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Este libro es una antología de las copiosas lecturas del autor, que (salvo error en mi cuenta) ha organizado 225 textos de diferentes autores en 12 secciones que llevan por título un valor o «virtud» de los que constituyen la armadura ética de nuestra cultura occidental: justicia, paz, libertad, laboriosidad, responsabidad, fidelidad, etc. Es, en suma, un tratado de ética aplicada, que en vez de analizar en abstracto esos doce valores o virtudes, u otros relacionados con ellos de los que también se habla, los explica y ejemplifica con pasajes de un centenar de autores.

El libro propone además una tesis, como no podía ser menos en la obra de dos intelectuales como el historiador Villapalos y su colaborador, el filósofo López Quintás: que esos valores poseen una larga historia, que han florecido en escritos de personalidades preclaras y han dado sus frutos en óptimas realizaciones humanas, individuales y sociales, que son el honor y el orgullo de una civilización.

El torso central de cada uno de los doce capítulos está integrado por textos de grandes personalidades cristianas, desde Boecio a Juan Pablo II o desde Dante a la madre Teresa de Calcuta. Junto a ellos se agrupa un nutrido cortejo de poetas, filósofos, novelistas y políticos considerados exponentes significativos del pensamiento y de la vida de sus respectivas épocas y que se alinean entre los forjadores de nuestra cultura.

Los «valores» del libro apuntaban ya a escritores de antigüedad precris. En todas las secciones, salvo en una, hay algún pasaje de un escritor griego o romano. No en vano son los ricos antecedentes o las raíces de nuestro mundo. Es igualmente muy frecuente, además de expresivo, que al lado del filósofo, poeta o escritor pagano, se pueda leer un pasaje de la Biblia cuyo sentido converge con el del escritor antiguo.

«Valor» es una palabra latina que los romanos no utilizaron nunca y que probablemente no llegaron a crear. Está formada sobre el verbo valeo, que significa «estar bien», «ser capaz» de algo. La debieron inventar los glosadores tardíos para explicar en latín un término griego (timé) que quería decir estimación o aprecio en el orden moral o económico. En español se encuentra ya en el Poema del Cid. Los Infantes de Carrión se ufanan de los bienes que piensan robar sacando de Valencia a las hijas del héroe: «averes levaremos grandes que valen grant valor». Después, las lenguas cultas acuden al concepto (alemán) o a la palabra (inglés e idiomas romances) en el lenguaje filosófico y económico. En este siglo nuestro lo pone de moda Max Scheler, cuya filosofía se suele llamar de «los valores». Para mí, hoy por hoy, equivale a «virtud». Pero suele parecer que al hablar de «valor» somos más objetivos: los «valores» están ahí, fuera del sujeto, en una «tabla», como la de Villapalos, o en los ejemplos de la Historia o en modelos socíales a los que se reconoce mérito. Mientras, las virtudes serían más bien cosas personales de cada uno.

Villapalos ha leído muchos libros antes de publicar éste. Casi veinte siglos antes, algo así había sido realizado por Plinio el Mayor (23-79 d.c), que se sentía orgulloso de haber reunido en 36 volúmenes 20.000 noticias tomadas de cerca de 2.000 libros. Y todo eso dedicando a los menesteres científicos y literarios las noches, porque el día lo ocupaban por completo sus obligaciones públicas de político y alto funcionario. Sin embargo, todo ello le merecía la pena porque «vivir —decía- es velar». Yo pienso que algo parecido es lo que hace Villapalos, aunque quizá le haya ayudado su buena memoria, por lo que no habrá necesitado revolver fichas ni acudir al ordenador para recordar dónde ha leído el pasaje que quería seleccionar.


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