Guillermo Gortázar

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Profesor títular de Historia Contemporánea. UNED

La corona en la historia de España

La Corona representa la continuidad y tradición de la nación española. Por eso, las interpretaciones coyunturalistas o personalistas de la Monarquía española, desde 1978, ignoran el dato fundamental del papel histórico de la Corona a lo largo de los siglos: el de hacer visible y representar la constitución histórica de España.

Europa en la encrucijada

Desde el primero de Noviembre de 1993 hasta la cumbre del Consejo de Europa de 1996 en que será revisado el Tratado de Maastricht, Europa tendrá que orientar sus pasos en una de estas dos direcciones. O avanza en el camino de la centralización y burocratización o estabiliza y reduce sus actuales niveles de centralización. La ampliación del número de miembros para 1995 y sobre todo la naturaleza profunda de Europa, me induce a pensar que finalmente asistiremos más a una estabilización en las cesiones de soberanía que a un proceso de federalización de Europa. A continuación me extenderé un poco en estas dos ideas: el carácter histórico profundo de Europa y el peso de la opinión como elemento de control de los gobiernos nacionales. En 1981, el historiador Eric L. Jones publicó un espléndido libro titulado The European Miracle con el objeto de encontrar una explicación al hecho de que hacia el año 1450, un pequeño y pobre continente fuera capaz de iniciar una preponderancia de civilización tan espectacular y dilatada sobre otros continentes y culturas. La tesis del autor es que la esencia de Europa reside en su pluralidad y diversidad junto a la existencia de poderes políticos efectivos, pero limitados, de alcance regional y en los nuevos Estados nacionales. Gracias a una gran diversidad de espacios geográficos, climáticos y sobre todo, a la ausencia de un poder imperial homogeneizador y centralizador, las plurales y abiertas sociedades europeas consiguieron generar un desarrollo político, cultural y económico singular, que posteriormente demostró sus potencialidades y capacidad de adaptación en otros continentes. Si la esencia de Europa es su diversidad y pluralidad, entonces se entienden mejor las resistencias que durante siglos han tenido los europeos a someterse a cualquier poder unificador y burocrático, ya fuera producto del racionalismo revolucionario francés con Napoleón o con el totalitarismo nazi o comunista. Por el contrario, el Imperio Austrohúngaro es una confirmación de la tesis de Jones: el respeto de la libertad, diversidad y pluralidad de los pueblos que componían el Imperio, posibilitó un factor de equilibrio centroeuropeo hasta el inicio del siglo XX que todavía no se ha recuperado. La reconstrucción de Europa Occidental en el siglo XX, después de dos guerras mundiales, que en Europa fueron guerras civiles, comenzó en 1945 y es evidente que los procesos de cooperación e integración desde el Plan Marshall a la CECA y posteriormente el Tratado de Roma, han sido un rotundo éxito. Esa es la senda por la que pretenden transitar los otros europeos del centro y del este de Europa, en un camino iniciado en 1989, después de la caída del muro de Berlín. Precisamente lo que atrae a los otros europeos es el ejemplo de la CEE, su caracter consensuado, abierto y libre. Justo lo contrario de lo que era el COMECON: un sistema coercitivo de resultados desastrosos. A mi juicio, el significado del reducido entusiasmo que ha suscitado Maastricht, es debido al hecho de que los europeos desean una Europa abierta y...

