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Del trágico Eurípides (480 a.C.-406) se conservan un total de diecinueve obras, de las cuales dieciocho son tragedias asignadas con certeza a él, más el drama satírico Elcíclope; con Medea, representada en el 431 a.C., obtiene el tercer puesto en los concursos de tragedias. Autor con gran influencia en la dramaturgia posterior, sobre todo a partir de las traducciones latinas que de él se llevan a cabo, sus innovaciones en el género trágico abarcan tanto lo estructural como la configuración de los personajes y la revisión de la materia mítica.

En Medea, Eurípides retoma el mito según el cual Medea, esposa de Jasón y madre de sus hijos, ultrajada por él, que la abandona para casarse con la hija del rey, decide vengarse. Esta tragedia nos habla como ninguna otra de los límites de violencia a los que aboca la venganza y del conflicto de una mujer decidida a llevar a cabo acciones extremas al ser humillada.

Ya en el prólogo de la obra, que corre a cargo del personaje de la Nodriza, se nos presenta a Medea como un personaje fuerte («Desde luego que quien con ella se enemista no se llevará fácilmente la palma de la victoria») y muy rico en matices en cuanto a su construcción; Eurípides construye una mujer compleja, atormentada por el ultraje y el dolor, que clama contra la situación de poder que ejerce el hombre frente a la mujer y que desoye los consejos de calma y prudencia que el Coro le hace llegar.

El autor, inmerso en la época de esplendor ateniense pero no en todo conforme con los ilustrados de la época y con el pensamiento sofista, reflexiona y cuestiona ciertos aspectos de la sociedad del momento, y los traslada a sus personajes, profundizando en ellos y acercándolos al espectador y lector actual. Algo defraudado con su ciudad y con el público, Eurípides, que en los últimos años de su vida abandonará Atenas por voluntad propia para asentarse en la corte de Arquelao en Macedonia, criticará a través de las voces de sus personajes la relatividad de las normas y la moral, clamando contra un mundo convulso y trastocado, como vemos en Medea: «Ha desaparecido el prestigio de los juramentos, y el pudor ya no subsiste en la gran Hélade».

Medea decide dar muerte a sus hijos para evitar la venganza de Jasón sobre ellos. La acción supone el culmen del pathos trágico del personaje, y se lleva a cabo desde la pasión, que vence a la reflexión: «Comprendo qué clase de crimen voy a llevar a cabo, pero mi pasión es superior a mis reflexiones».

De nuevo Eurípides, con un fuerte sentido de la teatralidad, nos muestra la complejidad de las acciones humanas, y nos deja ver, a través de la violencia de la acción, un mundo doloroso y oscuro, donde la crueldad y los errores llevan a los personajes al límite de su conflicto, al límite de sus emociones; lo que, sin duda, conmoverá al espectador contemporáneo que se acerque a Medea.


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