Rafael Gómez

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Libros. Lugares. Brasil, país de futuro

Reseña literaria de "Brasil, país de futuro" por Stefan Zweig.

La nación falsificada

La opinión pública española se encuentra sometida, en nuestros días, a un proceso de revisión histórica interesado en ofrecer una interpretación del pasado favo rable a determinadas posiciones ideológicas. Aunque durante los últimos meses, y por razones obvias, se ha discutido la oportunidad del programa destinado a la «recuperación de la memoria histórica» centrado sobre la II República, la Guerra Civil y la España de Franco, el proceso de revisión o «relectura» de la historia cuenta con una larga tradición, renovada en distintos momentos del pasado siglo XX. Los sectores nacionalistas periféricos acreditaron una habilidad notable para exaltar sus «hechos diferenciales» y escamotear, al mismo tiempo, aquellos datos, más antiguos, sólidos y rigurosos, que mostraban, sin lugar a dudas, identidades, sentimientos compartidos y valores comunes que, durante siglos, permitieron hablar, de norte a sur y de este a oeste de la Nación española. Así lo ha entendido Jesús Lainz (Santander, 1965) que, lejos de plantear su trabajo en el terreno de la estéril discusión teórica, se centra en el estudio de una extensa nómina de protagonistas de nuestra historia que oriundos del País Vasco y Cataluña, satisfechos con los «hechos diferenciales», propios de la tierra que les vio nacer, expresaron, con sus acciones y palabras, el orgullo de pertenecer a la gran historia española. La lista de nombres resulta muy significativa y abarca desde el primer conde de Barcelona, Wifredo el Velloso (878-897), hasta los aguerridos tercios ascongados en África (1850) o los combatientes catalanes, distinguidos por su valor entre los «últimos de Filipinas» que defendieron con heroísmo la bandera que ondeaba en el fuerte de Baler (1899). Aparecen personajes tan significativos para la Gran Historia, no sólo de España, sino también de la universal, como Juan Sebastián Elcano y Andrés de Urdaneta, Luis de Requesens y López de Legazpi, San Ignacio de Loyola y Jaime Balmes, Narciso Monturiol, Isaac Albéniz y Enrique Granados, por no citar más que algunos de los más conocidos. Todos ellos fueron esforzados vascos y catalanes que, según las semblanzas presentadas, se consideraron tanto más españoles cuanto con más cariño proclamaban su apego a la propia lengua, costumbres, paisajes y tradiciones particulares. La obra no se limita a señalar tales sentimientos, sino que los prueba con citas y referencias documentales extraídas de textos rigurosamente comprobados. Un análisis certero, que pone a disposición de amplios sectores de la sociedad elementos que le permitirán considerar la extraordinaria riqueza y variedad de las regiones dentro de una misma historia común. Mención especial merece la iconografía realizada por Julen Urrutia que acompaña a cada uno de los personajes, reunidos además en un álbum final, que muestran, junto al necesario rigor documental, un fino sentido del humor que no altera el respeto debido a cada una de las imágenes representadas.

