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Cuando apenas contaba catorce años, Giovanni Boccaccio abandonó Florencia y se trasladó con su padre a Nápoles: era el año 1327. En esta ciudad (en 1330-1331) siguió los cursos de leyes de Cino da Pistoia, famoso jurista y uno de los amigos más cercanos de Dante Alighieri. En Nápoles también, Boccaccio tendrá noticias de la poesía de Petrarca, gracias al agustino Dionigi da Borgo San Sepolcro. Dante y Petrarca se convertirán en sus dos grandes modelos. A lo largo de toda su vida, el autor del Decamerón dedicará importantes esfuerzos en reunir informaciones y textos de Dante: no será solo imitación. El lento aprendizaje incluyó también la lectura detenida de las obras del maestro y, sobre todo, la copia reiterada de las mismas. Lector, imitador, copista…, y a partir de 1373, comentarista a diario de la Commedia, pagado por la ciudad de Florencia: entre los asistentes se encontrará Benvenuto da Imola, uno de los grandes comentaristas posteriores de la obra de Dante.

Boccaccio fue el mayor conocedor de la obra de Dante en el siglo XIV, junto con los hijos del mismo poeta, y en gran medida es considerado responsable de la fama alcanzada por el autor de la Commedia entre sus contemporáneos.

No sorprende que Boccaccio escribiera una biografía de su maestro y esbozara otra de su amigo Petrarca, para lo que tuvo que reinventar el género de la biografía, desaparecido en la Edad Media. Entre las innovaciones que aporta hay que señalar ante todo la defensa de la poesía y del empleo de la lengua romance, de tal forma que la vida de Dante se justifica como una patética lucha por desarrollar y mantener la vocación literaria frente a todo tipo de adversidades (políticas, económicas, familiares, etc.). Pero además, al ser una biografía, sirvió como presentación del autor, según el modelo que se utilizaba ya con los autores clásicos (Petrarca lo hizo con Cicerón): Boccaccio es el primero en tratar a un poeta contemporáneo con la técnica que se aplicaba a los escritores latinos o griegos, lo que supone el máximo encumbramiento de Dante, que a partir de este momento pasa a formar parte de los autores dignos de imitar.

Elogio y censura, biografía y leyenda. Todo ello se une en esta obra, dándole un tono vehemente en ocasiones, apasionado casi siempre, pocas veces crítico con respecto a las informaciones recibidas: todo vale para recomponer el retrato físico y moral del gran maestro.

Boccaccio dedicó al estudio de Dante gran parte de su vida, y en ningún momento flaqueó su entusiasmo; ni siquiera el nuevo mundo poético de Petrarca pudo alejarlo del autor de la Commedia, que se había convertido para Boccaccio en el más vivo de los clásicos. ¿Son necesarias más razones para que la Vida de Dante forme parte de la Biblioteca de Occidente? El camino abierto por Boccaccio será seguido por los humanistas y luego por los estudiosos de los grandes autores.


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Catedrático de Filolofía Románica de las universidades de Alcalá y Ginebra. Director del Centro de Estudios Cervantinos