Paul Johnson, El nacimiento del mundo moderno

Este libro es una provocación. Será un libro insoportables para los historiadores científicos tanto por su objeto (el mundo entero)  como por el método. Me atrevo a vaticinar que no será recomendado por la inmensa mayoría de los profesores universitarios de Historia contemporánea a los jóvenes estudiantes de Historia. Con ello, los profesionales de la historia darán un paso más en el despego que los lectores y la opinión pública manifiestan hacia la Historia que, de día a dia, se hace más erudita, aburrida, sin sentido, localista y sectorial.El nacimiento del mundo moderno se debe al surgimiento de Demos que Johnson sitúa entre 1815 y 1830. Contra lo que se ha venido manifestando no fue el periodo revolucionario encarnado en Napoleón un periodo de desarrollo de las ideas democráticas sino más bien todo lo contrario. La equiparación que el autor realiza de Napoleón con Hitler es sin duda el alegato más claro contra los llamados periodos de "liberación", o revolucionarios, que causan muchas más desgracias, muertes y totalitarismo que los de estabilidad política.De este modo, el periodo 1815-1830, reputado por la historiografía hasta ahora como una época de inmovilismo y reacción, en opinión de Johnson fue el espacio de tiempo en el que nace el mundo moderno: en política y relaciones internacionales. El Congreso de Viena es la primera conferencia de paz  entre las grandes potencias; el arte y los artistas (Beethoven, es el caso mas claro) se emanciparon de los mecenas y pasaron a ejercer una influencia política y cultural extraordinaria en los pueblos; la opinión pública comenzó a articularse y en 1928  se realizó la primera campaña electoral moderna en Norteamerica; nunca como en esos años se produjo un avance tan espectacular  en los campos científicos en la moderna producción industrial y los transportes, que los europeos pudieron colonizar grandes extensiones de todos los continentes.Aunque el autor confiesa que no aspira a escribir una tesis, el libro es mucho más que una descripción de acontecimientos. Los valores morales, los juicios éticos, los balances de las acciones humanas y los análisis de caracteres personales van dibujando un rico mosaico  en el que lo decisivio es el peso y choque de las ideas y de los hombres enfrentados a las circunstancias. En cierto sentido, este libro es un ejemplo acabado de que el retorno a la narrativa que hace diez años  solicitó el historiador Laurence Stone en una furibunda crítica a los historiadores matemáticos o "cliometristas":No es extraño que esta tarea haya sido abordada por un periodista-historiador británico, Paul Johnson (muy conocido por sus libros, Intelectuales y Tiempos modernos, entre otros). Es difícil pensar en un historiador "científico" francés o español  que se atreva a echar un vistazo a todos el planeta durante quince años del siglo pasado. Pero además, la historiografía española ha estado muy mediatizada por las dificultades del reinado de Fernando VII por lo que el balance de aquellos años muy difícilmente puede verse con optimismo desde nuestro país.  En Francia, la Restauración Borbónica con su...

La historia desconocida

En el presente marco de especialización y localismo historiográfico en España, el libro de José Andrés Gallego es una buena y rara excepción por su empeño en la comprensión y relato global con una nueva forma de contar el nacimiento de nuestra contemporaneidad. En otras palabras: pocas veces un libro de un historiador se propone tantos objetivos y los logra de una manera tan satisfactoria. José Andrés Gallego se dirige a un amplio público interesado en la historia sobre temas diversos que no suelen encontrarse en los manuales al uso. Se trata «de un ensayo de una nueva síntesis global de la Historia de Occidente» sólo que el autor se centra en lo «inusual» de las demás síntesis habida cuenta de las lógicas limitaciones de espacio.Desde, los años setenta hasta el presente son numerosas las monografías publicadas sobre lemas generalmente ausentes en los libros de historia tales como la historia de la infancia, la religiosidad, la percepción del otro, el miedo, la vecindad... En la mayor parte de las ocasiones son libros escritos en lenguas extranjeras, de muy escasa difusión en España, incluso entre los historiadores. En los casos en que se han editado estas historias en castellano su nivel de especialización es muy elevado y también su circulación se ha limitado a los especialistas.En este libro, el autor logra sintetizar, o globalizar como él prefiere denominar a su esfuerzo divulgativo y epistemológico, una impresionante bibliografía sobre esos temas con el objeto de relatar lo que no se suele contar en los libros de historia. Es decir cómo vivían y percibían la realidad millones de europeos y americanos en los días anteriores a la revolución francesa. ¿Cómo se pueden transmitir esas vivencias y unirlas a la evolución política que marcaba sus vidas? ¿Cómo explicar a la vez fenómenos como la vida diaria de millones de seres en el contexto de la caída del Antiguo Régimen? El autor advierte sobre las limitaciones de un empeño tan ambicioso y señala que para ello ha utilizado una aproximación antropológica unida a la historia política.El libro finaliza con un epílogo en el que se repasan temas bien interesantes sobre el quehacer profesional de los historiadores. El autor destaca la función narrativa del historiador frente a la pretenciosa cientificidad del positivismo y del economicismo de terminista de los historiadores marxistas. Pero aunque José Andrés Gallego señala el carácter subjetivo de cualquier relato histórico hay que destacar que sus múltiples observaciones y conclusiones van en todos los casos apoyadas en las evidencias que se desprenden de sólidas monografías publicadas en los últimos veinte años. •

