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Leopoldo Alas (Clarín) armoniza en La regenta la introspección psicológica en los personajes con la detallada descripción del entorno que habitan, Vetusta, nombre figurado de Oviedo; además, mezcla con acierto en el mismo relato dos temas frecuentados en la narrativa del siglo XIX, el adulterio y los devaneos de un clérigo atraído por una mujer. El autor traslada al papel sus observaciones sobre la ciudad de adopción: plasma con la precisión de un minucioso narrador los estamentos sociales que detentan el poder en Vetusta, a los que critica con una ironía que, a veces, se desliza hacia la acerada sátira de costumbres. Fustiga a través de una visita morosa lugares emblemáticos de Vetusta (el casino, la catedral, las tertulias de alta sociedad, finca de recreo de una acomodada familia, etc.) el ambiente cerrado y pueblerino, ocioso y rico en chismorreo, las cortas miras y mezquindad de los habitantes, la hipocresía y fatuidad, las miserias de la condición humana. Al hilo de pormenorizados cuadros, es fácil reconocer calles y plazas del centro de Oviedo, aunque el autor pretenda extrapolar la censura y extenderla al decimonónico ambiente de las capitales de provincia.

Los personajes resultan variados en su descripción física y con enjundia en su caracterización, pero Clarín da un paso más para adentrarse con aguda precisión en la psicología de los principales, entre otros, Ana Ozores, la regenta, Fermín de Pas, el magistral de la catedral, Víctor Quintanar, regente y marido de Ana, Álvaro Mesía, un mequetrefe que engatusa con sus añagazas a la regenta. El novelista, conocedor de las técnicas narrativas que se incorporaban a la novela decimonónica (no en balde ejerce con autoridad la crítica literaria), acude al narrador omnisciente y al monólogo de estilo indirecto para mostrar los pliegues de la conciencia y los sentimientos de estos y otros personajes, sintiéndose el lector receptor de las confidencias, de la pugna entre deber, deseo y cuidado de las apariencias. En este marco, destaca el profundo conocimiento del alma femenina, adentrándose en la de Ana Ozores con una maestría difícil de igualar.

La trama de la novela, con el entrecruzamiento de lo psicológico y lo sociológico, se expande conforme la narración avanza, con dosificación de la información para mantener al lector expectante ante el devenir de los acontecimientos. En los primeros capítulos, Clarín se centra en los protagonistas, Ana Ozores y Fermín de Pas, pero el diagrama se abre e introduce nuevos personajes, capaces de cambiar el curso de la narración y el rumbo de los acontecimientos. El distanciamiento conseguido merced a una perspectiva irónica, objetiva el relato, pero contrasta el doble rasero del autor ante sus personajes: sobre los principales, la tragedia se cierne a causa de sus errores, pero suscitan compasión y simpatía, excepto en el caso Álvaro Mesía; con los secundarios en la novela se muestra inclemente, pues son los artífices del opresivo clima que atenaza Vetusta, y constituyen una galería de retratos reconocibles de contemporáneos a Clarín.


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