Pablo Echart

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Profesor de Comunicación

Tres microcuentos

Se hace referencia a tres cortos relatos de Pablo Echart: "Abuela", "Tirantes" y "Metamicroliteratura".

Guía de lecturas contemporáneas

Reseña del libro "Guía de lecturas contemporáneas" de Pedro de Miguel y Ángel Peña.

Frank Capra. El nombre delante del título.

Veintiocho años después de la publicación original en inglés se edita en España Frank Capra. El nombre delante del título, la apasionante autobiografía de uno de los grandes directores de la comedia cinematográfica americana. Es éste un género difícil de escritura, en el que han resbalado muchos otros, incapaces de contagiar la elocuencia de las obras o hechos que los convirtieron en personajes públicos; pero también difícil por ser campo abonado para la distorsión —generalmente en beneficio propio— y el arreglo de cuentas.Este soberbio libro lo disfrutarán no sólo los incondicionales del director sino cualquier cinéfilo que sepa disculpar los ocasionales excesos egocéntricos del autor. No le será difícil hacerlo, pues en sus palabras no encontrará malicia o engreimiento sino una voluntad de ser fiel a la propia historia, una sinceridad que resulta abrumadora al tratar los momentos más amargos de su carrera, en los que se muestra implacable consigo mismo. Al cerrar el libro no es difícil reconocer en Capra al hombre que realizó películas como Vive como quieras, Caballero sin espada o ¡Qué bello es vivir! Tesón, trabajo a destajo, idealismo, confianza en sí mismo, lucha contra las adversidades, equivocaciones, fracasos, encrucijadas, sufrimiento: el lector siente el vínculo entre el hombre y sus filmes, la voz coherente y personal que los alienta. Hay armonía entre el Capra que se presenta en estas páginas y el Capra que se intuye tras sus obras.Con virtuosismo, el director trasciende las anécdotas y chascarrillos para conducirnos al interior de Hollywood en su época dorada. Con un ritmo sorprendentemente ágil, con la tensión y el entusiasmo propios de un guión escrito con su socio Riskin, Capra demuestra ser un excelente contador de historias y divulgador, pues con él se aprende más de cine que con muchos estudios de teoría cinematográfica. Capra habla con pasión de la naturaleza escurridiza de la comedia y de la risa; de sus relaciones con directores amigos —Wellman, Wyler...— y con las siempre complicadas estrellas; rememora la milagrosa gestación de las películas, tantas veces al borde del colapso en las fases de la producción; desvela secretos, intenciones e ideales que subyacen en sus filmes; transmite los zigzagueantes estados de ánimo que atraviesa; recuerda días de fiesta y otros de inmensa tristeza, como el 23 de agosto de 1938, cuando murió su hijo John, coincidiendo con el preestreno mundial para la prensa de Vive como quieras, seguramente su película más alegre.La autobiografía se divide en cuatro grandes bloques. El primero abarca desde la llegada de la humilde familia Capra a Estados Unidos en 1903 hasta 1933, cuando Frank es ya un director respetado en la Columbia, el Estudio de su vida. El joven Capra, con empeño, trabajo y suerte se abre paso en el cine mudo. En los años veinte monta películas para Bob Eddy, se forja como escritor de gags en los Estudios de Mack Sennett y dirige a Harry Langdon, uno de los grandes cómicos de la pantomima. En los finales de esta década y comienzos de...

El emperador del aire

Hace diez años, Ethan Canin (Michigan, 1960) se convirtió en una de las grandes promesas de las letras estadounidenses al publicar su primer volumen de cuentos. La colección, traducida al castellano inicialmente como El emperador celeste (Versal), ha sido felizmente reeditada ahora con un título ligeramente distinto, El emperador del aire (Emecé). Entretanto, Canin ha confirmado su talento con la novela Blue River (Emecé) y muy especialmente con El ladrón de palacio (Anagrama), conjunto magistral de cuatro relatos largos que suponen la entrega más destacada del autor hasta la fecha.Canin, desde esta su primera obra, muestra afinidad con esa pródiga corriente narrativa estadounidense de corte realista que, en esta segunda mitad de siglo, ha inquirido en la insatisfacción del individuo de clase media acomodada, en el malestar que experimenta el americano adulto —sobre todo el varón— a la hora de adaptarse a los modos actuales de vida y a las instituciones sobre las que tradicionalmente ha descansado la vida en sociedad, muy en especial sobre el matrimonio y la familia.Dada la ingente cantidad de autores que transitan por estas latitudes, cabría preguntarse si no se trata de otro autor mimético, atrapado como tantos en las voces de los Updike, Ford o Carver. Felizmente, Canin ha encontrado una mirada personal sobre el incómodo estado de las cosas, misterioso e insondable al mismo tiempo, como lo es la naturaleza de cada hombre. Ahí es adonde apunta Canin, a la incapacidad de los miembros de una determinada sociedad —fácilmente reconocible— para establecer vínculos estrechos entre ellos a pesar de los años y del parentesco, a la imposibilidad, en un padre: son acontecimientos soterrados que marcan la vida cotidiana, definitiva, de ser reconocido por los otros, incluso por los más cercanos.Los personajes de El emperador del aire se han acostumbrado a vivir en soledad, son fríos, indolentes, parcos en palabras. Canin se muestra fascinado por la relación de los padres y los hijos, por la enclenque herencia que se transmite de unos a otros, por los extraños y en apariencia minúsculos desequilibrios del comportamiento que padecen, válvulas de escape que liberan las presiones familiares y sociales, y que facilitan la adaptación al grupo. Salvo en el primero de los cuentos, Canin evita la empatia del lector con los protagonistas, los mantiene aislados, no conoce todavía —a juzgar por lo mostrado en el posterior El ladrón de palacio— la calidez de lo cómico, la redentora intervención del humor.Un velado examen de conciencia parece recorrer el interior de estos personajes. La vejez, la infidelidad, la enfermedad, la muerte de hechos asumidos que, sin embargo, despiertan inconscientemente la necesidad de explicarse uno mismo, de repasar la propia historia, de preguntarse qué se ha hecho de la vida, si queda entre tanto paso en falso algún minúsculo hecho heroico que la redima.Los lectores de El ladrón de palacio echarán de menos en este libro de iniciación la caricatura, la incursión de personajes tan queridos como ridículos en las situaciones más disparatadas. Sin embargo, cualquier lector advertirá la...

