Carlos d'Ors Führer

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Crítico, Historiador del Arte y Poeta

Miguel Barceló: las entrañas de la pintura y la pintura entrañada

    La pintura de Miquel Barceló se enraíza en primer lugar naturalmente en lo mediterráneo y la mediterraneidad del ambiente, de la naturaleza y del vivir mediterráneos: mallorquina, catalana, italiana, griega, romana… A este respecto son significativas estas líneas autobiográficas: «Nací en Mallorca, Felánitx, aseguro que es cierto. Que la vida todavía muy agreste y anfibia de mis primeros años fue fundamental en el desarrollo de una cierta estética personal parece evidente. Seguramente yo uso en mi trabajo las sensaciones terriblemente sensuales y terrestres de pescar llampugues amarillo limón plateado; de sentir en la boca el temblor eléctrico de las quisquillas vivas, que comemos crudas a la vez que las usamos de cebo acopladas al anzuelo para pescar raons, con sus colores de puesta de sol en Arcadia; del efecto de morder un pulpo entre los ojos para matarlo, sólo así certero y eficaz, y la tinta ya inútil tiñendo el agua de negro. Lo determinante en mi estética es el poseer este universo mediterráneo que hemos aprendido a reconocer en Mallorca, o en Atenas, o en Pompeya». Barceló se entraña en la figuración del mundo marino y de los productos mediterráneos del mar y de la costa: el mejillón, el pulpo, la langosta, las quisquillas, el calamar y de los productos de la tierra como el tomate, el pimiento, la naranja, los higos, o los ingredientes de la paella... NATURALISMO Y ORGANICISMO MATÉRICOS. PROVENIENTES DE LA ABSTRACCIÓN MATÉRICA DE LOS PINTORES DEL DAU AL SET Si bien queda claro que es indiscutible la enraizada mediterraneidad de la pintura de Miquel Barceló su quehacer pictórico en sí tiene su más honda raíz en la Prehistoria, en las cuevas prehistóricas del Levante español, su pintura arranca de la pintura catalana de los años cincuenta, y, principalmente, del grupo Dau al Set (Dado en el número siete) que será uno de los primeros movimientos preocupados por reivindicar la creación artística frente a la ideología imperante en España y que fue fundado en Barcelona en 1948 por jóvenes artistas abiertos a las corrientes más vanguardistas del surrealismo, del existencialismo y de la abstracción matérica y cuyas figuras iniciales son los poetas Joan Brossa y Juan Eduardo Cirlot y los pintores Joan Ponç, Arnau Puig, Tàpies, Tartas y Cuixart. Es principalmente de Tharrats, Tapies y Cuixart de quien parte la pintura de Barceló, pero entañándose en la figuración de lo mediterráneo. Por otro lado, le interesa, el mundo putrefacto y costero de Dalí. De Tharrats toma su mundo del surrealismo y de la abstracción mágica, y más tarde, y el informalismo, que le sumergió en las posibilidades de la investigación técnico-material. Tartas introducirá materiales no convencionales como arena, cemento, limaduras que le permiten crear imágenes con sugerencias de mundos fantásticos o soñados y esa lección la extraerá Barceló en sus obras. De Modest Cuixart toma el entronque con la línea del surrealismo, pleno de signos e imágenes oníricas, y con las imágenes mágicas y misteriosas de la realidad que éste nos ofrece en sus pinturas. Asimismo, con la pintura...

