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En la andadura literaria y cultural del siglo XIX los grandes novelistas sustituyeron en ocasiones a los historiadores profesionales como forjadores de la conciencia nacional. Textos como los galdosianos Episodios Nacionales, los balzaquianos de la Comedia Humana o los dickensianos de la Inglaterra victoriana elaboraron un relato completo de las vicisitudes de sus sociedades en el tránsito del antiguo al nuevo régimen, de la civilización cualititativa característica de las centurias precedentes a la cualitativa propia de la modernidad.

Situada en tal contexto, la obra de Tolstói ofrece su perfil y dimensión más exactos. Pues, en efecto, fue el principal monumento literario a la hora de definir la personalidad histórica y político-social rusa en el momento en que toda Europa asistía al triunfo del principio de la nacionalidad como eje vertebrador de la existencia y acción de los pueblos del viejo continente. De este modo, el carácter epopéyico de la novela del aristócrata (1828-1910), con intensas y sinceras pulsiones populistas, como un duelo a muerte entre el imperio de los Romanoff y la Francia napoleónica, regicida y revolucionaria, exaltó hasta el paroxismo el nacionalismo eslavo de la «tercera Roma» (Moscú, Rusia) como síntesis y compendio de la civilización cristiana. La perfecta simbiosis entre la trama narrativa y la cruzada militar contra el «Capitán del siglo» dio a la obra el merecido estatuto de clásica, con un instantáneo y masivo eco dentro y fuera de la Rusia de los últimos zares.


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José Manuel Cuenca Toribio (Sevilla, 1939) fue docente en las Universidades de Barcelona y Valencia (1966-1975), y, posteriormente, en la de Córdoba. Logró el Premio Nacional de Historia, colectivo, en 1981 e, individualmente, en 1982 por su libro “Andalucía. Historia de un pueblo”. Es autor de libros tan notables como “Historia de la Segunda Guerra Mundial” (1989), “Historia General de Andalucía” (2005), “Teorías de Andalucía” (2009) y “Amada Cataluña. Reflexiones de un historiador” (2015), entre otros muchos.