Eugenio Trías

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Catedrático de Estética, Universidad Pompeu Fabra de Barcelona

Travesías quijotescas de la conciencia moderna

La lectura del Quijote constituye una extraordinaria aventura. Nadie que lo haga con atención sale indemne de la prueba. Las ideas que pueden tenerse de la obra o de su interpretación quedan suspendidas. Su lectura introduce un novum en nuestra vida, de manera que ésta queda zarandeada y conmovida. Pocos textos hay que posean esa tremenda dynamis. Nos interpela de tal modo que a la fuerza nos vemos en la necesidad de responder. En ciertas obras de arte —literarias, musicales, pictóricas—, sucede ese fenómeno. Tienen la virtud de pulverizar el espesor del tiempo transcurrido entre ellas y nosotros. Sucede con algunas obras que enumero a vuela pluma, sin ninguna pretensión de ser exhaustivo. Incluso con cierta dosis de arbitrariedad y de capricho. Con la mayoría de las obras dramáticas de Shakespeare, con las principales tragedias de Sófocles, Esquilo y Eurípides, con la Pasión según San Mateo y según San Juan, o con muchas de las cantatas de Juan Sebastián Bach (mal que le pese a Hans Blumemberg, que piensa que el hiato histórico entre ellas y nosotros difícilmente puede ser salvado). Con La divina comedia del Dante. Y por supuesto con el Quijote cervantino. En cada una de ellas es diferente el modo a través del cual terminan instalándose en nuestro mundo. Nos interpelan con mayor fuerza y contemporaneidad hiatos temporales o históricos irremediables en obras de tal dimensión que la mayoría de las obras de nuestro tiempo. No existen artística. Mal que nos pese a nuestras conciencias post-estéticas hemos de referirnos a ellas con esa denominación rancia, añeja e irritante que es, hoy por hoy, insustituible: la palabra «genialidad». Se han efectuado esfuerzos por mostrar el carácter históricamente local del experimento cervantino. Se la ha querido considerar una parábola simbólica de la gesta española en Europa y en América durante el siglo cuya resaca vive el propio Cervantes. O se ha visto en ella una sublimación, en clave paródica, del «quijotismo» de su autor a lo largo de su biografía (especialmente en sus años juveniles, cuando las armas parecían vencer a las letras). O de los amargos desengaños que tuvo que padecer, unido a burlas y humillaciones en razón de su menesterosidad, o de la constante y continua persecución de la ley que le hostiga desde los comienzos de su vida adulta, y sobre todo del entorno de indignidad en el que vive y convive. El experimento cervantino trasciende y traspasa el gesto moderno por parodiar las novelas caballerescas, abundando en una crítica extendida por la corriente erasmista o por Vives. Esa intención primera es desbordada. El texto va cobrando fuerza y grandeza al tiempo que se va escribiendo. Sus propios personajes van siendo trazados y dibujados con perfiles cada vez más extraordinarios a medida que el autor los va colocando en las situaciones que componen el escenario de la obra. Alcanzan su perfección en la segunda parte, en donde adquieren una dimensión de veracidad.y hondura humana que sólo poseían de forma embrionaria en los comienzos de su andadura. El efecto que puede...

El español como lengua de pensamiento

Se hace referencia a la escasa tradición filisófica en España y a la inmensa desventaja frente a las filosofías vecinas (francesa, alemana, italiana, anglosajona). Pero que goza de un privilegio: la pertenencia a una comunidad lingüística y de escritura transnacional.

Definicion de Filosofia

Eugenio Trías, autor de La razón fronteriza (Barcelona, 1999), explica en este ensayo por qué su «filosofía del límite» puede llegar a zarandear las creencias que sirven de cobijo al hombre contemporáneo.

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