Viena, 1890 y 1990. De la incertidumbre a la esperanza

Pasados cinco años, resulta que Viena, el Imperio Austro-Húngaro, en vez de ser un ‹‹leitmotiv›› posmodernista, autocomplaciente con el «statu quo» de los años ochenta, lo que está indicado es la configuración de la nueva Europa, liberada del último totalitarismo. Muchos europeos observaron el pasado fin de siglo con escepticismo, con pesimismo por un futuro incierto, y a fe que no se equivocaron. El presente fin de siglo puede muy bien ser justamente lo contrario: una época de recuperación de lo más específicamente europeo, esto es, libertad y los derechos individuales con gobiernos nacionales sometidos al imperio de la ley.Puede decirse que el siglo XX, entre 1914 y 1990, ha sido fatídico para Europa, que pasó de ser el continente hegemónico a finales del siglo XIX a autodestruirse y decaer hasta niveles desconocidos en el siglo XX. Con todo, hay dos fechas de esperanza, de recuperación de la cultura y el sentido europeo de la libertad: el 25 de agosto de 1944, la liberación de París por los Aliados significaba el fin de la pesadilla nazi y la libertad y reconstrucción de la mitad occidental del viejo continente y el 9 de noviembre de 1989, la caída del muro de Berlín, que simboliza el final de la dictadura comunista.Porque, ¿hacia qué nueva Europa nos encaminamos? Hacia una Europa muy similar a la del final del siglo XIX y principio del XX, en la que predominaban los ciudadanos sobre los Estados  y en la que la soberanía nacional era una referencia de leyes y territorialidad, pero no del dominio imperialista de un país sobre otro. Aquel modelo totalitario terminó en Europa Occidental con la derrota nazi en 1945 y ahora ha finalizado, en Europa Oriental, con el derrumbamiento de la URSS. Han hecho falta setenta largos años. Han hecho falta setenta largos años para volver a la situación a la que estábamos en 1914. Y esta nueva Europa se parece muy poco a la soñada por los burócratas socialdemócratas de la Comunidad Económica Europea, con un nuevo centro político que reglamenta y controla desde Bruselas una suerte de gran Estado federativo socialista. La Europa imaginada y deseada por Mitterrand, Delors y Felipe González (si me permiten la utilización de la imagen goyesca) no ha pasado de ser un «sueño de la razón» que por esta vez no ha podido «producir monstruos». A continuación, me propongo describir y analizar los elementos más destacados de aquella extraordinaria experiencia cultural que fue la capital del Imperio Austro-Húngaro en el pasado fin de siglo. A la vez sugiero que en el Centro y en el Este de Europa, donde hubo desconcierto, escepticismo y desorientación, hoy emerge una sociedad plural con la experiencia negativa del socialismo en todas sus versiones, pero que todavía se encuentra sometida a tensiones nacionalistas que solamente un poder moderador y arbitral como el Imperio y las monarquías fueron capaces de integrar y canalizar en un proyecto común. Viena, fin de sigloViena al final del siglo pasado, como señaló Karl Kraus, intelectual...
Nueva Revista

