José Manuel Mora-Fandos

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Doctor en Filología Inglesa (Universitat de València) con una tesis sobre la obra poética y ensayística de T. S. Eliot. Ha sido profesor de español en la University of Wales, College of Cardiff, y profesor visitante en las universidades de Tampere (Finlandia), Florencia y Lund (Suecia). En la actualidad pertenece al Departamento de Literaturas Hispánicas de la Universidad Complutense de Madrid y da clases de escritura creativa en el Máster Universitario en Escritura Creativa de la UCM.

John Henry Newman, Perder y ganar. Historia de una conversión

Reseña del libro "Perder y Ganar" de John Henry Newman (Encuentro, Madrid, 2017). Una obra en la que la verosimilitud y pericia se mezclan para integrar aspectos del mundo real en la trama ficticia.

Las “impresiones irlandesas” de G. K. Chesterton

G. K. Chesterton visitó Irlanda en 1918 con el objetivo de convencer a los irlandeses para que se enrolaran en el ejército de los países aliados en la Gran Guerra contra Prusia. "Impresiones irlandesas" (Ediciones More, traducc. de Álvaro Valladares) refleja su experiencia.

Entrevista a Eloy Sánchez Rosillo

Larga y honda conversación con el reconocido poeta murciano Eloy Sánchez Rosillo, autor de unos versos afincados en el misterio, el asombro, la contemplación y finalmente la celebración y el agradecimiento

Leer o no leer

No piensen que están ante un ensayo académico. No. Llamémoslo entonces una toma de temperatura. Cuando uno quiere aclararse consigo mismo, y confía en que la escritura puede ser un buen camino, no desea perder cierta calidez. Le parece que perderla sería perderse. Pero eso de escribirse sin perderse, quizás le ponga al indagador que escribe en la tesitura de tener que improvisar novedades, incluso un género de escritura a la medida, a la medida de quién y cómo se es. Esto inquieta un poco: de entrada, puede ser difícil escapar de ese pensamiento que establece una relación directa entre un montón disperso de apuntes y su deriva hacia una pulida reflexión impersonal. Quizás hemos llegado a pensar que ese texto abstracto es la meta, cuando se quiere reflexionar sobre la verdad de algo, y que unos lectores abstractos, como intelectos separados que van libando ideas de cáliz en cáliz, son sus receptores naturales. Esto es una exageración, claro. Para mí se trata de ver, de ver otra vía para ver, sin perder la temperatura. Hace poco escuché una anécdota muy divertida: una niña de seis años, un auténtico torbellino en el aula, de repente guarda un sospechoso silencio: está haciendo un dibujo. El profesor se acerca con alivio, y le pregunta intrigado: “¿Qué estás dibujando”? Y la niña: “Un dibujo de Dios”, y el profesor: “Pero si nadie ha visto a Dios”, y la niña: “Pues lo van a ver enseguida”. El mayor aprendizaje de la escritura de Leer o no leer ha sido la experiencia de ver con palabras lo que de entrada no es fácil de ver, pero está. Y hace falta una buena carga de desprejuicio e ingenuidad, entrar en considerables pérdidas de pudor, para confiar en la posibilidad de esa visión. Hacerse niño. No voy a disculparme por ponerme un poco paternalista y dar consejos—al fin y al cabo es lo que hacen con toda naturalidad los niños antes de entrar en la edad adulta—, así que ahí va: deberíamos buscar una visión más audaz, al menos un propósito de ver lo que de entrada, por algún motivo, no es fácil de ver. Ver, en buena medida, es un querer ver. Y un confiar en el ver. En Leer o no leer, quise ver lo que, a lo largo de casi toda mi vida, he hecho con la lectura, y lo que la lectura ha hecho conmigo. Comprenderán ahora un poco mejor por qué esta reserva hacia la palestra académica: estamos hablando de identidad. Ese misterio que no se ventila simplemente escribiendo inteligentemente sobre roles sociales, constructos, género, comunidades, tradiciones… aunque algo haya de todo eso. Yo quería pasear por esas regiones íntimas vedadas al ensayo académico, y hacerlo sin sensación de transitar por el lado oscuro de la cerca, presa de la incomunicación, el idiotismo o la privacy; sino con la confiada y cálida intuición de que lo que surgiera serviría para comunicar con alguien. Por eso se abrieron a la escritura los portillos de...

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