Sobrevivir después de Franco. Evolución y triunfo del reformismo 1964-1977

El hecho histórico de la transición española ha despertado un considerable interés entre expertos y politólogos de todo el mundo. En determinados momentos aquella fase de nuestra historia ha sido citada como pauta o modelo a seguir en países que han experimentado situaciones parecidas: el dilema de un cambio de régimen político a través de la vía pacífica y el acuerdo entre las partes. Tanto en la propia Europa como en Iberoamérica determinados países se vieron en la necesidad de sustituir viejos sistemas, dictatoriales o autoritarios, por democracias parlamentarias con partidos políticos. El modelo español, contemplado desde la superficie y a juzgar por la eficacia de los resultados obtenidos, parecería, en principio, sencillo y fácil de trasladar a otras realidades políticas, más o menos, similares. Sin embargo, esa percepción simplista puede resultar engañosa teniendo en cuenta la extrema complejidad de una realidad en la que los aspectos sociales, económicos, políticos y culturales se interferían en línea discontinua y muchas veces contradictoria. Todo ello sin valorar la gran influencia ejercida por los elementos humanos, de carácter personal, que desempeñaron un decisivo papel tanto en la gestación y desarrollo del proceso como en su desenlace final. Ese «factor humano», que era imprevisible, no ha sido considerado en toda su importancia por algunos de los numerosos historiadores, extranjeros y españoles, que se han ocupado de estudiar el fenómeno. En todo caso, es verdad que a la muerte del general Franco en noviembre de 1975, los acontecimientos se precipitan con tal rapidez que plantearon en muchas ocasiones compromisos difíciles de resolver a las personas más directamente implicadas en el proceso, que fueron bastantes, en los diversos grados de responsabilidad y ámbitos de actuación. En definitiva, nos encontramos, con el paso de los años, ante una ingente masa documental que, según la fuente y procedencia, admite diversas lecturas e interpretaciones. La verdad es que sólo algunos de los protagonistas que vivieron de cerca los acontecimientos estarían en condiciones de interpretar adecuadamente lo ocurrido aquellos años. A ellos, algunos ya desaparecidos, les correspondería enlazar los hilos del tejido que hizo posible confeccionar el modelo de la transición, vestidura que permitió a España superar una de las etapas más complicadas de su larga y ajetreada historia. Numerosos investigadores han estudiado los hechos en profundidad sobre sólidas bases documentales. A través de ellas disponemos de los textos facilitados por organismos oficiales, declaraciones de representantes políticos y, de modo especial, de las informaciones y comentarios de los medios de la prensa. En aquellos momentos, a falta de recursos informáticos, los periódicos se ocuparon con amplitud de informar, analizar y elaborar ante la opinión pública su versión de los acontecimientos. Esos recursos han sido utilizados con buen criterio general por la investigadora Cristina Palomares, doctora en Historia por la London School of Economics and Political Science. El libro, publicado en Gran Bretaña el año 2004, ha sido traducido para la actual versión española. Se trata de un aspecto que debemos considerar, teniendo en cuenta que el estudio iba dirigido, en principio, al público británico, no muy...

La canción de los misioneros

Finalizadas, en la década de los años noventa del siglo pasado, las tensiones entre los dos bloques, capitalista y comunista, el tema de las novelas de espionaje parecía haber llegado a su fin. Sin embargo, John Le Carré que, junto a lan Fleming y Frederick Forsyte, fue uno de los más destacados representantes del género, ha mantenido su fidelidad hacia las intrigas de los Servicios Secretos, a los que suele fustigar con energía y decisión como ocurre en su último relato. La acción se traslada al África Central, el antiguo Congo belga, agitado por oscuros intereses económicos de grandes empresas que aspiran a ejercer su dominio en unas tierras todavía inexploradas. Protagoniza la intriga Bruno Salvador un joven y bienintencionado mulato, oriundo de aquella región y residente en Londres, que ejerce de traductor en lenguas africanas. Salvador, decidido a servir a la patria de adopción, presta sus servicios al departamento de Inteligencia británico y recibe con orgullo el encargo de participar en una arriesgada misión de espionaje, con peligro para su vida. Se trataba, en definitiva, de llegar a un pacto definitivo entre grupos congoleños rivales, que garantizara definitivamente la paz y el desarrollo en la zona. Cuando las gestiones parecían orientadas en sentido favorable, surgen graves inconvenientes que hacen prever el fracaso de las negociaciones. Bruno se ve implicado, sin quererlo, en los turbios manejos tanto de los agentes ingleses como de los gestores de multinacionales sin escrúpulos y de políticos corruptos. A través de las confidencias de los personajes quedan al descubierto las razones que mueven crueles guerras entre las etnias africanas, la miseria de los pueblos bajo dominio de reyezuelos ambiciosos y el egoísmo de las grandes potencias, dispuestas a intervenir sólo en defensa de sus intereses económicos. De modo paralelo, se desarrolla la trama argumental, densa y minuciosa en los detalles, que refleja el mundo sórdido y deshumanizado del espionaje, que rodea a los protagonistas en un clima misterioso y, en ocasiones, cruel. En el lado opuesto, Bruno Salvador representa la imagen del buen africano, víctima inocente de ciertas decisiones que se toman al margen de sus intereses. Dentro de este clima, el proyectado acuerdo entre facciones opuestas resulta ser, pura y simplemente, la tapadera de un fraude, que el joven traductor acaba por descubrir y se niega a secundar. Pone el asunto en conocimiento de los estamentos superiores para descubrir que, también ellos, aparecen implicados en la conspiración. Tras sufrir acusaciones de traición y padecer cárcel y malos tratos, decide, finalmente, asentar su vida en África y crear allí su nueva familia, lejos de una civilización que, bajo capa de libertad y democracia esconde el feo rostro de la hipocresía y la falsedad .

