José A. Millán Alba

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¿Francia versus Estados Unidos?

Hace algún tiempo, el director de Nueva Revista me pidió algunas reflexiones sobre la pérdida de influencia de Francia en el panorama de la cultura internacional, en favor del mundo británico y estadounidense, cosa, sin duda, que a nadie se le oculta, incluidos los propios franceses. Y ello no sólo, ni eminentemente, en el terreno cultural, sino en el de las ciencias físico-positivas, juridico-económicas, biosanitarias y de la comunicación, aunque el cometido desempeñado por Francia en cada una de ellas, que responde a una sólida tradición imperante durante mucho tiempo en Europa, tampoco sea actualmente desdeñable. Pero vayamos directamente a nuestro asunto. En 1884 se publica en París una de esas llamadas “novelas de culto”, A rebours (A contrapelo, A contracorriente, Al revés…), de Joris Karl Huysmans, novela que asesta un golpe mortal al naturalismo de Zola, de tanta importancia en el panorama narrativo occidental de la época, aunque hoy el naturalismo (no literario, sino, sobre todo, filosófico) se haya convertido en la moneda corriente de la cultura occidental. En ella, Huysmans denuncia “el sentimentalismo, las ideas utilitarias contemporáneas y el dominio mercantil del siglo”, y anuncia como inevitable la decadencia cultural de Francia y el predominio de los Estados emergentes de Norteamérica. ¿Por qué “cultural”?, tal vez se preguntase alguien. –Cuestión de prestigio, quizá le respondiese otro, imbuido del mismo esquema utilitarista. En cualquier caso, las batallas por el predominio cultural han sido, y son, ciertamente encarnizadas. Testigo de ello es, ya hace mucho tempo, la política de conquista de prestigio en este ámbito emprendida por Luis XIV. Éste daba a sus embajadores la orden de dirigirse a cuantas personas destacasen en el extranjero en el terreno de las artes y las ciencias, para decirles que el rey de Francia les acogería gustoso si quisieran ir a residir y trabajar allí; y que, en el caso de que prefiriesen seguir donde estaban, contribuiría económicamente al desarrollo de su trabajo. Importancia, pues, de las políticas culturales en el mundo moderno, hacia lo que Francia fue especialmente sensible, y que se generaliza en el mundo contemporáneo. De todas maneras, el término “cultura” es, ciertamente, un término bastante sufrido, en el que, como en el de “justicia”, cabe casi de todo; realidades tan necesarias para la vida de los pueblos que, hasta quienes las destruyen o las conculcan, lo hacen apelando a ellas. Pero ello desde luego supone que la cultura pueda ser “destruida”, lo que, desde el prisma naturalista procedente del mundo anglosajón está muy lejos de ser evidente. Para reparar en esta importancia basta, sin recurrir a argumentos de más calado, con ojear las secciones diarias de los periódicos bajo este epígrafe. El vocablo “cultura” es, desde luego, un término polisémico donde los haya, del que hoy no están en absoluto excluidas, más bien al contrario, sus acepciones economicistas o “mercantiles”, por recuperar el término empleado por el autor con el que empezaba esta reflexión. En cualquier caso, una cultura dominada por la dimensión espectacular del espectáculo como es la nuestra,...
Nueva Revista

Esa mujer que algunos llaman fatal

El título de este artículo es un reconocimiento expreso a dos trabajos aparecidos en los últimos años: Idols of perversity (1986), de Bram Dijkstra, y Cette femme qu'ils disent fatale (1993), de Mireille Dottin-Orsini. Aun disintiendo personalmente y en lo fundamental del concepto de feminidad que propugnan (muy especialmente del primero) ambos arrojan, sin embargo, una luz nueva sobre zonas del imaginario occidental de la feminidad de indudable interés.

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