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Carlos Martínez de Aguirre es catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Zaragoza y presidente de The Family Watch España. Su conferencia, el pasado viernes en Madrid, en el seminario sobre Buenas prácticas internacionales de apoyo público a la familia, fue quizá la más luminosa.

Empezó con una paradoja. Hay un esfuerzo en familia como nunca. Hay leyes de apoyo a la familia. Hay libros sobre cómo educar a tu hijo a los 6 años, a los 7 años, a los 8 años… Y la familia, sin embargo, no parece que marche del todo bien: más divorcios, más fracaso escolar, más enfermedades mentales…

Continuó con una fábula, la de un explorador que a base de latigazos pone a sus renos en dirección al Polo Norte. Pero al final de cada día mira la brújula y el mapa y comprueba cómo invariablemente se aleja cada vez más del Polo Norte. La brújula funcionaba bien, los renos volaban, como el Metro de Madrid. ¿Qué ocurría? El aventurero iba, sin saberlo, en un iceberg que se dirigía al Sur con una velocidad muy superior a la de los animales de los villancicos navideños.

aplicó la paradoja y la fábula a la familia. Hay políticas familiares nucleares (defensa del matrimonio hombre-mujer-hijos, adopciones, protección de menor, etc.) que refuerzan a la familia en sí misma. Hay política familiares periféricas (fiscales, administrativas, laborales…). Las primeras son el iceberg y las segundas son los renos. Las periféricas son costosas y aparentes (protección a la vivienda, por ejemplo), se “venden” bien. La tentación con las políticas nucleares es la tendencia a bajar continuamente el nivel (el “matrimonio gay”, la ideología de género, etc.) porque juega mucho la emotividad y es más popular.

Pero hay que “trabajar con datos, no con ideologías”, subrayó Martínez de Aguirre. Y “los datos nos dicen que hay modelos familiares que funcionan mejor que otros”. Esos datos ponen de manifiesto que hay muchas más rupturas y promiscuidad en el “matrimonio gay”.

Martínez de Aguirre desconoce la estrategia comunicativa para revertir esta tendencia, en la que triunfa el sentimentalismo sobre la razón y la experiencia empírica. “Un episodio de Modern Family se carga cualquier conferencia sobre la familia”, sostuvo el catedrático. Solo se atrevió a dar alguna pauta: trabajar el concepto de matrimonio, ser proactivo, ser respetuoso, tener una mentalidad abierta, buscar argumentos sólidos y saber argumentar, y no tener miedo. Con una actitud así, en los Estados Unidos se había revertido la tendencia de apoyo al aborto. Y es que, añadió, “el sexo es socialmente relevante porque a continuación vienen los hijos”. Y lo socialmente relevante va más allá de las emociones. La realidad y los datos avalaban la heterosexualidad, la estabilidad y el compromiso, “porque los hijos son un incordio durante muchos años”.

Es, pues, una locura no llevar a cabo una política familiar adecuada y de preventiva ante las rupturas familiares. “En más de 40.000 millones de libras al año cuantifican los británicos los costes por las rupturas familiares”. Es muy oneroso para el Estado. Además, emotivamente no se soluciona nada. Pensemos en la mentalidad y aptitudes que se exigen a la ex pareja para la custodia compartida. Cuando lo ven y lo viven, afirman que se lo habrían pensado mejor antes de romper, concluyó el ponente.


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