Cartas de un comerciante

]En los comienzos del siglo XX no era tarea fácil establecer el horizonte de un futuro que vendría marcado, a no mucho tardar, por el predominio económico, industrial y político de los Estados Unidos de América. Sin embargo, para cualquier buen observador la joven sociedad norteamericana ya apuntaba en esos años algunas de las claves que, a partir de la segunda mitad del siglo, habrían de convertirla en «el nuevo imperio», la gran potencia indiscutida dentro del panorama internacional.Esas claves, basadas en el trabajo profesional bien hecho, el espíritu emprendedor, la honradez en los negocios, lealtad a los principios, respeto a las personas y fidelidad a los vínculos familiares, quedan expuestas con claridad en las cartas que un padre, trabajador incansable «hecho a sí mismo», escribe a su hijo, recién llegado a la Universidad de Harvard. Por boca del padre habla la experiencia sin estudios. Sí, al hijo le corresponden los estudios, pero le falta la experiencia.En las supuestas cartas, John Graham, el afortunado hombre de negocios surgido de la nada, se esfuerza en orientar al joven universitario, tanto sobre el mejor modo de afrontar sus estudios como, una vez graduado, sobre la fórmula adecuada para guiar sus primeros pasos en el terreno profesional.En la realidad, el verdadero autor de las cartas fue el afamado periodista George Horace Lorimer ( 1 8 6 7 - 1 9 3 7 ) , uno de los grandes maestros del periodismo norteamericano de su época. La supuesta correspondencia del imaginario señor Graham apareció publicada por primera vez en la revista semanal Saturday Evening Post durante los años 1 9 0 2 y 1903. A esas cartas, que pronto gozaron del entusiasmo popular, se les atribuye parte del gran éxito de la revista y el prestigio logrado, a partir de entonces, por Lorimer en el panorama periodístico de su país.Éxito que se repitió, cuando al agotarse las miles de sucesivas impresiones de las «cartas», reunidas en un volumen publicado por la editorial Small, de Boston, y del cual no existía versión española.A través de la jugosa correspondencia, el señor Graham expone a su hijo, con meridiana claridad, los criterios a seguir ante las barreras que, con el paso de los años, le cerrarían el camino en la dura lucha con la vida.Los consejos son muy amplios y detallados, ya que abarcan los distintos ámbitos de la personalidad. A ellos debería ajustar su conducta, si es que aspiraba, como así debería ser, a convertirse, primero en ciudadano responsable y buen padre de familia, y al mismo tiempo, en un profesional honrado, trabajador y solidario. Han pasado los años y al leer hoy la escala de valores humanos y cívicos vigentes hace apenas un siglo, uno tiene la sensación de que el tiempo transcurrido es mucho mayor.Bajo la inocente fórmula epistolar, la obra esboza en su conjunto una síntesis de los valores sólidamente instalados en la base de la sociedad norteamericana a principios del siglo XX.Son valores que formaron parte de la cultura occidental y...

Cartas de la guerra

]António Lobo Antunes, uno de los más destacados escritores de la actual literatura portuguesa, nació en Lisboa el año1942. Al finalizar sus estudios de Medicina, se hallaba Portugal enfrascada en una guerra difícil, larga y cruel en defensa de su antigua colonia de Angola.En 1 9 7 1 , a los 28 años y recién casado, Lobo Antunes recibe la orden de incorporarse al ejército y, en calidad de médico militar, cumplir las misiones que le fueran encomendadas en los frentes de combate. De forma brusca e inesperada, aquel joven universitario con aficiones culturales y literarias tuvo que abandonar la recién fundada familia para servir a los intereses de su país.Después de un largo y penoso viaje, por mar y aire, llega a tierras africanas y contempla el horror de una guerra de emboscadas y golpes de mano, que ocasiona numerosas bajas y desmoraliza a los soldados de reemplazo.Sumergido en el deprimido clima de tensiones y miedos, Antunes vuelca en las cartas a su mujer los sentimientos de dolor, nostalgia de la patria e impotencia, en relación a un conflicto que siente como extraño y carente de sentido. El volumen recoge la extensa correspondencia remitida por el autor a su mujer durante los años 1971-1973 , en los que desempeña las funcionesde médico en los distintos puestos militares a los que fue destinado por el mando.En las cartas, que llevan en la cabecera el dato de la fecha y el lugar desde donde las escribe, refleja con fidelidad y realismo las impresiones suscitadas por el paisaje africano, el modo de ser de las gentes y los sufrimientos de los soldados. En este aspecto, resulta conmovedor el testimonio de aquellos hombres jóvenes y animosos, que arriesgan su vida en un largo conflicto cuyo sentido no aciertan a comprender. El propio Lobo Antunes participa de esos mismos sentimientos, a juzgar por la intensidad y franqueza con que expresa a su mujer la profunda ansiedad personal, derivada de la distancia, la soledad, el clima tropical, la muerte de subordinados y amigos. Se añade, además, la amargura por laseparación del matrimonio, que se le antoja insoportable y angustiosa.Sensaciones que se agudizan a partir  del nacimiento de su primera hija a la que escribe conmovedoras cartas, a sabiendas de que no podrá leerlas. Con frecuencia pide a su mujer noticias y fotografías de la recién nacida, que, una vez recibidas, le ayudan a mantener vivo el ánimo y la esperanza.Lobo Antunes se refiere también a las inquietudes poéticas y literarias de la época, atento sobre todo a los nuevos escritores hispanoamericanos, a los que sigue con interés: Julio Cortázar, Lezama Lima, Guillermo Cabrera Infante se convierten en puntos de referencia válidos para orientar su incipiente vocación novelística.En este sentido, parece evidente que el esfuerzo volcado a través de las «cartas»fuedecisivo y contribuyó a fomentar la actividad creadora desarrollada años más tarde.Abundan también los comentarios y recuerdos de los felices tiempos vividos en Portugal, junto a padres, hermanos y tíos, a los que dedica frases...

