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El escenario, un lugar tranquilo a orillas del Pacífico, Oxnard, en el Condado de Ventura, Estado de California; la época, primeros días de enero, tranquila también; las personas  reunidas, algo menos de un centenar, todos  ellos  científicos  que  trabajan sobre un tema actua1 y atrayente: en este caso, la superconductividad. Hablan abiertamente -desde un domingo por la tarde hasta el viernes siguiente al mediodía- de los resultados que han obtenido y de cómo interpretarlos: exponen sus puntos de vista, en suma, sobre las cuestiones planteadas en el ámbito de su trabajo.

A lo largo de estos seis últimos años, 1990-1995, se han celebrado más de ochocientas reuniones como ésta, llamadas  “Conferencias  Gordon”,  siempre enfocadas desde un punto de vista básico, fundamental: un modo de comunicación que permite difundir muy eficazmente información e ideas científicas, mejor aún que las reuniones y congresos habituales, más numerosas, y que la lectura de las revistas especializadas.

El presidente de cada Conferencia Gordon elige a los participantes, nombra a los moderadores, determina los contenidos, y decide sobre la marcha del programa. Es responsable, por tanto, del desarrollo de la reunión en todos los aspectos. EJ requisito principal para ser invitado a una de ellas es la calidad científica. Asegurada ésta, se espera que cada participante intervenga en las discusiones de modo activo e inteligente. Entre los temas  estudiados en estas conferencias hay una gran variedad. Algunos se repiten año tras año; otros, cada dos o más. Los temas revelan la amplitud de intereses de los participantes y también cómo van evolucionando con el tiempo esos mismos intereses.

Hay desde títulos muy amplios, que comprenden  muchas líneas de trabajo (“Química inorgánica”, “Física de la materia condensada” o “Química médica”) hasta títulos mucho más puntuales, como “Síntesis del diamante”, “Hemostasis”, “Nanoestructuras magnéticas”, o “Fotosíntesis”. Hay también enunciados de ciencias como “Química del estado sólido” o “Biología teórica y Biomatemática”, y otros que apuntan a propiedades físicas específicas y a las técnicas para estudiarlas; por ejemplo: “Espectroscopía de vibración”, “Resonancia magnética” o “Microscopía túnel de barrido”.

El iniciador de estas conferen cias fue Neil E. Gordon, profesor de la Universidad John Hopkins, al final de los años veinte. Con su planteamiento logró adelantarse a los obstáculos con que los científi cos de primera fila -que cu1tivan las mismas líneas de trabajo  o te mas interdisciplinares- se tropiezan hoy: efectivamente, en las reuniones científicas numerosas, que tanto abundan, la inmensa mayoría de los trabajos que se presentan no son significativamente renovadores.

Gordon comenzó con las Gibson Island  Research  Conferences, en un emplazamiento apartado de las grandes ciudades, con grupos pequeños de participantes muy bien cualificados, discusiones informales que no se publican, y temas situados en las fronteras del conocimiento. Al principio las reuniones se centraron en el ámbito de la química. La primera se celebró en 1931.

Posteriormente, el alcance de las conferencias se extendería también al campo de la Física y la Biología. Ahora se tienen poco menos de 150 reuniones al año, en las que participan unos 15.000 científicos que proceden de la industria, los departamentos universitarios y los institutos de investigación. Cuando el Dr. Gordon dejó de participar activamente en las conferencias se adoptó en su honor el nombre de Gordon Research Conferences. La mayoría, unas cuatro quintas partes, se celebran durante el verano en Nueva Inglaterra (New Hampshire, Rhode Is land). En invierno se prefiere el sur de California. Desde 1990, cuando aumentó el número de participantes procedentes de otros países (ahora ascienden a más de la cuarta parte del total), algunas se han trasladado a Hawai, Alemania y Suiza, en otoño; y a Italia, en primavera. Además de Italia, para 1996 están previstas algunas otras en Inglaterra, Japón y Checoslovaquia.

Las características antes señaladas pueden cambiar. En 1996 se van a organizar a título experimental reuniones de tres días, para quienes trabajan en la industria y no disponen fácilmente de una semana completa. También se piensa en confe rencias de fin de semana para doctorandos. Y en 1992 se inauguró una serie centrada en un ámbito de interés (las  ciencias de la educación) alejado de la biología y las ciencias fisicoquímicas. Y es que quienes definen los objetivos de estas conferencias y cómo alcanzarlos, a la vez que respetan  y conservan una rica tradición de más de sesenta años, van introduciendo cambios para responder a nuevos retos o a las demandas de los diversos sectores implicados en el proceso de desarrollo científico. Se invita, por ejemplo, a los participantes en cada reunión a que al final evalúen el desarrollo de las sesiones y los detalles materiales de la sede donde se ha celebrado. Y el director de las conferencias, Carlyle B. Storm, e incluso el presidente de la junta de gobierno, Alan H. Cowley, atienden cualquier sugerencia que se les haga llegar.

Las Conferencias Gordon han logrado estimular la investigación de vanguardia en buen número de laboratorios de los Estados Unidos y han contribuído notablemente -por esa razón- a definir la temática investigadora actual. A lo largo de casi sesenta y cinco años han venido desempeñando, junto con otras instituciones, un papel de estímulo y guía del desarrollo científico en el mundo. La conversación abierta, sin reservas, entre los participantes, ha permitido a lo largo de los años ir innovando y definiendo las áreas interesantes para la búsqueda de verdades nuevas.

Puede venir aquí a propósito algo que cuenta Paul Watzlawick: “un borracho está buscando afanosamente bajo un farol. Se acerca un municipal y le pregunta qué ha perdido. Responde: “la llave de mi casa”. Ahora son dos los que buscan … hasta que el guardia se cansa y pregunta a nuestro hombre si está seguro de haber perdido la llave precisamente allí. Y éste responde: “no, no la he perdido aquí, sino allí detrás, pero allí está demasiado oscuro”. También en el ámbito de la ciencia fundamental importa que al-gunos, los más capaces, definan donde hay que buscar, aunque allí haya poca luz. Precisamente éste es uno de los objetivos logrados por estas Conferencias. Puesto que los años que van desde 1931 hasta ahora han visto el desarrollo científico más espectacular de la historia universal, es justo consignar que la contribución de las Conferencias Gordon a ese desarrollo ha sido inapreciable.

Esa importante contribución se ha prestado, por otra parte, por una entidad privada, la Gordon Research Conferences, que es buen exponente del vigor y la fecundidad que pueden alcanzar en los Estados Unidos las iniciativas sociales. Vigor y fecundidad que en este caso no han quedado circunscritos solo a aquel país, sino que han revestido carácter y valor universales.


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Profesor de Investigación, Instituto de Ciencia de los Materiales, CSIC