La imagen de Tintin en el arte español contemporáneo

En el mes de junio de este año 2009 acaba de inaugurarse el Museo Hergé en Lovaina la Nueva, localidad universitaria situada a treinta kilómetros de Bruselas, dedicado a la obra creadora de Hergé, que con la creación de su personaje Tintín fue uno de los autores más importantes del cómic del siglo XX con su particular influencia en arte de nuestro tiempo. Con este motivo, desarrollaremos en este artículo un breve análisis de los artistas en los que, de alguna manera, influyó Hergé más intensamente y que incluso llegaron a tomar la efigie de su personaje Tintín como motivo principal de algunas de sus obras.Hergé fue desarrollando la línea clara que caracteriza las historietas de su principal personaje, Tintín, y define su estilo gráfico. Se impone de inmediato una evidencia: las aventuras de Tintín son el fruto de un durísimo trabajo de búsqueda de la sencillez, prolongado durante más de medio siglo, realizado, no sin mucho esfuerzo, por momentos, por un maestro absoluto en disciplinas muy diversas: el dibujo a lápiz, la acuarela, el manejo de la tipografía, la publicidad, el cartelismo, la sátira social, el humor gráfico, el periodismo, el reportaje gráfico, puestos al servicio de unas «historias» cuya simplicidad aparente es el fruto maduro de un gran artista, dispuesto a sacrificarse por un público no siempre infantil ni adolescente, ni mucho menos.Tintín es el respeto escrupuloso de los límites de esa claridad: la pureza de la línea. Las aventuras de Tintín se asientan sobre unas bases documentales perfectamente identificables. Personajes naturalistas, objetos, edificios, medios de transporte, interiores y paisajes e incluso referencias políticas e históricas más o menos solapadas componen un verdadero mosaico del siglo XX. Hergé ha conseguido convertir al periodista más famoso del cómic, con su lisa piel sonrosada y su contorno de tinta china, por derecho propio, en uno de los iconos del siglo XX. Como dice nuestro gran pintor Pelayo Ortega la efigie de Tintín «supone el óvalo más perfecto de la historia del dibujo». Pero es en el arte contemporáneo español donde tal vez se hayan realizado más o menos afortunados homenajes a Tintín en pintores de la onda figurativa como Pelayo Ortega, Ángel Mateo Charris, Xesús Vázquez, Santi Tena, Dis Berlín, Fernando Bellver o Sigfrido Martín Begué. Y han interpretado también su efigie, en otro sentido, artistas como Ximo Amigó y diseñadores como Pere Torrent (Peret), Antonio de Felipe, Manuel Sáez, Mariscal o Eric Milet. PELAYO ORTEGASeguramente sea en la obra de Pelayo Ortega en la que la efigie de Tintín, creada por Hergé, está más presente y mayor influencia ha tenido. La pintura de Pelayo Ortega, a través de una especial figuración minimalista y esencializada, de masas de colores brillantes o de tonos pastel de empastada materia y un fino equilibrio de masas pictóricas, se transforma en lienzos en los que nada es accesorio, todo se desenvuelve dentro de la esencialidad del motivo y de los originales iconos que utiliza. Son lienzos donde muchas veces el personaje se reduce a...

Igor Mitoraj. El mito perdido hallado y recobrado

La obra El mito perdido de Igor Mitoraj (Oederan, Alemania, 1944), un conjunto de esculturas expuestas a lo largo del Paseo del Prado de Madrid (desde la Puerta de Murillo hasta la Cuesta de Moyano), reflexiona sobre la belleza del arte clásico, sobre el equilibrio, sobre las formas que querían ser idealmente perfectas... o casi perfectas... de aquel antiguo arte, que ahora ya nos parece tan remoto. Porque lo que más nos atrae de estas colosales y espectaculares obras es que, aún reconociendo que recogen el encanto griego-romano, lo hacen desde una perspectiva mucho más simbolista y, sobre todo, más psicológica: unas figuras que ya no son siempre ideales y tersas, sino que envejecen, sufren y se agrietan... , aceptando la realidad del paso del tiempo.Aparecen vendadas como momias enmudecidas de la incomunicación, o como dormidas en una eternidad ajena a lo contingente y lo cotidiano (cual faraones del eterno Egipto). Otras veces se nos representan con los ojos vacíos; ojos que miran más hacia dentro de sí mismos y hacia el más allá de su nostalgia perdida que a nosotros, los espectadores que sí podemos introducirnos en ellos y verlos por dentro.Asombrados y atónitos, contemplamos estas colosales cabezas, cuerpos y torsos alados que nos producen admiración y estremecimiento. El sentido trascendente y de permanencia que emana de sus obras puede parecer el mismo que palpamos cuando contemplamos una escultura del mundo clásico. Pero nada sería más injusto que una interpretación neoclasicista del trabajo de un artista que se inserta plenamente en el discurso de la modernidad.Mitoraj no es propiamente un clasicista, sino un conceptista de concepción clásica; no es propiamente un realista, sino un simbolista. La idea del fragmento escultórico, como parte integrante de la obra, la expresa el artista en la superficie de sus obras, en la que reproduce los estragos del tiempo por medio de la singular variedad de pátinas. En la obra de Mitoraj está la sutil ironía: en las pátinas fingidas, en el fragmento, entendido como ruina, y en las vendas que niegan la comunicación. Los grandes artistas --—y éste lo-- es— se erigen como portavoces del tiempo que da sentido a nuestra existencia y, al mismo tiempo, nos consume y destruye en una angustia infinita.Este artista no entiende la realidad como algo perfecto que cabe imitar o idealizar, sino al contrario, tiene un punto de vista conflictivo sobre la realidad: su obra no pretende reproducir, sino cuestionar un mundo que le plantea más dudas que respuestas. Y Mitoraj, a diferencia de los renacentistas o los neoclásicos, no intenta recrear la atmósfera grecorromana, sino la que emana de la percepción que de aquella Antigüedad Clásica obtenemos a través de los siglos por medio de ruinas, restos arqueológicos y piezas de museo. La pátina que incorpora a sus bronces, las grietas de sus figuras, las heridas y texturas que simulan la descomposición del mármol bajo una intemperie milenaria, la disposición de las figuras echadas, inclinadas o cortadas, fingiendo aleatorias decadencias, nos sitúa ante una obra...

Cézanne: anécdota y categoría

Reseña biográfica sobre Cézanne y su dedicación por la pintura. Pintor excétrico y fanfarrón cuyas obras admiran cientos de personas y coleccionistas de arte.

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