Monika Zgustová

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Literatura checa en España. La bella extranjera

La concesión del Nobel de Literatura, en 1984, al poeta checo Jaroslav Seifert, marcó el inicio de una profusión de traducción a idiomas peninsulares de obras literarias checas. Tres libros de este autor fueron inmediatamente editados —en castellano y en catalán, como en casi todos los casos que vamos a mencionar—. A continuación los editores españoles se lanzaron a buscar otros autores checos igualmente interesantes y empezaron a entrar en imprenta traducciones de Vladimir Holán, Jiri Orten, Karel Hynek Macha, Jiri Kolar, Vitezslav Nezval, Bohumil Hrabal, etc. Monika Zgustová, traductora al español de muchas de estas obras, analiza las principales figuras del panorama literario de ese país y llama la atención sobre un par de nombres checos injustamente ignorados todavía. La cultura centroeuropea del siglo XX se podría definir, en términos < generales, como la huida de la racionalidad y del orden impuesto por un Estado todopoderoso, para conquistar un espacio humano más íntimo. Si a lo largo del siglo XIX y durante casi dos décadas del XX, Europa Central experimentó el fortalecimiento del aparato del Estado y del centralismo, a costa de la uniformización de diversas culturas, étnias, religiones y lenguas, y del control burocrático del individuo, esa tendencia se ha convertido paulatinamente en la dirección esencial de la historia contemporánea en todo Europa. Así lo entendieron los autores checos —en este breve recorrido nos limitaremos a los escritores en prosa— que analizaron a fondo la monstruosa dimensión de esa tendencia, y de los que se puede afirmar que fueron casi proféticos.KAFKA Y HASEK: LOS PADRES DE LA LITERATURATURA DE PRAGAFranz Kafka y Jaroslav Hasek son los dos de Praga, aunque el primero escribió el alemán y el segundo en checo—uno y otro traducidos al castellano, aunque Hasek no a partir del original checo sino del alemán—. La obra de ambos retrata la rebelión del hombre contra el aparato estatal draconiano que más tarde, durante las dos guerras mundiales y la dictadura comunista, se convirtió en un verdadero monstruo bélico y represivo. El tratamiento de la realidad, tanto en la novela El proceso de Kafka como en la de Hasek, Las aventuras del buen soldado Schweik (que debería escribirse Svejk, según la grafía original checa y no la alemana), tiene muchos puntos en común. Si los funcionarios de Kafka llevan hasta el absurdo sus obligaciones y el cumplimiento de la ley como si eso fuera lo único que pudiera hacerlos humanos, el Svejk de Hasek cumple las sugerencias y las órdenes que recibe tan al pie de la letra, y el efecto es hasta tal punto cómico y grotesco que despierta una hilaridad incontenible y demuestra lo absurdo de la orden. Tanto Kafka como Hasek—y tras ellos Capek, Hrabal, Kundera y Havel— son conscientes de que la maquinaria estatal a la que están sometidos no tiene en absoluto sentido. Sus protagonistas demuestran que es mucho más efectivo hablar de historias humanas en vez de la Historia con mayúscula. Las aventuras y los destinos de esos protagonistas son, pues, la...

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