Me gusta contar

«Me gusta contar»: con tres palabras resume Antonio Pereira más de cuarenta años de dedicación al cuento. Exacto desde la primera frase, Pereira encierra en esta afirmación rotunda el norte que guía su escritura, el fin grande y modesto de quienescribe para tener amigos, para poder reunirse con ellos alrededor de una mesa y charlar y beber unos vasos de vino. Pereira busca siempre la complicidad de su lector, crear el ambiente familiar y de camaradería que presidía los filandones, aquellas reuniones invernales de otro tiempo en las que se contaban historias a la luz del fuego. De la tradición oral, Pereiraheredó algunas virtudes narrativas, por ejemplo la capacidad para adentrarse con rapidez en la historia o para mantener siempre despierta la atención del que escucha; pero quizá lo que más agradece el lector es la forma en la que el narrador se oculta para dejar que la historia se quede con todo el protagonismo. Pereira va al grano, trabaja la sencillez y desecha cualquier tentación manierista que se acerque a sus relatos. Me gusta contar supone una excelente oportunidad para acercarse a la obra de este escritor periférico, polifacético —poeta vocacional, cuentista siempre, novelista esporádico—, acostumbrado al reconocimiento minoritario, a transitar porlo que hasta hace bien poco eran los arrabales de la literatura española. Pereira reúne en este volumen más de sesenta cuentos, muchos publicados anteriormente y otros inéditos, una muestra acertada de su aportación al género en la que recopila historias memorables: «El hombre de la casa», «El apartamento», «El señor de los viernes», «El síndrome deEstocolmo», «Palabras, palabras para una rusa» y tantas otras. Pereira ha dividido el conjunto en cuatro apartados, de los cuales tres aluden a lugares geográficos: Madrid, remotas regiones del globo y, por supuesto, el noroeste peninsular. En los lugares más exóticos —Roma, Río, Acapulco...— y en los parajes más cercanos —Villafranca del Bierzo, Astorga, León— habitan sus protagonistas tragicómicos, hombres casi siempre, a veces víctimas de sucesos imaginarios o fantásticos, y a veces simplemente de mujeres, tan deseables como avispadas. Pereira trasciende la anécdota humorística o irónica para fascinarnos con unos personajes que nos cautivan con su debilidad, personajes picaros, galanes de tres al cuarto, un poco atontados y cobardes que tienen algo de Marcello Mastroianni, aunque sean a veces más llanos y grotescos. Con la ayuda de estos personajes, Antonio Pereira hace saltar nuestros resortes anímicos y nos conduce, cuento a cuento, de la melancolía a la carcajada.

Conversación con NorthroFrye

Reseña literaria de "Conversacion con Northrop Frye" de David Cayley.

La dolorosa ventaja de J.D. Salinger

Dos años llevan esperando los ávidos lectores de Jerome David Salinger a que se cumpla la promesa. El escritor neoyorquino salía por voluntad propia de su letargo a comienzos de 1997 para autorizar a la pequeña editorial Orchises Press la publicación de Hapworth 16, 1924, relato divulgado por The New Yorker en 1965, con el que el huraño y genial narrador dijo adiós a sus lectores. En nuestro país, sus seguidores han podido mitigar la espera gracias a la editorial Edhasa, que felizmente reeditaba el año pasado Levantad, carpinteros, las vigas del tejado y Seymour: una introducción (1963), cuya anterior edición en castellano se había convertido en un tesoro.

Elogio a Pla

Reseña literaria de "El hombre del abrigo" de Valentí Puig.

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