Enrique Núñez

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Abogado de I.C. de Las Palmas

La desnaturalización del deporte de élite

El deporte de elite en general y el fútbol profesional en particular se han convertido en la actualidad en un auténtico negocio. Como cualquier otra actividad humana, la deportiva necesita recursos económicos que deben procurarse a partir de ella misma como contraprestación al servicio de entretenimiento que presta. Nada, pues, habría de criticable en la consideración económica del deporte si los negocios en que se tradujera fuesen limpia y transparentemente referidos a las necesidades de la práctica deportiva en sí misma.Pero la realidad hoy en día es otra muy distinta. En el plano profesional los clubes de fútbol se han convertido en empresas mercantiles que persiguen objetivos muy diferentes a los deseados por los socioaficionados de esos clubes. Hoy por hoy, los equipos más importantes del mundo están en manos de conspicuos hombres de negocios, empresarios muy influyentes en la sociedad, que buscan, mediante la dirección de esos clubes, obtener prestigio, fama y una influencia social que se traduce en poder, lo cual no les viene nada mal para sus «otros» negocios particulares. Como dijera en su día, el que fuera presidente del Real Madrid, Ramón Mendoza, «en cualquier país del mundo te reciben antes y mejor si eres presidente del Madrid que si eres un ministro de España». Una consideración así se produce quizá en el mejor de los casos, pero, en otros muchos, los directivos no sólo consiguen ]mayores éxitos en su actividad profesional propia por la fama e influencia que les proporciona el cargo, sino que utilizan ese pedestal para establecer relaciones contractuales con empresas que les benefician económicamente de forma directa, por participar también en ellas o incluso por pertenecerles.El fútbol profesional pierde su sentido al desconectarse de su finalidad natural, la estrictamente deportiva. En el fondo, no ocurre en este caso nada distinto de lo que sucede en tantas otras vertientes de la realidad; por razones bien conocidas en las que no podemos explayarnos, aquéllas se emancipan del orden o la esfera que da cuenta de su verdad, y por lo tanto de su sentido, con la consiguiente subversión de la jerarquía entre los distintos órdenes del mundo humano, que se torna así arbitrario. En el deporte de elite el puesto que se confiere a la economía se ha elevado al primer rango de la jerarquía, posponiendo el de su verdad como medio de educación o formación de la persona, en especial durante su juventud. El tradicional apotegma mens sana in corporesano expresa con acierto la unidad de la persona, integrada por su espíritu y su cuerpo, que es el sujeto a cuyo servicio se pone la finalidad formativa del deporte. Éste siempre ha sido parte constitutiva de la paideia. Nótese que la dimensión individual del deporte no excluye, como es lógico, su trascendencia en el ámbito público o colectivo. Será suficiente recordar el significado de los Juegos Olímpicos de la antigua Grecia y su importancia para las relaciones entre las ciudades. El cometido formativo del deporte en el doble ámbito indicado marca su...

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