El hombre europeo

Tantas veces se ha repetido el tópico sobre las dificultades que afectan al futuro de la Unión Europea que, llegada y confirmada la actual crisis, nos hemos quedado sin respuesta. En efecto, los resultados negativos que obtuvo en Francia y en Holanda la consulta sobre el tratado para establecer una Constitución europea aceptada por todos, han supuesto un duro golpe en el camino hacia una verdadera unión política europea.¿Qué ha ocurrido? ¿Cómo se explica semejante actitud? Lamentaciones inútiles que a nada conducen, si no sirven a los encargados de redactar la propuesta constitucional, como punto de partida para una reflexión profunda sobre las causas últimas del fracaso. Dentro de esos cauces, se mueven los planteamientos que Dominique de Villepin y Jorge Semprún exponen en este libro de reciente aparición.El propósito de la obra ha sido ofrecer dos versiones diferentes sobre una misma realidad: la existencia y definición de los valores que encarna a través de la historia la civilización europea. Dentro de esas premisas, De Villepin, actual primer ministro francés, ofrece sus puntos de vista desde una perspectiva supuestamente cercana al centro-derecha. Semprún, ex ministro socialista de Felipe González, representa, en cambio, a esa nueva izquierda que, al proceder del comunismo, carece hoy de un discurso coherente. Son dos ideologías difusas que han perdido sus perfiles propios y se refugian en una vaga palabrería sin demasiado sentido para los más jóvenes.Ambos  aspiran, a través de un tono pedagógico y profesoral, a encontrar cuáles son los valores éticos, sociológicos y culturales que, no sólo definan el estilo y carácter europeo, sino que puedan ser aceptados por los ciudadanos de los más apartados rincones del Viejo Continente. Y en la búsqueda de esos valores, hacen verdaderos juegos malabares para evitar el escollo que representa el cristianismo, como núcleo esencial sin el que la historia de la civilización europea, sencillamente, no existe.Hasta finales del siglo XVIII, con la llegada de la Ilustración, el concepto de dignidad humana que iguala a hombres y mujeres, el deber del amor al prójimo y la libertad, son valores encarnados por el cristianismo. Con los ilustrados, esos mismos valores (libertad, igualdad y fraternidad) se proclaman como gran descubrimiento, aunque, desde luego, desprovistos de sus raíces trascendentes. El culto a la diosa Razón, sustituye a la fe y llega a imponer nuevos dogmas de obligado cumplimiento. Resulta curioso observar que, dos siglos más tarde, esos dogmas continúan vivos en las mentes de De Villepin y Semprún, como rasgo que les une, por encima de sus muy escasas diferencias en temas sociales y políticos.Es cierto que los autores buscan, sinceramente, establecer ese espacio de valores comunes que permita a los europeos del siglo XXI sentar las bases de una larga convivencia pacífica, sin divisiones ni guerras fratricidas. También es cierto que desean evitar definiciones ideológicas y doctrinas que pudieran suscitar, en influyentes sectores laicistas, recelos y actitudes polémicas.Todos esos prejuicios se encuentran presentes, de forma más o menos disimulada, en el proyecto de Constitución europea. Los padres de ese...

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