Isabel Martínez

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Doctora en Filología Eslava. Traductora de ruso

Mitad ficción, mitad experiencia

El Diario de un hombre superfluo es, junto a Padres e hijos, tal vez una de las obras más significativas de Turguéniev, por lo que de repercusión y eco tuvo para la literatura rusa del XIX, El título no engaña; se trata de un diario, bien que atípico y relativamente corto, en el que las anotaciones de los últimos diez días de vida del moribundo, el terrateniente Chulkaturin, dibujan de hecho el perfil de toda una vida. Desde su lecho de muerte, Chulkaturin reconstruye a grandes rasgos su absurda existencia, en la que la parte más importante de las anotaciones recaen en los recuerdos de un ser que ha fracasado en el amor, y por lo tanto, también en la vida. Unas confesiones sobrecogedoras salen de boca de un hombre que se siente como un ser que sobra, que excede, que está de más en un mundo en el que, por añadidura, a él no le dio tiempo a construirse su propio nido, ni a consolidar su amor, ni a terminar de encontrar aquello que se supone da sentido a la existencia.El diario resulta tanto más estremecedor cuanto trata de un ser que desde su más tierna infancia ya sintió la gélida ausencia de la ternura maternal. A la cicatriz que deja en el alma infantil la frialdad de la autoritaria y distante madre de Chulkaturin, se contraponen las «cálidas lágrimas» de su padre. Sin pudor alguno, el protagonista confiesa que «Mi madre... siempre me trató igual: con cariño y frialdad a un tiempo. En los libros para niños a menudo se encuentran madres así: rectas y justas. Ella me quería; pero yo a ella no. ¡Sí! Evitaba a mi virtuosa madre y adoraba a mi inmoral padre».La expresión de «lishni chelovek», con la que Turguéniev se refiere a este «hombre supérfluo», sirve en realidad para toda una tipología de héroes, o mejor dicho, de antihéroes, de la literatura rusa, a los que es común su carácter errante y su sentirse de sobra. Al igual que al Chulkaturin de Turguéniev, también el apuesto Pechorin (El héroe de nuestro tiempo, de Lérmontov) y el propio Onéguin, de Pushkin, son sujetos desarraigados, «sin nido», que siempre están fuera de lugar, sin meta, sin finalidad en sus vidas; son ellos los que heredan parte del escepticismo hamletiano y parte del idealismo quijotesco, del que pronto hablaremos.PÁGINAS AUTOBIOGRÁFICASSi el Diario de un hombre supérfluo nos ofrece la biografía de un ser que no sabe para qué ha existido, las Páginas autobiográficas nos presentan diez textos (a los que la edición española ha sumado un brillante apéndice) sobre las vivencias, la experiencia y los recuerdos del propio Turguéniev. Se trata de artículos y ensayos que aparecieron publicados en distintos medios entre los años 1869 y 1883, y que conocieron la edición, que ahora se traduce, en vida del autor. Sin un hilo conductor concreto, la obra resulta interesante por cuanto ofrece la parte acaso más desconocida y humana del autor de Padres e hijos....

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