Miguel Veyrat

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Poeta y periodista

Verano inglés

Los periódicos han reseñado que el nuevo libro de Guillermo Carnero (Valencia, 1947) es muy importante porque nace «después del silencio de nueve años». Yo creo con el poeta Brodsky que la vida sólo es una conversación previa al silencio, y acaso la poesía sea una vida nueva y posterior al silencio, para que ese incesante himno órfico que sería el lenguaje según Shelley (Prometeo desencadenado), quede temblando en los límites del tiempo definido por garganta humana. En ese sentido, Guillermo Carnero nace tras nueve años de silencio. También han dicho los periódicos (El País, 20.XI.1999) que este Verano Inglés es muy importante porque surge de la locura de los 50 años del poeta: y todo, porque diz que «trae varias novedades: más sexo, menos culturalismo, más claridad y nostalgia»Me he precipitado pues, tras esos previos, a leer el libro del que fue «novísimo» antologizado por Castellet en el 70, que publicó luego «El sueño de Escipión» (1971), «Variaciones y figuras sobre un tema de La Bruyére» (1974), «El azar objetivo» (1975), «Música para fuegos de artificio» (1989), «Divisibilidad indefinida »(1990). He buscado en mi biblioteca sus dos antologías: «Ensayo para una teoría de la visión» y «Dibujo de la Muerte», y leído afanoso mis notas, recorrido con la vista y con los dedos los subrayados a lápiz; me he conmovido nuevamente por el billete manuscrito con el que el poeta acompañaba su último envío a mi domicilio.En Verano Inglés no hallé locura, no he encontrado nostalgia; ni en más claridad me he visto, ni en menos culturalismo: y hablando de sexo, ni menos ni más. Voy a intentar decir qué es lo que creo que ha sucedido con Guillermo Carnero el poeta, y porqué al cerrar las guardas de su último libro, he tenido que abrir con el corazón al galope, las líneas de Dibujo de la Muerte y sumergirme en la densa belleza de sus primeros poemas —«Avila», «Castilla», «Amanecer en Burgos»—, y en ellos encontrarme con la abundancia generosa de la lengua que el joven Carnero creó para compartir con nosotros declarando: Mi cuerpo es ancho como un río. y también: Conozco muchos nombres de murallas, para terminar:otra vez al galope, matando / descuartizando telas y andamiajes y máscaras /levantando muros y andamiajes y telas /y máscaras, y otra vez declarando:Mi cuerpo es ancho como un río.Desde entonces, y contrariamente al gesto de otros poetas muy próximos a él, Guillermo Carnero no ha desnudado el lenguaje para librarlo del veneno acumulado por los años de guerra, de la baba de caracol de las consignas fascistas o marxistas, del sudor frío de la imitación servil, de las encanecidas metáforas ya fundadas desde antes de Homero, operando en los confines del lenguaje o funcionando contra él, fiel a la máxima mallarmeana de depuración linguística: Carnero lo ha enriquecido.Su cuerpo ancho como un río, ha llegado hasta aquí recogiendo espumas diversas, hojas, pámpanos, arrastrando alabastros, violando cortes de amor y desastrando relojes de sol, empapando su inteligencia de belleza,...

Himnos tardíos

Reseña del libro "Himnos tardíos" de Jaime Siles.

Mar de fondo

Reseña del libro de poesía "Mar de fondo" colección de Juan Ramón Jiménez (1978-1998), compilado por Ana María Navales.

Misión poética

Reseña literaria de "La puerta giratoria" de Jorge Valdés Díaz-Vélez.

Un coro de versos

Sobre la antología de varios autores, titulado "Aldea Poética".

Beber la sangre para encontrar respuestas

Juan Manuel González
En el filo de la sangre
Colección Visor de Poesía
Madrid, 1996, 62 págs.

El que envuelve con cobre mundos

Seamus Heaney
La Linterna del espino
Ediciones Península
Madrid, 1995, 117págs.

