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José Antonio Marina. Filósofo e investigador dedicado a la elaboración de una teoría de la inteligencia. Marina es también un escritor de éxito con una abundante obra publicada. Ha sido galardonado con el Premio Anagrama de Ensayo, el Premio Giner de los Ríos de Innovación Educativa y el Premio Nacional de Ensayo.


Avance

José Antonio Marina se pregunta en Historia universal de las soluciones, su último libro, dónde aprenden los políticos a cumplir con su cometido, y entiende ese cometido como «solucionar los problemas de la sociedad». Pero en general —subraya— los políticos se forman en la lucha por el poder, no en el servicio. De ahí que Marina se plantee cómo debería ser la educación del dirigente para que contribuya decididamente a la «pública felicidad» y no olvide la noble acepción de la política como medio para resolver los conflictos.

Dado que el principal objetivo de la política es resolver problemas, en esta obra José Antonio Marina analiza cómo funciona la inteligencia humana al solucionarlos. Bebiendo de distintas disciplinas demuestra que es posible elaborar una ciencia general de la resolución de conflictos y dificultades (personales, emocionales, sociales, económicos) que debería ser el núcleo de toda educación. Se trata de cuestiones que van «desde el más puro cielo platónico de las matemáticas hasta los más oscuros laberintos del corazón».

La primera parte de este ensayo es una teoría de la «inteligencia resuelta», aquella que solventa los problemas y avanza con un dictamen. La ausencia de soluciones conduce a la «angustia» o a la «desesperanza». Debe ser una inteligencia optimista, que elabore una metodología para el tratamiento de los problemas, una heurística. Marina recurre aquí también a la psicología, porque a veces el remedio para las situaciones difíciles es cambiar el estado emocional. La segunda parte trata de su propuesta para una Academia del Talento Político. En esta sección aporta también sus ideas para la resolución del conflicto del Estado español con Cataluña. Finalmente, la tercera, se enfoca a ocho problemas éticos universales: el valor de la vida humana, la relación del individuo con la tribu, el poder, la propiedad y los bienes, el sexo y la familia, el trato a los enfermos y débiles, el trato a los extranjeros y la religión y la muerte.


Artículo 

La recién publicada obra de José Antonio Marina (n. 1939), Historia universal de las soluciones. En busca del talento político (Ariel, 2024), parece que parte de la primera preocupación de Cicerón (n. 106 a. C.; m. 43 a. C.) en Sobre la República, una obra que compuso entre el 54-52 a. C. «En verdad —escribe Cicerón—, todo el discurso de estos <filósofos>, aunque contenga manantiales riquísimos de virtud y de ciencia, me temo, sin embargo, que, habida cuenta de sus actos y de las obras que ellos hicieron, resulte no haber aportado tanta utilidad a los negocios humanos cuanto deleite a los ocios» (Cicerón República 30). Álvaro d’Ors comentaba ese pasaje señalando que «se trata de las doctrinas políticas de los filósofos, de sus obras literarias, en contraposición a la inoperante vida activa y social de los mismos» (Álvaro d’Ors en Cicerón República 30, n. 3).

Contra ese estado de cosas, como Cicerón en su día, se rebela José Antonio Marina para desarrollar su Historia universal de las soluciones. En busca del talento político: «Con frecuencia se ha elogiado a la filosofía por su capacidad para plantear problemas. Sin duda, eso es necesario, pero yo la valoro más por su capacidad de ofrecer soluciones. Lo otro sería como haber descubierto el mar y no saber navegar o haber excavado un pozo y no poder sacar agua. Solo sirve para tirarse a él» (Marina, 2024: 13).


Destacamos, a continuación, unos párrafos del ensayo de Marina (2024) que resumen su intención, con sus propias palabras. Las negritas y los epígrafes (ideas clave) son nuestras.

El hombre como solucionador de problemas

«Este es un libro megalómano que posiblemente tenga un origen biográfico remoto. Cuando era adolescente, escuché a un famoso empresario comentar: “Hoy he pasado una mañana espléndida. He resuelto un montón de problemas”. Me sorprendió que no se refiriera a los negocios que había hecho o al dinero que había ganado, sino a los problemas que había solucionado» (Marina, 2024: 10).

«Deberíamos crear una cultura de las soluciones, para aumentar nuestra capacidad de enfrentarnos con problemas personales, afectivos, sociales, económicos, políticos o éticos, en los que con facilidad naufragamos. Carecer de ella nos lleva al desastre social o a la tragedia personal. Utilizarla podría brindarnos la salvación» (Marina, 2024: 10).

«La historia de las soluciones es la historia de las culturas, y, puesto que la cultura forma parte integrante de la naturaleza humana, es a la vez la historia de la humanidad. El sapiens es un buscador consciente y tenaz de soluciones». (Marina, 2024: 299).

«Sin embargo, no basta con conocer la solución si no la ponemos en práctica. Nuestra situación es la de un enfermo que, teniendo a su alcance el medicamento salvador, decide no querer curarse» (Marina, 2024: 302).

Buscar la felicidad en la convivencia

«La Ciencia de la Evolución de las Culturas, en la que trabajo desde hace años, es, en realidad, una crónica de las soluciones que la humanidad ha inventado a lo largo de la historia. En este libro podría haber hecho una brillante crónica de las soluciones científicas, técnicas, artísticas, pero voy a centrarme en las que nos afectan más profundamente: las que derivan de la necesidad de buscar la felicidad en la convivencia» (Marina, 2024: 11).

