Pedro Donoso

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Colaborador de la Revista de Libros

Al héroe de nuestro tiempo, capitán Scott

 «Nuestro destino queda a merced de los dioses. No puedo pensar en nada que hayamos dejado de lado», escribe Scott en la víspera de su partida al Polo. Tras haber pasado el oscuro invierno en el campamento construido en la costa oeste del continente antartico, hasta el último detalle parece preparado. Es 1 de noviembre de 1911, el tiempo está despejado. A un gesto de Scott, la caravana de ponis se pone en marcha y comienza a adentrarse en la gran superficie blanca. Según el plan, el capitán volverá a encontrarse con los hombres que permanecen en la base a mediados de marzo del año siguiente.Todo había empezado unos años antes, cuando el capitán recibió el apoyo de Sír Clements Markham y de la Royal Geographic Society para emprender la conquista de los territorios antarticos. Un primer viaje realizado entre 1901 y 1903 a abordo del Discovery permitió a Scott tomar contacto con la fría geografía polar, y junto a Ernest Shackleton se internó caminando sobre la nieve en busca de la ruta que les permitiera acceder a ía meseta central del continente. Tras varias semanas de marcha, el extenso sistema montañoso trasantártico aparecía como un obstáculo irremontable. La falta de alimentos y los primeros signos de congelación obligaron al grupo a regresar, pero esta vez llevaban consigo valiosa información, una idea concreta de la peligrosidad del terreno y, sobre todo, la que desde ese momento sería su única obsesión: alcanzar el punto más austral del mundo.]Cuatro años más tarde, entre 1907 y 1909, Shackleton lideraría una expedición en la que se descubrió el glaciar Beardmore, un paso que comunicaba la Gran Barrera de hielo con la elevada Meseta central del Continente. Haciendo un gran esfuerzo, estos hombres lograron alcanzar los 88,23° de latitud sur; pero, a sólo 179 kilómetros de su objetivo, la expedición se vio obligada a regresar. De vuelta en Gran Bretaña, el explorador recibió el título honorario de Sir, así como el reconocimiento de la comunidad científica del momento.La relación entre ciencia y exploración continuaba la linea iniciada por los grandes viajes de los naturalistas, Humbolt o Darwin, entre otros. Aún quedaban en el mundo grandes lugares desconocidos para el hombre y era necesario llevar a cabo su reconocimiento, la clasificación de las especies autóctonas, la descripción de su geografía. Ciencia y conquista aparecían así como dos caras complementarias en el esfuerzo por dominar el mecanismo de la Naturaleza.LA COMPETENCIAEn 1911, el camino aparecía despejado para Scott y sus hombres. La puerta hacia el Poto había quedado abierta con el esfuerzo de Shackletón y ahora le correspondía a Scott materializar !a conquista, A mediados de junio del ano anterior habían zarpado de Cardiff en el Terra Nova, viejo barco que no haría las cosas nada fáciles. En octubre, al recalar en Nueva Zelanda, les aguarda, sin embargo, un mensaje que añade un nuevo riesgo a esta empresa. «Me dirijo al Sur. Amundsen». El escueto comunicado del explorador noruego Jeja claro que la competencia les había...

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