Habilitación y carrera docente

Uno de los efectos negativos de la LRU ha sido crear un auténtico «tapón»  en las espectativaas de la carrera docente de los profesores titulares de Universidad. Algo parecido ocurre con los catedráticos de Instituto, a los que la LRU no les posibilita vías de desarrollo en su carrera docente. La carrera docente española, por tanto, es una asignatura pendiente de nuestro sistema de enseñanza.¿Cómo se realiza la promoción a las cátedras universitarias?La ley remite a la decisión e iniciativa de los departamentos universitarios la propuesta o dotación de nuevas plazas de catedráticos.Para que se «cree» una nueva plaza se requiere la votación mayoritaria del departamento. Por ello el reconocimiento de la capacidad de profesores cualificados está sometido al juego de legítimos y contrapuestos intereses que se debaten en el seno de los respectivos departamentos.Un ejemplo: becarios y profesores ayudantes tienden a oponerse a la dotación de plazas de catedráticos, por cuanto se requiere una reserva presupuestaria que frena la dotación de nuevas plazas de profesores ayudantes y titulares. La LRU ha convertido, en muchos casos, a los departamentos en ámbito de lucha corporativa y hasta generacional. Pero las previsiones estatutarias de las Universidades establecen «ratios» recomendables de un catedrático por tres o cuatro profesores titulares, si bien estas previsiones no se cumplen en la mayoría de los casos.EndogamiaUna propuesta para la solución de las actuales limitaciones del desarrollo de la carrera docente es introducir una modificación en la LRU que permita la habilitación de catedráticos. Se trataría de establecer un primer y riguroso nivel de profesorado numerario, los profesores titulares de la Universidad, superando algunos de los defectos reconocidos por el Consejo General de Universidades como es el elevado grado de endogamia de las Universidades españolas, que supera el 90 % de las plazas que salen a concurso-oposición. Una vez superado el primer escalón selectivo, los profesores titulares serían evaluados por un amplio tribunal en convocatoria nacional con el fin de comprobar si merece la habilitación o titulación de catedrático. Esta habilitación no supondría alteración sustancial de las condiciones salariales de los profesores titulares habilitados como catedráticos, pero sí sería un reconocimiento profesional y académico, y las Universidades podrían contratar libremente a sus nuevos catedráticos entre los habilitados. De este modo se conjugaría la selección entre profesores titulares con la demanda específica de catedráticos por parte de las Universidades.

Elecciones en el País Vasco

 El Gobierno de coalición de la Comunidad Autónoma Vasca, PNV-PSOE ha sido un matrimonio de conveniencia. El PNV retenía el poder y aislaba a Eusko Alkartasuna, su principal enemigo político. El PSOE apoyaba al PNV y a cambio se incorporaba al Gobierno Vasco de modo que salíaa de la marginalidad política vasca, del "gheto"  al que había sido relegado por la mayoría nacionalista. Pero este matrimonio de conveniencia  ha resultado finalmente positivo para el País Vasco, por cuanto ha contribuido a la normalización política y ha facilitado el entendimiento entre todas las fuerzas del Bloque Democrático. Por el contrario, ETA y su entorno  están más aislados que nunca, en un proceso abierto, de crisis y, en algunos casos, de autoliquidación.Las inminentes elecciones autonómicas, serán una buena oportunidad para medir el alcance y sentido de la normalización. A mi juicio, la violencia y la tensión política de los últimos años, ha distorsionado la representatividad del actual sistema de partidos en el País Vasco. Hoy, el electorado de Centro-Derecha vasquista, no nacionalista, se encuentra subrepresentado con tan solo cuatro diputados de los 75 que componen la Cámara autonómica, cuando la suma de votantes del PP y del CDS representan aproximadamente el 15 por 100. Y es que buen número de electores que en las Elecciones Generales votan al Centro-Derecha, prefieren votar al PNV con ocasión  de las elecciones autonómicas. Sin embargo, las propuestas de autodeterminación del PNV tensionaron inútilmente la convivencia política el pasado mes de enero. Las confusas alusiones del lehendakari Ardanza sobre su conocimiento de las consignas de ETA, con ocasión de los dramáticos acontecimientos de la Foz de Lumbiere y la reiterada negativa de Arzallus a aceptar la Constitución Española, sugieren que el PNV no puede moderar su proyecto nacionalista y por tanto representa, muy forzadamente, los intereses generales de los electores  vasquistas no nacionalistas.La normalización y clarificación del mapa político del País Vasco, se producirá cuando finalice la necesidad del «Gobierno de emergencia» PNV-PSOE y sea posible contraponer y comparar los distintos proyectos políticos de nacionalistas, socialistas y del Centro-Derecha no nacionalistas, tal y como ocurre en Cataluña o en otros estados de la Comunidad Económica Europea con elecciones regionales.

