Compartir:

[[wysiwyg_imageupload:1365:height=285,width=200]]Tras la publicación de su biografía sobre Juan Pablo II, George Weigel se ha convertido en una eminencia periodística en los temas que atañen a la sociedad actual.Su clarividente visión de los problemas que acucian a una Europa en pugna consigo misma, y su compromiso con los valores de Occidente, le han valido el reconocimiento de multitud de lectores en EE.UU. y la traducción al español de algunas desus obras, como es el caso de Cartas a un joven católico.

Cuando el lector se dispone a ejercer de destinatario de las cartas que Weigel reúne en este libro, queda sorprendido solamente al pasear su mirada por los títulos de las mismas. En ellas, se plantean algunas referencias comunes en el imaginario católico como Roma, Jerusalén o Cracovia —por Juan Pablo II—. Pero otras como Baltimore, Birmingham, Londres o Carolina del Sur pueden resultar menos familiares al lector. La yuxtaposición que hace Weigel de lugares comunes con lugares hasta cierto punto desconocidos proporciona una visión universal del catolicismo. Sus alusiones al mundo y la cultura anglosajones logra ubicar al lector en un escenario diferente, envuelto en otras circunstancias. Todo ello para lograr transmitir la universalidad de la fe poniendo de manifiesto que en muchas partes del mundo, otras personas la profesan de manera similar.

Pero Weigel no se queda únicamente en el recurso «geoespiritual»para conectar con el lector sino que su intención a lo largo de las catorce cartas es glosar algunos de los pilares fundamentales de la fe católica. Su modus operandi utilizar las referencias antes mencionadas: lugares, personas y obras literarias para trata de explicar que «más allá de ser uncuerpo de doctrina y un modo de vida, la verdadera diferencia católica consiste en que es una manera de entender el mundo, una percepción específica de la realidad».De esta manera nos habla del «hábito delser»que él adquirió en el «gueto»católico de su Baltimore natal. Y de cómo el catolicismo es un antídoto contra el nihilismo actual. La lucha del «todo es verdaderamente importante»contra el «nada lo es».

Weigel realiza una visita al subsuelo de San Pedro para confrontar al lector con algunas de las verdades más decisivas sobre lo que significa ser católico. Con la intención de desmitificar el liberalismo teológico, nos introduce en la vida de John Henry Newman a través del oratorio de Birmingham fundado por el cardenal. Pero no todos los lugares por los que nos acompaña Weigel son lugares oficialmente sacros. También nos lleva al Olde Chesire Cheese, pub de Londres en el que pasaba muchas veladas Chesterton para decirnos que «el catolicismo acepta el mundo y las realidades mundanas con mucha más seriedad que los que presumen de ser mundanos». O alugares emblemáticos de Inglaterra que han inspirado a la literatura o al cine, como el Castle Howard de Retorno a donde nos revela el proceso de una conversión a través de la escala del amor, «unahistoria en la que pequeñas chispas de bondad se transforman poco a poco en llamarada de auténtica conversión».

Weigel logra, en definitiva, con estos y otros tantos ejemplos, hacer ver al lector de manera sencilla cuestiones de gran importancia a través de «esa manera dever el mundo»que caracteriza a un católico.


Compartir: