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El término italiano «poesía crepuscolare» evoca la poesía decadentista de finales del XIX, su temática grandiosa y esteticista. Sin embargo hoy se aplica a un grupo de poetas italianos que a principios de nuestro siglo empleó tonos y formas discursivas, que abandonó el discurso áulico de sus predecesores y «atravesó» la influencia del omnipresente D’Annunzio con versos deliberadamente antioriginales, rimas sencillas, maneras que aparentemente implicaban el crepúsculo de la gran poesía de fin de siglo, el contrapunto de los insuficientes esplendores del pasado. Conscientemente elaboraron poemas sumisos, de rimas obvias e intención menor, forzosos emblemas, desde su propia perspectiva, de la enfermedad de su tiempo. No parece, evidentemente, que dicha poesía estuviera destinada a perdurar y sin embargo sus antologías han continuado siendo publicadas en Italia, recordando la gran atención del público que en su momento llegaron a suscitar. No es raro que más de un moderno crítico haya podido ser sorprendido confesando, en un momento de flaqueza, su gusto por la poesía de Guido Gozzano, quizás el mayor de estos menores poetas.

Y por qué no. Guido Gozzano es un poeta fuertemente atractivo. Tras su aparente sencillez vislumbramos la ironía del dandy, la teatralidad del esteta.»Infalible en la elección de palabras» dijo de él Montale (en Introducción a «Le poesie», Garzanti, Milán, 1961). «La suya es sobre todo la obra de un virtuoso, hábil y sutil en los efectos verbales», añadió el crítico Renato Serra. Y sin embargo es también el poeta «en pantoufles» (de nuevo Móntale), el poeta de las «buone cose di pessimo gusto» («L’Amica di Nonna Speranza», en I colloqui), tal y como él mismo definió en uno de sus propios versos. No es posible no admirar la ironía de este poeta que hizo alarde de su falta de calidad en calculados versos de lenguaje preciso.

Guido Gustavo Gozzano nació en 1883 en la «vecchiotta, provinciale» Turín, ciudad en la que residió prácticamente toda su vida, con excepción de esporádicos viajes de reposo a las playas de Liguria o a la casa de campo familiar en Aglié para recuperarse de la tuberculosis que le llevaría a la muerte en 1916. Tuvo una producción poética abundante que recogió en distintos volúmenes y publicó en numerosísimos diarios y revistas. Desde el principio disfrutó del éxito y la aceptación del público. «Guido Gozzano se presentó al público como luego no le sucedería a ningún otro poeta, familiarmente, con las manos en los bolsillos», continúa, casi con fastidio, Eugenio Montale. Y ello quizá porque realizó en la poesía una especie de reducción -mejor que depuración-, despojándola de toda transcendencia:»¿La Patria, Dios?, ¿la Humanidad/ Palabras que los retóricos han vuelto nauseabundas …»; confiándose sólo a «la única verdad buena que conocemos;/ la Naturaleza …» No le importó recurrir a las rimas fáciles, a los clásicos temas sentimentales a la vez que retrataba las angustias de su tiempo»apagado y soñoliento». Totó Merumeni, protagonista de uno de sus poemas más conocidos, es el retrato de este hombre enfermo: «Totó tiene veinticinco años, temperamento desdeñoso/ mucha cultura y gusto por las obras escritas./escaso cerebro, escasa moral, espantosa /clarividencia: es el verdadero hijo de nuestro tiempo.» Totó vive en el exilio existencial, ha optado por el silencio, destruida su voluntad por el autoanálisis.

En este sentido Gozzano es un poeta clásico de su tiempo, introspectivo, que se sitúa a sí mismo en el centro de la atención poética. Y no obstante conserva siempre cierto distanciamiento. En I colloqui refleja esta doble experiencia: «No viví. Mudo sobre las mudas páginas/a él retraté, a menudo inventando./No vivo. Sólo, gélido, apartado./sonrío y me veo vivir». La vida, pues, sigue siendo literatura, aunque quizás ya no propiamente un arte, corroída por una risa amarguísima.

La facilidad de Gozzano para narrar en verso se ve a menudo impulsada por el poder evocador de la memoria. Es un poeta de recuerdos y añoranzas,»Sólo amo las rosas/que no cogí». Al final de su libro más conocido, I colloqui, Gozzano nos transmite una sensación de hastío y renuncia, dolor por la pérdida de la primera juventud y pesadumbre por la certeza de la proximidad de la muerte.

Una poesía bien distinta fue la que sin embargo Gozzano abordó en Le Farfalle («Las mariposas») un poemario inconcluso del que a continuación presentamos dos ejemplos. Es producto de la curiosidad entomológica del autor, aficionado coleccionista de mariposas, que describe minuciosamente en versos endecasílabos. La obra estaba inicialmente concebida en un estilo didascálico, al modo de las cartas profesorales del siglo XVIII y tomó su fuente literaria más directa de La vie des abeilles y L ‘intelligence des fleurs de Maurice Maeterlinck. La elección temática propone la paradoja de la poesía»científica» y del poder alegórico encerrado en la historia natural.

Gozzano buscó su fuente de inspiración lejos de los arquetipos poéticos de la belleza, y las encontró de nuevo, la inspiración y la belleza, en la Naturaleza. Una Naturaleza observada a través de los ojos de la Ciencia y desprovista de apriorismos de tipo poético. Bien es cierto que con excepción de los dos primeros poemas, «Storia di Cinquecento Vanesse» y «Le Farfalle —Ad Alba Nigra-«, en los restantes, tras el exordio de descripción objetiva, se daba paso a la reflexión más ampliamente alegórica. De hecho el tono de epístola dieciochesca que estaba presente en aquellas dos primeras composiciones es apenas un recuerdo en las que aquí presentamos. Esta doble intención persiste en la elección del nombre científico de las mariposas como título de los poemas. Es nombre científico, pero también latino, un término selecto y antiguo, un elemento literario.

Desde cierto punto de vista estas epístolas entomológicas suponían una culminación de los presupuestos estéticos de Gozzano y anunciaban un nuevo impulso tras el testamento poético de I colloqui. Implicaban: el paso definitivo de las poesías de las grandes palabras a la de los hechos pequeños, pero también una superación del autoanálisis obsesivo a través de la detenida descripción del mundo escondido en la vida de la mariposas. Hoy estos poemas se nos aparecen «raros» en su objetiva delicadeza, en su múltiple capacidad de sugestión.

Entomólogos también nosotros, aficionados literatos, hemos atravesado con un alfiler dos de estas fugaces criaturas y las hemos traducido al español del italiano. La primera de ellas,»Ornitoptera Pronomus», evoca los trópicos a los que Gozzano soñó con viajar al final de su vida y parece interrumpirse al final, inacabada. La segunda, la «Aquerontia Atropos» es «la oscura mensajera» de la muerte.

ORNITOPTERA PRONOMUS

A Carlo Ferren, médico naval,
por una mariposa de Nueva Guinea

Sobre el estuche nítido de laca
una cinta de seda javanesa
evoca un mar calmo que destella
entre las palmas de combados vértices.
Me escribe un pálido amigo
navegante por esas calurosas partes
de la India, me habla de mis colecciones,
recuerda mi gran ternura
por las cosas que viven, lamenta
no tenerme allí en los valles
fabulosos, me manda una mariposa
que me traiga el saludo de ultramar
a través de la Tierra inmensa,
desde las selvas encantadas de las antípodas.
Con un leve temblor de los dedos
abro el estuche de hierba entretejida
y en un resplandor de oro y esmeralda
descubro la mariposa enorme
que de allá me llega, que reconozco.

Sopra l’astuccio nitido di lacca / una fascia di seta giavanese / evoca un mare calmo che scintilla / tra i palmizi dai vertici svettanti. / Mi saluta un mio pallido fratello / navigatore in quelle parti calde / d’lndia mi parla delle mie raccolte / ricorda la mia grande tenerezza / per le cose che vivono, rimpiange / di non avermi seco nelle valli / favolose, mi manda una farfalla / che mi porti il saluto d’oltremare / attraverso la mole della Terra / dalle selve incarnate degli antipodi. / Con un tremito lieve delle dita / apro l’astuccio d’erba contessuta / e in un bagliore d’oro e di smeraldo I ecco m’appare la farfalla enorme / che mi giunge di la, che riconosco. /

La Ornitóptera Pronomus, la especie
simbólica de las islas remotas,
la maravilla que los naturalistas
de otro tiempo, supervivientes de Java,
de las Molucas, de la Polinesia
nos describieron en libros melancólicos,
la Ornitóptera Pronomus, la mole
deslumbrante que supera y ofusca a
las más bellas mariposas de los museos.
Con un leve temblor en los dedos –
el temblor que quizás el entomólogo
entienda- extraigo delicadamente,
examino el magnífico ejemplar.
Misterio intraducible que emana
de las mariposas exóticas. La mirada
se pierde, se confunde asombrada
como ante formas sobrenaturales;
¡mísero vestido de nuestras Argínidas
de nuestras Vanesas, de nuestras
más bellas especies comparadas a esta
maravillosa forma de ultramar!

L’Ornithoptera Pronomus, la specie / simbólica dell’isole remote, / la maraviglia che i naturalisti / del tempo andato, reduci da Giava / dalle Molucche, dalla Polinesia / ci descrissero in libri malinconici, / l’Ornithoptera Pronomus, la mole i abbagliante che supera ed ofíusca / le piü belle farfalle dei musei. / Con un tremito lieve nelle dita – / il tremito che forse l’entomologo / comprende – estraggo delicatamente / esamino il magnifico esemplare. / Mistero intraducibile ch’emana / dalle farfalle esotiche! Lo sguardo / si perde, si confonde sbigottito / come da forme soprannaturali; / misera veste delle nostre Arginnidi / delle nostre Vanesse delle nostre / piü belle specie comparate a questa / maravigliosa forma d’oltremare! /

Medito atento y el ojo indagador
pronto descubre alguna analogía.
También esta belleza que me ciega
como una forma no terrestre, como
una especie selenita, es parte
de la gran cadena armoniosa,
tiene aquí también remotos parientes.
Las patas largas y con espolones,
las alas angulosas de orillas onduladas,
el abdomen delgado, a pesar de inmenso,
un poco curvado, el coselete breve,
la breve cabeza de antenas abastonadas:
hacen de la Ornitóptera el primo
bárbaro del Papilio Podalirio.

Medito a lungo e l’occhio indagatore / pur giá discerne qualche analogía; / anche questa bellezza che m’abbaglia / come una forma non terrestre, come / una specie selenica, fa parte / della grande catena armoniosa / ha remoti parenti anche tra noi. / Le zampe lunghe speronate, l’ali / angolari dal margine ondulato, / l’addome snello, pur nella sua mole, / un po’ ricurvo, il corsaletto breve, / la breve testa dalle antenne a clava: / fanno dell’Ornithoptera il cugino / barbaro del Papilio Podalirio. /

¡Pero qué disfrazado! Las alas son
inmensas, de terciopelo negro, encendidas
en amplias zonas de una brasa verde,
un verde inconciliable con nuestro
pálido sol septentrional,
el abdomen es amarillo, un amarillo polinesio
intolerable en nuestros climas;
la mariposa es brevísima, toda ala,
estupendamente bárbara, inquietante
como una joya de oro y de esmeralda
forjada para la frente tatuada
de un príncipe por un orífice papués
que haya tenido por modelo nuestro
Podalirio, agigantándolo, avivándolo
con colores terribles, según
el arte del archipiélago salvaje.

Ma come travestito! L’ali sono / immense, di velluto nero, accese / da larghe zone d’una brace verde, / un verde inconciliabile col nostro / pallido sole settentrionale, / 1’addome è giallo, un giallo polinese / intollerando sotto i nostri climi, / la farfalla è brevíssima, tutt’ala, / stupendamente barbara inquetante / come un gioiello d’oro e di smeraldo / foggiato per la fronte tatuata / d’un príncipe da un orafo papuaso / ch’abbia tolto a modello il Podalirio / nostrano, ingigantendolo, awivandolo / di colori terribili, secondo / 1’arte dell’arcipelago selvaggio. /

Y la mariposa que no sé pensar
sobre nuestras flores, bajo nuestro cielo,
bien armoniza con los monstruos floreales:
gnomos panzudos de barbas colgantes,
inusitadas retortas, conos lívidos
evocadores de la peste y el maleficio,
armoniza con los países de fábula
supervivientes del tiempo de los orígenes:
volcanes ardientes, moles de basalto,
florestas de perfil miocénico,
de aire dulce e inmóvil
donde la luz tiembla y centellea
entre el fasto de los helechos arborescentes.

E la farfalla che non so pensare / sui nostri fiori sotto il nostro cielo / ben s’accorda coi mostri floreali: / gnomi panciuti dalle barbe pendule / ampolle inusitate, coni lividi / evocanti la peste e il malefizio / s’accorda coi paesi della favola / sopravissuti al tempo delle origini: / vulcani ardenti, moli di basalto / foreste dal profilo miocénico / dall’aria dolce senza mutamento i dove la luce tremola e scintilla / tra il fasto delle felci arborescenti.

AQUERONTIA ATROPOS

En verano, por los senderos del campo,
seguro que encontrasteis una oruga
enorme y pelada, amarilla y verde,
con siete franjas oblicuas turquesas.
La oruga erraba en busca de tierra
donde penetrar y transformarse en ninfa;
y de la alegre larva, de claros esmaltes,
nacía en otoño la más tétrica
de las mariposas: la Aquerontia Atropos.

Seguro que conocéis esta oscura esfinge
legendaria, de macizo abdomen,
de corselete tupido con impreso
en amarillo ocre el signo espantoso.

Natura, que dispensa a las Diurnas
los colores de las flores y de los brotes,
Natura quiso a la Aquerontia Atropos
símbolo de la Noche y de la Muerte,
mensajera de la Oscuridad y del Misterio.

D’estate, in un sendero di campagna, / v’occorse certo d’incontrare un bruco / enorme e glabro, verde e giallo, ornato / di sette zone oblique turchine. / II bruco errava in cerca delia terra / dove affondare e trasmutarsi in ninfa; / e dalla gaia larva, a smalti chiari, / nasceva nell’autunno la piü tetra / delle farfalle: l’Acherontia Atropos. / Certo vi è nota questa cupa sfinge / favoleggiata, dal massiccio addome / dal corsaletto folto con impresso / in giallo d’ocra il segno spaventoso. / Natura che dispensa alie Diurne / i colorí dei fiori e delle gemme, / Natura volle l’Acherontia Atropos / simbolo delia Notte e delia Morte / messaggera del Buio e del Mistero. /

Y la marcó con el emblema sombrío
y con el canto siniestro. El entomólogo
aún investiga cómo la Aquerontia
se lamenta. Alguien dijo que con el vibrar
de los tarsos. Pero no. He mutilado los tarsos
de la Aquerontia y ha continuado su quejido.
Pareció a otros que con el temblor de los palpos.
Yo pegué con resina la boca
de la Aquerontia y revoloteando
en mi cuarto, aun prosiguió
más furibundo su grito de ultratumba;
grito que parece llegar de un alma
en pena que preceda a la mariposa,
misterioso quejido que colma
a hombres y bestias de un ignoto horror:
he visto a mi valiente perro
humillarse temblando de la cabeza a los pies,
negarse a entrar en la habitación
donde estaba la Aquerontia quejumbrosa.

E la segnó con la divisa fosca / e del sinistra canto. L’entomologo / tuttora indaga come l’Acherontia / si lagni. Disse alcuno col vibrare / dei tarsi. Ma non é. Mozzato ho i tarsi / all’Acherontia e s’é lagnata ancora. / Parve ad altri col frémito dei palpi. / lo cementai di mastice la bocca / all’Acherontia e s’é librata ancora / per la mia stanza, ha proseguito ancora / piü furibondo il grido d’oltretomba; / grido che pare giungere da un’anima / penante che preceda la farfalla, / misterioso lagno che riempie / uomini e bestie d’un ignoto orrore: / ho veduto il mío cañe temerario / abbiosciarsi tremando foglia a foglia / rifiutarsi d’entrare nella stanza / dov’era l’Acherontia lamentosa. /

El apicultor sabe que este quejido
imita el de la abeja reina
cuando está furiosa contra las rivales,
y permite a la esfinge introducirse
en los panales, saciándose de miel.
Las obreras no pican a la intrusa,
se disponen en círculo a su paso,
con las alas bajas y el abdomen alzado,
la actitud humilde y reverente,
llamada «la rosa» por el apicultor.
Y la enemiga del apicultor
con el triste canto encanta a la colmena.
Sólo al alba, cuando la Aquerontia
aturdida y sacia calla y duerme,
las obreras decretan su muerte.
Depone cada una sobre la adormecida
un granito de propóleo, el cemento
resinoso que quitan a las brotes.
Pronto queda la enemiga revestida
por una funda y ya no despertará.
El apicultor encuentra cada otoño,
en los panales, estos grandes mausoleos.

L’apicultore sa che questo lagno / imita il lagno dell’ape regina / quando è furente contro le rivali, / e concede alia sfinge d’aggirarsi / pei favi, sazíandosi di miele. /
L’operaie non pungono l’intrusa, / si dispongono in cerchio al suo passaggio, / con l’ali chine e con l’addome alzato, /
l’atteggiamento mite e riverente / detto «la rosa» dall’apicultore. / E la nemica dell’apicultore / col triste canto incanta l’alveare. /
All’alba solo, quando l’Acherontia / intorpidita e sazia tace e dorme, / l’operaie decretano la morte. / Depone ognuna sopra l’assopita / un granello di propoli, il cemento / resinoso che tolgono alie gemme. / E la nemica è rivestita in breve / d’una guaina e non ha piü risveglio. / L’apicultore trova ad ogni autunno, / tra i favi, questi grandi mausolei. /

¡Mariposa extraña, hija de la Noche,
hermana de la lechuza y del búho,
obra no de Natura, sino de demonios,
evocada con filtros, signos y cábalas
en la profundidad de una caverna!

