopte cada país y la comunidad internacional. Eso es lo que ha hecho y lo que distingue a Chile en el contexto mundial: un país donde rige el Estado de Derecho, un sistema de transparencia y basado en la participación. Y que tiene una institucionalidad claramente orientada en esa dirección.

Para ello existen un Tribunal Constitucional y un Banco Central independiente, una ley de transparencia efectiva, elecciones competitivas cada cierto tiempo, alternancia en el poder, pluralismo político y libertades civiles, respeto por la propiedad privada, la libre iniciativa económica, la creación de trabajo y la responsabilidad fiscal. Un país que cree en la necesidad de compatibilizar el crecimiento económico con el progreso social, el desarrollo cultural con el dinamismo político. Un país orgulloso de su historia, que trabaja intensamente en el presente para construir un futuro mejor.

Un futuro en que no se puede ni se debe trabajar solo. Por eso, acuerdos como la Alianza del Pacífico facilitan la prosperidad de nuestros países en el presente, así como también abren oportunidades auspiciosas hacia el futuro. La integración de España en este proyecto no hace sino confirmar la importancia de nuestra amistad y de las inmensas posibilidades que se abren hacia el futuro. _


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