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El último libro de Manuel Ramírez Jiménez, catedrático de Derecho Político de la Universidad de Zaragoza, lleva a cabo un repaso a lo largo de algunos de los personajes y de los momentos clave de la España del pasado siglo. En una época de superproducción literaria, se trata de una obra que demuestra a la perfección la verdad que encerraba aquel adagio de Gracián acerca de la bondad de lo breve.

El libro se divide en dos partes, identificables desde su mismo título. En la primera de ellas —«Cuatro voces»—, Manuel Ramírez lleva a cabo semblanzas y etopeyas de Miguel de Unamuno, José Ortega y Gasset, José Antonio Primo de Rivera y Manuel Azaña, acompañadas de un texto representativo de cada uno. Cuatro actores políticos —e intelectuales, algunos de ellos— que representaron cuatro formas de acercarse a la realidad de su tiempo y de construirla, ya que sin estos nombres no se entiende la historia del primer tercio del siglo XX español.

La voz unamuniana es la voz de la duda, de la lucha, de la agonía, en definitiva, término tan del gusto del pensador vasco. Es la postura de quien anduvo siempre buscando una postura en la que sentirse cómodo, la actitud de quien nunca calló cuando pensaba que uno no podía quedarse callado.

La de Ortega es, para Ramírez, «la voz estética de la afirmación». Y hemos de admitir que la alusión a lo estético podría haber acompañado, igualmente, a algún otro de los personajes aquí tratados; sin embargo, cuando el autor hace referencia a la estética lo hace tras aclarar que la orteguiana es quizás la voz más difícil de catalogar, habida cuenta del número ingente de páginas que dejó escritas el filósofo. La estética de Ortega es la estética de los primeros años del siglo XX, tan alentada, por otra parte, por él mismo desde sus diversas empresas culturales. Y es la voz de un liberal neto, en un momento histórico en el que el liberalismo iba siendo cada vez —y de esta característica estuvo más lejos Ortega— más claramente democrático.

Primo de Rivera introduce en el discurso político, como sagazmente señala el profesor Ramírez, el elemento poético. La historia nos ha enseñado en repetidas ocasiones que la poesía merece un lugar separado y mejor ventilado que los cargados ambientes que se respiran en los cuartos de la política y que el matrimonio entre poesía y política termina por ser un matrimonio mal avenido, cuya existencia arrastra enojosas consecuencias para todos. José Antonio Primo de Rivera representa la versión uniformada e hispánica de la crisis del parlamentarismo, diagnosticada por Carl Schmitt.

Es la de Manuel Azaña la voz herida que sufre por la República y su destino, por su República, como señala Manuel Ramírez. Fue la obra de su vida y el edificio a cuyo desmoronamiento hubo de asistir antes de morir.

La segunda parte del libro lleva por título «Y dos fechas cruciales». Esas dos fechas son el 14 de abril de 1931 y el 18 de julio de 1936: dos momentos históricos que trascienden lo fortuito del calendario para convertirse en dos estilos, en dos formas de entender la vida y de estar en el mundo.

No es casualidad, ni mucho menos, que los trabajos del profesor Ramírez fueran pioneros en España en el tratamiento del relevante tema de la socialización llevada a cabo por los distintos regímenes políticos. Las dos fechas tratadas llevaron implícita una carga de valores y cosmovisiones que, directamente o a través del recuerdo, fueron configurando dos formas muy distintas de ser y estar en términos políticos.

Es de destacar que el análisis de estas dos fechas decisivas es llevado a cabo a través de una disección certera, tras la cual el autor coloca ante nuestros ojos los elementos definitorios fundamentales de las mismas. De este modo, y a través del procedimiento de la enumeración, podemos conocer las características esenciales que rodearon tanto la mentalidad del 14 de abril como la del 18 de julio.

No es el presente un ensayo exhaustivo acerca de los temas que en él se dan cita, sino que se trata de un libro de pinceladas, de sugerencias, de recuerdos oportunos para unos y de invitaciones a una mayor profundización para otros. Y esto es así porque, recorriendo las reflexiones del profesor Manuel Ramírez, disfrutará, recordará y asentará conocimientos quien, por edad o estudio, estuviese familiarizado con el objeto de estas páginas, pero también porque estas constituyen sin duda una magnífica toma de contacto para aquel público —pienso en los estudiantes, principalmente— que se acerque a este periodo de nuestra historia por vez primera.

Se trata de una obra escrita sin la tiranía de la cita y los aparatos bibliográficos, sino con el bagaje acumulado de años y lecturas y con la voluntad de pedagogía cívica que ha acompañado a buena parte de los escritos del autor.

Cuatro voces y dos fechas en la España del siglo XX destaca, en mi opinión, por la libertad y la originalidad del prisma desde el que se abordan los distintos objetos de estudio, así como por una meditada voluntad de estilo, que hace de su lectura una fuente de sabiduría y de goce.


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