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La personalidad de Thomas Mann se alimenta del interés por diferentes saberes (historia, literatura, filosofía, economía), de la capacidad de observación de las realidades del presente, enfocadas desde su humanismo, y del compromiso con la sociedad de su tiempo. De este modo, la trayectoria intelectual se entreteje con una obra literaria extensa, variada y profunda; con numerosas conferencias, artículos o ensayos sobre el arte, la literatura, la sociedad y reflexiones sobre la existencia o comportamientos humanos, cimentadas en el conocimiento de la filosofía centroeuropea; y con la dedicación a la docencia en algunas épocas de su vida. Estas coordenadas encuadran La montaña mágica, publicada en 1924, novela sobre la que vuelca su visión y conocimiento acerca de una Europa en crisis, con una civilización tambaleante, que acrecienta su inestabilidad bajo la sombra de la primera guerra mundial.

Esta percepción la proyecta en La montaña mágica a través del protagonista, Hans Castorp, un enfermo de tuberculosis que debe renunciar a un brillante futuro para curarse en un apartado hospital de Suiza, y de la relación de este con otros enfermos. El retrato de Castorp se esboza con rasgos como la inactividad y conformismo que reemplazan un inicial vitalismo; la indecisión consecuencia de un pesimismo de fondo donde se percibe la huella de Schopenhauer; la presencia constante de la enfermedad y la obsesiva introspección, tras la que aletea la muerte que no desea pero que espera sin remisión; la huida de esta cruel realidad a través de ensoñaciones o de las relaciones con Claudia Chauchat, teñidas de un vago erotismo y que toman más cuerpo en la imaginación que en la realidad. Estas líneas que perfilan a Castorp conviene leerlas como metáfora de la Europa postbélica.

El autor, que narra desde una perspectiva omnisciente, se esconde en el protagonista y a través de él o de las relaciones que entabla, se reconoce la weltanschauung de Mann, término de difícil traducción, equiparable en cierto modo a la aprehensión global del mundo y de la existencia, adoptada al mismo tiempo desde la inteligencia, la afectividad y la acción. Esta concepción se concreta en multiplicidad de temas, entre los que destacan: el arte, con el complejo conocimiento de la realidad para transformarla en objeto de creación artística, y la necesaria madurez vital para crear; la creencia de que vida y naturaleza resultan atrayentes, aunque desesperantemente inaprensibles por la condición del hombre; el paso del tiempo que acerca a la humanidad hacia su decrepitud, sin que nada pueda evitarla; el tedio existencial y la soledad, que no alivian los entretenimientos del hospital o los placeres perecederos, etc.

La montaña mágica presenta varias capas de lectura, pero desde el primer momento el lector queda atrapado por la tensión narrativa, lograda merced a una deslumbrante facilidad en la escritura, que muestra en esta novela como en otros escritos, para describir con exhaustividad y selección, y contar con expectativa, morosidad y una tenue ironía que distancia al narrador de personajes y ambientes.


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Profesora ordinaria del Dpto. de Dramaturgia y Ciencias Teatrales. Escuela de arte dramático de Castilla y León