Verónica Lipperhëide

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Nueva Revista

El coste ecológico del Made in China

China decidió hace unos años acertadamente abrazar las políticas liberales para crear riqueza y mejorar el nivel de vida de su población. Su economía ha progresado desde entonces de manera espectacular gracias a la introducción de políticas de mercado y a la apertura de éstos al exterior, importando tecnología y capital y exportando productos con precios muy competitivos. La incorporación de China a la economía global está consiguiendo eliminar paulatinamente las penurias que generó el socialismo y la globalización ha sacado ya de la pobreza a más de 400 millones de ciudadanos. Sin embargo, la legítima aspiración por aumentar la calidad de vida de sus habitantes está provocando al mismo tiempo un fuerte impacto ecológico en China y también fuera de sus fronteras. Tras crecer durante tres décadas a un ritmo del 10% anual, han llegado la contaminación del aire y los ríos, la escasez de agua, la desertificación y la lluvia ácida.La situación ambiental de China es el reflejo de un modelo económico anticuado, derrochador e ineficiente que ha convertido al país en un glotón insaciable de recursos naturales. Con el 20% de la población del planeta, el gigante asiático consume el 50% de la producción mundial de cemento, el 33% de acero y el 25% de aluminio. Y cada día tiene más apetito, lo que está provocando tal boom en el mercado global de materias primas que ha dejado obsoletos muchos términos macroeconómicos.El gran crecimiento de China en los últimos treinta años no hubiera sido posible sin el carbón que suministra el 70% de la energía que consume el país. A pesar de sus casi inagotables yacimientos, el gigante asiático se convirtió el año pasado en importador neto de carbón sencillamente porque le es más rentable importar carbón en barcos que transportarlo en trenes desde las minas del interior hasta las zonas costeras industriales. Es que China está rompiendo moldes y estrategias. Además del casi omnipresente carbón, China utiliza cada vez más petróleo, ya es el segundo consumidor del mundo, después de Estados Unidos, y destina en la actualidad 35 veces más recursos que en 1999 para importarlo. La Agencia Internacional de la Energía vaticina que en 2030 las importaciones chinas de petróleo se triplicarán con respecto a la cifra actual y que el país se convertirá en el primer consumidor mundial de energía en los primeros años del próximo decenio. El potente desarrollo de china y de otras economías emergentes ha causado un aumento sin precedentes de la demanda mundial del oro negro que ha disparado su precio. Así, a pesar de que Estados Unidos ha disminuido su consumo, el precio del barril rompe casi a diario los vaticinios más alarmistas.El gigante asiático utilizó en 2006 un 15%de la energía del planeta para producir un 5,5% del PIB global, lo que muestra claramente la ineficiencia energética de su modelo de desarrollo. Por cada dólar que ingresa, China usa tres veces más energía que la media internacional y diez veces más que Japón. Algunos expertos señalan que...
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El protocolo de Kioto: una buena razón para actuar

Algo pasa con el clima. En enero los almendros florecen en Madrid, los cerezos lo hacen en el neoyorquino Central Park, los moscovitas dejan sus gorros de piel en casa, los osos se olvidan de hibernar... ¿Está cambiando el clima? Los investigadores intentan revelar esta cuestión desde hace tiempo pero aún se carece de una respuesta concluyente. Algunos científicos atribuyen estas anomalías a las variaciones climáticas, a la actividad solar o a que estamos simplemente inmersos en un ciclo climático. Por el momento, se sospecha que el calentamiento global del planeta se debe principalmente a un aumento significativo de la concentración en la atmósfera de dióxido de carbono (CO2) y otros gases llamados de efecto invernadero (como metano, oxido nitroso, hidrofluorocarbonados, perfluorocarbonados y hexafluoruro de azufre) desde los comienzos de la era industrial que está potenciando el efecto invernadero natural y por tanto provocando el cambio climático. Esta hipótesis se fundamenta en que la concentración de CO2 en la atmósfera es la más elevada de los últimos 650.000 años y un 35% más alta que antes de la revolución industrial. Es más, el último informe de febrero de este año del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático, auspiciado por la Organización Meteorológica Mundial y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente con el objeto de avanzar en el conocimiento del cambio climático, concluye que los gases de efecto invernadero explican con una probabilidad del 90% el aumento de las temperaturas registrada en los últimos años. Además, vaticina que de aquí al año 2100 la subida media global de temperatura será de unos dos grados. El aumento estimado es global, o lo que es lo mismo, para todo el planeta y los modelos actuales aún no son capaces de establecer qué zonas se calentarán más o qué zonas lo harán menos o incluso podrían enfriarse. Pero ¿qué significan esos dos grados? Algunos opinan que estaríamos ante un cambio negativo pero no catastrófico. Otros que es el fin del mundo. No lo sabemos. Un dato esclarecedor o aciago: cinco grados es la diferencia que hay entre la temperatura actual y la de la edad de hielo. Por lo tanto, la composición de la atmósfera ha cambiando y por eso se está interviniendo en la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero para intentar frenar su imparable acumulación en la atmósfera. Esta es la intención del Protocolo de Kioto, firmado en la ciudad del mismo nombre en 1997 y que entró en vigor en febrero de 2005. Una de sus características más significativas es que, a diferencia de otros acuerdos internacionales, establece unos compromisos cuantificados en términos de reducción de emisiones y el plazo para llevarlos a cabo. Así, sus firmantes se comprometen a reducir sus emisiones entre los años 2008 y 2012 (llamado primer periodo de compromiso) de manera que la emisión mundial de gases de efecto invernadero disminuya en un 5,2%. El Protocolo sólo obliga a los países industrializados a reducir o limitar sus emisiones respecto de lo emitido...

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