De niño, recuerdo, para mis colecciones
siempre inmolé con ansiedad esta
oscura mariposa, casi en el terror
de provocar con la fosca víctima
la ira de una potencia tenebrosa.
Y también porque el Atropo me habla
de cosas queridas, de las villas antiguas.
Sobre la cómoda Imperio, bajo
la campana de cristal que encierra
las madréporas raras y las conchas
está casi siempre la Aquerontia Atropos
que allí dejó un abuelo jovencito.

Farfalla strana, figlia delia Notte, / sorella delia nottola e del gufo, / opra non di Natura, ma di demoni, / evocara con filtri e segni e cabale / dalle profondità d’una caverna! / Bimbo, ricordo, per le mie raccolte / sempre immolai con trepidanza questa / cupa farfalla, quasi nel terrore / di suscitare con la fosca vittima / l’ira d’una potenza tenebrosa. / E anche perché l’Atropo mi parla / di cose care, dell’antiche ville. /

Sul canterano delPImpero, sotto / la campana di vetro che racchiude / le madrepore rare e le conchiglie / sta quasi sempre l’Acherontia Atropos / depostavi da un monno giovinetto. /

La Aquerontia frecuenta los campos,
los jardines de los hombres, las villas,
yace de día contra los muros y los troncos,
en los pasillos más oscuros, los solares
más desolados, bajo los canalones,
duerme con las alas plegadas a cubierto.
Y a la noche sale. En las noches sin luna
frías, estrelladas, de septiembre, cuando
el crepúsculo ya cede a la noche,
y las mariposas de la luz han
desaparecido, la Aquerontia quejumbrosa
revolotea solitaria en las tinieblas,
entre los camerops, las tuyas, sobre las hayas
donde poco antes bromeaban los chiquillos,
las Vanesas, las Argínidas, los Papilios.
Ronda la Aquerontia. El murciélago
la evita con un quiebro repentino.
Ronda la Aquerontia. Alto es el silencio
comentado, no roto por los buhos,
por el estrépito monótono de los grillos.

L’Acherontia frequenta le campagne / i giardini degli uomini, le ville / di giorno giace contro i muri e i tronchi, / nei corridoi piü cupi, nei solai / piü desolati, sotto le grondaie, / dorme con l’ali ripiegate a tetto. / E n’esce a sera. Nelle sere illuni / fredde stellate di settembre, quando I il crepuscolo già cede alia notte, / e le farfalle della luce sono /scomparse, l’Acherontia lamentosa / quejumbrosa si libra solitaria nelle tenebre / tra i camerops, le tuje, sulle ajóle / dove dianzi scherzavano i fanciulli / le Vanesse le Arginnidi i Papili. / L’Acherontia s’aggira. II pipistrello / l’evita con un guizzo repentino. / L’Acherontia s’aggira. Alto è il silenzio / comentara, non rotto dalle strigi, / dallo stridio monotono dei grilli. /

La Villa está inmersa en la noche. Sólo
destacan las ventanas del comedor
donde la Familia cena.
La Aquerontia se acerca, duda, espía,
cuenta los comensales uno a uno,
silba un nombre, golpea contra los cristales
tres, cuatro veces como nudillos huesudos.
La jovencita más pálida se levanta
con un sobresalto, como a una llamada.
«¿Quién hay?» Entreabre la ventana, explora
el jardín invisible, asoma la cabeza
de oro en la noche sin luna…
-¿Quién hay? ¿Quién hay? ¡No hay nadie, Madre!-
Cierra la ventana con un primer escalofrío,
se sienta a la mesa, entre sus hermanas.
Pero ya se oye el alborozo de los niños
felices por el huésped inesperado,
por el huésped deslizado y no visto.
En torno a la luz gira zumbando
la negra mensajera funeraria.

La Villa é immersa nella notte. Solo / spiccano le finestre della sala / da pranzo dove la Famiglia cena. / L’Acherontia s’appressa esita spia / numera i commensali ad uno ad uno, / sibila un nome, cozza contro i vetri / tre quattro volte come nocca ossuta. / La giovinetta piü pallida s’alza / con un sussulto, come ad un richiamo. / «Chi c’é?» Socchiude la finestra, esplora / il giardino invisibile, protende / il capo d’oro nella notte illune… / – «Chi c’fe?» Chi c’é? Non c’é nessuno, Mamma! – Richiude i vetri, con un primo brivido, / risiede a mensa, tra le sue sorelle. / Ma giá s’ode il garrito dei fanciulli / giubilanti per l’ospite improwisa, / per l’ospite guizzata non veduta. / Intorno al lume turbina ronzando I la cupa messaggiera funeraria.


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