El PSOE gira a la izquierda

La dirección socialista se ha visto muy pronto obligada a elegir entre atender a las demandas ideológicas y políticas de su electorado de centro, con el riesgo de perder base social por su izquierda, o bien satisfacer posiciones netamente socialistas, con el riesgo de perder el apoyo de parte de su electorado ilustrado y moderado. El Manifiesto 2000, segunda entrega del Programa 2000, ha tenido la mala fortuna de aparecer en fechas críticas para Alfonso Guerra y el PSOE, con lo que su efecto de propaganda se ha reducido considerablemente. Pero los que realizamos alguna reflexión en el terreno de las ideas, sabemos que éstas no se pliegan a la coyuntura y que su efecto forma parte de lo profundo, del medio y largo plazo. Pues bien, a mi juicio, lo más relevante del Manifiesto es el notable giro a la izquierda dado por la dirección del PSOE, en comparación con las propuestas ideológicas contenidas en los anteriores Cuadernos para el Debate. Ahora se propone intervencionismo «ad nauseam», economía mixta (bajo la que se enmascaran anteriores propuestas de nacionalización), redistribución y reparto, burocratización de todos los ámbitos sociales y permanentes controles y limitaciones de la libertad.Este giro programático a la izquierda no es sólo ideológico, también se advierte en iniciativas políticas como el «Pacto social» recientemente rubricado por el Gobierno y los sindicatos (por el mismo gobierno que se negó a firmarlo hace apenas un año) y el acuerdo sobre control de contratación de nuevos empleos en las empresas por parte de la burocracia sindical. Este último acuerdo no es más que el adelanto de todo un conjunto de medidas que el Manifiesto propugna bajo el título de «profundización de la democracia», «democracia económica» y «control social de los mecanismos del mercado». La burguesía ilustrada, los profesionales, etc. que hasta ahora habían visto en el PSOE un instrumento adecuado para la modernización del país, muy difícilmente podrán defender que este conjunto de recetas políticas e ideológicas «años cincuenta»sirva para algo positivo ante los retos, no ya del siglo XXI, sino de la presente década.Desde el punto de vista de la aportación teórica la decepción ha sido tan grande como la expectación. El 18 de enero pasado, Alfonso Guerra llegó a decir, en el acto de presentación del Manifiesto, que «estábamos ante la mayor aportación ideológica al socialismo desde el austromarxismo »; en otras palabras, que la contribución de los intelectuales orgánicos del PSOE era la elaboración teórica más importante del socialismo europeo desde principio de siglo.Apenas una semana después, el editorial de un periódico madrileño afín al Gobierno criticaba el Manifiesto por su reducida extensión, apenas 50 páginas, y por su pobre contenido ya que podía haber sido redactado sin dificultad «por un bachiller de buena pluma».La reducida extensión del Manifiesto no debería ser objeto de crítica. Baste recordar que el Manifiesto Comunista de Marx y Engels, de 1848, apenas tiene esas cincuenta páginas y con seguridad se trata de un documento clave en la historia de las ideas...

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