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Sin duda la novela más popular del escritor inglés Evelyn Waugh (1898- 1966) es Retorno a Brideshead (Brideshead Revisited: The Sacred and Profane Memories of Captain Charles Ryder).

Escrita entre el primer día de febrero y el veinte de junio del año 1944, en plena Guerra Mundial, Waugh la concibió obsesionado con lo que entonces creía que iba a ser su mejor novela, “la primera” en orden de importancia.

A diferencia de sus anteriores obras -incluida Put Out More Flags (1942)-, en Retorno a Brideshead los elementos cómicos, hasta entonces predominantes, están ocultos ante el esplendoroso romanticismo y la hondura existencial patentes a lo largo de todo el relato. Paradójica­mente, ambas novedades temáticas serían objeto de duras críticas por parte de quienes hasta entonces habían apoyado incondicionalmente la obra satírica de Waugh. Como él había concebido este libro de un modo tan sentido y personal, estas críticas le afectaron mucho más que las dirigidas a cualquier otra de sus novelas. En realidad, tal como muestra muy objetivamente M. Stannard en Evelyn Wtiugh: The Critica! Heritage (London, 1984), algunas críticas fueron muy favorables. Gran parte del debate generado por Retorno a Brideshead giró alrededor de la gracia y la fe católicas, de modo que las previas posturas personales de los críticos hacia este tema determinaron muy subjetivamente todo lo que escribieron al respecto.

En cualquier caso, estas críticas minaron la confianza que Waugh te­nía en su obra. Por eso la sometió a sucesivas reelaboraciones, que culminaron en una edición revisada (1960). Aunque las reformas del texto fueron finalmente muy pocas, el prólogo del autor  a  esta  edición  es muy ilustrativo. Waugh afirma que el tema sobre el cual versa su libro es “la influencia de la gracia divina en un grupo de personajes muy diferentes entre sí, aunque estrechamente relacionados”. Entonces duda sobre si quizá era un tema demasiado ambicioso. Por otra parte, trata de explicar el clima romántico de la obra -revelado sobre todo en su carácter nostálgico, sentimental y trágico, aunque esperanzado por las circunstancias en las que fue redactada:

Escribí con una fruición que no era propia de mí, pero también con impaciencia para volver al combate. Era una época deprimente, de privaciones y continuas amenazas -la época de las judías y del inglés elemental-, y en consecuencia el libro está teñido de un matiz de sibaritismo, de nostalgia por la buena comida y los buenos vinos, por los esplendores de un pasado reciente, y por un lenguaje retórico y ornamental, que ahora -con el estómago lleno encuentro de mal gusto.

La autocrítica de Waugh no hace justicia a una novela que obtuvo un notable éxito editorial en su primera aparición  y que -pasadas cuatro décadas de críticas adversas ha merecido un aprecio generalizado por parte de los críticos y del público (cfr. R.M. Davis, Brideshead Revisited: The Past Redeemed, Boston, 1990). El mismo autor lo intuyó cuando ofrecía su obra “a una generación de lectores jóvenes como un recuerdo  de la Segunda Guerra Mundial”.

Guillermo Peris ofrece en esta ocasión una selección y traducción excelentes de las Cartas y Diarios de Evelyn Waugh -inéditos en castellano que ilustran la génesis de Retorno a Brideshead. A continuación me limitaré a subrayar algunos aspectos contextuales que pueden  aclarar el sentido de estos textos.

Martín Stannard ha señalado que el estilo narrativo íntimo -la no­ vela está escrita en primera persona no logra ocultar el fundamento autobiográfico de esta obra: por primera vez, Waugh se daba a conocer abiertamente. Esto es particularmente cierto respecto al tema de la gracia divina, cuya experiencia había atraído a Waugh hasta la Iglesia Católica en 1930.

Respecto a los Diarios, debe tenerse en cuenta que Waugh los escribió con una finalidad -al menos implícitamente literaria; en concreto, sus referencias al abuso del alcohol son a menudo hiperbólicas. Evelyn Waugh era ciertamente un alcohólico, un adicto a la bebida, y esta circunstancia se sumó a la necesidad de utilizar bromuro y cloral para combatir sus crónicos insomnios, lo que minó seriamente su salud. En otra de sus novelas cómicas, aún no traducidas al castellano -The Ordeal of Gilbert Pinfold (1957)-, Waugh describe con notable sinceridad y capacidad de auto ironía cómo una deficiente medicación le llevó por entonces a padecer incluso alucinaciones.

Otro punto que debe ser aclarado es el hondo patriotismo de Waugh. Algunas expresiones despectivas sobre el ejército responden al hecho de que, una vez movilizado, su escasa habilidad militar le relegó a una molesta inactividad, fuente de interna inquietud. Por otra parte, la inopinada coalición de los Aliados con la Unión Soviética -una vez que Hitler rompió su alianza con el gran imperio comunista supuso para Waugh y para muchos otros cristianos un motivo de perplejidad. Todas estas circunstancias explican su interés por encontrar un hueco para su actividad literaria, con el pretexto de colaborar con el Ministerio de Propaganda (colaboración que nunca fue sino papel mojado). Absorto en su novela, Waugh parece insensible al nacimiento de su hija Harriet; en realidad, siempre amó entrañablemente a sus hijos, por cuya educación se preocupó de forma extraordinaria.

Los extractos traducidos de sus Diarios concluyen en la misión de inteligencia militar que Waugh desempeñó en Croacia a finales de la guerra, bajo la dirección del hijo de Churchill. Ésta fue, sin duda, su misión militar más importante.


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