Mariano del Mazo de Unamuno

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Doctor en Filosofía. Profesor asociado de Didáctica de la Lengua en el Master de Formación del Profesorado. UCM
Caleidoscopio de la memoria y la escritura

Manuel Sánchez Cuesta, Calidoscopio de la memoria y la escritura

               Ediciones del Orto, Madrid, 2015. 141 págs., 12 euros. La contraportada de esta obra ya nos da pistas suficientes acerca de su contenido, una reflexión filosófica profunda y sutil sobre la mutua interrelación entre memoria y escritura. Su autor retrata a través de una serie de textos temáticamente autónomos pero interrelacionados entre sí la trascendencia de las palabras en el tiempo. En cada uno de los capítulos, presentados como «figuras» del calidoscopio, aparecen distintas perspectivas de la conexión entre la existencia, el relato que hacemos de ella a través del lenguaje y el tiempo. Perspectivas que se van yuxtaponiendo y complementando, sin caer en ningún momento en una visión atomizada sin unidad temática. Esta última se puede resumir en que todo lo esencial de lo humano y de nuestra vida lo han captado las palabras, reflejo de la existencia de los seres humanos, con la idea de interpretar lo vivido y de no morir del todo. Es el valor de la memoria que pervive mediante el lenguaje como representación y proyección de la existencia humana. La obra de M. Sánchez Cuesta es conceptualmente precisa y certera para acceder a una visión humana, esencial y filosófica de la escritura, un texto lleno de claves que abre vías de comprensión honda de la poesía humana y metafísica esencialmente universal y abstracta, más cerca de la concepción del lenguaje como sustancia lingüística conformada que como un análisis formal, una perspectiva sociohistórica o un estudio inmanente del texto. Este calidoscopio permite acercarse directamente a la poética del relato más desde el plano del contenido que del de la expresión. Y es que la definición y descripción esencial de los conceptos abstractos relevantes más recurrentes del texto (palabra, existencia, finitud, vida, muerte, yo...) nos acerca a esta concepción sustancial del lenguaje y marca la jerarquía axiológica de la obra. En un estilo sintético, depurado de todo adorno superfluo, el relato está visto aquí como una búsqueda de los universales del lenguaje humano en el tiempo. Estilísticamente no hay artificios retóricos. Es una expresión directa y rigurosa al servicio del conocimiento. Mediante el análisis de la trascendencia del relato como espejo de la memoria, Sánchez Cuesta nos muestra la proyección de la vida en el discurso. Sin embargo, pese a ser un libro abstracto y concienzudo donde no abundan las alusiones contextuales, no deja de ser ameno, por estar provisto de ese didactismo y esa claridad que son «la cortesía del filósofo». Aborda las diferentes perspectivas de la relación entre memoria y escritura fuera de las coordenadas concretas del tiempo y el espacio para situarse en un terreno más universal. No hay casi erudición ni referencias históricas, excepto algunas citas ilustrativas, como Auschwitz o los clásicos griegos, que adquieren más el valor de símbolo atemporal que el de pretender un análisis discursivo de determinados textos en particular. Por eso, una de las categorías esenciales del libro de Sánchez Cuesta es el tiempo en la narración, dentro del cual destaca el propio sujeto de quien narra, «Nuestro yo es siempre...

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