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El cambio social es un término de uso diverso, dependiendo del dominio disciplinar que lo aborde. Puede ser entendido como la alteración de la estructura social, pero también en el sentido más amplio de transformaciones en la organización política, la economía y la cultura. Lo que sí parece evidente es la utilidad de afrontar este tema desde un punto de vista historiográfico, pues el cambio social sucedido en el pasado podría ayudar a comprender el cambio social presente y futuro.

El impacto y las consecuencias de la llamada postmodernidad -en sus concreciones, como el postestructuralismo o el giro lingüístico- o la crisis de los «ismos» favorecen un examen con ojos nuevos de grandes temas que en otro tiempo fueron relevantes para la disciplina histórica. Se llega así a la cooperación, a la tan traída y llevada interdisciplinariedad.

En cierto modo, este deseo preside buena parte de este libro, que recoge las Actas de las «V Conversaciones Internacionales de Historia», celebradas en la Universidad de Navarra (22- 24.IX.1993). Diversos especialistas reúnen en él sus oficios y tradiciones propias para poner en común propuestas con las que salir de la crisis de identidad que nos afecta a todos. Sociólogos, filósofos, antropólogos y, sobre todo, historiadores, contribuyen con sus reflexiones a buscar puntos de partida diversos, pero con un objetivo común: unir sus esfuerzos en un programa de máximos centrado en la posibilidad de la historia universal. Sin pretensiones de monopolio, es decir, sin plantear la primacía disciplinar propuesta por el historicismo decimonónico, al hablar del cambio social analizan un cambio temporal concreto.

Para el estudio de la complejidad de cada cambio ha de contarse con la base de abstracción y teoría propuesta por C. Morazé en la ponencia que recoge el libro. A ello se dedican R Alvira, P. P. Donati, C. Lisón-Tolosana y J. Rüsen en la primera parte del libro. Todos ellos analizan componentes y puntos de vista que tanto la filosofía como la sociología, la antropología o la historia utilizan para analizar el cambio social. Concluyen que es necesaria la consideración histórica del cambio y también otorgan relevancia a la figura del humanista en la investigación, pues ella contribuye al cambio, a la ruptura del mito de la objetividad y, aunque introduzca un componente de duda, ayuda a conocer las limitaciones del objetivismo y refuerza los aspectos de su función en orden al conocimiento de la realidad del pasado.

La segunda parte del libro se centra en los factores que inciden en el cambio social (T. R Tholfsen, J. M. Sánchez-Ron, J. Orlandis, J. P. Fusi, A Corvisier, W. H. McNeill, P. Mathias, J. Dupâquiery J. Andrés-Gallego).

La última parte del libro aborda tres ejemplos de cambio social; A Morales-Moya, C. Calhoun y M. Ferro hablan de sus protagonistas, del nacionalismo y de la caída del comunismo en la URSS. La publicación recoge también los debates suscitados por las ponencias. Como colofón, los editores reflexionan sobre las perspectivas adquiridas para la Historia y para el resto de disciplinas.

Su atención primordial se centra en el aspecto antropológico y la conclusión general a la que llegan es que son necesarias síntesis más reflexivas que descriptivas y una meta-historia más comprehensiva que explicativa y, por tanto, pluridisciplinar. El historiador -un humanista, al fin y al cabo- debe ser consciente de sus limitaciones y tratar a la vez de superar su especialización. ¿Supone esta propuesta una utopía, un ideal romántico? Tal vez; pero, como reto, no deja de tener su atractivo.


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