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La renovación producida en determinadas parcelas de la historia, otrora privilegiadas y más tarde denostadas por la historiografía, como es el caso de los relatos biográficos, no permite dudas. La primacía del acontecimiento y de lo singular, así como su carácter eminentemente descriptivo, hicieron de la biografía un terreno susceptible para la crítica -en ocasiones excesiva- de las «nuevas historias» que se enseñorearon por el panorama historiográfico de los años sesenta y setenta. Las investigaciones biográficas fueron declinando desde aquellas fechas, si bien ya desde el inicio de la década de 1980 el género empezó a recuperar poco a poco protagonismo gracias al impulso de estudiosos británicos y franceses fundamentalmente.

El retorno de la biografía vino acompañado de un profundo cambio en la metodología de trabajo y hasta en los objetivos que se propusieron los nuevos cultivadores de este tipo de estudios. Ya no se trataba tanto de analizar y proponer tan solo el perfil del individuo biografiado, por otro lado siempre escurridizo, como de fijar las líneas maestras, a veces tan abstractas, de la historia colectiva mediante el esclarecimiento de la historia personal. En 1969, el maestro de los contemporaneistas españoles, Jesús Pabón, adelantándose en buena medida a los acontecimientos, exponía dos modelos de investigación biográfica: «Existe, en principio, una opción -una disyuntiva- para el autor de la biografía. Trazar la vida del personaje desde dentro, psicología individual, intimidad, proceso y reacciones del carácter. Trazarla contrariamente, por líneas exteriores a base de las realidades -las cuestionespúblicas que el personaje estudió o vivió».

Con todo, no creo que ambas perspectivas sean irreconciliables, y menos aún contradictorias. El mejor ejemplo de ello es esta obra de Javier Paredes. En estos años de reflexiones sobre el fragmentalismo disciplinar de las ciencias sociales, sobre «l’histoire en miettes«, el historiador o el simple lector puede sorprenderse por la aparición de un libro de este tipo, una biografía que, desde la reconstrucción de la trayectoria personal de un hombre de proyección pública -«vida desde dentro y líneas exteriores»-, recrea toda una época de la historia reciente de España.

Javier Paredes ya había trabajado en el campo biográfico hacía bastantes años. Fruto de esa labor fueron sus estudios publicados sobre Serafín Olave y Pascual Madoz; este último especialmente, dada su trascendencia para la historia contemporánea española, reclamaba un análisis en profundidad como el que nos ofreció en su momento Paredes Alonso. Por otra parte, el autor llevaba varios años interesado en la persona de Félix Huarte, cuyo rico archivo particular había recopilado y ordenado, y a partir del cual realizó una breve introducción sobre su relevancia pública (Félix Huarte, Fuentes históricas, Madrid, Rialp, 1993).

La figura de este empresario navarro es, huelga señalarlo, muy sugerente. Representa un claro ejemplo del hombre hecho a sí mismo que, sin una familia potentada o unos recursos financieros que lo avalasen, inició con extraordinaria tenacidad a finales de la década de los veinte una exitosa carrera económica que comenzó a consolidar en los años republicanos. Después de que la Guerra Civil hiciera tambalear sus logros, consiguió sobreponerse y continuar su marcha ascendente en el mundo de los negocios, con sus empresas constructoras como base. De hecho, su grupo industrial acabaría siendo santo y seña de la España del desarrollo en los sesenta. Esta gran capacidad de trabajo se vio nítidamente reflejada en el impulso a la industrialización de Navarra, tanto por su labor empresarial como por su gestión al frente de la Vicepresidencia de la Diputación Foral del Viejo Reino, desde donde puso en práctica el conocido Programa de Promoción Industrial, de tanta trascendencia futura para aquellas tierras. Los Nuevos Ministerios de Madrid o el estadio de fútbol Santiago Bernabéu quedan como testigos de algunas de las obras más significativas realizadas por la constructora Huarte.

Javier Paredes no ha desperdiciado las grandes posibilidades que le ha brindado el acceso al archivo personal de Félix Huarte y, utilizándolo como pilar de su investigación, ha rastreado los datos que sobre el personaje y su actividad pública existen en el Archivo General de Navarra y en las hemerotecas, además de cotejar y complementar éstos con el recurso a las fuentes orales. La elaboración posterior, con un estilo ágil y ameno a la par que riguroso, nos pone en contacto con una obra meditada, perfectamente articulada, capaz de engarzar la actividad pública del biografiado en la líneas gruesas de la evolución más reciente de España. Se trata, por tanto, de una obra que no pasará desapercibida en nuestro panorama historiográfico y en la que Javier Paredes ha alcanzado sin lugar a dudas ese conocimiento de ser histórico propio de todo hombre que Heidegger denominada «historicidad».


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