Academia del Talento Político

«Necesitamos tener buenos políticos —habitantes de la polis—, sean gobernantes o gobernados. Empecé el libro dispuesto a utilizar una ficción expositiva: la de que estaba escribiendo el programa de una fantástica Academia del Talento Político. Según iba avanzando, la idea me convencía más y más. Si queremos tener buenos navegantes, debemos formarlos. Si queremos poner en práctica la Gran Política que nos permita alcanzar la “pública felicidad”, deberíamos organizar esa Academia. (La llamaré así en recuerdo del jardín en que Platón intentó también educar a los políticos.)» (Marina, 2024: 12).

«La Academia debería estar compuesta por dos escuelas coordinadas: Escuela de Gobernantes, para aquellos que quieren dedicarse a la política, a las funciones de gobernar la cosa pública. Escuela de Gobernados, es decir, de los ciudadanos que componen la sociedad civil». (Marina, 2024: 12).

Realpolitik, poder y política

«Tradicionalmente se ha dicho que aquella [la política] debía estar sometida a esta [la moral]. Maquiavelo resultó tan deletéreo porque denunció la irrealidad de esa propuesta. Política y moral, afirmó, son dos dominios separados. No se pueden aplicar a la política los criterios morales. Solo podrían unificarse si los hombres fueran buenos, pero no lo son. El florentino no inventó la realpolitik. Se limitó a reconocer lo que siempre había existido. No se puede hacer política sin mancharse las manos. Suele hablarse de la “herida maquiaveliana” para designar la conciencia de esta incompatibilidad. Prefiero hablar de la “equivocación maquiaveliana”, que hemos aceptado con demasiada precipitación. Maquiavelo no está hablando de política: está hablando de poder. Confundir ambas cosas falsea nuestra percepción de la cosa pública» (Marina, 2024: 302).

«La política es algo más grande, más noble, más abarcador, más creador. Para distinguirla del mero ejercicio del poder la he denominado en este libro la Gran Política. ¿Y qué crea la Gran Política? El campo de juego para la búsqueda de la felicidad privada. Los sistemas normativos que amplían la libertad. La moral hizo al hombre, es decir, la búsqueda de las mejores soluciones, es decir, la justicia» (Marina, 2024: 302).

«El ejercicio del poder público absorbió la política entera, por eso la palabra “político” ha llegado a ser sinónimo de profesional del Gobierno. Es un error que aceptamos con gran irresponsabilidad. Política no es el ejercicio del poder, sino la totalidad de la cosa pública, y políticos (zoon politikon) son todos los habitantes de la ciudad, no solo los gobernantes. Es en todos donde reside la potencia heurística. La separación entre “sociedad civil” y “sociedad política” es una aceptación tácita de la dominación. La sociedad entera es política, y la división se da entre gobernantes y gobernados» (Marina, 2024: 303).

«Para confundir aún más las cosas, el poder político, encarnado en personas poseídas por la pasión del poder, se confundió con la dominación. El poder dominador supo rodearse de un aura que fascinó a los dominados. Se convirtió en un misterium tremendum. Los antropólogos indican que la experiencia del poder de lo real fue la primera aparición de lo divino, la primera hierofanía. En un mundo secularizado, llamamos “carisma” a esa influencia casi mágica. […]. Ni siquiera el conocimiento parece librarse del poder. Esa es al menos la tesis de Michel Foucault […]. Esta gigantesca “divinización del poder”, con sus sistemas de adoctrinamiento, su capacidad de crear fervorosos fieles, sus rituales y liturgias, debe ser desmitologizada. Eso es lo que he intentado transmitir al explicar los automatismos perversos del poder» (Marina, 2024: 304).

Moral y política

«La moral no es un código impreso en la naturaleza, no es una revelación divina, sino una creación social. Todas las comunidades tienen que fijar reglas de comportamiento de sus miembros. Y también las comunidades han de fijar normas entre ellas, si quieren convivir y no estar en permanente gresca. Por eso, necesitamos un sistema normativo transcultural, de una moral universal, a la que llamamos “ética” y que debe ser una de las creaciones del talento político. Podemos seguir su evolución desde el impulso universalista de las religiones de la época axial, el ius gentium romano, el descubrimiento de los derechos subjetivos, hasta la aparición de la democracia y la Declaración de los Derechos Humanos» (Marina, 2024: 302-3).

Todos debemos ser solucionadores creativos

«Pero [el poder] no es la única posibilidad de desarrollar ese primigenio impulso expansivo. Hay otra posibilidad: la creación, que, como ya hemos visto, tiene que ver con la capacidad de resolver problemas. El poder creador no necesita dominar. Puede ser esa experiencia intensa, pero libre de angustia, que buscábamos. Disfruta con la propia constatación de su capacidad. En todo caso, necesita de la admiración, que no es un sentimiento de sumisión, sino de reconocimiento de la excelencia (Marina, 2024: 304-5).

«Si tuviéramos la suficiente perspicacia reconoceríamos que son los creadores los que han impulsado la historia. No solo los famosos, sino todos los que, en su entorno, en el círculo de sus competencias, en el ámbito familiar, vecinal, laboral, han buscado solucionar de la mejor manera los problemas» (Marina, 2024: 305).


Cicerón. (2000). Sobre la República. Intr. general de Antonio Fontán. Trad., ap. y n. de Álvaro d’Ors. Biblioteca Básica Gredos. Madrid: Gredos. ISBN: 84-249-2510-6.

Marina, José Antonio. (2024). Historia universal de las soluciones. En busca del talento político. Barcelona: Ariel. ISBN: 978-84-344-3734-0.

Director de «Nueva Revista», doctor en Periodismo (Universidad de Navarra) y licenciado en Ciencias Físicas (Universidad Complutense de Madrid). Ha sido corresponsal de «ABC» y director de Comunicación del Ministerio de Educación y Cultura.