Jaime de Salas

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Catedrático de Filosofía. Universidad Complutense de Madrid
Vieja y nueva política de Ortega

Vieja y Nueva Política, de Ortega

Vieja y nueva política de José Ortega y Gasset, de la que vengo a hablarles hoy, constituye un buen ejemplo de la actividad del hombre público en un régimen democrático. Como Italia y Francia, la modernización cultural en España ha pasado por la actividad de los llamados intelectuales y es probable que Ortega haya sido uno de los mejores exponentes en un país que tradicionalmente se ha apoyado en ellos. Con respecto a sus antecesores inmediatos, la generación del 98, Ortega se presenta como una instancia renovadora. Su figura se encuentra en el cruce del intelectual decimonono que desde la tertulia, el estrado o el periódico se produce con vistas a la opinión pública y al tiempo, el hombre de una universidad moderna que perteneció a la primera generación de españoles apoyados por la Junta de Ampliación de Estudios, que salieron a estudiar y doctorarse fuera del país. Como consecuencia, también contribuyó al desarrollo de una cultura académica en lo filosófico. Hoy es difícil para un español interesado en determinadas cuestiones no pasar por sus trabajos. Pero sobre todo, destaca por ofrecer una entrada en la discusión política, en el ámbito del espacio público a quienes estén dispuestos a seguirle, de forma que se pueden leer sus páginas como dirigidas a un lector de hoy, pues entonces como ahora, la política necesitaba el refrendo de la opinión de la mayoría y este era y es el resultado del debate social. Así, esta Vieja y nueva política está recorrida por la creencia en la capacidad de la razón de proponer a la opinión pública, un camino que regenere nuestro país. Es un texto clásico en nuestra literatura política porque esa confianza, a pesar de que acababa de triunfar el partido conservador de Dato con doscientos escaños frente a los veinte de los reformistas que apoyaba Ortega, resulta palmaria y, por supuesto, había conducido a la formación de la Liga de Educación Política que se veía a sí misma como capaz de orientar al país a medio y largo plazo. Como intelectual, lo que contaba era la intuición de lo que tenía que imponerse a largo plazo y la Liga, como veremos, era una propuesta en este sentido: «Nos proponemos, pues, en la medida de nuestras fuerzas, hacer patria, según la expresión tan usada, trabajar en la formación del espíritu nacional, contribuir a despertar en el individuo la conciencia del mundo social, convertir a los hombres en ciudadanos» (VII-329). Nos encontramos en el año 1914, un año decisivo en la trayectoria de Ortega. La conferencia la dio en el mes de marzo. Cumplió en el de mayo su 31 cumpleaños y en agosto aparece su primera obra, las Meditaciones del Quijote. En el momento de dar la conferencia, en el Teatro de la Comedia, para nada anticipaba una posible llegada al poder político. Pero se dieron dos factores que impulsaron decisivamente la carrera de Ortega. Por un lado, la llegada a la madurez intelectual que le permite perfilar su propia posición. Al tiempo,...

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