Figura de Shakespeare. © Shutterstock

Harold Bloom: Canon y castigo

En "El Canon occidental" (Anagrama), de Harold Bloom (traducción de Damián Alou), Shakespeare es el centro de la esfera literaria y faltan Dostoyevski o Chejov. El Canon es discutible, pero lo indiscutible es la erudición y el amor a la literatura de Bloom (1930-2019)

Dios, el hijo de María

Para la mayoría de los españoles, a pesar de confesarse católicos  e  incluso  "practicantes", el conocimiento del  Evangelio no pasa de ser una brumosa amalgama hecha de recuerdos de homilías más o menos tediosas o de lecturas infantiles o adolescentes. Pocos son los adultos que reconozcan haber practicado una lectura seria y constante del Nuevo Testamento, pese a constituir la piedra angular del conocimiento de su propia confesión religiosa.No deja de parecer extraño, si se piensa que las creencias han fundamentado desde siempre los votos o actitudes más diversas de los ciudadanos, a la hora de decidir sus grandes opciones políticas, sociales o económicas. Acaso nuestros compatriotas, a diferencia de otros fieles católicos, den por hecho que la fe es algo que se adquiere con el bautismo y que no es preciso cimentar ni alimentar. Y den por mucho menos eviden te la necesidad de vivir de modo acorde con ella. O bien acaso resulte demasiado difícil, en tiempos audiovisuales, el lenguaje forzosamente metafórico y fragmentario de los cuatro textos básicos adoptados por la Iglesia.Sea como sea, un escritor contemporáneo, doctor en Filosofía y en Derecho y autor de una importante obra literaria que abarca los géneros de la novela, ensayo, poesía y biografía, ha abordado la ingente tarea de realizar una muy minuciosa lectura de los Evangelios, para narrarlos a continuación de  manera hermosa y amena, en el intento de contextualizar las cuatro narraciones con la vida cotidiana en los tiempos de Jesús.Si repasamos el cánon tradicional de las "Vidas de Jesús", hallaremos, al ceñimos a los tiempos modernos y dejando de lado los piado sos relatos para niños, las  escritas por Papini, Renan, y, más recientemente por Saramago, que no han podido sustraerse a los grandes debates de su tiempo, ya fueran teológicos o versaran sobre las responsabilidades contraídas por la Iglesia fundada por Jesús de Nazareth con la vida colec tiva de los hombres en el tiempo que se escribieron.En el autor últimamente  citado, de tan alto mérito literario como los anteriores, topamos incluso con provocaciones del tipo de considerar a José un insolidario, poco menos que un "esquirol", por huir a toda prisa de Belén sin avisar al resto de los padres de niños menores de un año del  mensaje  comunicado  por el  ángel acerca de las intenciones de Herodes. Saramago realizó con toda evidencia una "lectura" que se quería desmitificadora  de la figura de Jesús, a la luz del materialismo histórico, y que resulta blasfema desde la ortodoxia cristiana.Bien. Digamos que Pedro Antonio Urbina, al  contrario, ha puesto por escrito el fruto de la lectura continuada de los Evangelios a lo largo de más de cuarenta años, a la sencilla luz de la fe en la Encamación de Dios en una Virgen y en sus enseñanzas posteriores a los hombres, respaldada por amplios conocimientos científicos en teología y filosofía, y poniendo en juego su habilidad en el trabajo de escritor. La enorme provocación de Urbina residiría a nuestro juicio en el título, que varía...
Nueva Revista

De la televisión de Estado a la televisión pública

El autor relata un viaje de treinta años de vida periodística: su nacimiento en la televisión del Estado, su juventud en la de la transición y su supervivencia entre las prácticas dirigistas de los años 80. Como Dante, no abandona la esperanza de "una Televisión Pública cuyo Estatuto coincida punto por punto con la Constitución".

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