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ignaciopeyro_img_0.jpgEl atractivo de la historia, la cultura e incluso las formas británicas es indudable en cualquier parte del mundo. Y en términos políticos las deudas que tiene la civilización occidental con lo anglosajón resultan evidentes. Por eso mismo, un libro como el de Ignacio Peyró, que trata de profundizar sobre los elementos, principios, hechos y personas que definen la cultura inglesa resulta casi imprescindible. La tarea que se ha propuesto es, claro está, inabarcable y uno tiende a pensar que, en lo sucesivo, no habrá más que incluir y añadir voces a esta enciclopedia que resume y condensa lo más idiosincrático del mundo inglés.

El diccionario es monumental y permite tanto una lectura seguida como una más selectiva, por voces y temas. Además, Peyró ha buscado jugar con el lector y por ello es interesante seguir sus recomendaciones y dejarse guiar en ese viaje interno que propone con sus remisiones y referencias cruzadas. En ellas el lector puede ir de «Espías» a «Cambridge», por ejemplo. O de «Disraeli» al «Croquet».

Aunque no pretende ser exhaustivo, lo cierto es que resulta bastante completo y ofrece un panorama interesante, plural y amplio de todo lo más significativo de esa cultura. Como ensayo o como obra de consulta, e incluso como narración, la lectura de este libro es especialmente recomendable en un momento en que se pierden las formas y se asiste a la entronización de la mediocridad.

Por otro lado, es acierto del autor el haber sabido combinar las voces más teóricas o cultas con otras que pertenecen más a la cultura popular. Los de Bloomsbury, así, aparecen cerca de Bádminton y Knox con James Bond, por poner un ejemplo. O el Telegraph con The Economist o Dunhill. Son numerosas, además, las dedicadas a personajes e ingleses más representativos, como Shakespeare, Rudyard Kipling o Thomas de Quincey, entre los escritores, Churchill entre los políticos, o los miembros de la realeza, incluida Lady Di.

El libro, en cualquier caso, muestra la pasión del autor por un país y una tradición rica y versátil, epítome de lo que se evoca bajo el término civilización. Peyró quiere recuperar ese legado, proponerlo en un momento de crisis, tanto para el Reino Unido como para Europa. De ahí que no dude en confesar que el libro nace de su admiración por la cultura inglesa y que constituye «un elogio de Inglaterra y una reivindicación de lo mejor de su herencia».

El retrato que Peyró ha compuesto de lo inglés muestra las diferentes perspectivas de una cultura tan admirada como envidiada. Tal vez de la envidia nazca cierta hostilidad que no puede, en efecto, reprimir la admiración. Cualquier cultura puede ser, si se exagera alguna de sus dimensiones, ridiculizada. Pero lo cierto es que el liberalismo, como el conservadurismo, nacieron allí y es su sistema político uno de los más eminentes monumentos a la historia del espíritu humano.

Peyró no ha escondido, sin embargo, lo censurable, ni oculta sus paradojas ni sus defectos. Porque el Reino Unido es el lugar de lo snob y de la etiqueta, pero también del amarillismo; el de la tolerancia, pero también de la hipocresía. En cualquier caso, hacerse una idea de lo que conlleva la referencia a lo inglés y a sus costumbres, penetrar y conocer su cultura, exige leer y reflexionar sobre este libro.

Josemaría Carabante


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